martes, 3 de septiembre de 2013

Unos datos para la nostalgia

En 1978 la sesión de bolsa comenzaba a las 10 de la mañana y terminaba poco antes de las 12. Los lunes no abría.

 “La contratación era a viva voz. Tenías que estar físicamente preparado. Se hacía todo a mano; se anotaban las órdenes, había que sumar o restar de memoria y todo eso a mucha velocidad”, comenta Daniel Alonso, ex apoderado de agente de Bolsa, ya jubilado.

 “La puerta de la Bolsa era como MercaMadrid.  Llegaban temprano furgonetas o pequeños camiones cargados con las acciones físicas de los inversores que venían de la central de valores de los bancos. Después subías a la planta de liquidación y, cuando terminabas, llegabas al parqué con los contratos.

Tras la negociación tenías que contrastar los datos con los compañeros para evitar errores, sacar el efectivo, sumar el timbre, cuadrar cuentas…, había muchas más horas de trabajo después. Algunas acciones volvían a los bancos y otras se las llevaban los inversores a casa”.

Los títulos físicos incluían cupones que iban recortándose con el pago de dividendos o con las ampliaciones.

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