miércoles, 23 de octubre de 2013

No hay que demonizar a los derivados

Si todo fuera tan sencillo como pedir dinero cuando lo necesitamos y asumir el coste que tiene en ese momento, o prestárselo al banco cuando nos sobra y aceptar la retribución que nos dé, los derivados no habrían nacido. Pero los mundos financieros no son tan sencillos e intentaré poner algunos ejemplos cercanos:
Imaginemos que somos una empresa turronera que sabe que durante los meses de septiembre, octubre y noviembre necesitará mucho dinero para poder comprar nueces, almendras, miel etc. y que a su vez sabe que durante diciembre y enero del año siguiente tendrá un exceso de tesorería fruto de las ventas navideñas ¿Por qué no puedo presupuestar desde meses antes lo que me va a costar la financiación y lo que me va a rentar el depósito de mi liquidez posterior? Para ello la mejor solución es que un banquero, tomando el precio de los depósitos y con una fórmula muy sencilla que tenga en cuenta el tiempo, calcule los precios y me ofrezca un precio a futuro con el que asegurarme -si me interesa- de un cambio brusco en los tipos de interés y así poder cuadrar mi presupuesto sin sustos.
De ahí, a especular sobre esos precios teóricos a futuro y usarlos para intentar ganar dinero con la evolución de los tipos de interés, hay un paso. Pero ese paso no es culpa del producto derivado que nace de una necesidad empresarial. Los derivados son necesarios para poder ofrecer coberturas de riesgos de tipo de cambio por ejemplo a las petroleras, que pueden invertir en libras o en euros de sus países pero acaban siempre cobrando en $. Otro ejemplo, ¿Cómo podría una empresa de autopistas disponer de la liquidez para iniciar las obras sin un coste aproximado de lo que le va a costar esa financiación en comparación a los ingresos de los peajes?

El abuso de los derivados es malo, no hay duda pero no existían en la crisis del ´29 ni apenas estaban prsentes en el crash bursátil de 1987, culparlos a ellos de la actual recesión es como echar la culpa de un asesinato a la pistola en lugar de al asesino.

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