Grecia y sus similitudes

A finales de enero se cumplieron 3 años (y parece que fue hace bien poco) de la primera victoria electoral de Syriza en 2015. Ésta se produjo tras un gobierno de 3 años de “tecnócratas” soportado por una gran coalición entre la derecha y la socialdemocracia, que tuvo que adelantar elecciones ante la ruptura del acuerdo a propósito de la elección de presidente del país. Tsipras ganó las elecciones prometiendo algo que no dependía de él: que iba a conseguir una quita de deuda de los acreedores y más fondos de la UE que iba a gastar como él quisiera, acabando gracias a ello con la etapa de ajustes y recortes. Lo curioso es que por activa y por pasiva la UE había dejado claro que no lo iba a hacer pero los griegos prefirieron creer a su político. El entusiasmo por su victoria llevó a que pocos días después su homólogo ideológico español, Podemos, convocara una gran manifestación en Madrid con el lema “sí se puede”. La realidad es que las negociaciones no fueron como él pensaba y la falta de acuerdo fue deteriorando muy rápidamente la economía griega, que había conseguido el primer avance del PIB en 2014 tras 6 años seguidos de caídas, acelerándose la fuga de capitales que no pudo frenarse hasta que se promulgó un corralito a finales de Junio.

Tsipras, siguiendo quizás el consejo de su ministro Varoufakis, creía que la UE cedería ante el temor de que Grecia decidiera salir del Euro y se la jugó a convocar un referéndum en el que confiaba en el que el rechazo de la población al acuerdo propuesto por los acreedores, llevara a un mejor arreglo. La realidad es que la victoria del No (el famoso Oxi) no sirvió porque entre otras cosas se filtró que el alemán Schäuble no sólo no temía la salida de Grecia de la Eurozona, es que no le parecía mal y hasta parece ser que la propuso él mismo. Ante la disyuntiva de ver a su país fuera del Euro, Tsipras aceptó un acuerdo similar al que los griegos habían rechazado aunque tuvo la decencia política de convocar elecciones. Y a pesar del corralito y de que no había cumplido ninguna de las promesas que había hecho en enero, en septiembre –y ya sin Varoufakis- volvió a ganarlas. Perdió votos porque aumentó la abstención pero pudo formar gobierno de nuevo.

Desde entonces Syriza, que es una coalición de izquierda, ha estado haciendo, casi calcada, la política económica que le han impuesto los principales acreedores de Grecia lo que se ha traducido en bajada de las pensiones públicas, privatizaciones, subidas de impuestos y, en general, recortes. Justo lo contrario de su programa electoral. La confusión ideológica es tal que en el debate por la votación de los Presupuestos de 2018 de hace algo más de un mes, el partido conservador Nueva Democracia votó en contra “porque el Presupuesto desangra a los griegos con sus nuevas medidas de austeridad”. Y el caso es que la economía de Grecia está mejorando pero lo hace a un ritmo tan lento y a un coste social tan grande, que yo sigo convencido que hubiera sido mejor la salida del Euro en 2009, por muy grave que fuera el shock entonces, cuando se hizo evidente que la deuda era impagable. En vez de eso ha habido una quita de deuda que no sirvió de nada, tres rescates que han comprometido mucho dinero (el famoso “buen negocio” del que hablaba ZP) del resto de los europeos que sólo será devuelto tras varias décadas (y siempre y cuando no haya otra recesión en ese tiempo, algo harto improbable) y el gobierno griego ha perdido casi toda la autonomía sobre la política económica del país. Y aunque visto el nivel de los gestores políticos griegos, lo mismo es mejor que manden poco, lo cierto es que no es democrático. Es lo que tiene ser esclavo de la deuda. En este gráfico vemos que partiendo Grecia de niveles de PIB per cápita similares a España en 1995, se sitúa ahora un 28% por debajo y la tendencia es a ampliarse la diferencia porque nosotros mejoramos más que ellos



También se pueden sacar varias conclusiones políticas porque el paralelismo con el Bréxit o con el procès catalán es muy evidente: políticos que, aprovechando el desencanto de la población, prometen cosas que saben que no pueden cumplir porque no dependen de ellos –y contra la postura clara de los que sí pueden decidirlo- pero que consiguen el apoyo suficiente. Que el Bréxit no iba a propiciar el beneficio que sus partidarios prometieron se hizo evidente poco después de la votación y sin embargo, si se hubiera repetido el referéndum 3 meses después el resultado probablemente hubiera sido el mismo. Hasta año y medio después, una vez firmado el acuerdo que ha supuesto un fuerte desembolso de fondos por parte británica, concesiones en temas de inmigración, un periodo de transición muy amplio y que ha constatado la pérdida de peso geopolítico que supone, no se ha visto reflejado el desencanto de la gente. De hecho, casi todos los sondeos realizados post-Bréxit desde julio de 2006 habían casi calcado el resultado que entonces se produjo de 52-48 a favor del Bréxit. Y sin embargo ahora todas las encuestan dan la vuelta a la intención de voto por un margen considerable y hasta es posible que la votación se repita. Lo mismo pasa con Grecia, dese hace ya muchos meses Syriza ya no está en el primer puesto en intención de voto.

En Cataluña el proceso fue muy similar, unos políticos aseguraron que si se votaba, daba igual en qué número, en un acto ilegal, la economía no se resentiría, el gobierno español aceptaría negociar la independencia, la UE apoyaría y habría un reconocimiento internacional a la nueva república. Todos los aludidos de los que dependían esas promesas advirtieron que eran falsas, como pasó con Tsipras, pero dio igual. Y los que se las creyeron, lejos de perder la fe en los políticos que les habían engañado -y que ni siquiera se molestaron en pedir disculpas- les siguieron apoyando menos de tres meses después. Quizás Rajoy debería haber aprendido la lección de Grecia y del Bréxit y en vez de empeñarse en convocar las elecciones autonómicas catalanas tan próximas en el tiempo al 1-O, debería haber esperado. Si algo hemos aprendido de esos dos ejemplos es que la gente necesita más tiempo para asimilar que les han engañado y cambiar de opinión respecto a las personas que les han mentido, por muy expuestas que éstas hayan quedado ante las evidencias.

Por eso me encanta la Historia, por eso hay que estar bien informados, porque los seres humanos no somos tan originales y una y otra vez tropezamos en las mismas piedras. Menos mal que solemos volvernos a levantar…

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