Ilusión de control

Ellen Langer, en 1975, realizó un estudio donde afirma que los jugadores desarrollan una percepción de control ilusorio en lo que se refiere a juegos de azar. El individuo en situación de juego se convence de desarrollar estrategias que son capaces de vencer a la suerte y tiende de forma sistemática a sobrevalorar sus posibilidades subjetivas de ganar. Pocos son capaces de valorar la enorme dificultad de no tener esa ilusión de control. Lo malo es que este fenómeno es letal para el que intenta ganarle dinero a los mercados financieros. Un trabajo realizado por el ya desaparecido banco alemán Dresdner Kleinwort Wasserstein demostraba la existencia de esta ilusión de control con un experimento a una muestra amplia de población: a determinadas personas se les asignó un número de la lotería al azar y a otras se les dejó escoger el número que quisieran. Los resultados fueron sorprendentes, aquellos que escogían el número apostaban una media de 9 dólares por billete, los que se tenían que conformar con un número al azar apostaban una media de 2 dólares. Es decir, los jugadores que escogían los números sufrían de pleno la ilusión de control y esto les hacía apostar 4,5 veces más que los que no, cuando obviamente el hecho de escoger el billete no tenía ninguna influencia sobre el azar puro que determinaría el número premiado.

Creo que ya había contado esta anécdota pero viene muy al caso en estos primeros días del año porque es muy común creer que la planificación para 2018 nos va a dar mayor control sobre lo que pase en el año. Y por desgracia no será así. Y más allá de la faceta inversora, en este año me preocupa especialmente que los bancos centrales caigan en la ilusión de que realmente están controlando el rumbo de la economía, que es posible que a todo el globo le vaya mejor con la FED subiendo tipos, el BCE manteniendo tipos en negativo, y Bank of Japan comprándolo todo a las órdenes del primer ministro Abe, y todos con los balances –China incluida- hinchados de activos comprados con dinero inexistente. Y aún puede ser peor que los dirigentes mundiales crean que con las medidas desesperadas que tomaron dichos bancos centrales y que hoy son habituales, no hay nada más que hacer porque los datos macro, excepto la deuda, mejoran y reciben el beneplácito de los “mercados”. Esto ya lo vimos al comienzo de esta crisis cuando los banqueros centrales y las autoridades políticas creyeron poder controlar la situación y en su inmensa mayoría hasta negaron el problema.

Recuerdo que antes de 2007 cuando alguien criticaba la burbuja inmobiliaria muchos “expertos” respondían que cómo se podía criticar algo que estaba generando tanta riqueza para el país y tantos puestos de trabajo, cómo dudar de algo que llevaba a máximos históricos a las bolsas del mundo y disparaba los niveles de confianza, ¿Cómo dudar de la “exitosa” –y hoy ampliamente criticada- teoría de los mercados eficientes? Creo la situación es la misma, es cierto que con la brutal manipulación monetaria muchas cosas han mejorado pero ¿qué ocurrirá cuando pase esta burbuja de tipos mínimos con deudas enormes? O más concretamente, si con toda esta munición de los bancos centrales, de repente llegara otra crisis, ¿cómo podríamos combatirla? Porque si algo aprendimos de 2008 fue que la economía es confianza, sin ella todo se hunde y ahora mismo se está jugando con fuego porque todo el sistema se basa en que nos creamos que la creación de dinero de la nada de los bancos centrales cuela como creación de riqueza. O que el patrimonio global no se reduzca porque el precio de los activos va a continuar subiendo indefinidamente… ¿Qué pasará si no es así?

Por eso uno de los mayores riesgos económicos para 2018 es que Wall Street haga una corrección, que puede ser moderada y tras la que todos crean que habrá rebote como lleva pasando los últimos años, pero que de repente se amplíe, se disparen los nervios y como estos niveles sólo se justifican con mayores subidas, se pierda la fe en ello y todo este círculo virtuoso basado casi en exclusiva en la confianza que inspiran los bancos centrales, se vuelva en contra y afecte a la economía. Esa fe en la constante subida del precio de los activos utilizando para ello el control de la masa monetaria es tan ilusoria como la del ejemplo –que creo tantos habrán podido comprobar en los sorteos de Navidad y el Niño- del que cree que por elegir el número tendrá más posibilidades de ganar la lotería. Y mucho más nociva socialmente si conduce a una nueva crisis y a la falta de municiones para salir de ella.

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