Ultracomunicados

En mi opinión una de las grandes noticias del año pasado fue la reaparición en la actualidad (aunque tuvo una repercusión mínima dado que las noticias de ciencia no tienen demasiada audiencia) de la Voyager 1 debido a que consiguió encender sus impulsores (algo necesario para corregir mínimamente su rumbo) 37 años después de su último uso. Por si dicha hazaña no fuera suficiente, lo hizo a 21.146 millones de kilómetros de la Tierra. Para quien no la conozca, esta sonda (que ya podemos denominar interestelar porque no volverá al Sistema Solar) es el artefacto humano que más lejos ha viajado, lo lleva haciendo desde que fue lanzada en ¡1977! y sigue alejándose a una velocidad de 17 kms. por segundo. Independientemente del hito histórico que supone algo así, es sorprendente el trabajo y la visión de futuro (teóricamente podría seguir en funcionamiento hasta 2025) que desarrollaron sus creadores hace más de 40 años. Y es inevitable hacer comparaciones sobre lo que somos capaces de hacer hoy con mucho más. Un par de datos: un Smartphone tiene 240 mil veces más memoria y nuestro ordenador de sobremesa es 10 mil veces más rápido que la computadora de la Voyager1.

¿Y para qué usamos tanta memoria y velocidad en la actualidad? Pues la inmensa mayoría en comunicarnos y entretenernos. No me meto a valorar si esto es bueno o malo pero desde luego choca que hayamos avanzado tanto tecnológicamente, que hayamos dado el decisivo paso de popularizar todos esos avances pero que el uso que le demos a todo ello no sea nuevo. Hemos sustituido el periódico, el teléfono fijo, la enciclopedia… todo es más rápido y más accesible, tanto personas como información… No hay nada nuevo, no realizamos actividades diferentes a las que haría alguien de hace un siglo que charlara en un bar con conocidos que le proporcionaran información de terceros, leyera la gaceta, escuchara la radio, se riera del último chiste de moda en el barrio y hasta quedara en tener una cita a ciegas con la vecina de uno que apenas conoce. Sí, ahora todo eso se ha expandido y facilitado, y es posible hacerlo desde casa o desde el móvil en un autobús pero en esencia es lo mismo.



La gran pregunta es: ¿supone un avance que estemos tan bien comunicados? Es difícil saberlo, por ejemplo las ventajas de la informática en la educación son enormes, ojalá yo hubiera tenido tantos datos de forma tan veloz en mis tiempos. Y en cuanto al ocio, es evidente que las posibilidades se han multiplicado. Pero en el día a día tanta información no sirve para mucho si no sabemos discriminarla o si no nos la discriminan bien los medios (el que haya pasado tan desapercibido lo de la Voyager y tanta gente sepa el nombre de la pareja de un famosill@ es un buen ejemplo de que algo falla) y sí, nos podemos comunicar y conocer lo que pasa es cualquier parte casi instantáneamente pero no creo que eso nos haya hecho más empáticos. De hecho, la intransigencia religiosa ha sufrido un repunte los últimos decenios y movimientos populares como el Bréxit o el secesionismo catalán, demuestran que hay quien prefiere fijarse más en las diferencias que en las semejanzas e incluso crear nuevas fronteras.

Desde mi punto de vista, la tecnología es fabulosa y su popularización un gran avance social. Y digo social porque a día de hoy mil millones de personas tienen en su móvil más acceso a información y ocio del que tenía hace 50 años el mayor multimillonario del mundo con todos sus recursos. Pero si me imagino a una civilización extraterrestre encontrando el Voyager y descubriendo los años que lleva viajando, pienso que se harán una idea equivocada sobre lo que hemos evolucionado desde que lo construimos; no por la tecnología, sino porque no supongo que crean que en este rincón perdido de la galaxia no hay aún un nacionalismo humano, un orgullo de raza planetario sino que la mayoría cree ser mejor que los demás bien por sus creencias, bien por su físico, bien por su lugar de nacimiento, bien por su estatus social etc.

Puede que el tema de hoy tenga poco que ver con la economía pero la reflexión se puede llevar a ese terreno ya que cada vez hay más tentaciones proteccionistas, más ganas de echar las culpas a otros países de la falta de competitividad del propio; y eso a pesar de que estamos en el mejor momento de la Historia para la Humanidad en su conjunto según datos objetivos como la mayor esperanza de vida o la menor miseria. Si no aprovechamos la tecnología –y su popularización- para unirnos más, ¿de qué sirve estar tan bien comunicados?

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