La exageración climática

Cada vez más se está gestando una nueva psicosis con la idea de que el cambio climático acabará en Apocalipsis. Y es que por unas cosas o por otras la mayoría de los habitantes del planeta se despiertan cada día pensando en que todo está yendo a peor, lo que no debería causar sorpresa en vista de lo que leen en los periódicos o ven en la televisión. Pero este ánimo sombrío tiene dos problemas: uno es que es falso y el otro es que tanta exageración provocará que al final no nos tomemos en serio los evidentes problemas ecológicos del planeta. Y es que es normal, al menos para la gente de mi generación a la que se nos dijo que las ciudades serían inhabitables, el Mediterráneo se volvería un Mar Muerto y el nivel de los océanos inundaría ciudades costeras por todo el mundo… hace unos 20 años, que acabemos siendo más escépticos que los jóvenes. Más cuando los datos contradicen tanto pesimismo: A nivel global, el riesgo de morir a causa de polución del aire –por lejos el mayor asesino ambiental- ha bajado de manera sustancial desde 1990, y casi a la mitad en los países de bajos ingresos. Mientras, los países ricos están preservando cada vez más sus bosques y reforestando gracias al aumento de los rendimientos agrícolas y al cambio de actitud sobre el medio ambiente.

En cualquier caso, el cambio climático es un problema y como tal debe afrontarse con realismo para intentar, si se puede, luchar contra él. Eso es algo que deben debatir científicos (y no tertulianos ni adolescentes) que aconsejen a los gestores políticos para que tomen decisiones. El problema es que los políticos que más están dando la lata contra el cambio climático son de la UE siendo como es (incluyendo al Reino Unido) una de las regiones que menos contribuye a él. La proporción que representamos dentro de las emisiones mundiales de CO2 cayó del 99% hace dos siglos a menos del 10% hoy. Y esta cifra puede reducirse al 5% en 2030 si la UE cumple en esa fecha la meta de emisión que propone Von Der Leyen. Esto significa que mientras la UE emprenderá la difícil tarea de reducir en 1500 millones de toneladas su nivel de emisión anual, es probable que en 2030 el resto del mundo lo haya aumentado en 8500 millones de toneladas. De modo que la temperatura global promedio seguirá subiendo, tal vez unos 3 °C o más en 2100. Habrá quien diga que es bueno que Europa predique con el ejemplo pero hablamos de freírnos a impuestos, de cambiar nuestros hábitos y de –ya se está notando- empeorar al sector automovilístico, uno de los escasos puntales de la industria europea y que emplea a mucha gente. Cuando es más que evidente que lo que haga Europa no bastará para salvar al planeta, máxime cuando los ríos y las ciudades más contaminadas del planeta –y con gran diferencia- están en otros continentes.

Por otra parte, como recuerda el ecologista Bjørn Lomborg: “Se nos dice que el calentamiento global causará condiciones meteorológicas extremas y un caos climático que literalmente pondrán en riesgo la supervivencia de nuestra especie. Pero esta visión no solo no tiene base, sino que contradice los hallazgos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas. Por ejemplo, constantemente se vincula a los huracanes con el calentamiento global. Pero solo tres huracanes de alta intensidad (es decir, de Categoría 3 o superior) han asolado a Estados Unidos continental en los últimos 13 años, la cifra más baja desde, al menos, 1900. En su evaluación más reciente, el IPCC señaló que no ha habido “tendencias significativas en la frecuencia de los ciclones tropicales a lo largo del siglo pasado”. Y el equipo de modelamiento de huracanes de la NASA concluyó que “el registro histórico de frecuencia de huracanes en el Atlántico no arroja una evidencia sustancial de un aumento de largo plazo inducido por gases de invernadero.” Los científicos consideran que el calentamiento global hará que, con el tiempo, los huracanes sean más intensos, pero menos frecuentes. Al mismo tiempo, es probable que la prosperidad se eleve radicalmente en las próximas décadas, volviéndonos más resistentes a estos acontecimientos. Si se toma eso en cuenta, el impacto general de los huracanes para 2100 será en realidad más bajo que en la actualidad.”

Y añade: “El cambio climático es real, y es un problema. Según el IPCC, su impacto general para la década de 2070 equivaldrá a una pérdida de ingreso de entre un 0,2 y un 2%. Eso no es el fin del mundo, sino equivalente a una recesión económica simple, y será en un mundo mucho más próspero que el actual. El riesgo es que un temor desmesurado nos lleve por un camino equivocado para enfrentar el cambio climático. Preocupados, los activistas quieren que el mundo abandone los combustibles fósiles lo antes posible. Pero eso significaría ralentizar el crecimiento que ha sacado a miles de millones de la pobreza y ha transformado el planeta. Eso tiene un coste muy real.”

En resumen, lo mismo por intentar resolver un problema que nadie sabe cómo arreglar y que desde luego desde Europa no podemos solucionar, estamos tomando decisiones precipitadas que perjudicarán desde ya la vida de los europeos sin obtener por este sacrificio ninguna ventaja positiva en el futuro.

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