El coste político del cambio climático

 Cada día se anuncian más y más medidas para intentar frenar el cambio climático, y algunos están empezando a ver algunas de sus consecuencias tanto a nivel individual (la influencia del coste de la transición energética en la factura de la luz, vuelos más caros, necesidad de cambiar de automóvil…) como empresarial (más dificultades para la industria y por tanto mayores costes de producción etc.). Son la punta de lanza de muchas decisiones que pueden reducir nuestro crecimiento económico y, por tanto, nuestra calidad de vida en el corto plazo. No voy a entrar en la polémica de si merece o no la pena tanto esfuerzo, sabiendo además como sabemos, lo poco que los españoles, en proporción, podemos influir en el clima del planeta, simplemente voy a recordar la crisis de 2008, y cómo se podía haber evitado pero al gobierno que lo hubiera hecho, jamás le hubiéramos vuelto a votar.

Voy a contar una anécdota de octubre de 2003 en España: Al entonces ministro de Hacienda de José María AznarCristóbal Montoro (que luego repetiría con Mariano Rajoy y ahora está imputado), que en ese momento estaba en el Congreso presumiendo de superávit presupuestario, el entonces jefe de la oposición de José Luis Rodríguez Zapatero le dijo: “Con un Gobierno socialista no habría superávit mientras tengamos tantas necesidades sociales”. En pocos meses ZP ganó las elecciones y, a pesar de que no tenía intención, su Gobierno tuvo superávit presupuestario durante toda su primera legislatura, ¡sin buscarlo! Y no porque no gastara, es que la recaudación superaba las estimaciones. Digo esto para que se comprenda hasta qué punto fue inesperada la bonanza económica de esos años. Ni el ministro de Economía se podía creer que las administraciones públicas tuvieran tantos ingresos y que, al acabar el año, éstos superaran a los gastos a pesar de que éstos también se habían incrementado.

Por qué ocurrió eso no es un secreto: una burbuja inmobiliaria alimentada por una orgía de crédito barato e irresponsable con la ausencia de la labor reguladora de los máximos directivos de Banco de España y la complicidad de los gestores políticos locales y estatales. Puede que no el ciudadano común, pero cualquiera con mínimos conocimientos de economía sabía que la burbuja inmobiliaria era un error que tendría graves consecuencias. Y se sabe que las autoridades políticas, lejos de intentar siquiera frenar la expansión de dicha burbuja, incluso la alimentó. ¿Cómo? Básicamente con falta de supervisión pero sobre todo con esa mira cortoplacista que tantas veces han demostrado. El mejor ejemplo lo tenemos en los municipios que ajustaron inversiones y gastos a los ingresos puntuales que les proporcionaron unos años de numerosas recalificaciones de terrenos y de altos impuestos por cada transacción inmobiliaria. Fue paralizarse la construcción y la compra-venta de viviendas, y se disparó la deuda que difícilmente se podía reducir después pues había que pagar infraestructuras, servicios e incluso retribuciones a funcionarios municipales pactadas bajo condiciones irreales de ingresos.

Visto desde nuestra perspectiva es sencillo lo que se debía haber hecho: desde limitar la duración de las hipotecas impidiendo que el alargamiento de los plazos aumentara el endeudamiento (muchos compradores veían más el volumen de la cuota mensual y su comparación respecto al precio de un alquiler que la enorme suma de intereses propiciada por las décadas de pagos), aumentar las exigencias de capital a las entidades financieras y la diversificación de sus activos en los balances, considerar las inversiones inmobiliarias como de riesgo, impedir que una misma propiedad sirviera como aval para el constructor, la inmobiliaria y el comprador final, exigir que las tasadoras fueran independientes y no estuvieran compinchadas con bancos y cajas … Sabiendo que ya en 2006 había estallado la burbuja en los EE.UU., deberían haber tomado medidas drásticas al menos más de un año antes de empezar a notarse la crisis en nuestro país. Pero seamos justos, ¿algún gobierno de alguna parte las tomó?

Repito que visto ahora, años atrás los gobiernos deberían haber tomado medidas para frenar el sector de la construcción y el inmobiliario pero eso en ese momento hubiera generado más paro, ¿hubieran aceptado los españoles que su gobierno voluntariamente redujera el crecimiento económico y estableciera normas que dificultaran su acceso a una vivienda en propiedad? En el ámbito local, ¿habría entendido los votantes que un alcalde, movido por la responsabilidad, hubiera matado la gallina de los huevos de oro paralizando actividades inmobiliarias y de construcción?

Me temo que no. De hecho generalmente se vota al candidato que más gastos promete. ¿Nos felicitábamos cuando un banco nos denegaba una hipoteca porque no veía nuestros ingresos como suficientemente sólidos? No, nos enfadábamos e íbamos a otro a solicitar otra. Y si podíamos conseguir un 100% del valor de la casa en dinero prestado, mejor. Esto tiene mucho que ver con la propia naturaleza humana: cada día que pasa somos más viejos y nos acercamos al fin, esa dura realidad la combatimos confiando en que nuestro futuro no empeorará; podemos tener una opinión pesimista sobre muchos temas pero la mayoría se casa pensando en que no habrá divorcio, que nunca serán despedidos de su empleo, que los hijos no darán disgustos, que no tendrán un accidente… Y sin embargo, esas cosas pasan cada día, por eso hay que estar preparados.

Si la democracia tiene un defecto es que los políticos elegidos saben que sólo tienen cuatro años para asegurarse la reelección y eso les impide mirar mucho más lejos y por supuesto los votantes no quieren oír de recortes y ajustes sino de inversiones que mejoren su situación. Si incluso ahora, tras una enorme crisis, la palabra austeridad tiene mala fama, imaginad si algún candidato la hubiera utilizado en plena expansión económica. Por supuesto que se debía haber creado un fondo de contingencia, similar al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, en cada administración pública puesto que sabemos que las crisis son cíclicas y que antes o después llegan. En vez de eso, se gastó desaforadamente y si somos sinceros, comprenderemos que por muy razonable que fuera una medida así, hubiera sido incomprendida por los votantes. Porque la situación nunca es la ideal, siempre hay reclamaciones que hacer y aunque ahora pensemos que en la España de 2006 vivíamos muy bien (y es verdad), entonces no teníamos esa sensación y reclamábamos más gasto (guarderías públicas gratuitas, más AVES, mejores fiestas populares etc.), no más ahorro.

Así que pensar que ahora, voluntariamente, vamos a sacrificarnos todos y rebajar nuestra calidad de vida por una lucha contra el cambio climático en la que está menos implicada Asia, cuando su influencia en él es mucho mayor, lo que va a conseguir es que al gobierno que insista demasiado con ello, le castiguemos en las urnas. Tenga razón o no, que ese es otro asunto. Incluso el partido Verde, que hace unos años hasta llegó a liderar las encuestas en Alemania y hasta participó en el gobierno, ya se sitúa como cuarto del país por insistir demasiado con este tema. ¿Asumir como votantes un menor crecimiento económico? ¿Intentar convencernos que un sacrificio individual va a compensar la contaminación que un volcán ccualquiera provoca de forma natural? Me extrañaría mucho, por mucha propaganda que nos quieran vender

Tecnología contra la desigualdad

Todos los que hemos sido estudiantes tenemos algo que decir contra el sistema de exámenes. Seguro. El problema es que nadie sabe cómo se pueden evaluar los conocimientos de los alumnos sin preguntarles acerca de lo que han asimilado del temario. Y si se hace a todos las mismas cuestiones, y algunos de ellos no conocen las respuestas, es lógico deducir que no saben lo suficiente y que, por tanto, necesitan reforzar sus conocimientos. Por eso que los suspensos siempre han llevado a un nuevo repaso de la materia suspendida y, en ocasiones, a repetir todo el curso.


Ahora hay una nueva corriente que propugna que esto no sea así y que se deje pasar de curso incluso con varios suspensos. Sus argumentos son que es muy caro repetir curso, que hay que motivar a los alumnos suspendidos (como si la repetición fuera un castigo en lugar de un refuerzo) y que, según ellos, reduciría el alto abandono escolar en nuestro país. Son argumentos que no me convencen: el concepto “caro” es muy subjetivo –más en boca de los adalides de más y más gasto público- pues entiendo que tampoco es “barato” que, por ejemplo, en un curso donde se deban aprenden las ecuaciones de segundo grado haya alumnos que ni siquiera saben solucionar una ecuación sencilla. Esto retrasa a los que sí aprobaron y no creo que ayude en nada a los que no, ya que sin una buena base su frustración –y aquí refuto su segundo argumento- será aún mayor. Si alguien se pone a estudiar otro idioma y no es capaz de adquirir los conocimientos más básicos, puede que le duela insistir en lo mismo pero sería mucho peor que, sin tenerlos, le pusieran a conjugar verbos irregulares.

En cuanto al abandono escolar, es imposible saberlo con certeza aunque, si es alto, dándoles la oportunidad de repetir el mismo curso no parece que tenga mucho sentido que se reduzca obligándoles a afrontar un curso que, por su falta de base, les va a ser mucho más difícil y, como dije antes, más frustrante. Ayudar al alumno que se ha quedado atrás: sí, por supuesto. Pero con lo que no sabe, no añadiéndole nuevas y más complicadas materias.

Detrás de todo esto aparece la obsesión por la igualdad artificial. De hecho, el ministro de Universidades de la pasada legislatura, Manuel Castells, declaró en su momento para apoyar estas tesis que “condenar a un alumno que suspende es elitista” y que “así se va machacando a los de abajo y favoreciendo a los de arriba". Disculpad que me ponga como ejemplo pero yo fui un buen estudiante –en la pública- hijo de obrero por lo que no entiendo esa asimilación de “élite” y de “arriba” referida a alguien que saca buenas notas, y desde luego no creo sea adecuado que el dar una oportunidad al que no pasa un curso de volver a intentarlo, sea “machacarle”. Es más, siguiendo con mi ejemplo, tengo varios hermanos, uno de ellos estudió (él sí) en un colegio privado, de mi misma extracción social, con el mismo ambiente familiar… y no sacó el graduado escolar cuando le tocaba (luego, ya de adulto, lo sacó y hasta ganó unas oposiciones). Y es que todos somos diferentes, y la desigualdad existe: de talentos, de esfuerzo, hasta de suerte. Y nadie es mejor ni peor por eso, hay quien vale para estudiar y hay quien no, y hay abogados que ganan menos que un fontanero; y eso no pasa sólo en el ámbito académico: hay cocineros con estrellas Michelín que nunca fueron a una escuela de cocina y otros que, con todos los cursos hechos, no triunfan.

A mí me preocupa la desigualdad, por supuesto, pero no porque haya personas de mediana edad en un país rico como España con más patrimonio que otras, sino porque desde tiempo inmemorial unos humanos han tenido mejores oportunidades que otros desde su nacimiento. Y eso no es justo porque nadie tiene la culpa de nacer en Somalia en lugar de en Suiza como no la tenía un niño por ser hijo de judío en lugar de serlo de cristiano en la Alemania de Hitler ni por nacer esclavo en lugar de patricio en tiempo de los antiguos romanos. Y digo esto porque incluso en desigualdad, en la que más cuenta, la que afecta a las oportunidades de progresar, los actuales tiempos son, aunque lejos de ser perfectos, los mejores de la Historia. Y España desde luego, de los mejores países del mundo en ese aspecto (como casi todos los de la UE).

Uno de los objetos que diferenciaba una familia “pudiente” de otra que no lo era cuando era yo un niño, consistía en tener o no una enciclopedia. Eran tan caras que había vendedores que iban por las casas ofreciendo un ejemplar por un módico precio y unos papeles de subscripción para adquirir el resto mediante letras. Otra opción estaba en los quioscos: se adquiría un fascículo cada semana –así parecía un gasto menor- y cuando el número de ellos alcanzaba el de un tomo, se compraban las tapas y se llevaban a encuadernar… completar esa labor podía durar años. Eran muy importantes en la educación de los niños puesto que, como fue mi caso, los padres que no habían tenido la oportunidad de estudiar –en eso también han mejorado mucho las cosas- por la necesidad de trabajar desde jóvenes, difícilmente podían contestar a las preguntas que nos surgían cuando hacíamos los deberes, y que a veces no tenían respuesta en los libros de texto. Yo no tenía enciclopedia y en muchas ocasiones recurría a la biblioteca pública pero no era como ahora que hay muchas, es fácil encontrarlo todo (y, en lo que yo considero un exceso, hasta se pueden leer tebeos, revistas, tomar prestada música y hasta películas por si no hay nada interesante en los tropecientos canales de TV) y los horarios son amplios. Sin embargo, hoy una enciclopedia Larousse, algo que seguramente fuera el orgullo de cualquier salón hace 30 años, se considera en muchos hogares un estorbo por lo mucho que ocupa. ¡Qué no hubiera dado yo en mis tiempos de estudiante por tener a mano todos esos saberes!

Pero es comprensible porque ahora tenemos Google. Y no sólo Google, tenemos unos aparatejos –los móviles- desde los que cualquiera puede acceder a casi todo y que casi todos los estudiantes tienen desde una edad bastante temprana. Un móvil es un arma diabólica en manos de un adolescente pero también es el mejor instrumento para reducir la desigualdad entre un estudiante de familia humilde y otra de familia rica. Esto era impensable hace unas décadas: hoy el acceso a la cultura es tan accesible que prácticamente sólo hacen falta ganas. Incluso en países menos desarrollados tanto el móvil como la conexión a internet son cada vez más comunes y demuestran que la ciencia y la tecnología, una vez más, hacen más por el desarrollo humano que cualquier político planificador. La mejor prueba la tenemos en España: ni una sola de las enésimas reformas educativas han hecho más por reducir la desigualdad en el acceso a la cultura para todos los estudiantes que el internet generalizado. Lo que depende de la planificación estatal no llega a tanta gente como lo que depende de la individual…

El nuevo ludismo que algunos defienden porque consideran que las máquinas acabarán con los puestos de trabajo nunca tiene en cuenta que la tecnología es la mejor herramienta para reducir la desigualdad cultural y que esa cultura será la que pueda hacer adaptables a los empleos del mañana a los niños de hoy. Los espectaculares avances médicos –sobre todo del último siglo- de poco hubieran servido para el conjunto de la población sin una implicación de las autoridades creando hospitales, ambulatorios, campañas de vacunación etc. así como la educación básica obligatoria fue necesaria para la alfabetización generalizada, pero ahora nos encontramos con un fenómeno en el que las autoridades poco tienen que ver salvo para intentar boicotearlo –como pasa en China- con la censura.

En la actual Europa la educación universal, el sistema de sanidad público y otros avances sociales han reducido mucho las diferencias entre un niño de familia pobre y otro de familia rica respecto a las de hace un siglo y ojalá se reduzcan más. Para ello, la labor del Estado es ofrecer las mismas oportunidades a todos, ayudar en lo que se pueda a los que van más retrasados pero nunca forzándoles a afrontar materias más avanzadas sin la base suficiente porque no sólo no les ayuda, además perjudica a la mayoría.

El milagro de Taiwán, el país que nunca existió

 Taiwán es una auténtica rareza mundial tanto por su estatus político como por su enorme importancia económica, y es bastante desconocida para el gran público. 

La isla de Formosa, lo que hoy conocemos como Taiwán, llegó a tener colonias españolas dada su buena situación geográfica para los intercambios comerciales, pero básicamente fue un nido de piratas hasta el siglo XVII que fue anexionada por la China continental. En 1895, tras una guerra con Japón que perdieron, los chinos cedieron “a perpetuidad” la isla a los vencedores. Tras la derrota de éstos en la II Guerra Mundial, y sin que hubiera un motivo de peso para hacerlo, los estadounidenses decidieron que Taiwán pertenecía a China, algo que supuso un atraso para sus habitantes, tanto económico como político, ya que perdieron el cierto grado de autonomía que los nipones les habían dejado. A finales de 1949, derrotado Chang Kai-shek por los comunistas en la guerra civil china, se retiró a Taiwán atrayendo con él a unos dos millones de chinos que, definitivamente, acabaron con la huella que había dejado la ocupación japonesa. 

Chiang Kai-shek no reconoció la República Popular China de Mao Zedong e insistió en que la República de China era la que él dirigía, aunque su único territorio fuera Taiwán. El motivo por el que no fueron invadidos, y la situación se ha alargado hasta la actualidad, fue el apoyo de los Estados Unidos. La vecina Guerra de Corea empujó a que éstos quisieran limitar el poder de la “China Roja”, mandando tropas a la isla (que aún están allí) y ordenando a la Séptima Flota a patrullar el estrecho de Taiwán. De este modo fueron pasando las décadas, al tiempo que Taiwán era gobernada por mano de hierro (la Ley Marcial estuvo vigente hasta 1987), con la excusa de una posible invasión inminente, por Chiang Kai-shek (que murió en 1975) y por su hijo Chiang Ching-kuo. 

Hasta noviembre de 1971 no ocupó en la ONU la “China Roja” el asiento correspondiente a China y a partir de ahí, todos los países de la órbita no comunista fueron aceptando que Taiwán no era China y abriendo relaciones diplomáticas con la China comunista. En diciembre de 1978 el presidente estadounidense Carter reconoció a la República Popular China, con sede en Pekín, como gobierno legítimo de China, quedando Taiwán en un limbo que dura hasta hoy. Al menos en 1991, las autoridades de la isla proclamaron el fin de la guerra con la República Popular China. Mientras, en Taiwán la democracia no llegó hasta casi finales del siglo XX (en 1996 fueron las primeras presidenciales por sufragio universal). 

Bajo el principio de "una sola China", Pekín insiste en que Taiwán es una parte inalienable de una China con un único gobierno que se reunificará algún día. Bajo dicha política, Pekín no acepta tener relaciones con las naciones que reconocen a la isla, lo que ha llevado a que muy pocas tengan lazos con el gobierno de Taipéi. Hoy apenas14 naciones, además del Vaticano, mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán. La mayoría son pequeñas islas. ¿Y por qué esta disputa puede afectarnos tanto? Primero porque si China intentara anexionarse por la fuerza Taiwán, tendría que luchar contra fuerzas estadounidenses que están allí y que, según parece, defenderían la autonomía de la isla. Por si no fuera suficiente riesgo geopolítico que se iniciara un conflicto que podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial, está además la enorme dependencia de los semiconductores que allí fabrica la empresa TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company). 

Irresponsablemente, la industria occidental depende en gran medida de una empresa situada en un territorio que está en medio de una disputa territorial que puede provocar un conflicto, incluso bélico, de consecuencias imprevisibles. ¿Cómo se llegó a esto? ​ Gracias a la ayuda norteamericana, Taiwán tuvo un desarrollo económico similar al de Corea, pasando de ser una sociedad agraria a una industrial y comercial. Empezó, como Corea, fabricando manufacturas baratas como textiles y juguetes, pasó en los ´70 a la industria pesada y en los ´80 a la electrónica, ayudada también por la privatización de las empresas públicas. Y la globalización hizo el resto. 

En cuanto a TSMC, fue fundada por Morris Chang, un graduado en Ingeniería Mecánica del Instituto de Tecnología de Massachusetts (conocido como MIT). Tras 25 años trabajando para Texas Instruments, decidió crear su propia empresa en 1987 y tuvo el apoyo del gobierno de Taiwán.  Los chips, o microchips, son circuitos integrados en una estructura de pequeñas dimensiones de material semiconductor. Sobre ellos, se fabrican circuitos electrónicos. Son vitales en toda la industria tecnológica actual. Aunque al principio el rendimiento de su producto no fue muy esperanzador porque resultaba más lento que los de Intel, por ejemplo, poco a poco fueron mejorando la tecnología. El gran salto lo dieron al suministrar a Apple los chips de sus iPhones. Desde entonces no tienen rival en los chips de alta gama. Cuantos menos nanómetros (milmillonésima parte de un metro) tiene un chip, más avanzado o sofisticado es. Los más avanzados tienen en la actualidad 3 nm, pero los de menos de 28 nm ya se consideran relativamente avanzados. Junto a sus numerosas subsidiarias, controla casi el 60% de la oferta mundial de semiconductores, y casi el 90% de los más punteros. Tiene clientes gigantes tanto en China (Alibaba, por ejemplo) como en EEUU (Apple, Facebook, Microsoft, etc.). Incluso Intel tiene externalizada parte de su producción con ellos. Es por eso que la importancia de Taiwán va mucho más allá de la política. 

En resumen, Taiwán para la mayor parte del mundo no es un país, no hay embajadas sino “oficinas de representación” con Taipéi (a Lituania se le ocurrió abrirla con Taiwán y por ello China rebajó su relación diplomática con ellos), pero de que viva en paz y conserve su autonomía depende gran parte del bienestar económico del mundo, incluso más allá de los motivos morales para apoyarlos. Sin embargo, es tal la presión china y el miedo que se tiene a su poderío que, a pesar del tratado de ayuda estadounidense, no sería de extrañar que en algún momento, algún residente de la White House ceda y acabe permitiendo que China se anexione un territorio que siempre ha considerado suyo. Mayores indignidades se han visto.

Los orígenes de Wikipedia, quizás la última enciclopedia que exista

    (esta historia no está incluida en mi último libro La prehistoria, y algo de la historia, de 66 empresas: Nacionales y extranjeras, todas famosas, que te animo a adquirir)

El 7 de agosto de 1966 nació el estadounidense Jimmy Donal «Jimbo» Wales, hijo del gerente de una tienda y de la dueña de una escuela privada para niños. Esa institución, fundada por su abuela, marcó al joven Jimmy y, según confesó años después, le llevó a valorar de forma especial la labor educativa. Estudió Finanzas en la universidad y desde 1994 desarrolla una carrera como inversor en derivados. Según parece le fue muy bien y ganó mucho dinero gracias a la especulación sobre las tasas de intereses y las fluctuaciones de las monedas extranjeras. Mientras, se interesa por el incipiente negocio de internet, en principio buscando fuentes de ingresos.

En 1996 crea una web de contenido erótico llamada bomis.com aunque él afirma que era un “motor de búsqueda de imágenes” y, aunque ya no existe, parece que fue un proyecto rentable. Sin embargo, en marzo del 2000 se orienta hacia la educación y funda un proyecto de enciclopedia libre de naturaleza abierta y corregida por redactores libres seleccionados, al que llama Nupedia. Contrata para ello al filósofo Larry Sanger (nacido en 1968) como redactor jefe. Jimmy Wales desea en Nupedia una calidad comparable a las de las enciclopedias profesionales en papel pero el 26 de septiembre de 2003 con tan solo 24 artículos terminados y 74 en desarrollo, el proyecto se cancela, ya que no había forma de monetizar el proyecto y porque otra creación paralela descollaba más...

Larry Sanger propuso el 10 de enero de 2001 la idea de utilizar una wiki para crear una enciclopedia. El término wiki (palabra que proviene del hawaiano donde significa 'rápido') alude al nombre que recibe una comunidad virtual, cuyas páginas son editadas directamente desde el navegador, donde los mismos usuarios crean, modifican, corrigen o eliminan contenidos que, habitualmente, son compartidos por cualquier otro usuario. Wales, reticente al principio, acepta instalar un software para wikis en un servidor proporcionado por bomis.com (sí, la web de contenido erótico) y autoriza a Sanger a continuar con el proyecto, bajo su vigilancia. Según esta versión, que es la más aceptada, la fundación de Wikipedia se debe a ambos pero Wales niega esto y dice que el proyecto es únicamente suyo.

Wikipedia empieza el 15 de enero de 2001 con Larry Sanger como redactor jefe asalariado, quien, eso sí está confirmado, da el nombre de Wikipedia al proyecto. Jimmy Wales y Larry Sanger crean en conjunto los principios fundadores, escribiendo los primeros artículos y estableciendo una comunidad vía Internet, durante el primer año de existencia. Al comienzo, Wikipedia estaba prevista para ser una wiki que aportara contribuciones a Nupedia. Sin embargo, la nueva web creció tan rápidamente que sobrepasaba las capacidades de verificación de los nuevos artículos de Nupedia, a la que tumbó. Inicialmente, no existía el registro de usuarios; toda colaboración se realizaba en forma anónima.

Larry Sanger abandona el proyecto el 1 de marzo de 2002, dejando todo el “poder” a Jimmy Wales. A mediados de 2003 éste crea la Fundación Wikimedia, una organización sin fines de lucro con sede en San Petersburgo, Florida, para sostener financieramente Wikipedia. Forma un comité de cinco miembros compuestos por él mismo, dos colegas de trabajo, que no son wikipedistas activos, y dos miembros elegidos por la comunidad de wikipedistas. Según afirma su motivación se resume en esta frase: «Imaginemos un mundo en que cada persona tiene el acceso libre y gratuito a la suma de todo el conocimiento humano. Es lo que estamos haciendo»

Sin embargo, el “cofundador” Sanger se convirtió en un crítico feroz a Wikipedia, primero denunciando que los “trols” habían tomado el mando y luego afirmando un sesgo claramente izquierdista y recomendando dejar de visitar la web. En septiembre de 2006, Sanger anunció la creación de una bifurcación de Wikipedia, denominada Citizendium, en la cual se utilizarían nombres reales y estaría redactada por expertos en cada materia, pero no tuvo éxito.

Curiosamente, después de la Wikipedia en inglés, las siguientes ediciones en ser creadas fueron, pocas semanas después, la Wikipedia en alemán y la Wikipedia en catalán (pese a ser única lengua oficial solamente en un pequeño estado, Andorra, y tener 10 millones de hablantes en todo el mundo), y en realidad fue la segunda Wikipedia en tener artículos, debido a que en la Wikipedia en alemán tardaron dos meses en crear el primero. Desde entonces se han ido creando ediciones en muchos más idiomas. El 20 de septiembre de 2004 Wikipedia alcanzó el millón de artículos en 105 idiomas.

El futuro de la Wikipedia es bastante incierto ya que, más allá de las polémicas sobre la fiabilidad de los datos que han ido acompañando a esta web desde hace casi un cuarto de siglo, lo cierto es que los asistentes gratuitos de inteligencia artificial proporcionan la misma información (si no mejor), y citando fuentes diferentes. Es difícil imaginar que una enciclopedia (poco importa que sea virtual en lugar de en papel) pueda sobrevivir a la inmediatez y fiabilidad de la respuesta de la IA ante cualquier pregunta

El “problema” de la España vacía

Me gusta mucho la expresión “problemas del primer mundo” usada de forma irónica para los asuntos que sólo preocupan a sociedades donde los verdaderos problemas (los que sí sufren en el Tercer Mundo) tienen un alto nivel de resolución. Pero últimamente esta cierta frivolidad está exagerándose hasta llegar al extremo de considerar como un problema casi cualquier cosa, y entre exageraciones e inventos provocan la sensación de que las cosas van mucho peor de cómo van. Si bien lo peor son las energías –y el coste- que se gasta en pretender solucionar situaciones que no están mal. Se me ocurre por ejemplo la crítica a que haya pocas mujeres inscritas en carreras universitarias de ciencias. Si no quieren inscribirse ¡que no lo hagan! ¿Dónde está el problema, acaso es necesario aumentar el escaso número de hombres apuntados en enfermería? ¡Que cada uno estudie lo que quiera!

Otro tema de moda en el que parece que se van a gastar bastante dinero público a fondo perdido es en el empeño en llenar la “España vacía”. Yo entiendo que en un mundo ideal todos deberíamos vivir en núcleos poblacionales no demasiado grandes y repartidos por todo el territorio, pero como lo que tenemos es una sociedad con una Historia donde hay factores de cientos, y a veces miles, de años que están detrás de nuestra expansión demográfica; es un poco absurdo pretender cambiar ciertas cosas por decreto. Podemos empezar por el clima: los humanos nos agrupamos en climas templados y huimos de zonas de climas extremos. La Siberia vacía es un hecho. Luego la geografía más básica: nos gusta de siempre vivir cerca de ríos y en valles más que en montañas, además nos suele gustar más el mar que el interior, de hecho todas las urbes más pobladas del mundo son, además, puertos marítimos.

Por otra parte, esto de vivir más en ciudades y menos en el campo también es un proceso de miles de años que se expandió con la Revolución Industrial y en concreto en España, un poco más retrasada en esto (pero menos que por ejemplo China donde hasta 2017 había más población rural que urbana), el proceso se aceleró con la postguerra y el desarrollismo de los años ´60 del siglo pasado. No sé por qué ahora se ha puesto de moda este tema pero la distribución de la población española no es cuestión reciente.


Otro hecho que también algunos consideran un problema (y que está resultando una bendición para España, a saber cuánto más alta sería nuestra tasa de paro sin él) es el auge del turismo, y gracias a él, Barcelona y Madrid no se quedaron con toda la emigración del interior ya que se distribuyó también en otras áreas con alternativas económicas y laborales diferentes a la industria. De hecho, el turismo podría ayudar al desarrollo de zonas de España despobladas pero de gran atractivo visual, actualmente frenadas por normativas ambientales excesivas. Que más personas disfruten de nuestros tesoros más ocultos, y con ello generar negocio y por tanto ocupaciones y población en determinadas zonas hoy casi desérticas, parece mejor “solución” que aumentar aún más la desigualdad fiscal entre españoles aumentando deducciones y/o subvenciones –como proponen gobierno y parte de la oposición- a empresas y personas para que vayan donde -si no es por ellas- no quieren ir. 

Siento empatía por las personas de pueblos y comarcas que se ven afectadas por la baja población, incluso por el empeoramiento de los servicios, de menor calidad al haber menos “clientes”, pero entiendo que ante los grandes problemas que tiene este país, el gobierno de turno debe priorizar. Cuando tenemos una Seguridad Social en quiebra técnica y peligran tanto los servicios sanitarios universales como los sueldos –crecientes- de millones de pensionistas, el que en algunas zonas haya menos gente no parece que deba ser una gran preocupación, y desde luego nunca un gran gasto. Por otra parte, tampoco sabemos si con dinero se podría solucionar. Sí considero un mayor problema –y que afecta a mucha más gente- el tamaño de determinadas ciudades, con problemas de tráfico y contaminación. ¿La solución? No es gastarse una millonada a fondo perdido o crear infraestructuras allí donde no vive gente, eso ya se hizo creando aeropuertos vacíos y paradas de AVE sin uso (como por cierto denunció un tipo de izquierdas como Jordi Évole en 2013 en un “Salvados”, lo digo porque no es un tema –otro más- de ideologías políticas), la inversión debe llegar después de fomentar con políticas inteligentes. 

Para mí una inversión útil, duradera y no demasiada cara es ofrecer wifi en zonas rurales y, como posible solución para diversos problemas como por ejemplo la conciliación laboral (y me alegro que una de las consecuencias del malvado coronavirus haya sido que tanta gente se está poniendo de mi lado en este tema), es promover el teletrabajo. Con esto, voluntariamente, muchas personas, atraídas por la posibilidad de viviendas más grandes y más baratas y por un mejor medio ambiente, acabarían trasladándose de las ciudades (en su momento conocí muchas personas que renunciaron a vivir en el centro de Madrid para irse a la periferia por estos motivos, aunque eso supusiera perder mucho tiempo en los traslados, y con el teletrabajo esto se reduciría al mínimo) a áreas rurales. Como en su día pasó con las “ciudades dormitorio” cercanas a Madrid y Barcelona, según llegue población, llegarán comercios, se abrirán escuelas, ambulatorios, se mejorarán las comunicaciones… Todo eso si la gente quiere y prefiere ese nuevo modo de vida. Lo que es absurdo es gastarse millones en pretender que las personas vivamos donde un político decida que debemos vivir… o en contentar a un partido político con unos pocos miles de votos con una absurda representación parlamentaria debido a nuestro injusto sistema electoral.

Cuétara, la empresa que puso de moda el surtido de galletas variadas

   (esta historia no está incluida en mi último libro La prehistoria, y algo de la historia, de 66 empresas: Nacionales y extranjeras, todas famosas, que te animo a adquirir)

 Juan (1900-1998) y Florencio (1903-2003) Gómez Cuétara nacieron en Cantabria hijos de un modesto maestro rural. Sus tíos emigraron a México y con el paso de los años sus hermanos mayores (Pedro, Isaac y Raimundo) lo hicieron también. En 1919 marchó Juan y en 1920 Florencio. Juan era el más inquieto y, tras un tiempo en México, dejó la tienda de sus tíos donde trabajaba toda la familia para intentar triunfar en solitario, con escaso éxito. Intentó vender pan en un país donde preferían el maíz, arrendó una barbería, vendió un sucedáneo de coñac, dicen que fue guerrillero y hasta debutó como novillero. Pero en 1932 volvió a la tienda y en 1934 se casó, algo que hizo al año siguiente Florencio… con la hermana de su cuñada. Ambos, junto con sus hermanos Raimundo e Isaac, intentaron independizarse de sus tíos creando una fábrica de pastas para sopa que no triunfó y que en 1935 pasó a ser de galletas, con el nombre de Galletas Gómez Cuétara. No tuvo gran éxito ya que aún se notaban las consecuencias de la Gran Recesión de 1929. Cuando Raimundo fallece e Isaac vuelve a España, Juan y Florencio se quedan al cargo.

Con los años sus productos van teniendo más éxito, en parte con la incorporación del galletero catalán exiliado Ramón Miramón en 1939. La Guerra Mundial también favorece al negocio por lo que en 1945 abren una segunda fábrica. Florencio entonces decide irse a vivir a Santander dejando la empresa en manos de su hermano Juan. Sin embargo, éste le sigue convencido de que España puede ser un gran mercado, puesto que la variedad de la competencia se reducía a galletas troqueladas (las conocidas como “Marías”) y ellos podían ofrecer mejores productos. En 1949 Juan compra una pequeña fábrica en Cantabria con ese fin y en 1951 Florencio otra para chocolates y caramelos, uniendo ambas factorías en la sociedad familiar Gómez Cuétara Hermanos.

Por desgracia, no tuvieron en cuenta ni los racionamientos ni la animadversión de la competencia. Juan fue imaginativo y compró una panadería en Málaga para que su cupo de harina aumentara, también introdujo mejoras técnicas en su fábrica para reducir la pérdida de ingredientes en las elaboraciones, pero hasta 1955 no consiguieron que el Ministerio de Industria les concediera la libertad en el ejercicio de su actividad, cuando tres años antes se había acabado el racionamiento para las otras empresas de la competencia, dominado el mercado por las María de Fontaneda y las Chiquilín de Artiach. Todo por ser una empresa no nacional, aunque gracias a eso pudieron subsistir, puesto que desde México llegaban beneficios. Tampoco les fue fácil expandirse, y costó conseguir en 1958 el permiso para la apertura de una nueva planta en Jaén, que tardó más de dos años en construirse. En 1961 Franco visitó las nuevas instalaciones donde trabajaban 115 personas, dando al fin la bendición a los “mejicanos” que habían podido triunfar gracias a importar divisas, aunque la propaganda del Régimen lo achacó al éxito del gubernamental “Plan Jaén” para reindustrializar la zona.

Juan era el hermano que diseñaba las galletas y triunfó con muchas que aún hoy son conocidas, como las campurrianas. Las galletas de barquillo, después bañadas también en chocolate, fueron otro de sus grandes éxitos. Aunque quizás el mayor -de 1963- es el archiconocido Surtido Cuétara (“el que nunca falta en casa por Navidad”). El 10 de febrero de 1964 Juan y Florencio constituyeron Cuétara S.A., domiciliada en Madrid, y abrieron fábricas en muchos puntos de España para asegurarse el mercado nacional. En ese momento, en un movimiento similar al que ya vimos en Bimbo, la Cuétara española se separa de la mejicana aunque ambas conserven el mismo nombre. La Cuétara mejicana sigue existiendo en la actualidad.

En 1968 las Napolitanas de Cuétara ya se anunciaban en la TV y en 1973 compran una fábrica en Portugal. Antes, en 1969, Florencio adquirió Chips Ibérica S. A. y en 1970 creó Risi, para vender patatas fritas y snacks. Sin embargo, la crisis inflacionaria de los años 70 y la apertura del mercado a la competencia internacional, hace mella en los fabricantes nacionales de galletas. Cuétara sale mejor parado que las demás pero es el inicio de un declive que continuará (a pesar de éxitos puntuales como las “Tostarrica”) ante la entrada en la UE y la aparición de las marcas blancas. Ambos hermanos se retiran en mayo de 1987 y la empresa se queda en manos de tres hijos de Juan y dos de Florencio. Tras un bache de unos años, la empresa vuelve a coger impulso pero algunos accionistas (Florencio y alguno de los hijos de Juan) deciden vender en 2001 a Sos Arana en una suerte de fusión que renombra la compañía como Sos-Cuétara. En 2008 Nutrexpa adquiere la división de galletas (Sos pasa a ser Sos Corporación, y hoy es Deoleo, cotizada en bolsa) y finalmente, con la escisión de Nutrexpa, Cuétara pasa a formar parte del Grupo Adam Foods en 2015.

Lo que nació como empresa familiar de dos cántabros retornados de México, quedó integrado en un grupo multinacional catalán para el que Cuétara es sólo una marca más (como lo es también Artiach, contra la que durante tantos años tuvieron una dura competencia), así como la miel de la Granja San Francisco, patés la Piara, caldo Aneto, Phoskitos…

McDonald's, la cadena de restaurantes que empezó en el mundo del cine

   (esta historia no está incluida en mi último libro La prehistoria, y algo de la historia, de 66 empresas: Nacionales y extranjeras, todas famosas, que te animo a adquirir)

Richard y Maurice McDonald nacieron al principio del siglo XX en el seno de una humilde familia de inmigrantes irlandeses. No se sabe mucho sobre sus primeros años pero sí sobre el por qué se decidieron a emprender: su padre después de 42 años de trabajo en una fábrica de zapatos fue repentinamente despedido. Eso los lleva a buscar futuro en la industria del cine y mudarse a California con el propósito de convertirse en millonarios antes de los 50 años, aunque apenas tenían un diploma de la escuela secundaria. Los dos hermanos sueñan con rodar y producir películas, pero sólo consiguen algunos trabajos mal pagados en los estudios de Columbia. Entonces deciden ahorrar todo el dinero posible para comprar y gestionar un cine. Compran un teatro con 750 asientos ubicado a unos 30 kilómetros de Los Ángeles, cambiaron su nombre de Mission a The Beacon, le añadieron un snack bar y reabrieron sus puertas como cine en 1930. Tras siete años y muchas facturas impagadas deciden venderlo no sin antes convencerse del buen negocio que resultaba la restauración. Así que, tras una etapa en la que venden desde zumos a perritos calientes, deciden abrir un nuevo local en San Bernardino y lo llaman McDonald's Barbeque. Es un autocine: los coches se detienen, piden y reciben comida que les traen chicas en patines (“carhops”). El menú cuenta con 25 platos diferentes; pero entre estas hay una que es la más popular: la hamburguesa. Se primaba la transparencia y confianza, permitiendo que los clientes viesen cómo se preparaba la carne en la parrilla

En 1948, aprovechando el auge económico tras la postguerra, remodelan el negocio y se centran en las hamburguesas, despiden a las patinadoras y empieza el autoservicio. Es el comienzo real de McDonald´s y cuando el menú se reduce a la hamburguesa, las patatas y la bebida. Como innovación adaptan las medidas de la cadena de producción de Henry Ford con una división de tareas similar a la que se proponía en las fábricas de coches: unos asaban hamburguesas, otros armaban los pedidos y otros freían las patatas. Así, los tiempos de preparación y cocción de la comida se reducían tanto que permitía servirla en tiempo récord. Es la base de su famoso sistema “Speedee”, mascota entonces de la marca, y germen de lo que se conoce como “fast food”. Pero como los clientes están acostumbrados a recibir la comida directamente en su coche, la idea no acaba de funcionar. No quieren ser ellos los que vayan al mostrador. Lo que salva a los dos hermanos de un nuevo fracaso son los camioneros, que empiezan a frecuentar el McDonald's Barbecue durante sus descansos laborales. Poco a poco las cosas empiezan a ir mejor y en 1953 abrieron un segundo restaurante en Phoenix, Arizona. Y sigue la expansión.

En 1954, Ray Kroc (emprendedor de origen checo nacido en 1902 y sin estudios) decidió visitar el restaurante de San Bernardino, en el que se utilizaban hasta ocho de sus máquinas para mezclar batidos. Sorprendido por esa cantidad de ventas, Kroc ve el potencial y entra en el negocio de McDonald's, inaugurando el sistema de franquicias: pagaría a los dos hermanos una tarifa por cada nuevo restaurante que abriera, explotar comercialmente su marca y copiar sus métodos. La franquicia crecía y también lo hacían las tensiones entre Kroc y los hermanos McDonald así que en 1961 Dick y Maurice deciden vender y ceder todo el control de su empresa a Ray Kroc (que entretanto ha abierto 228 restaurantes en régimen de franquicia); conservando para ellos sólo el primer restaurante en San Bernardino (rebautizado como The Big M, sin tener ya el control de la marca). Sin perder tiempo, Kroc cambió lo que no le gustaba: eliminó de la marca la mascota Speedee y también se deshizo del gran arco dorado que distinguía al primer McDonald's, aunque decidió conservar el concepto del arco. Contrariamente a otras marcas con franquicias, Kroc insistió en la uniformidad y el control de calidad de todos los restaurantes. Estableció estrictos estándares operativos, desde la preparación de alimentos hasta la limpieza y el diseño de los restaurantes. El objetivo era que cada McDonald’s, sin importar cuál fuera su ubicación, ofreciera la misma experiencia al cliente.

En 1963 crean el personaje de Ronald McDonald, el payaso que se convirtió en el icónico rostro de la marca que buscaba atraer a los niños, y usan la televisión como principal medio publicitario. Aunque no fue hasta 1979 que se lanza el Happy Meal, un menú infantil que incluía una comida y un juguete para así atraer a las familias. Lo que no esperaban es que el Happy Meal consiguiera que marcas y franquicias colaborasen con McDonald’s para ofrecer juguetes temáticos, lo que llevó con el tiempo a ser el producto ideal como estrategia de promoción de estrenos de películas infantiles. Si bien el producto más icónico fue el Big Mac, que se introdujo en la carta de los restaurantes en 1967 por el franquiciado Jim Delligati. Esta hamburguesa está compuesta por dos piezas de carne, queso, lechuga, cebolla, pepinillos y la famosa salsa especial, todo en un pan de tres capas.

Bajo el liderazgo de Kroc, McDonald’s creció rápidamente en Estados Unidos y comenzó a traspasar fronteras. En 1967 abrió sus puertas por primera vez en Canadá y poco después en Puerto Rico hasta lo que conocemos hoy. De los hermanos McDonald, Maurice murió de insuficiencia cardíaca en 1971, y Richard vivió hasta 1998, y siempre sintió que, a pesar de haber fundado el concepto, fue Kroc (que falleció en 1984) quien se llevó todo el mérito y el éxito económico del negocio. McDonald's es una de las cadenas de restauración más grandes del mundo, con más de 40.000 restaurantes en 119 países. El 21 de abril de 1965 salió McDonald´s a bolsa, siendo ejemplo de valor con gran revalorización en el largo plazo, habiendo marcado recientemente máximos históricos de cotización. 

La olvidada London Rubber Company y la historia de la marca Durex

  (esta historia no está incluida en mi último libro La prehistoria, y algo de la historia, de 66 empresas: Nacionales y extranjeras, todas famosas, que te animo a adquirir)

La London Rubber Company era una pequeña empresa fundada en Londres en 1915 por Lionel Alfred Jackson, un inmigrante ruso representante de artículos de peluquería, en una pequeña habitación detrás de un estanco, donde vendía preservativos que importaba de Alemania. Él es el que aparece oficialmente como fundador y creador de Durex pero investigaciones recientes demuestran que el inventor de la “tecnología” fue Lucian Landau, nacido en Varsovia -Polonia- en 1912, y enviado a Londres para estudiar la tecnología del caucho por su familia, formada por pequeños industriales que comerciaban con caucho, perfumes, cosméticos y jabón. Se esperaba que, una vez formado, regresara a Polonia y se hiciera cargo del negocio de su padre pero Jackson le prestó al -jovencísimo- Landau 600 libras para fundar British Latex Products, con el objetivo de suministrar condones a su empresa London RubberJackson -todo apunta a que se benefició de la juventud de Landau- se quedó una participación del 60%. Y poco a poco fue borrando al polaco de la historia. 

La London Rubber Company se convirtió en el mayor productor y exportador de preservativos desechables de caucho del Reino Unido en la posguerra. En 1929 creó la marca Durex como un acrónimo (hoy olvidado por todos) de Durability, Reliability and Excellence. Pero hagamos un salto atrás en el tiempo.

La historia del condón se remonta a miles de años, con evidencias de métodos anticonceptivos y de protección similares en diversas culturas. El condón más antiguo conocido apareció en la tumba del faraón egipcio Tutankamón y está expuesto en el Museo del Cairo. Eso fue hace 3500 años. Como vemos, la idea de utilizar algo entre el pene y la vagina para evitar contacto directo es antiquísima. En el Antiguo Egipto se usaban fundas de lino, en la Roma y Grecia clásicas, se empleaban vejigas o intestinos de animales mientras que en Asia, especialmente en China y Japón, se usaban materiales como papel de seda aceitado y ¡caparazones de tortuga! En Europa, durante el Renacimiento, el médico italiano Gabriele Falloppio (el que dio el nombre a las trompas) describió en 1564 una funda de lino empapada en sustancias químicas para prevenir la sífilis, uno de los primeros registros de un condón con propósito médico.

El término "condón" se atribuye -falsamente- al Dr. Condom, un supuesto médico de la corte de Carlos II de Inglaterra (siglo XVII), quien habría promovido su uso. Es una leyenda y el nombre debe venir del latín “condus” que significa “receptáculo “o de “condere” que significa “proteger” o “esconder “. El caso es que durante siglos los condones de intestino animal se volvieron comunes entre la aristocracia, aunque eran incómodos y no siempre efectivos. La invención del caucho vulcanizado por Charles Goodyear (del que hablamos en su día) en 1839 marcó un hito. En 1855, se fabricaron los primeros condones de caucho, más baratos y accesibles. 

En 1861 apareció en EEUU el primer anuncio de condones en el diario The New York Times. En él se promocionaban los Condones Franceses del Dr. Power. Al cabo de un tiempo, un congresista logró que el Congreso norteamericano prohibiese por ley toda publicidad que incentivase el control de la natalidad y, por ende, el uso del preservativo, veto que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Respecto a España, durante el proceso de revisión y catalogación de una parte de los fondos históricos de la Universidad de Salamanca, se encontraron varios condones de cerdo con una cinta de color azul para ajustarlos. Al parecer eran del s. XIX ya que estaban envueltos en una hoja de periódico de 1857, quizás por algún estudiante de la época que estaba consultando aquel libro de medicina.

Y ya en la segunda década del siglo XX el látex revolucionó todo y los condones se volvieron más delgados, elásticos, desechables y efectivos (hoy los condones vienen en variedades de materiales -látex, poliuretano para alérgicos-, texturas, sabores y tamaños). Durante la Segunda Guerra Mundial, los ejércitos los distribuyeron masivamente para prevenir enfermedades venéreas pero la London Rubber Company, que ya no pudo importar de Alemania, empezó a tener problemas de suministro (por suerte empezó la fabricación propia en Reino Unido ya en 1932). Es entonces cuando apostó por la modernización y consiguió la automatización total del proceso de fabricación de profilácticos. Con este nuevo sistema, se podía fabricar una mayor cantidad de preservativos Durex en mucho menos tiempo, y además se mejoró la técnica de fabricación de los mismos, lo cual permitía una mayor calidad final del producto. 

Durex fue la primera marca que, en 1953, desarrolló un sistema de testado electrónico de preservativos, algo que aún permanece. En 1957, Durex lanzó el primer condón lubricado del mundo. Esta innovación acabaría siendo introducida por todas las marcas de profilácticos.

En 1962 la London Rubber abrió su primera clínica de Planificación Familiar en el Reino Unido y los condones comenzaron a estar disponibles a través del Sistema Nacional de Salud británico. En 1963 adquieren la estadounidense Julius Schmid Inc. y entran en el mercado americano. En los años 80 la aparición del SIDA disparó su popularidad y en 1987 Durex fue la primera marca que anunció preservativos en televisión. En 1996 puso a la venta el primer pack de preservativos de diferentes sabores. 

En 1999, la London Rubber Company, ya parte de London International Group, se fusionó con Seton Scholl, formando SSL International plc, y en 2010, Durex fue adquirida por Reckitt Benckiser, una multinacional británica que manufactura bienes de consumo masivo en distintos segmentos para el cuidado del hogar, la higiene y la salud, y a la que aún pertenece. Otras marcas famosas que comercializa son el “3 en 1”, el ambientador Air Wick, Calgon contra la cal, el detergente Colon, el limpiador multiuso Glassex, el lavavajillas Finish…

 

 


Desmontando fake news: Lenin no derrocó al Zar

El 9 de mayo es el “Día de la Victoria” para Rusia -es festivo, igual que en Bielorrusia- ya que se conmemora la derrota nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. El motivo por el que en Occidente se celebra un día antes radica en el huso horario diferente:, firmó la rendición incondicional el 8 de mayo de 1945 a las 22:43 hora central europe es el 9 de mayo a las 0:43 hora de Moscú, ante el Mariscal del Ejército Rojo Gueorgui Zhúkov. En esa conmemoración nadie recuerda que Stalin fue no sólo aliado de Hitler, es que además aprovechó los delirios de grandeza del austriaco para quedarse con media Polonia, violando la soberanía de otro país como en la actualidad Rusia hace con Ucrania. Tampoco la ayuda vital estadounidense para poder evitar tanto la invasión del país como la posterior recuperación del territorio culminada con la entrada en Berlín. Del mismo modo los herederos de la URSS, la actual Rusia de Putin, justifican la invasión de Ucrania ignorando que, al independizarse ésta, aceptaron respetar sus fronteras (Crimea incluida) y a cambio el nuevo país independiente devolvió todo su enorme arsenal de armas atómicas (el tercero del mundo, mayor que el de china entonces) a Rusia. Compromiso roto, evidentemente. 

No es nueva esta política de manipular noticias olvidando datos cruciales. Ya que hablamos de historia y de manipulación de los hechos, quiero aprovechar para comentar de la imagen equivocada que algunos venden sobre lo que ocurrió en Rusia en 1917, ya que estoy seguro que mucha gente está convencida que lo que pasó fue que los bolcheviques, liderados por Lenin, derrocaron al Zar. Y eso no refleja la realidad de los hechos.

La Rusia zarista llevaba un tiempo de decadencia que se aceleró tras la humillante derrota contra Japón que condujo a la llamada Revolución de 1905 en la que destacó que, para sofocar una manifestación pacífica, soldados dispararan contra civiles en San Petersburgo. Tras eso, y aunque no acabaron todas las protestas, el Zar se vio obligado a aceptar reformas, se estableció una Duma (o parlamento parcialmente elegido por votación) y una constitución en 1906 que, no obstante, seguía manteniendo el enorme poder ejecutivo del “Emperador de todas las Rusias”. La Duma se disolvió cuando Rusia entró en la 1ª Guerra Mundial en 1914 aunque el Zar permitió su vuelta en agosto de 1915, si bien ignorando sus opiniones. De este modo, una gran parte del Parlamento se convirtió en oposición al Zar, oposición que creció también entre el pueblo según la guerra empeoró las finanzas públicas y se empezaron a imprimir rublos sin respaldo de oro, lo que disparó la inflación. En marzo de 1917, como pasó en 1905, volvieron las protestas masivas en San Petersburgo y esta vez gran parte de los soldados se pusieron del lado de los manifestantes. El motivo fue el hambre y el desabastecimiento, no había un componente ideológico claro. La Duma creó un Comité que exigió detener a los ministros zaristas y formó un nuevo gobierno al que invitaron al Sóviet pero éstos lo rechazaron por ser “una revolución burguesa”.

El Zar firma su abdicación el 15 de marzo de 1917 (como vemos, los comunistas no fueron los que acabaron con la monarquía absoluta), es detenido y confinado junto con su familia en las afueras de la ciudad. Es sustituido por un gobierno liderado por Kerensky que está compuesto por liberales y conservadores y sin socialistas, pero que escucha sus reivindicaciones. Por ejemplo, por deseo de éstos no mandan al Zar a Inglaterra como era deseo de Kerensky (que, no obstante, los manda a Siberia –zona promonárquica- por temor a que fueran asesinados, algo que tan sólo lo retrasó ya que acabó pasando en julio). Por cierto, el Zar y su familia fueron rehabilitados como víctimas de la represión bolchevique el 1 de octubre de 2008 por el Tribunal Supremo Ruso.

El caso es que el gobierno de Kerensky intenta una reforma política en Rusia que lo equipare a las democracias del oeste de Europa. Entre otras medidas firma una amnistía, extiende los derechos civiles, anula la discriminación religiosa, establece la jornada de 8 horas diarias con igualdad de derechos para las mujeres, decreta la separación iglesia/estado… pero comete un gran error cara al respaldo popular: mantiene a Rusia en la guerra sin valorar lo impopular que resultaba. Por el contrario, Lenin, que vivía exiliado en Zúrich, declara que si llega al poder lo primero que hará es sacar al país de la guerra. Eso hace que Alemania, el más interesado en cerrar el frente oriental, le apoye –hay quien afirma que hasta económicamente- y permite que en abril, y a pesar del estado bélico, Lenin pueda viajar desde Suiza hasta San Petersburgo. Desde dentro del país hace una oposición muy dura contra Kerensky en la que la violencia es habitual.

En octubre del calendario juliano –noviembre según el nuestro- de 1917 Lenin y Trotsky se lanzan oficialmente al asalto al poder no contra el zar (ya depuesto y que acabaría asesinado por los soviets en julio de 1918) sino contra Kerensky, no contra un rey absolutista sino contra un Parlamento que intentaba convertir a Rusia en una democracia. Tienen éxito; sin embargo, Rusia es muy grande y estos hechos provocaron el inicio de una trágica Guerra Civil que duró el doble que la nuestra, casi 6 años (hasta el 30 de diciembre de 2022 no se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Nadie sabe si hoy Rusia estaría peor o mejor si no hubiera habido Revolución (lo más exacto es llamarla Guerra Civil) Rusa. Lo importante es conocer los hechos y luego que cada uno tenga la libertad de opinar sobre ello. Por suerte, no vivimos en la URSS y hay posibilidad de hacerlo.

John Law, el timador que hoy podría ser héroe

 La figura de John Law, escocés nacido a finales del siglo XVII, tiene algo de personaje literario de novela de aventuras: hijo de un banquero o un joyero (según fuentes), jugador empedernido, de gran atractivo físico, mató en un duelo de honor al marido de su amante (que se dice que años atrás lo había sido del rey Guillermo III de Inglaterra). 

Precisamente ese episodio lo llevó a huir a Ámsterdam, la entonces capital de la innovación económica. Hacía ya 100 años que en esa ciudad existían las sociedades accionariales de responsabilidad limitada (lo que hoy conocemos como cotizadas de bolsa), inventadas para que los mercaderes pudieran financiar –sin ceder la gestión- la construcción y equipamiento de barcos que hicieran los largos y peligrosos viajes a las Indias, ya que los onerosos rendimientos requerían de una amplia inversión e implicaban un gran riesgo que de forma conjunta era más fácil de asumir. Con lo que aprendió allí elaboró unas ideas propias (¿por qué limitar el número de acciones a la venta, por qué no crear un banco público que emitiera el dinero que hiciera falta? …) que supo llevar a cabo en Francia, país en el que llegó a ser el más querido y el más odiado en pocos años, país que le hizo rico y que también acabó convirtiéndolo en un fugitivo que murió en Venecia, donde vivió sus últimos años (según algunos en la casi indigencia, según otros invirtiendo su amplio capital en obras de arte), sin dejar de jugar a las cartas como en su juventud. En su tumba en Venecia se lee: “En honor y memoria de John Law de Edimburgo, el más distinguido tesorero de los reyes de Francia.”

¿Por qué fue un personaje tan controvertido? Por ejemplo en su escrito El dinero y el comercio: una propuesta para proveer de dinero a la nación anticipaba una de las ideas más discutidas de toda la historia del pensamiento económico: la conveniencia de incrementar la circulación monetaria para estimular la actividad económica. Pero no fue por sus teorías sino por sus actos ya que fue el responsable de la primera gran burbuja bursátil de la historia (y eso que en Holanda seguro que debió conocer la de los tulipanes de 1630) si bien en el mundo económico fue más famoso por ser considerado el inventor del billete bancario. Y es que lo normal en su época era pagar con monedas de oro o plata, joyas o títulos de propiedad lo que, según él, ralentizaba el intercambio comercial. En Francia, la Corona y sus súbditos estaban tan endeudados y faltos de metales preciosos que ni se acuñaba ni se movía capital, lo que provocaba una deflación que tenía al país entero paralizado. Hacía falta que el dinero se moviera. Seguramente, ese fue uno de los argumentos que utilizó para convencer al regente del trono de Francia Felipe de Orleans –acuciado por la necesidad de aligerar el peso de la deuda pública que había dejado Luis XIV al morir-, que le concedió una autorización para poner en marcha un banco privado emisor de billetes convertibles al portador (el Banco General) en 1716.

En 1717 creó una compañía privilegiada de comercio ligada al banco (la Compañía de Occidente o del Mississippi, luego llamada Compañía de Indias), que explotaba negocios como el comercio con Luisiana, la recaudación de los impuestos reales o la acuñación de moneda. Consiguió tantos favores porque redujo la deuda pública por la vía de pagar a los acreedores de la Monarquía entregándoles acciones de la Compañía y del Banco por lo que en 1718 el Banco General fue nacionalizado y se transformó en Banco de la Corona. Law fue elevado al rango de ministro de Finanzas del rey de Francia. De este modo, ligó la política monetaria del país a la buena salud de las acciones de una gran empresa. Como director general de las finanzas controló los impuestos de toda Francia, así como la deuda pública, la emisión de dinero y la Compañía de las Indias (que a su vez controlaba el monopolio de la importación de tabaco, y el del comercio con África, Asia y Luisiana, que era la cuarta parte de lo colonizado en el hoy este de los Estados Unidos de América). Confiado en el éxito de un sistema en el que lo controlaba aparentemente todo (acuñó la frase “La economía soy yo”), Law aumentó la emisión de billetes muy por encima de lo que le permitían los recursos de su Banco. Hasta entonces, se entendía por dinero a las monedas de oro y plata, la novedad de Law fue hacer circular billetes cuyo valor residía en su convertibilidad en metálico. Como cualquier tenedor de esos billetes podía ir al banco y convertir en oro o plata la suma expresada en ellos, emitir sin el respaldo de esos metales preciosos era una estafa. Entonces, ahora ya nos hemos acostumbrado a que el dinero sólo sea un acto de fe en el emisor.

Una activa propaganda y unos rumores fantasiosos sobre la riqueza de Luisiana consiguieron que la cotización de las acciones de la Compañía subiera extraordinariamente en medio de una fiebre especulativa generalizada: cuanto más subían más interés había en comprarlas (¡y eso que no existían las posiciones cortas tan de moda estos días!). Cuando las acciones de la Compañía se vendían a diez veces su valor de emisión, Law hizo emitir tres nuevas series (ampliaciones de capital). En noviembre de 1719 las acciones cotizaban a 36 veces el valor de emisión (habían pasado de 500 a 18 mil). Por aquel entonces, la gente de toda Francia iba a París a comprar acciones en tal número que los asientos de carruajes públicos en dirección a la capital estaban vendidos con días de anticipación. Lo extraordinariamente actual que suena todo esto hasta ahora no creo ni que haga falta que lo resalte. Pero no acaban ahí las coincidencias.

Los problemas empezaron, como suele pasar con los esquemas Ponzi, por la absurda generosidad del dividendo. Cuando se abonó a fines de 1719, muchos accionistas lo cobraron en oro en lugar de en billetes o acciones. Para que esto no pasara, ya que no había reservas suficientes, a principios de 1720 Felipe de Orleans limitó la cantidad de oro y joyas que se podían tener en las casas. El mensaje fue contraproducente ya que todos entendieron que si se prohibía acumular oro y joyas, era precisamente porque el verdadero valor radicaba en poseerlas. Si a eso le sumamos que todo se basaba en la supuesta “fertilidad” de las tierras de Luisiana, bastó la vuelta de varios emigrantes contando que aquello era una tierra de pantanos y ciénagas para que se iniciara una aguda crisis de confianza.

Para evitar que el castillo de naipes se derrumbara, John Law decidió fusionar la Compañía y el banco. Los accionistas tuvieron derecho a cambiar sus participaciones por billetes, al precio todavía notable de 9 mil. Para reembolsar las acciones tuvo que emitir (sin respaldo alguno) una cantidad tal de billetes que duplicó bruscamente la oferta monetaria. La consecuencia fue que la inflación llegó a un 23 % mensual en enero de 1720 y que la cotización de las acciones se hundiera, a la vez que cada vez más gente reclamaba al banco la conversión de sus billetes en oro y plata. El papel moneda y las acciones, que sólo unos días antes todos querían tener, eran abiertamente repudiados. Para calmar los ánimos, el regente Felipe anunció que se habían encontrado minas de oro en América, e hizo desfilar por París a 6.000 vagabundos vestidos como mineros. Con esa estratagema ganó tiempo y pudo colocar algunas acciones de la Compañía de Indias y siguió imprimiendo billetes cargando las culpas sobre John Law pero, evidentemente, era el Estado el que debía responder por la estafa.

Fue la primera gran burbuja bursátil (salieron a cotizar a 500, llegaron a 18 mil y su última cotización rondó los 200) y vino acompañada por una fuerte crisis financiera. El desastre de la compañía tuvo un alto coste social. Los inversores se dirigieron al Banco Real a reclamar el reintegro de las acciones sin éxito; si bien peor fue la situación en la que quedaron los asalariados ya que se les pagaba en billetes, papeles que no tenían respaldo ya que habían sido emitidos por un banco insolvente. Muchos iban a hacer cola desde el amanecer ante las puertas del banco para cambiarlos –sin éxito- por oro. El 17 de julio de 1720 hubo un tumulto y 15 personas murieron. Law tuvo que huir del país. Francia volvió a la quiebra en la que la había dejado Luis XIV acrecentada por la ruina de muchos ahorradores privados. Con todo, hay autores que defienden a John Law, por ejemplo Claude Cueni: “El problema saltó ante la imposibilidad de frenar a toda la nobleza. Obligaron a emitir tanto papel para financiar sus extravagancias, arruinaron todo el sistema”. Aunque no le exculpa, algo de eso también hubo; el dinero corría de tal manera que en plena euforia el regente compró el mayor diamante del mundo, una gema de 140 kilates, obnubilado con la cantidad de beneficios que daban las acciones. El diamante, denominado Le Régent, está expuesto en el museo del Louvre como testigo mudo de aquella época de despilfarro. ¿No os recuerda a los países que reciben ayuda del BCE para poder colocar su deuda y sus gobiernos, en vez de aprovechar esa ventaja, la utilizan para disparar sus déficits presupuestarios ganando votos con el aumento del gasto?

John Law sobrevivió nueve años al desastre. Cuando llegó la noticia de su muerte a Francia, un periódico le dedicó estas palabras: “Murió un escocés célebre, un calculador sin igual, que con las reglas del álgebra puso a Francia en el hospital”.

Su sistema, que en gran parte funcionó por la ambición excesiva de ganancias especulativas de la gente, sembró entre la opinión pública francesa una desconfianza duradera hacia instituciones como el papel moneda, los bancos centrales y toda experiencia financiera, lo que contribuyó a retrasar la modernización de su sistema bancario hasta el siglo XIX. Incluso hay quien defiende que ese retraso -y la pobreza que originó- fue un germen clave para que acabara ocurriendo la Revolución Francesa de 1789. Pero mi reflexión personal va más por las coincidencias con el presente que por sus consecuencias pasadas: ¿No reconoció -hace ya muchos años- Greenspan la importancia de una bolsa alcista para el buen desempeño de la economía? ¿No han colaborado -y colaboran- los bancos centrales en hinchar los precios de muchos activos aunque con ello corran el riesgo de crear peligrosas burbujas? ¿No está ligada la solvencia de los países a las de sus más grandes bancos y de ahí la expresión “demasiados grandes para caer”, y encima promovemos que aumenten su tamaño cada vez más? ¿Es tan diferente la política actual de nuestros bancos centrales a la de John Law? ¿Acaso no se está emitiendo demasiado papel sin respaldo, y además con las mismas excusas (evitar la deflación, que se mueva el dinero, etc.)? ¿Por qué él era un estafador y Draghi o Bernanke han sido casi héroes para muchos? ¿Por qué si lo vemos con perspectiva histórica nos resulta evidente la poca viabilidad del sistema creado por Law, y sin embargo confiamos tanto en el actual, siendo como son tan similares? Y sobre todo, ¿cuánto tiempo lo seguiremos haciendo?

Chupa chups, el caramelo unido a un palo que llegó al espacio

   (esta historia no está incluida en mi último libro La prehistoria, y algo de la historia, de 66 empresas: Nacionales y extranjeras, todas famosas, que te animo a adquirir)

Enric Bernat nació y murió en Barcelona (1923-2003) y creó uno de los productos españoles más conocidos en todo el mundo. Su vida parecía destinada al mundo del dulce puesto que era hijo y nieto de pasteleros. Su abuelo, Josep, había sido el primer fabricante de caramelos de España. Enric cursó hasta cuarto de Bachillerato e hizo tres cursos de Comercio. Durante la postguerra empezó su carrera en el mundo comercial vendiendo galletas de la marca La Gloria, propiedad de su padre, y posteriormente aceptó un empleo en la industria quesera Massanes i Grau, donde ejerció como aprendiz, dependiente, administrativo y, finalmente, como viajante de comercio. Dicen que era un joven con un espíritu inquieto, que poseía un gran don de gentes y mucha iniciativa… y debía ser verdad porque en 1950, tras finalizar el servicio militar, Enric decidió fundar su propia empresa junto con su esposa, Núria Serra, e inauguró su primera confitería, Productos Bernat, especializada en la elaboración de peladillas. No parece que le fuera mal pero cuatro años más tarde, su antiguo jefe, Domingo Massanes, le ofreció tomar las riendas de Granja Asturias, un grupo empresarial dedicado a la fabricación de productos elaborados con manzanas, y no pudo rechazarlo. Enric Bernat se trasladó a la parroquia asturiana de Villamayor. Nada hacía presagiar entonces lo que pasó después.

El inquieto Enric hizo algo muy novedoso: encargó a una consultora francesa un estudio para conocer los hábitos de consumo de caramelos. Los resultados indicaban que el 67% de los consumidores tenía menos de 16 años, y que los niños eran muy dados a extraer el caramelo de su boca con lo que, sistemáticamente, se ensuciaban las manos. La conclusión lógica a la que llegó es que unir un caramelo a un palito facilitaría que el niño degustara la golosina sin pringarse, y de paso incluso evitar algún que otro atragantamiento. Y lo cierto es que eso ya existía, Enric Bernat no lo inventó como la mayoría cree. En 1958, Enric compró la patente de un caramelo esférico con palo llamado "Gol", que fabricaba la industria barcelonesa "Reñé SA", hoy totalmente desconocida. Pero tampoco ellos fueron los descubridores, en realidad las piruletas se crearon en 1924 por IC Bahr, el primer gerente de ventas de la compañía Akron Candy Company en Bellevue, Ohio, que les puso de nombre "Dum Dums", frase que cualquier niño podría recordar. Al principio el palo era de madera, pero luego se cambió por uno de plástico, ¿a qué les suena?

Entusiasmado con el proyecto, el catalán decidió destinar todo el capital y la producción de Granja Asturias a la fabricación del nuevo producto pero sus socios, que como comentamos estaban en el negocio de las manzanas, se opusieron. Otro error que empujó a Enric Bernat a emprender el camino en solitario. El original nombre de “Gol” relacionaba la forma redonda del dulce con un balón que entraba en una portería, que -se suponía- era la boca del consumidor, pero Enric prefirió encargar a una empresa de publicidad de Barcelona una nueva denominación y ésta le propuso tres (las otras dos eran País y Rols) y todos sabemos cuál aceptó. En principio el nombre era sólo Chups pero se hizo tan famosa la sintonía radiofónica publicitaria que decía "¡Chupa un dulce caramelo, chupa, chupa, chupa Chups!", que se quedó en Chupa Chups, nombre que desde entonces usamos para denominar a todos los caramelos con palo, incluso los fabricados por otras empresas. Ofrecía siete sabores a un precio muy caro para la época, una peseta cada caramelo, pero fue todo un éxito, ya que fue percibido por los padres como un producto de calidad. El propio Bernat diría años más tarde que comerse un Chupa Chups era "como comer caramelos con un tenedor". 

Fue en 1963 cuando Bernat oficializó el cambio de nombre de la marca por Chupa Chups y… siguió innovando. Para la distribución de su nuevo producto, Bernat impulsó un sistema de auto distribución que consistía en implementar una red de ventas compuesta por una flotilla de Seat 600 decorados con el dibujo y el logo de Chupa Chups por toda la geografía española. También le benefició mucho la mejora económica del país justo en aquellos años. Pero no se conformó y en 1969 decidió cambiar el logotipo de la marca por un diseño exclusivo. Y se le ocurrió contratar para ello (dicen que por una suma millonaria aunque apenas tardó una hora en realizarlo) a Salvador Dalí, uno de los pintores más talentosos (y estrafalarios) de la historia y, por suerte, contemporáneo suyo (le admiraba tanto como artista que unos años más tarde adquirió y rehabilitó la Casa Batlló de Barcelona). También cambió el diseño de la letra “chupa chups”, y para ello dicen que copió a Coca Cola. Lo que llama la atención es lo novedosas que resultan todas sus decisiones, preocupándose desde los inicios en realizar estudios de mercado, buscar nombres atractivos, encontrar la mejor presentación… A veces se minusvalora lo de “unir un caramelo a un palo” pero detrás de eso hubo mucho más.

Expansión y caída

En 1969 la empresa abrió una fábrica en Bayona (Francia). El producto empezó a venderse en Japón en 1977, en Estados Unidos en 1980, en Alemania en 1982, en Rusia en 1989 (cosmonautas rusos llevaron Chupa Chups en 1995 a la estación espacial Mir, convirtiéndose así en el primer caramelo consumido en el espacio), en China en 1994 y en México en 1996 (en estos últimos países creando fábricas allí). Incluso en Estados Unidos su impacto fue tal que el personaje (el actor Telly Savalas) de la popular serie de detectives Kojak, no dejaba de consumirlos en cada episodio. Eso demostraba que su consumo no se limitaba al público infantil, como también mostró el entrador del F.C. Barcelona, Johan Cruyff, que se convirtió en uno de sus más fieles consumidores tras dejar de fumar.

Enric Bernat dejó el control formal de Chupa Chups a su hijo Javier en 1991. Para el cambio de siglo los cambios de hábitos de consumo, la competencia de nuevos productos y un plan de expansión mundial demasiado ambicioso, habían perjudicado mucho las cuentas de la empresa. Los herederos de Enric vendieron la compañía en 2006 a la productora multinacional de caramelos y chicle Perfetti Van Melle, compañía ítalo-holandesa que convirtió a Chupa Chups en una de sus marcas, como las conocidas Mentos o Happydent.


Nueve anécdotas

      Cuenta Séneca que se propuso una vez en el Senado que los esclavos se         distinguieran de los libres por el vestido. Inmediatamen...