miércoles, 26 de febrero de 2014

Breve reflexión sobre Adam Smith

Smith era básicamente un maestro y no voy a tratar de sus teorías económicas más complejas sino de lo poco que se parece la moralidad de su obra al capitalismo actual, aunque él sea considerado su padre.
Fue profesor ayudante de literatura y retórica en Edimburgo y catedrático de lógica y de filosofía moral en la Universidad de Glasgow, donde había estudiado. Mantuvo su cargo más de una década hasta que se dedicó al oficio de tutor personal, un arreglo que le ofreció seguridad financiera y capacidad de viajar por Europa, lo que le proporcionó un aura de experto independiente. Finalmente trabajó, como su padre, de comisario de aduanas, algo contradictorio con sus ideas de comercio internacional libre y sin trabas en las que defendía comprar los productos allí donde se fabricaban más baratos.
Escribió 2 grandes libros:
1)  La “Teoría de los sentimientos morales”, aparecido en 1759 pero revisado tantas veces (6) que no existió versión definitiva hasta 1790.
Dicen que a lo largo de la obra –he de confesar que no la he leído- el autor dibuja una concepción dinámica e histórica de los sistemas morales, y si bien su conclusión económica más importante es que la naturaleza humana estaría diseñada para avanzar guiada por las causas eficientes (prolegómeno de la ley de la oferta y la demanda), lo que es evidente es que es todo su trabajo está imbuido de filosofía moral, algo que ha llevado a algunos autores a considerar que si él es “el padre del capitalismo”, sería hoy en día un padre decepcionado.
Smith trata la filosofía moral no como la enumeración de unas recetas racionales o divinas sino como la forma de capturar la interacción de los sentimientos, emociones u opiniones humanas en los escenarios reales de la vida. Eso significa que debemos entender que las sociedades y los individuos funcionan no como compartimentos separados sino como parte de un todo complejo. Él se opone a la visión de que toda la moralidad o virtud se puede reducir al interés personal, como si los individuos operaran aislados preocupados solamente de su propio bienestar.
Este compromiso de Smith con la visión moral se mantuvo en la publicación de su segundo gran libro –que sí me he leído-, donde deja claro que la riqueza depende del bienestar de la población y no del individuo y que la prosperidad material debe estar relacionada con el bienestar moral donde la libertad dentro de una sociedad llevaría a la máxima riqueza posible:
2)  ”Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” (o simplemente “La riqueza de las naciones”), publicado en 1776.
Él pensaba que vivir en la pobreza era tanto estar en una condición miserable como vivir condenado a hacer tareas repetitivas y limitadas (como afilar clavos varios miles de veces al día), algo que perjudicaba nuestras “virtudes mentales” y “morales”. Es decir, nunca separó lo que llamamos la conducta económica del contexto moral en el que ocurre. Su frase «dame lo que necesito y tendrás lo que deseas» aplicada a la economía intenta demostrar que el egoísmo de los particulares puede llevar al bienestar general: “Al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo.”
Es decir, la búsqueda para satisfacer el propio interés beneficia a toda la sociedad ya que los productores intentan obtener el máximo beneficio pero, para lograrlo, deben producir los bienes que desea la comunidad. Además, deben producirlos en las cantidades adecuadas, de lo contrario, un exceso daría lugar a un beneficio y precio bajo mientras que una oferta demasiado pequeña originaría un aumento del precio, y ambas situaciones se autoregularían. Mucho antes que Marx sostuvo que la riqueza procedía del trabajo, enfrentándose a las teorías predominantes entonces: los mercantilistas que creían que la riqueza derivaba de una balanza comercial favorable (el caso actual de China por ejemplo) y los fisiócratas, que creían que procedía de la posesión de tierras.
Defendía que la armonía se aseguraba siempre que todos buscaran las rentas máximas posibles: Se producirían los bienes adecuados a los precios adecuados y el conjunto de la comunidad obtendría la máxima riqueza posible mientras rigiera la libre competencia; sin embargo, si se restringiese la libre competencia, el sistema dejaría de funcionar y la sociedad cargaría con las consecuencias. Pero su vigilancia del marco moral general significa que está lejos de excluir al gobierno de interferir, y en el ejemplo de los afiladores de clavos reconoce que merecen intervención pública (vía la educación) para compensar el daño causado por su empleo. Es decir, defendía la limitación de la intervención estatal en economía pero no por eso estaba en contra del estado.
Y habló mucho sobre los bancos, cuya conducta evaluó no en particular sino en general. Con asombroso acierto escribió en “La riqueza de las naciones” que, aunque las regulaciones podían limitar la libertad de los banqueros para hacer lo que quisieran, estaban totalmente justificadas, de la misma manera en que la obligación de instalar paredes para evitar que se extienda un incendio, limita la libertad de los arquitectos.
Tras la publicación de “La riqueza de las Naciones” su fama y fortuna en vida creció y se le consideró el fundador de la “economía política”. Se pudo retirar a una vida dedicada casi en exclusiva a revisar una y otra vez sus dos obras.
Independientemente de lo de acuerdo o no que se esté con su pensamiento, la teoría del beneficio económico global del egoísmo particular fue de algún modo malinterpretada pues sirvió en su momento a muchos para justificar una actitud moral castigada por la religión y la sociedad de la época. No es de extrañar pues su gran éxito entonces, más allá de la teoría económica que sustentaba.

1 comentario:

  1. Cuando lei la riqueza de las naciones casi me quedé muerto cuando leí partes que habia copiado el marxismo y sin embargo se le considera el primer liberal.

    A mi me pareció un libro muy enriquecedor y cargado de sensatez, frente al neoliberalismo radical actual.

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