miércoles, 23 de abril de 2014

Ciclos

El prestigioso economista ya fallecido Hyman Minsky señaló hace décadas que la estabilidad conduce a la inestabilidad. Es decir, que cuanto más tiempo una determinada condición o tendencia persiste, más dramática será la corrección cuando acabe la tendencia. Y añadía que el problema con la estabilidad macroeconómica a largo plazo es que tiende a producir acuerdos financieros muy inestables. Si creemos que mañana y el próximo año serán iguales que la semana pasada y el año pasado, estaremos más dispuestos a añadir más deuda y aplazar el ahorro para el consumo actual. Así, según Minsky, a más largo período de estabilidad, mayor será el riesgo potencial de inestabilidad cuando los participantes del mercado decidan cambiar su comportamiento. Probablemente se refería a la etapa de expansión económica –salpicada de crisis de relativamente corta duración- que hubo en el mundo tras la II Guerra Mundial. Sin embargo, estamos en un nuevo siglo en el que las etapas de crisis prácticamente se igualan a las de bonanza y en la que la situación actual parece el culmen de su razonamiento ya que han sido esos acuerdos financieros inestables y esa disposición a gastar las que nos han llevado a esto. ¿Significa que ahora los ciclos crisis-expansión van a ser más cortos, es una casualidad o es que la situación actual no es una etapa más y la crisis es del sistema?
Muy arriesgado contestar a eso aunque haya algunos que parecen tenerlo muy claro. Yo con mi habitual escepticismo no soy capaz de mojarme aunque considero que lo más probable es que salgamos, unas economías antes y otras después, sin demasiados cambios ni en los modelos productivos ni en el sistema financiero -a pesar de tantas declaraciones de intenciones-, y que lo más llamativo será que no sólo empresas y personas, quizás algunos países pierdan peso económico durante décadas debido a la actual situación. Pero como bien explicó Nassim Taleb con su teoría del cisne negro, es en lo improbable donde puede estar el quid de la cuestión. Precisamente Marcos Pérez en su blog (de actitud –hasta en el nombre- políticamente incorrecta www.especular.com ) cuenta que Taleb invierte el 90% de su dinero en activos de muy bajo riesgo (y por lo tanto habitualmente de baja rentabilidad) y un 10% en comprar opciones a futuro muy baratas porque están “out of the Money”, es decir, muy lejos de los precios actuales y que por sistema vencen con un valor de cero por lo que se pierde la prima pagada. Para entendernos, es como si yo apuesto a que el Ibex a final de año estará por encima de 15 mil, es una apuesta muy barata pero con muchas posibilidades de perder el 100% de lo que invierto, y actuando así cada año pierde dinero…hasta que llega el “cisne negro”, lo que nadie –o muy pocos- esperan (la quiebra de Islandia o de Lehman Brothers por ejemplo), y entonces en un solo movimiento aumenta su rentabilidad de un modo asombroso. Un gestor normal gana dinero con la estabilidad y pierde con lo inesperado, Taleb hace lo contrario. No digo que su sistema sea mejor, sólo quiero dejar claro que lo raro, lo improbable, suele ocurrir y cuando ocurre no debemos aferrarnos a la idea de ganar tiempo como sea a esperar que escampe “porque ya ha pasado otras veces”.
Especuladores del ladrillo que compraron a precios de 2007 tenían ese pensamiento, muchos inversores bursátiles en valores financieros americanos de la misma época, más de una empresa que no supo reinventarse … y lo grave es que esa fue –y sigue siendo- la idea de gobiernos y bancos centrales: su receta ha sido la de siempre a pesar de la excepcionalidad de esta crisis: los primeros endeudarse y los segundos bajar los tipos de interés e inyectar liquidez a la banca incondicionalmente. Y que el tiempo haga lo demás… Y lo más probable es, como dije antes, que tengan razón y antes o después todas esas acciones den sus frutos, como pasó otras veces, pero no debemos darlo por sentado. No sólo porque la economía es imprevisible, es que puede que ocurra algo ajeno al mundo económico que lo modifique todo. Por ejemplo, ¿Quién iba a decir que la mayor potencia militar del planeta fuera a ser derrotada por uno de los bandos de la guerra civil vietnamita el siglo pasado? Pues ocurrió, y este año no se puede decir que no hayamos tenido “imprevistos” como Ucrania.
Lo curioso de las crisis es que cuando se está dentro de ella el discurso oficial es que es cíclica, pero si es tan previsible que ocurriera, si es tan inevitable que tras una subida viene una bajada ¿Por qué nunca se toman medidas en época de bonanza para evitarlas o al menos aminorar sus consecuencias? Más bien al contrario la actual crisis nos ha mostrado que son las autoridades las impulsoras de las actitudes peligrosas que nos han conducido adonde estamos. Los economistas Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en su libro recopilando información sobre las crisis de los últimos ochocientos años cuyo título se puede traducir como «Esta vez es diferente: ocho siglos de estupidez financiera», además de una amplísima base de datos establecen que las crisis son precedidas por períodos de alta movilidad internacional de capitales y que aquellos países que reciben un gran influjo de capitales corren un alto de riesgo de experimentar una crisis de deuda soberana. Exactamente lo que está pasando ahora en los países emergentes. Y aportaronn otro dato inquietante: cuando el ratio de deuda pública excede el 90% del PIB, la economía tiende a desacelerarse y los inversores comienzan a cuestionar si la deuda será pagada. Cierto que hubo una polémica sobre este cálculo exacto en el excel pero no deja de ser cierto que a mayor deuda pública, peores perspectivas económicas.
Según Reinhart y Rogoff, si hay una lección en 800 años de historia de las crisis financieras, es que en momentos de euforia en los mercados no deberíamos aceptar tan mansamente (especialmente los reguladores) la tesis de que «esta vez no es diferente». No puedo estar más de acuerdo, las autoridades dan por hecho en épocas de expansión que la situación no derivará en crisis pero asumen con seguridad que tras la crisis seguro vendrá la bonanza. Es una contradicción, y si se cumple la estadística –esperemos que sí- y finalmente salimos de esta crisis deberíamos aprender la lección y empezar a vacunarnos para la siguiente.

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