1918

Como ya pasó el año pasado con la Revolución Rusa, no he podido sustraerme a la tentación de comentar sobre el gran acontecimiento que ocurrió hace un siglo: el fin de la 1ª Guerra Mundial (entonces conocida como Gran Guerra), que a pesar de su enorme importancia histórica, ha quedado eclipsada para el gran público por la Segunda. De hecho, hasta su inicio es muy poco conocido por el gran público; incluso quien sabe que el origen procede del asesinato del heredero del trono de Austria-Hungría, tiene dificultades para relacionarlo con todo lo que vino después.

Por supuesto hubo muchos factores coincidentes que llevaron a la guerra (como por ejemplo la rivalidad franco-alemana que no se cerró tras la derrota francesa de 1871 o los celos alemanes por el poderío colonial británico) pero la origen fue el nacionalismo serbio que fue acusado del atentado. El imperio austro-húngaro tardó un mes en atacar militarmente Serbia, aliado de los rusos (alianza que aún se mantiene) mientras Alemania invadía Bélgica para llegar a Francia lo que metió a Reino Unido en la contienda. Todo esto ocurrió de forma lenta, en un mundo no tan ultra-comunicado como el actual por lo que, por ejemplo, turistas ingleses se sorprendieron de la declaración de guerra mientras estaban en Alemania. Pocos meses después se sumó al conflicto el Imperio Otomano y al año siguiente lo hizo Italia. En total participaron 32 naciones (27 ganaron, 4 –Alemania, Austro-Hungría, el Imperio Otomano y Bulgaria- perdieron y luego está el caso de Rusia que luego explicaré). Lo raro desde el punto de vista bélico es que el frente principal, el que se desarrollaba en el centro de Europa, apenas sufrió cambios desde 1914 –cuando in extremis los franceses rechazaron a los alemanes cerca de París- hasta 1917.

Fue una guerra en la que por las películas parece que sólo lucharon franceses y alemanes en las trincheras pero más allá del número absoluto de muertos, hay que decir que los países que perdieron mayor porcentaje de población fueron Serbia (16.7%), el Imperio Otomano (13,6%) y Rumanía (7,7%). Australia estaba muy poco poblada entonces –ahora también- pero perdió en Europa un 1,2% de su población. Hasta Japón entró en guerra, y teniendo en cuenta que gran parte de África y Asia eran británicas, resulta que apenas América del Sur quedó fuera. El hundimiento del Lusitania, con muchos pasajeros norteamericanos, por un submarino alemán se ha dicho que fue el motivo por el que los EUA entraron en el conflicto pero lo cierto es que eso pasó en mayo de 1915 y no declararon la guerra a Alemania hasta dos años –y varios naufragios- después, entre otras cosas porque la opinión pública no estaba de acuerdo en participar en un conflicto europeo. Justo cuando llegaron estas tropas de refresco al frente occidental y parecía que el fin de la contienda estaría cerca, los sucesos en Rusia dieron un respiro –que no obstante, no sirvió para cambiar el resultado- a Alemania.

Lenin consiguió un gran apoyo popular a su causa prometiendo que los soldados rusos volverían a sus casas por lo que al llegar al poder sólo le quedaba negociar la rendición que no llegaría hasta el tratado firmado el 3 de marzo de 1918. Cuando, con su parte de razón, los historiadores citan como una de las causas del triunfo de Hitler -14 años después- a las severas condiciones que los vencedores impusieron a Alemania en el Tratado de Versalles de 1919 (que cerró formalmente la I Guerra Mundial) parecen olvidar lo duros que fueron los alemanes con Rusia cuando ellos fueron los victoriosos un año antes ya que el otrora Imperio Ruso perdía el territorio donde vivía un tercio de su población y el 75% de sus zonas industriales. Y eso a pesar de que en noviembre de 1918, cuando Alemania se rindió ante el resto de aliados, estas condiciones se suavizaron un poco. Es cierto que Hitler utilizó el Tratado de Versalles para hacer aparecer a Alemania como víctima pero nunca citaba lo que ellos les impusieron a los derrotados rusos, que además no podían oponer resistencia –ni siquiera diplomática- debido a la guerra civil allí desatada.

Daría para muchos libros hablar de esta Guerra que, aparte del conflicto humano, cambió muchas cosas en los mapas de geografía política



Pero que en realidad fue como un prólogo de la Segunda Guerra, como si hicieran falta que pasaran 20 años para renovar los ejércitos con sangre nueva y armas más sofisticadas para poder retomar la lucha.

Para comentar todas las consecuencias geopolíticas que hubo no tengo espacio aquí pero sí me gustaría apuntar algunas consecuencias económicas empezando porque este conflicto supuso el fin del primer experimento de globalización. Y es que tenemos la impresión equivocada de que la globalización es algo nuevo cuando el volumen de comercio exterior con respecto al PIB de Reino Unido, Japón o Francia eran similares entonces a los actuales. En términos relativos el mundo estaba casi tan globalizado como ahora. De hecho, fue la época histórica en la que más gente vivía fuera de sus países de origen. Lo que ocurre es que ese fenómeno sucedía mayoritariamente porque los países más avanzados poseían colonias y mucha población padecía de un estado de semi-esclavitud mientras que el fenómeno globalizador actual también beneficia –algunos creen que sólo es positivo para ellos- a los países más desfavorecidos. En los mercados financieros la libertad de movimientos de capitales era absoluta, mayor que ahora. La deuda que emitía Rusia se negociaba en lugares tan dispares como Ámsterdam o Nueva York y el telégrafo permitía –como hoy lo hace Internet con los minoritarios- que los grandes inversores compraran y vendieran en las bolsas de todo el mundo (entonces en los mercados financieros sólo existía Europa y los EUA) aprovechando que los cambios de divisas estaban fijados al patrón oro.

La I Guerra Mundial acabó con esa libertad de capitales que era similar a la que sólo existe hoy, entre diferentes países, en la Eurozona. Hasta 1980 (a la que se unió el bloque soviético una década después) no se recuperó parte de esa libertad de capitales internacionales que existía antes de 1914. Londres pasó el cetro de centro financiero a Nueva York pero ésta no consiguió igualar el papel que Londres tenía antes de la Gran Guerra hasta después de la II Guerra Mundial. De la globalización se pasó a la desconfianza internacional que redujo enormemente la propiedad de acciones y bonos de otros países. Empezaron a aplicarse vetos (por ejemplo a los alemanes se les prohibió operar en la bolsa de valores de Londres) y restricciones que se unieron al mal ambiente generado por las reparaciones de guerra, la inflación, el aumento de la deuda pública y los problemas con los nuevos países que no asumían las deudas de sus antecesores. No fue de extrañar, en ese ambiente, que tras la crisis de 1929 se recurriera al error del proteccionismo que agravó aún más aquella recesión. Al lado de aquello la actual guerra de aranceles es un juego de niños. Por último, como curiosidad, 10 inventos heredados de esta guerra AQUÍ.

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