Marzo 2021: todas las encuestas dicen que, en caso de elecciones, el partido más votado en España sería el PSOE. Pablo Casado no convence y aunque la pandemia sigue y para todos es evidente que no es cierto lo de “salir más fuertes”, en general la economía no pesa en el ánimo general porque, a pesar del desplome del PIB de 2020, el paro, al contrario que en otras crisis, no se ha disparado, y aún faltan unos meses para que empiecen a notarse las subidas en los precios. En este contexto Ciudadanos en Murcia, que gobierna junto al PP en la comunidad autónoma, llega a un acuerdo con el PSOE para cambiar su alianza. Un tal Carlos Cuadrado, un histórico del partido naranja, es el ideólogo. Fue un fiasco en la autonomía ya que algunos diputados de Cs se pasaron al PP, así que en la práctica, lo único que cambió con eso fue la alcaldía de Murcia, que pasó al PSOE, si bien en las elecciones de 2023 el PP la recuperó con mayoría absoluta. ¿Y por qué lo recuerdo ahora? Porque me atrevo a afirmar que mucho de lo que está pasando ahora mismo en la política nacional tiene que ver con aquello. Me explico.
Aquel giro de Ciudadanos tuvo una consecuencia en Madrid: Ayuso decide romper su pacto con Ciudadanos por creer, con motivo o sin él, que le podían hacer lo mismo y convoca elecciones anticipadas. Esto lleva a que Pablo Iglesias, temeroso de no tener grupo propio en el parlamento autonómico y quizás convencido que conseguiría un pacto con Más Madrid, dimita como vicepresidente y decida presentarse como rival de Ayuso. El dedo de Pablo Iglesias elige a Yolanda Díaz para sustituirle en la vicepresidencia y a Ione Belarra, persona sin ningún carisma, como su sucesora en UP, dejando como figura más mediática en Podemos -un error político de envergadura visto con la perspectiva actual- a Irene Montero. Por otra parte, el que Ciudadanos no consiguiera ni un solo escaño en aquellas elecciones, también anunciaba la crisis total que culminó en 2023. Mientras que la contundente victoria de Ayuso provocaría que, por vez primera desde antes de la moción de censura que perdió Mariano Rajoy en mayo de 2018, el PP apareciera en la mayoría de las encuestas -en la del CIS nunca, por supuesto- como el partido más votado, puesto que ha mantenido desde entonces hasta hoy.
Eso, que era una gran noticia para el partido, seguramente despertó los celos de Pablo Casado, que sabe que ese éxito no venía de su carisma, sino del de la presidenta madrileña, así que Casado intenta quitarse de en medio a Ayuso… y fracasa, lo que propicia la llegada de Feijoo. Hubo otra consecuencia más del éxito de Ayuso: Mañueco, que gobernaba con Ciudadanos en Castilla y León, cree que puede tener una victoria electoral similar a la de Madrid y rompe con los naranjas y convoca elecciones. No consigue la arrolladora victoria que esperaba y se ve obligado a gobernar con Vox, haciendo realidad lo que hasta ese momento era algo teórico y que se solía -aún lo hace- usar desde la izquierda como elemento para meter miedo: los pactos de gobierno PP+Vox, haciendo además que este partido empezara a asumir poder real.
Resumiendo, en Murcia Ciudadanos decide -con permiso por supuesto de Inés Arrimadas, cuya carrera política se hundió desde entonces- cambiar su alianza con el PP por otra con el PSOE, y eso provoca una secuencia de decisiones que explica en gran parte la situación política actual. La decisión de Ayuso de adelantar elecciones en Madrid lleva a la dimisión como vicepresidente de Pablo Iglesias y acelera la carrera política de Yolanda Díaz, sentando las bases de lo que hoy está pasando en la izquierda a la izquierda del PSOE: defienden lo mismo pero los más fieles al fundador de Podemos han quedado relegados. Además, la falta de habilidad de Yolanda Díaz ha hundido electoralmente a su coalición, ayudando con ello a mantener la intención de voto del PSOE pero perjudicando enormemente las posibilidades de repetición de un gobierno de coalición, según todas las encuestas (salvo las del CIS, claro). Esas elecciones en Madrid suponen un descalabro para Ciudadanos, y el comienzo de su actual “extinción”, la retirada de Pablo Iglesias de la política y el éxito personal de Ayuso, que lleva a que el PP encabece las encuestas. Esto a su vez lleva a que en Castilla León exista el primer gobierno en coalición de PP y Vox, y que esa alianza de algún modo se normalice. La victoria de Ayuso provoca los recelos de Casado, que quiere imponerse a la presidenta madrileña. En esa guerra sale perdedor y eso lleva a que Feijoo tome el control del partido. ¿Habría conseguido el PP mejores resultados con Casado de líder? Imposible saberlo, pero lo que está claro es que Feijoo consigue atraer para el PP gran parte del voto de Ciudadanos, del que también se alimenta Vox.
En resumen, el actual ciclo en la política española, que todos equiparan con la decisión de Sánchez de gobernar sin ser del partido más votado comprando los votos de Junts con la Ley de Amnistía, empezó algo antes y con una decisión local de un partido que ya no pinta nada en la política española. La supuesta mayor intención de voto de los que quieren echar a Sánchez respecto a los que quieren que siga, los líderes nacionales nuevos como Yolanda Díaz (que dice se retirará) y Núñez Feijoo, los Pablo Iglesias, Pablo Casado e Inés Arrimadas fuera de la política, la primera experiencia de gobierno de Vox, el auge de Ayuso... todo eso tiene mucho que ver con aquella decisión de marzo de 2021 en Murcia. Y personalmente, sigo sin entender en qué estaban pensando los de Ciudadanos para tomarla.





