El día que Ciudadanos lo cambió todo

Marzo 2021: todas las encuestas dicen que, en caso de elecciones, el partido más votado en España sería el PSOE. Pablo Casado no convence y aunque la pandemia sigue y para todos es evidente que no es cierto lo de “salir más fuertes”, en general la economía no pesa en el ánimo general porque, a pesar del desplome del PIB de 2020, el paro, al contrario que en otras crisis, no se ha disparado, y aún faltan unos meses para que empiecen a notarse las subidas en los precios. En este contexto Ciudadanos en Murcia, que gobierna junto al PP en la comunidad autónoma, llega a un acuerdo con el PSOE para cambiar su alianza. Un tal Carlos Cuadrado, un histórico del partido naranja, es el ideólogo. Fue un fiasco en la autonomía ya que algunos diputados de Cs se pasaron al PP, así que en la práctica, lo único que cambió con eso fue la alcaldía de Murcia, que pasó al PSOE, si bien en las elecciones de 2023 el PP la recuperó con mayoría absoluta. ¿Y por qué lo recuerdo ahora? Porque me atrevo a afirmar que mucho de lo que está pasando ahora mismo en la política nacional tiene que ver con aquello. Me explico.

Aquel giro de Ciudadanos tuvo una consecuencia en Madrid: Ayuso decide romper su pacto con Ciudadanos por creer, con motivo o sin él, que le podían hacer lo mismo y convoca elecciones anticipadas. Esto lleva a que Pablo Iglesias, temeroso de no tener grupo propio en el parlamento autonómico y quizás convencido que conseguiría un pacto con Más Madrid, dimita como vicepresidente y decida presentarse como rival de Ayuso. El dedo de Pablo Iglesias elige a Yolanda Díaz para sustituirle en la vicepresidencia y a Ione Belarra, persona sin ningún carisma, como su sucesora en UP, dejando como figura más mediática en Podemos -un error político de envergadura visto con la perspectiva actual- a Irene Montero. Por otra parte, el que Ciudadanos no consiguiera ni un solo escaño en aquellas elecciones, también anunciaba la crisis total que culminó en 2023. Mientras que la contundente victoria de Ayuso provocaría que, por vez primera desde antes de la moción de censura que perdió Mariano Rajoy en mayo de 2018, el PP apareciera en la mayoría de las encuestas -en la del CIS nunca, por supuesto- como el partido más votado, puesto que ha mantenido desde entonces hasta hoy.

Eso, que era una gran noticia para el partido, seguramente despertó los celos de Pablo Casado, que sabe que ese éxito no venía de su carisma, sino del de la presidenta madrileña, así que Casado intenta quitarse de en medio a Ayuso… y fracasa, lo que propicia la llegada de Feijoo. Hubo otra consecuencia más del éxito de Ayuso: Mañueco, que gobernaba con Ciudadanos en Castilla y León, cree que puede tener una victoria electoral similar a la de Madrid y rompe con los naranjas y convoca elecciones. No consigue la arrolladora victoria que esperaba y se ve obligado a gobernar con Vox, haciendo realidad lo que hasta ese momento era algo teórico y que se solía -aún lo hace- usar desde la izquierda como elemento para meter miedo: los pactos de gobierno PP+Vox, haciendo además que este partido empezara a asumir poder real.

Resumiendo, en Murcia Ciudadanos decide -con permiso por supuesto de Inés Arrimadas, cuya carrera política se hundió desde entonces- cambiar su alianza con el PP por otra con el PSOE, y eso provoca una secuencia de decisiones que explica en gran parte la situación política actual. La decisión de Ayuso de adelantar elecciones en Madrid lleva a la dimisión como vicepresidente de Pablo Iglesias y acelera la carrera política de Yolanda Díaz, sentando las bases de lo que hoy está pasando en la izquierda a la izquierda del PSOE: defienden lo mismo pero los más fieles al fundador de Podemos han quedado relegados. Además, la falta de habilidad de Yolanda Díaz ha hundido electoralmente a su coalición, ayudando con ello a mantener la intención de voto del PSOE pero perjudicando enormemente las posibilidades de repetición de un gobierno de coalición, según todas las encuestas (salvo las del CIS, claro). Esas elecciones en Madrid suponen un descalabro para Ciudadanos, y el comienzo de su actual “extinción”, la retirada de Pablo Iglesias de la política y el éxito personal de Ayuso, que lleva a que el PP encabece las encuestas. Esto a su vez lleva a que en Castilla León exista el primer gobierno en coalición de PP y Vox, y que esa alianza de algún modo se normalice. La victoria de Ayuso provoca los recelos de Casado, que quiere imponerse a la presidenta madrileña. En esa guerra sale perdedor y eso lleva a que Feijoo tome el control del partido. ¿Habría conseguido el PP mejores resultados con Casado de líder? Imposible saberlo, pero lo que está claro es que Feijoo consigue atraer para el PP gran parte del voto de Ciudadanos, del que también se alimenta Vox.

En resumen, el actual ciclo en la política española, que todos equiparan con la decisión de Sánchez de gobernar sin ser del partido más votado comprando los votos de Junts con la Ley de Amnistía, empezó algo antes y con una decisión local de un partido que ya no pinta nada en la política española. La supuesta mayor intención de voto de los que quieren echar a Sánchez respecto a los que quieren que siga, los líderes nacionales nuevos como Yolanda Díaz (que dice se retirará) y Núñez Feijoo, los Pablo Iglesias, Pablo Casado e Inés Arrimadas fuera de la política, la primera experiencia de gobierno de Vox, el auge de Ayuso... todo eso tiene mucho que ver con aquella decisión de marzo de 2021 en Murcia. Y personalmente, sigo sin entender en qué estaban pensando los de Ciudadanos para tomarla.

Una burbuja histórica: Terra Networks

Los más jóvenes lectores quizás no recuerden el caso de Terra. Fue una filial de internet de Telefónica creada tras la compra de Olé -el primer buscador en castellano, curiosamente creado por un organismo público catalán- y que sacó a bolsa a finales del siglo pasado aprovechando el boom global de las “.com”. La salida batió todos los récords: el primer día de peticiones la demanda de acciones ya superaba en 77 veces a la oferta (incluso el tramo institucional superaba en 30 veces a la oferta) lo que obligó a Telefónica a cerrar antes de tiempo el periodo de subscripción. La decisión salomónica para la adjudicación fue aumentar levemente el número de acciones a emitir y asignar un prorrateo muy polémico que favorecía a aquellos inversores que habían realizado su petición el primer día y cuyo nombre de pila empezase por las letras “r, s, t, u, v, w, x, y, z y a” por ese orden (lo que originó polémicas reclamaciones ya que se acabaron las acciones en Ana María dejando fuera a muchas “Ana” ya que consideraron el Ana y espacio libre por delante del Ana seguido de una coma como muchos bancos habían elaborado el listado al estilo de “apellido, nombre” simplemente intercambiándolos). 

Con estos mimbres el precio inicial -11.81€- se vio superado en seguida: el 17 de noviembre de 1999 empezó a cotizar y subió el 213.3% obligando a la Sociedad de Bolsas a ampliar rangos una y otra vez. En enero del 2000 entra en el Ibex y el 14 de febrero alcanza sus máximos históricos intradiarios: 157.65€ (el de cierre fue el 25 de febrero en 139.75€). Fulgurante su carrera en apenas 3 meses: con un pequeño porcentaje de acciones en el mercado superó en capitalización bursátil a Repsol, BBVA, Santander… 

En diciembre del 2000 ya cotizaba por debajo del precio de salida a bolsa y debido a sucesivas ampliaciones había el doble de acciones emitidas –todas a un precio superior- que 13 meses antes. Es una historia dura que debería estar presente en todo aquel que se acerque a la bolsa. No sólo porque es el ejemplo perfecto –y concentrado en poco tiempo- de burbuja y explosión de la misma, sobre todo porque eso ocurrió con la aquiescencia de la inmensa mayoría de analistas cuyos métodos siguen siendo los mismos a día de hoy. 

Aunque ahora nos parezca absurdo que un mediocre portal de internet llegara a valer tanto no olvidemos que fue una fiebre global. Había tal demanda que incluso el Ministerio de Economía el 22 de diciembre de 1999, con una Orden Ministerial, autorizó la creación de un segmento especial de negociación en las Bolsas de Valores, denominado Nuevo Mercado de Valores (Ibex Nuevo Mercado) para intentar crear un Nasdaq español (con Terra, TPI, Abengoa, Amper, Amadeus, Befesa, Indra, Radiotrónica, Tecnocom, Zeltia…) que en unos meses arruinó a casi todos sus participantes. Especialmente sangrante fue el aluvión de recomendaciones de compra y supuestos soportes que todos encontraban los meses en los que Terra, tras subir más de un 1200% en menos de 60 sesiones, caía a plomo: todo eran oportunidades únicas de compra. 

Los mayores enganchados en Terra no fueron aquellos que compraron en la subida y no vendieron (animados por recomendaciones y precios objetivos de 200€ incluso de prestigiosos bancos de inversión norteamericanos) sino los que, celosos de haber perdido la oportunidad de invertir en algo tan rentable, compraron en la bajada: siempre había algún analista que recordaba la gran oportunidad que era comprar “porque internet es el futuro” y el rebote que tuvo en los 40€ -por ejemplo- hizo picar a muchísimos. Es decir, que hoy sabemos que aquello fue una burbuja pero mientras se hinchaba e hinchaba, todos participaban en ella sin saber que la estaban alimentando y cuando estalló, tampoco todos se convencieron de ello ni mucho menos. Por eso el que la mayoría niegue a día de hoy la burbuja bursátil de Wall Street –y en concreto del Nasdaq- no significa nada, podría seguir hinchándose o haber estallado ya y seguirían negándolo. 

Volviendo a Terra, cuando aún no había estallado la burbuja global puntocom, en abril del 2000, comete la más errónea decisión de su corta historia: para intentar conseguir cuota en el mercado norteamericano compra Lycos, el tercer portal más visitado allí, por 12.500 millones de $ (pagando un sobreprecio del 56% respecto a cómo cotizaba en el Nasdaq el día que se hizo oficial, mucho más si tenemos en cuenta lo que se infló el precio desde meses atrás por el rumor acerca de la operación). En octubre de 2004 Telefónica revendió Lycos a una compañía surcoreana por 105 millones, menos del 1% de lo que costó su compra. Es un ejemplo de mala gestión empresarial, no debemos olvidar que los que participaron en ella también se dejaron llevar. Por ejemplo, en la absurda y carísima compra de Lycos participó la empresa alemana Bertelsmann, el principal conglomerado de medios de comunicación de Europa. Es decir, no fue sólo Villalonga, que hasta ese momento había recibido -según criterio de la mayoría- un sobresaliente por la gestión de la recién privatizada Telefónica, recién convertida en una multinacional, el que pecó de ambicioso. 

En cuanto a la acción, en mayo de 2003 Telefónica recompra las acciones que emitió a 5.25€ y como cotizaban por debajo, casi todos aceptaron. E hicieron bien ya que dejó de cotizar definitivamente el 15 de julio de 2005 a un cambio de 3.04€. Aún sin la compra de Lycos, aunque sólo fuera por contagio del desplome del Nasdaq, Terra también hubiera sido una mala inversión bursátil pero lastró significativamente las cuentas de Telefónica lo que ayudó a que el Ibex viviera 3 años seguidos de caídas (2000-2001-2002), algo que no se repitió hasta 2010-2011-2012 y que fue especialmente chocante para muchos ya que ocurrió cuando la economía española “iba bien”. 

En resumen, fue un error a todos los niveles y que muy pocos supieron ver. En esta historia podemos encontrar muchas semejanzas con la burbuja inmobiliaria española aunque a mi no me gusta mezclar un bien básico como la vivienda con una acción de bolsa pero si nos fijamos en lo que decían los analistas y en general el mundo financiero y los medios acerca de las inmobiliarias y constructoras que cotizaban en bolsa tanto en 2007 en la subida como en 2008 en la bajada, sí encontramos una similitud enorme. Y en el rebote –importado de Wall Street- de 2009 y en el desplome desde enero de 2010 hasta junio de 2012 lo mismo. A día de hoy nadie se explica cómo tantos fueron tan ciegos con Terra en el 2000 o con Colonial en 2007 y sin embargo, viendo las cotizaciones de algunos activos yo diría que no hemos aprendido demasiado desde entonces.
Cotización histórica de Terra

Los ricos ya pagan más impuestos hace décadas

Si hay una obsesión presente en todo discurso populista, es la de insistir en que los ricos paguen más impuestos. Lo cierto es que ya lo hacen, y no sólo porque sus ganancias sean mayores (es decir, en volumen), también en porcentaje. Nuestro sistema fiscal tiene figuras impositivas como el IVA o las tasas que no son progresivas pero el IRPF lo es desde siempre. 

Aunque hay intentos ya en el siglo XIX, se puede decir que el primer impuesto sobre la renta en España lo sacó adelante en la II República el ministro de Hacienda Jaume Carner. La Ley Carner, conocida como “contribución general de la renta”, entró en vigor a primeros de 1933. Lo cierto es que era un impuesto claramente destinado a los ricos pues existía un mínimo exento anual de 100.000 pesetas, cantidad tan abultada que, en la práctica, sólo 5.000 personas tenían que pagarlo. No tuvo mucho éxito, de hecho apenas 3.000 lo presentaron y, de todas formas, fue olvidado con la Guerra Civil y el franquismo. En este largo periodo existieron varias leyes fiscales pero, en general, los impuestos sobre la renta eran marginales. De hecho, se calcula que en 1957 la presión fiscal era del 9,6% del PIB, nada que ver con el entorno del 40% actual. El impuesto directo más importante era el de los rendimientos del trabajo y, aunque en la reforma de 1964 se desarrolló el impuesto complementario sobre la renta, no aportaba más del 1% de la recaudación total del Estado. Básicamente sólo lo pagaban las gentes del mundo del espectáculo donde las retribuciones eran públicas, puesto que Hacienda no tenía acceso a las informaciones bancarias.

La preocupación por el escaso ingreso tributario en España a finales del franquismo llevó a que el profesor Enrique Fuentes Quintana publicara un libro verde de la fiscalidad (1973) cuyo objetivo era lograr una "mayor justicia distributiva". Básicamente se criticaba que en España había demasiado impuesto indirecto y poco impuesto a las rentas personales y a los beneficios empresariales. Es conocida la anécdota de la visita que Fuentes Quintana hizo junto con el entonces -lo era desde 1969- ministro de Hacienda, Alberto Monreal, a Franco en 1973 en la que le exponen la conveniencia de un impuesto sobre la renta y otro sobre el patrimonio. El jefe del estado les despidió con muy buenas palabras y al día siguiente… cesó a Monreal de su cargo. No obstante, Fuentes Quintana siguió en sus trece y en junio de 1975, con Franco aún vivo, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas se atrevió a criticar la fiscalidad franquista: "La regresividad del sistema tributario español impide que el impuesto desempeñe su función político-social a favor de una distribución justa de la carga fiscal y de una distribución más equitativa de la renta".

En 1977, tras la victoria de la UCD de Adolfo Suárez, Fuentes Quintana es nombrado ministro de economía y vicepresidente segundo. Con la ayuda de Fernández Ordóñez, ministro de Hacienda (también muy crítico con la fiscalidad, ya que decía que el impuesto general sobre las personas físicas que existía entonces no era un impuesto, ni era general, ni era sobre la renta) se ponen a trabajar en lo que al año siguiente fue el IRPF. Gracias a los Pactos de la Moncloa, hubo un amplio consenso político para sacarlo adelante. El primer IRPF de España contaba con 28 tramos y tipos impositivos que llegaban hasta el 65,5 %. Era un impuesto que afectaba a todas las personas con ingresos superiores a las 300.000 pesetas. Aunque el IRPF no dejaba de ser una copia de otros modelos similares típicos en la Europa Occidental desde hacía muchos años, para los españoles era una novedad, e hizo falta mucha pedagogía (y mucha publicidad) para animar a los españoles a presentarlo. Nació el eslogan “Hacienda somos todos”, ampliamente difundido en campañas televisivas protagonizadas por personajes famosos. como Bárbara Rey. En los primeros años se publicaban listas con los datos de todas las declaraciones que cualquiera podía consultar. El secuestro de un empresario, que aparecía como el contribuyente con más ingresos de España en esas listas, detuvo esta práctica.

En estas más de cuatro décadas ha habido muchos cambios en el IRPF, especialmente llamativos fueron los cambios prácticos que introdujo la presidencia de J.M. Aznar, a la postre funcionario de Hacienda e inspector de finanzas del estado, que simplificó y modernizó la cumplimentación y presentación anual, que antes de él se rellenaba en páginas con calcos. Ha habido en estas décadas subidas y bajadas de impuestos pero la tónica general siempre ha sido la misma: el IRPF es un impuesto progresivo. No sólo paga más en cantidad quien más gana, también paga más en porcentaje. A esto se suma que existe un impuesto al patrimonio que sólo pagan quienes poseen más. Por tanto, el impuesto “a los ricos” ya existe: tanto si es por acumulación como por ganancias. Según cifras de 2021, un 0,06% de los contribuyentes (aquellos que ganaron más de 600.000 euros) son responsables del 6,74% de los ingresos. Si los unimos a los que ganan más de 150 mil euros, apenas 125.000 personas (de 22 millones de contribuyentes) aportaron el 17,15% del total recaudado. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con el actual IRPF pero nadie puede poner en duda que perjudica a los que más ganan. A eso hay que sumar el de patrimonio y, en general, los impuestos “al lujo”. Por ejemplo, un 1,51% de coches matriculados -los de más de 60.000 euros- generaron un 13,08% de todo lo ingresado por impuestos de matriculaciones.

Por supuesto pagar más impuestos no le da a nadie más derechos, algo que quizás deberían tener en cuenta aquellos que creen que por ser sus comunidades autónomas más ricas, y por tanto aportar más al estado, deben tener competencias -e incluso privilegios- que otras no tienen.

Cómo compras Letras del Tesoro desde casa

Es difícil de entender, incluso para mí que he trabajado en la tesorería de un par de bancos, por qué éstos no mejoran la rentabilidad de sus depósitos a plazo fijo. Es ciertamente sencillo, y muy rentable, asegurar un 2% anual, por ejemplo, a los clientes y destinar ese dinero a la compra de letras o bonos con la misma duración, que estos días están ofreciendo bastante más por culpa de la guerra de Irán (los que siguen el Euribor fueorn los primeros en darse cuenta). Se me antojan dos motivos: uno es que prefieren colocar otros productos que les ofrezcan más beneficio y otro es que quizás tienen ya demasiada deuda pública española en sus carteras de inversión y prefieren no acumular más riesgo con un mismo emisor. Ninguno me convence, pero en cualquier caso los clientes tienen la ventaja de saltarse al intermediario y comprar directamente al Tesoro ese papel emitido con la garantía del Reino de España, y así conseguir un plus a sus ahorros prácticamente sin riesgo, y a mejores tipos de los que ofrece la banca.

 

Por supuesto se puede hacer también en la entidad financiera de cada uno, pero es más barato del modo en el que yo mismo he hecho, y paso a explicar aquí para quien esté interesado y no quiere ir físicamente a una sucursal de Banco de España: lo primero es ir a www.tesoro.es donde vemos una pestaña que dice “Trámites”, pinchamos ahí y vamos donde pone “compra y venta de valores”. Una vez aquí, y por si no soy lo bastante claro en este artículo, se puede ver una “Demostración del Servicio” (incluso hay un video también) o pasar directamente a “Acceso al Servicio de Compra Venta”. Si optas por este último, ya estás preparado para identificarte, del mismo modo que lo harías en la web de Hacienda: DNI electrónico o certificado electrónico o clave permanente. Esto es lo primero que tienes que hacer, y aconsejo que se haga antes de la decisión de invertir o no puesto que es imprescindible abrir una cuenta en Banco de España. Una vez se ha accedido, el sistema pregunta si eres o no titular de una cuenta en Banco de España; dando por hecho que no, vamos a crearla: te pide que comuniques si la cuenta es individual o conjunta (si eliges esta segunda lo que compres será a nombre, a partes iguales, de los titulares de esa cuenta) y tus datos personales (a la hora de proporcionar un mail, tener claro que es donde llegarán las comunicaciones) incluyendo los datos de la cuenta bancaria (20 caracteres) donde deseas que te ingresen el dinero una vez haya vencido la operación. Una vez creada, te manda el documento con un código de verificación informando que has sido registrado en el Servicio de Compra y Venta de Valores del Tesoro, y que puedes descargar en PDF. 

 

Ahora ya podemos acudir a las subastas de deuda que se anuncian en la web del Tesoro porque cuando entramos ya nos dice que somos titulares de una cuenta. El sistema es sencillo: en el menú de la derecha hay varias opciones y si elegimos comprar, entonces aparecen las próximas subastas, con dos-tres semanas de anticipación. Podemos elegir entre letras no competitivas o competitivas. La diferencia es que en el primer caso asumes que inviertes al tipo que salga en la subasta (es lo que yo aconsejo), en el segundo tú puedes marcar la rentabilidad que quieres y si no se llega a ella, no se hace la operación. Es decir, si pedimos un 3% y sale un 2,99%, nos quedamos fuera. 

 

Una vez validemos los datos, ya nos informa del activo que hemos elegido (en este ejemplo hablamos de letras pero podría ser un bono a diez años) y el resto de detalles. Y si estás de acuerdo con todo, entonces hay que firmar con Autofirma, que es un programa que, si no se tiene, hay que instalarlo en el ordenador (lo mejor es desde la página oficial https://firmaelectronica.gob.es/ ) pero no es engorroso hacerlo. Eso sí, recomiendo instalarlo ANTES de hacer todo esto por si solicita un reinicio del ordenador para que funcione. Una vez firmado, nos informa de todo lo realizado hasta ese momento y lo podemos descargar en PDF. Ahí nos va a proporcionar un dato clave: la cuenta a la que tenemos que enviar el dinero por trasferencia desde nuestro banco, y nos recuerda lo que debemos poner en el “Concepto de la Transferencia” y advierten que eso es importante. Basta con hacer un depósito en esa cuenta que has creado, con dos días de antelación, para poder acudir a la subasta, aunque yo recomiendo no apurar las fechas. Para comprobar que ya está en nuestra cuenta de Banco de España, entramos en la web del Tesoro y vamos a “Posición Integral”, “acceder a nuestra cuenta” y ver si está pendiente o ya está el dinero. De todos modos, mandan un mail cuando llega. 

 

Yo he elegido letras porque comprar a más largo plazo no me interesa, además yo lo planteo como una alternativa a los depósitos bancarios pero una vez la cuenta está abierta, por supuesto podéis comprar todo lo que el Tesoro público emita, eso es decisión de cada uno. Todo esto lo he hecho varias veces, así que puedo hablar con conocimiento.  Un apunte más: el propio Banco de España a pesar de su carácter público -mi banco privado no me cobra las trasferencias- mete una comisión de 0,15% cuando nos devuelve el dinero al vencer el plazo… salvo que no lo saques y renueves cuando venza comprando otro activo emitido por el estado (quizás lo hacen precisamente para incentivarnos a que hagamos eso).

Un estado del bienestar prestado

Hay quien cree que quien critica el desequilibrio financiero de las cuentas públicas españolas lo que está haciendo es criticar el estado del bienestar del que disfrutamos, y ese desde luego no es mi caso, ni creo que sea el de la mayoría. Existen tres posturas a propósito del estado del bienestar tal y como lo entendemos en Europa occidental: los que no lo quieren mantener porque es muy caro y les parece más justo un modelo más similar al estadounidense donde el estado sólo cumpliría con unos servicios mínimos (posición respetable pero claramente minoritaria), los que creen que está bien como está, y que incluso aún debería ser mejor aunque eso implique endeudar más al estado y/o subir más los impuestos, y los que pensamos que tiene mucho valor tenerlo y que precisamente por eso, hay que hacerlo financieramente sostenible, aunque eso suponga recortar algunos de sus excesos.

Si el sistema democrático tiene un problema es que los votantes se ven seducidos no por la realidad sino por los deseos, de este modo es muy complicado que alguien que en campaña use las matemáticas más elementales gane las elecciones, mientras que quien promete más gasto, aunque no diga cómo conseguirá los ingresos para justificarlos, suele obtener más apoyos. Esto también se debe a un sistema educativo defectuoso que hace que la población, en su inmensa mayoría, no sepa ni siquiera algo tan básico como que los gobiernos no tienen nada, tan sólo gestionan a quién quitar y a quien dar, pero los dineros no son suyos sino de la población, tanto de la actual como de la futura (ya que sistemáticamente se endeudan, que no es más que traer dinero del futuro al presente abusando de la credibilidad del país). Esto, que es muy básico pero que por desgracia hay que repetirlo constantemente, lleva a que una y otra vez nuestros políticos, sean del partido que sean, nos mientan en campaña, en mayor o menor medida. Decir la verdad en una sociedad como la española, y en general en todas las naciones, es un suicidio político.

Y la verdad es que un sistema económico mundial basado en gastar más de lo que se ingresa tirando de más y más deuda es matemáticamente insostenible, por eso está teniendo consecuencias indeseadas, incluso cuando no se ha llegado al peor escenario que sería el impago y la pérdida de confianza en el dinero emitido por los bancos centrales, sucesos que sí han sucedido puntualmente en algunos países concretos. BCE ha actuado irresponsablemente durante años y la UE también al ayudar, uno a que los gobiernos pudieran endeudarse barato y en enormes cantidades y segundo, saltándose los límites que se establecieron para que el Euro fuera creíble y no ocurrieran las devaluaciones del pasado que vivieron monedas como la peseta o la lira. Gracias a que España está en el Euro y gracias al BCE, podemos tener el descuadre de cuentas (nosotros y otros países) que tenemos, con una divisa estable y con la prima de riesgo muy contenida. Pero esta bonanza artificial peligra porque se vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de cumplir las normas a todos los miembros de la Eurozona.

Como suele ocurrir, si una mayoría de países tiene problemas económicos (en la UE la situación es de estanflación: bajo crecimiento y alta inflación) y una mayoría de gobiernos necesita mantener su política de desfases presupuestarios para poder ganar elecciones, la manga ancha continuará… siempre y cuando Alemania esté entre ellos. Parece que es el caso, y por eso aparentemente nadie se está tomando en serio aún la necesidad de reducir el déficit presupuestario (que deje de gastarse mucho más de lo que se ingresa, lo que se traduciría en menos deuda que además debe colocarse a tipos mucho más altos que en la última década) pero eso en cualquier momento cambiará y son los mercados financieros, como ya pasó en la crisis de deuda de la Eurozona iniciada en 2010, los que discriminarán entre emisores más y menos fiables. Y ahí nuestro país tendría un grave problema porque nuestro estado del bienestar no se puede financiar sin aumentar la deuda ya que la Seguridad Social está, y estará, en déficit.

El enorme gasto creciente en pensiones es quizás el desbarajuste más obvio ya que es el mayor desembolso de los PGE y es evidente su descuadre debido a que cada vez hay más pensionistas y cada vez ganan más en relación a lo que cobran aquellos que con sus cotizaciones deben financiarlo: los trabajadores. La situación es tan grave que en 10 provincias el gasto en pensiones es el doble que las cotizaciones. No es el único factor que hace que las cuentas estén desequilibradas pero es el más importante. Hay mentirosos profesionales afirmando que esto es sostenible cuando no lo es. Y para serlo habrá que recortar gastos porque no hay de dónde obtener más ingresos, porque ni con la recaudación en máximos como está, consigue el gobierno ajustar las cifras. Un político no puede hablar de recortes aunque está claro que cuanto más tarden más graves serán. Lo más curioso es que a la vez que nos venden una versión ultra optimista, nos dicen que el cambio del clima va a empeorarlo todo, que ni el avión podremos coger, ¿cómo entonces va a crecer la economía, vamos a encontrar empleo para nuestros millones de parados y recursos para nuestro estado del bienestar si el planeta se va, según el actual discurso del miedo, literalmente al carajo?

Crash bursátiles y preocupación política

Esta década se cumplirá el centenario del famoso crash bursátil de 1929 que se considera empezó la mayor depresión económica de la era moderna y el mayor ciclo bajista de Wall Street tras muchos años de euforia. Para que nos hagamos una idea de esto último, en 1929 hubo 45 cierres en máximos históricos (parecen muchos pero el récord ocurrió en 1995 con 77, y en los últimos años en 2017 hubo 62 y en 2021, 70) y no volvió a haber un nuevo máximo de Wall Street… hasta 1954. ¿Se imaginan que hasta 2051 no volvamos a ver los máximos de Wall Street de este año? Es decir, que aunque sigue habiendo mucha gente empeñada en que a largo la bolsa siempre sube, lo cierto es que el que compró en los altos de 1929 tardó 25 años en recuperar su inversión… si invirtió en el índice, porque es muy posible que lo hiciera en alguna de las muchas compañías que quebraron en aquel ciclo, y por tanto perdiera todo su dinero.

Por suerte para los norteamericanos, solo había 1.5 millones de personas invertidas en acciones en 1929 o un poco más del 1% de la población del país. De hecho, lo de que la gente se tiraba por las ventanas porque se desplomaba el Dow Jones es una falsedad, un bulo. Por lo visto todo empezó porque ante la visión de un corro de gente en Wall Street, que no estaba para nada mirando un cadáver, el humorista Will Rogers bromeó diciendo que «había que hacer cola para conseguir una ventana por la que tirarse». El chiste lo continuó Eddie Cantor, otro comediante, afirmando que los recepcionistas de hotel preguntaban a los clientes si querían la habitación «para dormir o para tirarse». Vamos, que el tema de las fake news no es nuevo, aunque es de suponer que ninguno de los dos tenía la mala intención de crear un falso mito que se sigue repitiendo décadas después, y que de hecho se sigue leyendo como si fuera cierto en artículos periodísticos actuales. Y esto pasa incluso cuando se sabe, por cifras oficiales del jefe de los médicos forenses de Nueva York, que hubo menos suicidios en la ciudad el mes después del crash bursátil que los que había habido el año anterior en el mismo periodo.

En realidad, cuando la gente empezó a pasarlo realmente mal no fue por la bolsa, la tragedia no comenzó hasta que no quebraron bancos. Por eso la caída de Lehman Brothers en 2008 sirvió para recordárselo a los que lo desconocían o habían olvidado ese hecho, y alertó a gobiernos y autoridades financieras que se conjuraron en que no volviera a pasar algo así. Pero eso no pasó entonces, lo que agravó mucho la depresión de 1929, al igual que la falta de colchones de seguridad y políticas sociales que pudieran mitigar la crisis. Por otra parte, para el gran público no es lo mismo un banco de inversión, por muy grande que fuera, que las cinco mil entidades financieras que cerraron sus puertas aquellos años.

Más allá de la Historia por todos conocida, a mí me llama la atención que, al contrario de lo que ocurre hoy donde todo el mundo habla de burbuja, en octubre de 1929 pocos tenían miedo a un estallido, ni siquiera a un parón económico, mucho menos a una recesión tan grave. Hizo falta un crash bursátil para que la gente comprendiera la ficción en la que habían vivido la mayor parte de los “felices 20”. Si algo que apenas era importante para el 1% de los estadounidenses provocó lo que provocó, ahora que el porcentaje de adultos invertido supera el 50%, es fácil imaginar lo vital que puede ser para las autoridades políticas y económicas estadounidenses la estabilidad bursátil. Por eso mi creencia en que los bancos centrales, y en concreto la Fed, por mucho que tengan que luchar contra la inflación, siempre estarán dispuestos a ayudar a los mercados de valores. Y con eso cuentan los grandes inversores.

En España no hay datos fiables de cuántos españoles invierten en bolsa, sea directamente o a través de fondos, pero hay encuestas que pueden darnos pistas e indican que de los casi 20 millones de hogares que hay en España, al menos en un tercio hay accionistas. La diferencia entre España y los Estados Unidos es tan grande, aparte de por tradición inversora, por los seguros privados, mucho más habituales allí y, sobre todo, por los planes de pensiones. Mientras en España tenemos una pensión pública principal, allí –como ocurre en muchos países- las pensiones tienen esquemas de participación privada y empresarial (a favor de los empleados) que, para vencer a la inflación, suelen invertir en bolsa durante la vida laboral del que luego será pensionista. Esto hace que no sólo haya muchos más estadounidenses accionistas, también que el interés porque la bolsa suba sea mucho más importante que aquí, donde muchos invierten, pero no se juegan el cobro de la pensión.

En resumen, que, aunque en España menos, hay un interés político y económico muy claro en conseguir que la bolsa suba y no creo sea casualidad que el país más envejecido del planeta –Japón- sea el que más ha presionado a su banco central para comprar acciones y así mejorar la rentabilidad de los japoneses en un mundo de intereses tan bajos en la renta fija. También es un tema del que se habló en Europa: si ya se ha cruzado la línea de comprar deuda pública y deuda privada, ¿por qué no en renta variable? El SNB (banco central suizo), otro de los que durante años mantuvo los tipos negativos, también tiene en cartera una gran cantidad de acciones, la mayoría de Wall Street.

Para mí las cotizaciones actuales no reflejan la realidad económica sino el exceso de liquidez y un optimismo casi infantil. El dolor para los inversores si viene un crash bursátil será enorme tras tanto optimismo pre-guerra en Irán. Y sí, seguro que las autoridades financieras y políticas intentarán mitigarlo pero... confiar ciegamente en ello puede ser un error. Aunque escasos, ha habido años muy negativos en la bolsa. No olvidemos que la máxima siempre debe ser preservar el capital.

El día que Ciudadanos lo cambió todo

Marzo 2021: todas las encuestas dicen que, en caso de elecciones, el partido más votado en España sería el PSOE. Pablo Casado no convence y ...