Soy consciente que incluso en webs financieras prestigiosas se habla de ese término mítico “rentabilidad por dividendo”. Esto demuestra, una vez más, lo desconfiado que debe ser el inversor con medios y supuestos expertos sobre bolsa y la necesidad de formarse para poder tener un criterio propio que le sirva a conseguir una mayor rentabilidad para sus ahorros, en lugar de convertirse en un “paga comisiones” sin asesoramiento objetivo. Si compra usted una acción a 10 euros que reparte un dividendo de 1 euro le mentirán y le dirán que ese valor debe ser comprado porque ofrece una rentabilidad por dividendo del 10%. Pero lo que ocurre es que juegan con la percepción errónea del “dinero en mano” ya que sí, nos pagan ese euro, pero automáticamente el precio de la acción baja en la misma proporción. ¿Cómo puede venderse como rentabilidad añadida algo que es tan sólo un juego de suma cero?
Multimillonarios que nunca venden y fondos de
pensiones que necesitan liquidez periódicamente, suelen sentirse atraídos por
compañías de alto dividendo, pero para el inversor minoritario, el que busca un
plus para sus ahorros y, a ser posible, batir cada año la subida del coste de
la vida, el comprar una acción que dé un dividendo grande, pequeño o ninguno,
no es un factor que aumente la rentabilidad de su inversión. Los dividendos son
una inyección de liquidez, no un beneficio extra. Como ejemplo cualquiera que
haya comprado Santander o Telefónica confiando en ello, ha podido comprobarlo.
El dividendo que se cobra, restada la quinta parte que se queda Hacienda, se
descuenta del precio de la acción automáticamente por lo que no hay ninguna
rentabilidad salvo la impresión de que la hay por recibir un dinero en efectivo
de vez en cuando.
Es cierto que una empresa que reparte dividendos es
una empresa con beneficios, y eso es un buen argumento para un inversor, si
bien hay quien puede discutirlo tras la buena racha del Nasdaq de los últimos
años, índice en el que la mayoría de sus cotizadas no pagan dividendos. Pero
una cosa es decidirse por invertir en un valor por sus resultados financieros y
otra muy distinta engañarse creyendo que por cobrar dividendos periódicamente
van a recibir algún tipo de rentabilidad extra. No es cierto: toda acción que
abona un dividendo, resta en la misma proporción el precio al que cotiza. De
hecho, el propio Ibex descuenta los dividendos, y es por eso que existe el
índice que todos conocemos, y
hay otro que se denomina Total Return que, debido a todos los dividendos
abonados durante todos estos años, es el que ofrece el dato real de retorno de la inversión.
Tampoco es que tenga mucho sentido que, con la actual
volatilidad y con un IPC tan alto que nos come el poder adquisitivo en una
proporción tan grande, se quiera convencer a un posible inversor a que compre
unas acciones que en unas horas pueden subir o bajar un 5%, por un dividendo
que puede proporcionar eso mismo -generalmente menos- anualmente. Pero es que encima es
mentira. Lo preocupante de todo esto no es que haya tanta gente engañada por la
falsedad de la “rentabilidad por dividendo”, es que todo aquel que conoce
mínimamente la bolsa sabe que esto es así, y sin embargo medios y supuestos
expertos siguen con la misma cantinela. Incluso se comercializan fondos que
presumen de ella, ¿Cuántas portadas en prensa salmón española no habré visto
anunciando a bombo y platillo la “lluvia de dividendos” como argumento para
comprar tal o cual acción? Y ¿Cuántos llevan años pillados por haber utilizado
ese falso argumento en sus compras? Incluso hay quien invirtió dando por hecho
un dividendo que luego se suspendió, porque tampoco es algo seguro al 100%. Y
por supuesto hay acciones que han sido muy rentables este siglo como Iberdrola
o Inditex, que además han pagado muy buenos dividendos, pero lo han sido por la
fuerte subida de su cotización, no por los dividendos, que según se abonaban,
eran restados del precio.
En foros especializados de internet se puede comprobar
cómo hay muchísimos accionistas que se consuelan de unas notables pérdidas a
revaluación (comparando el precio de compra con el precio que cotiza hoy) con
el “caramelito” de los dividendos. Lo mismo estoy siendo cruel recordando a los
que tienen acciones desde hace años de Telefónica que, aunque
saben que están perdiendo dinero, se animan con los dividendos, pero yo los
animo a que no se dejen engañar y sumen todo lo que han cobrado, más lo que
conseguirían si vendieran sus acciones hoy y lo comparen con lo que pagaron en
su momento. Incluso ignorando -aunque deberíamos tenerlo en cuenta- comisiones
y costes de mantenimiento (que siguen cobrando la mayoría de bancos y agencias
de valores), podrán comprobar que jamás han obtenido una rentabilidad por el
dividendo, sólo han recibido pagos que, automáticamente, han minusvalorado el
precio del activo que poseen, en la misma proporción.
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