Los beneficios de las empresas

 Tengo un amigo que hace unos años usó la indemnización por despido para montar una empresa y lo perdió todo. Tiempo después despidieron a su esposa y montaron otro negocio con el finiquito y volvieron a pulirse todo y encima acumularon deudas. Hoy él está encantado con ser un asalariado y ella está intentando encontrar trabajo. Yo mismo he intentado ser empresario un par de veces y tampoco resultó y suerte que perdí muy poco. Son historias bastante comunes, en España dicen las estadísticas que el 50% de todas las empresas fracasan antes del primer año, un 70% lo hacen antes de cumplir los 3 años, y tan sólo un 20% supera con éxito los 5 años. Se ha escrito mucho de por qué ocurre esto y no voy a entrar en este largo y arduo tema, tan sólo que eso quiere decir que si 5 personas montan cada uno una empresa hoy, sólo uno la mantendrá en 2031. Y lo peor es que alguno de los 4 es muy probable que acumule deudas.

Y es que crear una empresa, más allá de la idoneidad de la idea o del talento del emprendedor, es complicado: trámites burocráticos, necesidad de financiación, imprevisibilidad del consumidor del que nunca se sabe si responderá o no al producto o a los servicios que ofrece el nuevo negocio… Pero pongamos que tenemos éxito y somos ese 1 entre 5 que tras 5 años tiene cierta seguridad y obtiene buenos resultados. Lo normal es que los primeros beneficios se dediquen bien a reinvertirlos en infraestructuras de la propia empresa, bien a devolver la liquidez que recibió al empezar (sea de créditos bancarios o prestado por familiares…) con lo que aparte de asignarse un buen sueldo, el emprendedor con éxito no suele “forrarse” pero si lo hace, sufrirá rechazo social. Y esto es muy injusto porque alguien que consigue vencer contra unas posibilidades en contra tan altas y que además su éxito repercute en más gente (sus empleados), tiene derecho a ganar mucho por ello. Y la sociedad debería valorar la figura del empresario porque él es el creador de empleo por antonomasia.

Supongamos que ese emprendedor que ha conseguido sobrevivir tras los primeros 5 años quiere crecer y para ello no le basta con reinvertir beneficios, entonces se plantea buscarse socios capitalistas que aporten capital con el que financiar su expansión y crear empleos. Su empresa cada vez es menos suya y tiene que repartir los beneficios y si consigue salir a bolsa, podría ser incluso entre millones de personas. Los casos de grandes empresas con el fundador como gran accionista de referencia no son demasiados (tenemos por ejemplo el caso de Roig y Mercadona) y aún más escasos tras una salida a bolsa (Inditex y Amancio Ortega son la excepción en un Ibex en el que las grandes compañías suelen tener a bancos y fondos de inversión como principales dueños y el resto de propietarios muy repartidos) por lo que el caso más habitual es el de un consejo de administración, elegido por los accionistas (en la práctica sólo por los más grandes) con unos ejecutivos que dirigen la compañía para dar el mayor beneficio posible a los múltiples dueños. Ese es su trabajo

Esto es clave porque en un mundo ideal lo mejor sería que si una gran empresa tiene altos beneficios, al igual que hace con los accionistas, reparta algo entre los trabajadores. No digo subir salarios porque puede que al siguiente año las cosas no vayan bien y bajarlos es más complicado pero ¿por qué no un bonus? Pues no es tan fácil. Lo primero es que tendrían que estar de acuerdo los dueños en ganar menos y eso puede ser sencillo cuando el dueño es uno o unos pocos pero no cuando son millones, ¿O es que los millones de españoles accionistas de BBVA, CaixaBank etc. estarían de acuerdo en reducir su dividendo para destinar parte de su beneficio –obtenido tras asumir el riesgo de invertir en dichas compañías- en aumentar las retribuciones de los trabajadores de esos bancos? No parece sencillo convencer a por ejemplo un accionista que invirtió en Grifols hace 10 años y cuya acción acumula una caída de más del 50% pero que consigue reducir las pérdidas gracias al cobro de dividendos –de los que parte se la lleva Hacienda por supuesto-, que ahora debe recortarlo para compartirlo con alguien que, sin arriesgar capital, ya lleva esos mismos diez años cobrando su salario. No olvidemos que salvo excepciones como una loto premiada o una gran herencia, el dinero de los accionistas originariamente también procede de trabajo que generó esos ahorros.

Y no me pongo de su lado, digo que no es fácil, que la gente confunde a las grandes empresas con sus máximos ejecutivos y no es cierto, lo que pasa es que esos directivos están ahí para dar el máximo beneficio posible a los dueños, que han invertido buscando precisamente eso y han contratado a esas personas con ese fin. De hecho, yo creo que a los empleados que se lo merezcan –no a todos por sistema, hay que premiar el mérito, no la presencia- debería dárseles un bonus siempre que la compañía obtenga beneficios ya que el trabajador ha influido más en el resultado operativo que el inversor. Pero repito que no es fácil. Y debemos recordar que también en las administraciones públicas hay mucha injusticia con los sueldos y no hablo sólo de enchufados a dedo o asesores políticos. Conozco empleados municipales que llevan 30 años haciendo un trabajo administrativo cada vez más sencillo debido a los avances tecnológicos que cada trienio aumentan su salario llegando a ganar más que su propio alcalde. Para colmo, hacen bien su trabajo en gran parte gracias a un informático externo, temporal y mileurista, al que recurren en cuanto hay el más mínimo problema en el ordenador: y es que resulta absurdo pagar a alguien por su antigüedad y no por su eficiencia.

El otro progreso

 Cuando miramos hacia el pasado 50, 100, 200 años… es inevitable asombrarnos de lo mucho que hemos avanzado y lo rápido que ha pasado todo. Y tendemos a fijarnos sobre todo en los avances tecnológicos de los que la ciencia es la máxima responsable. Los avances médicos han alargado nuestra esperanza de vida y reducido la mortalidad infantil y los industriales han multiplicado la productividad de tal modo que toda la gran explosión demográfica no ha conducido a una era de escasez sino que, al contrario, nunca hubo menos desnutrición en el mundo. Pero hay algo más, la humanidad ha ejecutado también un salto ético y moral.

Millones de norteamericanos son bisnietos de esclavos, hace apenas unas décadas era normal que las personas de raza negra no pudieran usar los mismos locales e incluso los mismos asientos de autobús en muchos estados, millones de alemanes tienen abuelos que vivían en una sociedad que veía con buenos ojos el exterminio de los judíos, hace 100 años, en estos mismos momentos, miles de soldados europeos vivían en trincheras luchando unos contra otros… Y ahora no hay ni fronteras entre esos mismos contendientes.

Las mejores sociedades son aquellas en las que los avances científicos y tecnológicos acaban proporcionando más bienestar al conjunto (por ejemplo, las vacunas y antibióticos están muy bien pero a la mejora de la salud también ayudó el aumento del número de ambulatorios y hospitales y su accesibilidad para la población) y encajarlo todo no ha sido fácil y aunque el balance a día de hoy no sea perfecto, es difícil negar que la humanidad ha dado un salto a mejor.

Un esclavista de hace 200 años no se diferenciaba demasiado de un esclavista de hace 2000. En todo ese tiempo pocos cambios sucedieron pero de repente la humanidad cambió. Y no fueron sólo las condiciones materiales, también hay avances éticos. En teoría cuantos más seamos, menos deberíamos valorar la vida humana pero por fortuna no es así. Y el proceso se ha ido acelerando, yo mismo en mi propia vida he podido comprobar cómo las sociedades humanas han ido mejorando, hay menos propensión a la violencia, más tolerancia hacia el diferente, menos machismo, menos homofobia, más apoyo social a los minusválidos… y se valoran más las libertades y los derechos humanos. Mala gente ha habido siempre y siempre la habrá pero todo era peor hace unas décadas por más que el pesimismo reinante en la actualidad sea tan común.

Nos quejamos de los políticos actuales pero, ¿alguno es peor que Pol Pot, Somoza, Idi Amin, Videla, Pinochet… o, si nos vamos más atrás, a Mao Tse Tung, Stalin, Hitler…? Y tenían fuerte apoyo popular, que es lo más grave. Nos quejamos de la guerra de Irán o la de Ucrania pero no desmerece a lo que pasó hace pocas décadas en Yugoslavia o en Afganistán o en El Salvador… y desde luego nada fue más terrible que la II Guerra Mundial. No porque ocurriera sino porque a un gran número de personas todos esos conflictos les parecían bien. La Guerra Fría, por ejemplo, que duró hasta hace menos de 40 años, no sólo significó un largo periodo en el que gran parte del dinero del erario se destinaba a absurdos arsenales nucleares y en el que la humanidad temía una guerra mundial inminente y un posible apocalipsis, es que medio mundo odiaba al otro medio. Aún recuerdo cuando Reagan desplegó loa "Euromisiles" apuntando hacia Rusia con el beneplácito de los gobiernos europeos, ¿Y qué decir del terrorismo? Nos quejamos mucho en la actualidad pero no sólo eran mucho más numerosos los atentados en los ´80, es que el apoyo popular también era muy superior. Dicen que muchos musulmanes apoyan al ISIS pero ni por asomo sus actos tienen tanto beneplácito como tenían los actos de la OLP cuando Arafat era considerado terrorista, y además muchos europeos mostraban su simpatía. Y qué decir del IRA o de ETA, muchos irlandeses y vascos los aprobaban.

Por qué el valor de la vida humana y los derechos individuales tuvieron tan escaso avance en las sociedades humanas durante miles de años y por qué de repente sufrieron una mejora casi en paralelo a la subida de nivel en la calidad de vida material, es una incógnita cuasi-filosófica. Yo tengo mis teorías pero no cabrían aquí. Lo que es evidente es que hay riesgos de involución. Dos ejemplos: el radicalismo islámico que provoca que minorías y mujeres vivieran con más libertad hace unas décadas en algunos países que ahora cuando la sociedad es menos permisiva y el ultranacionalismo que desprecia a los que proceden de otras culturas y cuyas vidas son menos valoradas que las autóctonas… Pero seguro hay más. El debate está abierto.

No estamos tan mal

 Desde que era niño he oído hablas de avistamientos ovnis, apariciones marianas, supuestos milagros, fantasmas, la Atlántida, el Yeti… montones de cosas en las que mucha gente cree sin pruebas. Y en todos estos años la tecnología ha avanzado muchísimo e incluso se da el caso que millones de personas llevan una cámara de fotos en el bolsillo con la que además pueden avisar de lo que vean y… sigue sin haber pruebas. Incluso cuando parece que estamos viendo algo que desafía las leyes de la naturaleza, resulta que nuestros sentidos nos engañan como bien saben los buenos magos. Por eso soy escéptico, como dijo el sabio creo que afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias y por más que cada vez hay más métodos para conseguir esas evidencias, no existen. Estoy en minoría, la mayoría de personas en el mundo no exigen pruebas para creer –las religiones son el mejor ejemplo pero hay muchos más- y eso es algo que ayuda a que las teorías de conspiraciones tengan tanto éxito ya que cuando abandonamos la lógica y la razón por la fe, cualquier cosa es creíble.

Una de dichas teorías que muchísima gente cree y que llevo escuchando desde la infancia es que el mundo está dominado por una camarilla muy reducida que lo único que quiere es fastidiar a la mayoría.  Siempre tiene mucho atractivo todo lo que nos sirve de excusa para echar las culpas a otro de las cosas que nos van mal y lo cierto es que nadie puede saber si es o no cierto pero hay muchos argumentos para dudar mucho de esa teoría empezando por la más obvia: ¿por qué van a querer los más poderosos del planeta fastidiar a la gente si es esa gente la que les otorga ese poder? Pero también hay datos que suelen ser mejor que los argumentos. Y si miramos los datos, el mundo sin duda está mejorando luego si unos pocos lo deciden todo, o no son tan mala gente o si lo son, no les está saliendo bien la jugada porque cada vez más humanos viven mejor (lo que por otra parte les viene muy bien porque así consumen más los productos que fabrican/comercializan los más poderosos).

Debemos tener en cuenta que la civilización humana se pasó miles de años avanzando muy despacio, a veces dando pasos atrás como le pasó al Egipto de los últimos faraones o a Europa tras la caída de Roma. Desde hace 2 mil años habrá habido unas 80 generaciones y las diferencias entre cómo vivía la número 1 y la número 70 eran ínfimas en comparación con la que vivió la 72 y nosotros. El bisabuelo de nuestro bisabuelo, hace apenas 200 años, residía en un mundo en el que 9 de cada 10 habitantes de este planeta vivía en situación de pobreza extrema, hoy es 1 de cada 10. Número excesivo pero claramente menor. Y no quiero aburriros con cifras pero mirándolo como lo miremos, incluso sin tener en cuenta aspectos materiales, el avance ha sido espectacular: Nunca ha habido tan pocos analfabetos; nunca los ancianos, los minusválidos, los distintos y las minorías han recibido más apoyo del resto de la sociedad; de forma global, y aunque aún falta mucho, la falta de libertades, el machismo, la homofobia etc. están en mínimos históricos y aunque nos parezca que vivimos en un mundo muy violento debido sobre todo al poder de los medios de comunicación, no debemos olvidar que hace 110 años Europa estaba inmersa en una guerra cuyo número de muertos supera todos los decesos de conflictos bélicos, hasta hoy, del siglo XXI, mucho más poblado que el XX. Es decir, seguimos mejorando.

Por otra parte, el avance científico y en concreto el médico es asombroso y ha reducido muchísimo la mortalidad infantil  y disparado la esperanza de vida. Cierto que en muchos países del continente europeo se vive peor que hace 10 años por culpa de la recesión económica y que quizás ocurre igual en los Estados Unidos aunque teniendo en cuenta lo mucho que se ha avanzado en la última década en China y la India, que juntos son la tercera parte de la población mundial, queda más que compensado. Y ampliando el zoom, si dirigimos la mirada al pasado, podíamos haberlo hecho mejor pero sin duda llevamos al menos un par siglos en la dirección correcta.

Lo malo es que si hago el mismo ejercicio mirando hacia el futuro lo que intuyo –saber no porque no soy profeta- no parece tan bueno, no sólo el sistema económico está fallando, es que el abuso ecológico que estamos haciendo al planeta está provocando consecuencias ya, no dentro de décadas y no a miles de kilómetros, sino por ejemplo en las grandes ciudades donde la contaminación es un problema real grave y actual.

Todos fachas

 Aunque históricamente no tiene demasiado sentido porque el fascismo nació contra la democracia liberal y de hecho, Mussolini procedía del socialismo, lo cierto es que en España solemos llamar facha a quien es muy de derechas. Cierto que José Antonio era un señor de derechas pero desde luego sus ideas respecto a la economía están hoy más representadas en los programas políticos de partidos de izquierda que en el PP o Vox. Pero bueno, ya es costumbre que términos antagónicos como facha o neoliberal se apliquen a las mismas personas y aunque sea una gran inexactitud nos entendemos… Y la ideología fascista no está nada de moda, a pesar de que hay mucha gente crítica con el capitalismo, con el euro, con la globalización etc. no se duda demasiado, al menos abiertamente, de la democracia como sistema político (aunque en España hay tanto “liberal” simpatizante del franquismo y tanto “comunista” admirador del castrismo que quién sabe…).

Pero hay otro significado de facha y es el de persona muy dictadora. Y creo que todos tenemos un dictador dentro, uno que censura, juzga y si pudiera, ordenaría la vida de los demás. Y con los ricos pasa mucho. A mi me pasa, no puedo evitar caer en la tentación de pensar que puedo saber mejor que Amancio Ortega, por ejemplo, lo que debe hacer con su fortuna. Yo que hace décadas que perdí la ambición profesional, que me gusta la ley del mínimo esfuerzo y valoro mi ocio por encima de mis ahorros, no puedo entender a una persona anciana que aún se preocupa por hacer más y más dinero. Pero al contrario que a la mayoría, a mi me alegra que existan personas así, aunque no las entienda. Si yo fuera Juan Roig habría vendido Mercadona hace años pero por suerte él no lo hizo, paga bien a sus empleados y creó miles de puestos de trabajo el año pasado. Socialmente su actitud es mejor que la mía.

Los multimillonarios lo son no por herencia como en la Edad Media, lo son porque nosotros lo queremos ya que como consumidores adquirimos sua productoa (sea un móvil, una canción o goles) y no deben tener límites de ganancias porque además de injusto sería socialmente peor porque limitando su ambición y talento impidiéndoles ganar más dinero (ni Spielberg seguiría haciendo películas ni Bezos seguiría mejorando Amazon). Alguien podría pensar que es mejor que, llegados a un punto, aquellos que son capaces de generar riqueza, no se queden una porción de ella, que trabajen gratis o que dejen de crear riqueza pero que no acumulen más y demostrar que eso sea mejor para la humanidad. Pero eso es un sinsentido que no tiene base real. Los hay que critican la globalización (tema de moda que es la culpa de todo, como si antes no existirían multimillonarios), el que haya ricos que no merecen serlo (estoy de acuerdo, injusticias hay en todas partes), el que los directivos son unos jetas porque se asignan sus propios sueldos (a veces es cierto, y no sólo pasa en el ámbito privado), el que hay más ricos por robo o por herencia que porque lo hayan conseguido con su trabajo y talento (esto es un mito extendido pero contrario a lo que dicen las cifras, al menos en el mundo Occidental)… 

Miguel Monzón, más conocido como “el Gran Wyoming” es de izquierdas. De hecho, fue de los primeros en quitarse la chaqueta del PSOE para abrazar la de Podemos y lleva años haciendo 4 programas semanales cuyo principal contenido es criticar al PP, incluso cuando gobernaba ZP. Y es rico, reconoció poseer 19 inmuebles en Madrid. Él los tiene porque nosotros le hemos hecho rico viendo sus programas, como lo es Amancio Ortega porque compramos en Zara o Justin Bieber porque compramos sus discos. Él vende un producto y nosotros se lo hemos comprado y, nos guste o no, es la recompensa a su trabajo y su talento. ¿Me hace más pobre que él tenga 19 casas y yo ninguna? No, ¿deber tener un límite de beneficios por su trabajo? No, mientras tenga audiencia se merece seguir ganando dinero. Porque lo que yo defiendo es que quien crea riqueza, quien la genera, tiene derecho a quedarse con un pedazo de ella, sin límites. Y por supuesto que sea legal y pague sus impuestos, obvio.

Pero volviendo al tema del facha que todos llevamos dentro, en un entrevista a este personaje que leí hace tiempo, hay un detalle que me llamó mucho la atención. El periodista quizás no se atrevió a exponerle que no es habitual que alguien de izquierdas compre casas (si fuera Mariló Montero la que tiene 19 casas la llamarían especuladora inmobiliaria y la criticarían por ello casi seguro) pero se lo citó y él respondió muy claramente: “Llevo décadas trabajando en televisión y he ganado mucho dinero y lo invierto en lo que quiero” y después añadió: “Yo con mi dinero hago lo que me da la gana” Me parece perfecto porque defiendo la libertad y estoy harto de que todos juzguemos con tanta facilidad, ¿por qué es tan difícil entender que debemos dejar de ser tan fachas y dejar que la gente haga con el dinero que han ganado –sea poco o sea una cantidad “indecente”- lo que les dé la gana, por qué esa manía por pretender expropiar y repartir a nuestro gusto algo que no es nuestro? 


No puedo evitar pensar que en el prejuicio contra los ricos hay más envidia que racionalidad y hay más incomprensión (y ahí me apunto yo, que no entiendo por qué no se auto-limitan a sí mismos como dije antes) hacia sus actitudes que crítica social ya que no hay ninguna prueba, ni teórica ni histórica, que demuestre que una sociedad con menos ricos es más próspera. Más bien todo lo contrario. ¿Y sabéis lo más curioso? Que todos los españoles, incluso los de familias más humildes, nacemos con unos servicios asistenciales, una sanidad y una educación universal que nos convierte en ricos a escala planetaria puesto que la inmensa mayoría de los habitantes de la Tierra no nacen con tanta riqueza social, y si no hemos nacido en Chad ni en ninguna de la mayoría de naciones del mundo donde no disfrutaríamos de esas ventajas no es por nuestro esfuerzo ni por nuestro talento sino por la influencia de nuestros padres que nos han hecho nacer en este país. Es decir, somos ricos por herencia.

El cohete (real y metafórico) de SpaceX

Elon Musk, el hoy hombre más rico del mundo, recibió 180 millones de dólares en 2002 vendiendo PayPal a eBay. 10 millones los destino a SolarCity, 70 a Tesla (sin duda su mejor inversión hasta la fecha) y 100 a SpaceX. Esto prueba el apego que le tenía, hace casi un cuarto de siglo, a esta empresa en la que ha estado invirtiendo desde entonces. Su intención con ella era conseguir abaratar los viajes espaciales y sus logros son evidentes, aunque también su continua necesidad de más y más liquidez. Con Tesla le pasó lo mismo: tardó muchos años en conseguir beneficios y no por ello no dejó de ser una gran inversión para todos aquellos que compraron acciones.

Sin embargo, el caso de SpaceX es diferente ya que sale a bolsa con una valoración que supera el billón de dólares. Esto no sólo es la primera vez que ocurre, es que de hecho sólo hay apenas una decena de cotizadas en el mundo con una capitalización tan grande como la de esta empresa. Y recordemos que ni siquiera es una compañía rentable. Entonces, ¿por qué sin duda la colocación será un éxito? (suban o bajen después, las acciones son lo bastante demandadas por los inversores) Porque Elon Musk es lo bastante inteligente como para haber preparado muy bien esta operación.

SpaceX es, entre otros departamentos, Starlink, que sí es rentable y que es su red de satélites, pero quizás su mayor atractivo es lo que Musk vende que será: el germen de asentamientos en otros planetas. Esto por si sólo no parece un negocio muy rentable, y más bien promete muchos gastos durante años; por eso, antes de sacar la compañía a bolsa, hizo una gran jugada: integrar xAI dentro de SpaceX. xAI es la empresa de inteligencia artificial fundada por Elon Musk en 2023 y la responsable de Grok, el chatbot de IA que podemos usar gratuitamente todos los usuarios de X (la antigua Twitter). De este modo ha integrado el negocio espacial con el de la IA, que lleva años atrayendo, como un potente imán, a todos los inversores. Incluso está promocionando el espacio como el medio ideal para reducir los costes energéticos de la IA. Se especula con refrigerados satélites de computación en órbita, y ya ha firmado contratos con Anthropic y Google.

Así pues, Musk ha conseguido que el negocio aeroespacial tradicional, históricamente un agujero de dinero para los inversores, se vea como algo mucho más atractivo ante la promesa de grandes rentabilidades. Como comenté antes, con Tesla le funcionó y está intentando repetir la jugada, aprovechando además el empuje que le proporciona el tema de la IA. Que le funcione o no, es otro tema. Yo no dudo, vista la demanda de acciones, que la salida a bolsa sea un éxito pero soy escéptico a medio plazo, como lo fui cuando compró Twitter (que de momento ha sido una mala inversión en términos económicos), ya que SpaceX sale al mercado con una valoración exageradísima para una empresa de un sector en crecimiento pero sin rentabilidad. Es más, en el primer trimestre de este año perdió 1900 millones de dólares. Esto puede no significar nada ya que la IA está de moda y nadie está consiguiendo, de momento, monetizarla. Pero si sumamos a ello que la exploración espacial tampoco dará beneficios por años (y quizás por décadas) exigiendo además fuertes inversiones, no parece el mejor destino para nuestros ahorros.

Por otra parte, hay muchos estudios que demuestran estadísticamente que es mejor encontrar oportunidades de inversión entre compañías cotizadas del mercado que adquiriendo acciones en una salida a bolsa al precio que decide el principal accionista, ya que éste suele estar más "hinchado". Además, hay que tener en cuenta la situación actual de los mercados financieros y de la economía en general. El conflicto iraní ha disparado la inflación y reducido las expectativas de crecimiento, ha cambiado el sesgo de los bancos centrales (ahora se descuentan subidas de tipos en lugar de bajadas) y los máximos históricos de Wall Street (y otros muchos índices) ignorando estos hechos, denotan una exuberancia irracional que nos lleva a muchos a pensar que estamos en una burbuja especulativa similar a la “puntocom” del año 2000, entonces con internet. Por supuesto ésta se puede prolongar mucho tiempo más, nadie conoce el futuro y la irracionalidad del corto plazo en los mercados es legendaria. Pero invertir en una cotizada que pierde dinero, a una valoración claramente hinchada y en medio de una más que probable burbuja global, suena muy peligroso. Para un inversor; otra cosa es comprar y vender rápidamente, claro.

En resumen, es una compañía que no es rentable, que necesita muchos fondos (y es más barato para Elon Musk conseguirla de los accionistas que con créditos bancarios), que sale a bolsa a un precio caro, que es muy probable que saque más papel al mercado por su continua necesidad de liquidez (lo que diluirá el valor de las acciones), en un contexto económico malo y con Wall Street en niveles de burbuja. Como al final la bolsa, como casi cualquier negocio, es cuestión de demanda y oferta, seguramente el primer día de cotización suba pero más allá de eso, me genera muchas dudas.

El día que Ciudadanos lo cambió todo

Marzo 2021: todas las encuestas dicen que, en caso de elecciones, el partido más votado en España sería el PSOE. Pablo Casado no convence y aunque la pandemia sigue y para todos es evidente que no es cierto lo de “salir más fuertes”, en general la economía no pesa en el ánimo general porque, a pesar del desplome del PIB de 2020, el paro, al contrario que en otras crisis, no se ha disparado, y aún faltan unos meses para que empiecen a notarse las subidas en los precios. En este contexto Ciudadanos en Murcia, que gobierna junto al PP en la comunidad autónoma, llega a un acuerdo con el PSOE para cambiar su alianza. Un tal Carlos Cuadrado, un histórico del partido naranja, es el ideólogo. Fue un fiasco en la autonomía ya que algunos diputados de Cs se pasaron al PP, así que en la práctica, lo único que cambió con eso fue la alcaldía de Murcia, que pasó al PSOE, si bien en las elecciones de 2023 el PP la recuperó con mayoría absoluta. ¿Y por qué lo recuerdo ahora? Porque me atrevo a afirmar que mucho de lo que está pasando ahora mismo en la política nacional tiene que ver con aquello. Me explico.

Aquel giro de Ciudadanos tuvo una consecuencia en Madrid: Ayuso decide romper su pacto con Ciudadanos por creer, con motivo o sin él, que le podían hacer lo mismo y convoca elecciones anticipadas. Esto lleva a que Pablo Iglesias, temeroso de no tener grupo propio en el parlamento autonómico y quizás convencido que conseguiría un pacto con Más Madrid, dimita como vicepresidente y decida presentarse como rival de Ayuso. El dedo de Pablo Iglesias elige a Yolanda Díaz para sustituirle en la vicepresidencia y a Ione Belarra, persona sin ningún carisma, como su sucesora en UP, dejando como figura más mediática en Podemos -un error político de envergadura visto con la perspectiva actual- a Irene Montero. Por otra parte, el que Ciudadanos no consiguiera ni un solo escaño en aquellas elecciones, también anunciaba la crisis total que culminó en 2023. Mientras que la contundente victoria de Ayuso provocaría que, por vez primera desde antes de la moción de censura que perdió Mariano Rajoy en mayo de 2018, el PP apareciera en la mayoría de las encuestas -en la del CIS nunca, por supuesto- como el partido más votado, puesto que ha mantenido desde entonces hasta hoy.

Eso, que era una gran noticia para el partido, seguramente despertó los celos de Pablo Casado, que sabe que ese éxito no venía de su carisma, sino del de la presidenta madrileña, así que Casado intenta quitarse de en medio a Ayuso… y fracasa, lo que propicia la llegada de Feijoo. Hubo otra consecuencia más del éxito de Ayuso: Mañueco, que gobernaba con Ciudadanos en Castilla y León, cree que puede tener una victoria electoral similar a la de Madrid y rompe con los naranjas y convoca elecciones. No consigue la arrolladora victoria que esperaba y se ve obligado a gobernar con Vox, haciendo realidad lo que hasta ese momento era algo teórico y que se solía -aún lo hace- usar desde la izquierda como elemento para meter miedo: los pactos de gobierno PP+Vox, haciendo además que este partido empezara a asumir poder real.

Resumiendo, en Murcia Ciudadanos decide -con permiso por supuesto de Inés Arrimadas, cuya carrera política se hundió desde entonces- cambiar su alianza con el PP por otra con el PSOE, y eso provoca una secuencia de decisiones que explica en gran parte la situación política actual. La decisión de Ayuso de adelantar elecciones en Madrid lleva a la dimisión como vicepresidente de Pablo Iglesias y acelera la carrera política de Yolanda Díaz, sentando las bases de lo que hoy está pasando en la izquierda a la izquierda del PSOE: defienden lo mismo pero los más fieles al fundador de Podemos han quedado relegados. Además, la falta de habilidad de Yolanda Díaz ha hundido electoralmente a su coalición, ayudando con ello a mantener la intención de voto del PSOE pero perjudicando enormemente las posibilidades de repetición de un gobierno de coalición, según todas las encuestas (salvo las del CIS, claro). Esas elecciones en Madrid suponen un descalabro para Ciudadanos, y el comienzo de su actual “extinción”, la retirada de Pablo Iglesias de la política y el éxito personal de Ayuso, que lleva a que el PP encabece las encuestas. Esto a su vez lleva a que en Castilla León exista el primer gobierno en coalición de PP y Vox, y que esa alianza de algún modo se normalice. La victoria de Ayuso provoca los recelos de Casado, que quiere imponerse a la presidenta madrileña. En esa guerra sale perdedor y eso lleva a que Feijoo tome el control del partido. ¿Habría conseguido el PP mejores resultados con Casado de líder? Imposible saberlo, pero lo que está claro es que Feijoo consigue atraer para el PP gran parte del voto de Ciudadanos, del que también se alimenta Vox.

En resumen, el actual ciclo en la política española, que todos equiparan con la decisión de Sánchez de gobernar sin ser del partido más votado comprando los votos de Junts con la Ley de Amnistía, empezó algo antes y con una decisión local de un partido que ya no pinta nada en la política española. La supuesta mayor intención de voto de los que quieren echar a Sánchez respecto a los que quieren que siga, los líderes nacionales nuevos como Yolanda Díaz (que dice se retirará) y Núñez Feijoo, los Pablo Iglesias, Pablo Casado e Inés Arrimadas fuera de la política, la primera experiencia de gobierno de Vox, el auge de Ayuso... todo eso tiene mucho que ver con aquella decisión de marzo de 2021 en Murcia. Y personalmente, sigo sin entender en qué estaban pensando los de Ciudadanos para tomarla.

Una burbuja histórica: Terra Networks

Los más jóvenes lectores quizás no recuerden el caso de Terra. Fue una filial de internet de Telefónica creada tras la compra de Olé -el primer buscador en castellano, curiosamente creado por un organismo público catalán- y que sacó a bolsa a finales del siglo pasado aprovechando el boom global de las “.com”. La salida batió todos los récords: el primer día de peticiones la demanda de acciones ya superaba en 77 veces a la oferta (incluso el tramo institucional superaba en 30 veces a la oferta) lo que obligó a Telefónica a cerrar antes de tiempo el periodo de subscripción. La decisión salomónica para la adjudicación fue aumentar levemente el número de acciones a emitir y asignar un prorrateo muy polémico que favorecía a aquellos inversores que habían realizado su petición el primer día y cuyo nombre de pila empezase por las letras “r, s, t, u, v, w, x, y, z y a” por ese orden (lo que originó polémicas reclamaciones ya que se acabaron las acciones en Ana María dejando fuera a muchas “Ana” ya que consideraron el Ana y espacio libre por delante del Ana seguido de una coma como muchos bancos habían elaborado el listado al estilo de “apellido, nombre” simplemente intercambiándolos). 

Con estos mimbres el precio inicial -11.81€- se vio superado en seguida: el 17 de noviembre de 1999 empezó a cotizar y subió el 213.3% obligando a la Sociedad de Bolsas a ampliar rangos una y otra vez. En enero del 2000 entra en el Ibex y el 14 de febrero alcanza sus máximos históricos intradiarios: 157.65€ (el de cierre fue el 25 de febrero en 139.75€). Fulgurante su carrera en apenas 3 meses: con un pequeño porcentaje de acciones en el mercado superó en capitalización bursátil a Repsol, BBVA, Santander… 

En diciembre del 2000 ya cotizaba por debajo del precio de salida a bolsa y debido a sucesivas ampliaciones había el doble de acciones emitidas –todas a un precio superior- que 13 meses antes. Es una historia dura que debería estar presente en todo aquel que se acerque a la bolsa. No sólo porque es el ejemplo perfecto –y concentrado en poco tiempo- de burbuja y explosión de la misma, sobre todo porque eso ocurrió con la aquiescencia de la inmensa mayoría de analistas cuyos métodos siguen siendo los mismos a día de hoy. 

Aunque ahora nos parezca absurdo que un mediocre portal de internet llegara a valer tanto no olvidemos que fue una fiebre global. Había tal demanda que incluso el Ministerio de Economía el 22 de diciembre de 1999, con una Orden Ministerial, autorizó la creación de un segmento especial de negociación en las Bolsas de Valores, denominado Nuevo Mercado de Valores (Ibex Nuevo Mercado) para intentar crear un Nasdaq español (con Terra, TPI, Abengoa, Amper, Amadeus, Befesa, Indra, Radiotrónica, Tecnocom, Zeltia…) que en unos meses arruinó a casi todos sus participantes. Especialmente sangrante fue el aluvión de recomendaciones de compra y supuestos soportes que todos encontraban los meses en los que Terra, tras subir más de un 1200% en menos de 60 sesiones, caía a plomo: todo eran oportunidades únicas de compra. 

Los mayores enganchados en Terra no fueron aquellos que compraron en la subida y no vendieron (animados por recomendaciones y precios objetivos de 200€ incluso de prestigiosos bancos de inversión norteamericanos) sino los que, celosos de haber perdido la oportunidad de invertir en algo tan rentable, compraron en la bajada: siempre había algún analista que recordaba la gran oportunidad que era comprar “porque internet es el futuro” y el rebote que tuvo en los 40€ -por ejemplo- hizo picar a muchísimos. Es decir, que hoy sabemos que aquello fue una burbuja pero mientras se hinchaba e hinchaba, todos participaban en ella sin saber que la estaban alimentando y cuando estalló, tampoco todos se convencieron de ello ni mucho menos. Por eso el que la mayoría niegue a día de hoy la burbuja bursátil de Wall Street –y en concreto del Nasdaq- no significa nada, podría seguir hinchándose o haber estallado ya y seguirían negándolo. 

Volviendo a Terra, cuando aún no había estallado la burbuja global puntocom, en abril del 2000, comete la más errónea decisión de su corta historia: para intentar conseguir cuota en el mercado norteamericano compra Lycos, el tercer portal más visitado allí, por 12.500 millones de $ (pagando un sobreprecio del 56% respecto a cómo cotizaba en el Nasdaq el día que se hizo oficial, mucho más si tenemos en cuenta lo que se infló el precio desde meses atrás por el rumor acerca de la operación). En octubre de 2004 Telefónica revendió Lycos a una compañía surcoreana por 105 millones, menos del 1% de lo que costó su compra. Es un ejemplo de mala gestión empresarial, no debemos olvidar que los que participaron en ella también se dejaron llevar. Por ejemplo, en la absurda y carísima compra de Lycos participó la empresa alemana Bertelsmann, el principal conglomerado de medios de comunicación de Europa. Es decir, no fue sólo Villalonga, que hasta ese momento había recibido -según criterio de la mayoría- un sobresaliente por la gestión de la recién privatizada Telefónica, recién convertida en una multinacional, el que pecó de ambicioso. 

En cuanto a la acción, en mayo de 2003 Telefónica recompra las acciones que emitió a 5.25€ y como cotizaban por debajo, casi todos aceptaron. E hicieron bien ya que dejó de cotizar definitivamente el 15 de julio de 2005 a un cambio de 3.04€. Aún sin la compra de Lycos, aunque sólo fuera por contagio del desplome del Nasdaq, Terra también hubiera sido una mala inversión bursátil pero lastró significativamente las cuentas de Telefónica lo que ayudó a que el Ibex viviera 3 años seguidos de caídas (2000-2001-2002), algo que no se repitió hasta 2010-2011-2012 y que fue especialmente chocante para muchos ya que ocurrió cuando la economía española “iba bien”. 

En resumen, fue un error a todos los niveles y que muy pocos supieron ver. En esta historia podemos encontrar muchas semejanzas con la burbuja inmobiliaria española aunque a mi no me gusta mezclar un bien básico como la vivienda con una acción de bolsa pero si nos fijamos en lo que decían los analistas y en general el mundo financiero y los medios acerca de las inmobiliarias y constructoras que cotizaban en bolsa tanto en 2007 en la subida como en 2008 en la bajada, sí encontramos una similitud enorme. Y en el rebote –importado de Wall Street- de 2009 y en el desplome desde enero de 2010 hasta junio de 2012 lo mismo. A día de hoy nadie se explica cómo tantos fueron tan ciegos con Terra en el 2000 o con Colonial en 2007 y sin embargo, viendo las cotizaciones de algunos activos yo diría que no hemos aprendido demasiado desde entonces.
Cotización histórica de Terra

Los ricos ya pagan más impuestos hace décadas

Si hay una obsesión presente en todo discurso populista, es la de insistir en que los ricos paguen más impuestos. Lo cierto es que ya lo hacen, y no sólo porque sus ganancias sean mayores (es decir, en volumen), también en porcentaje. Nuestro sistema fiscal tiene figuras impositivas como el IVA o las tasas que no son progresivas pero el IRPF lo es desde siempre. 

Aunque hay intentos ya en el siglo XIX, se puede decir que el primer impuesto sobre la renta en España lo sacó adelante en la II República el ministro de Hacienda Jaume Carner. La Ley Carner, conocida como “contribución general de la renta”, entró en vigor a primeros de 1933. Lo cierto es que era un impuesto claramente destinado a los ricos pues existía un mínimo exento anual de 100.000 pesetas, cantidad tan abultada que, en la práctica, sólo 5.000 personas tenían que pagarlo. No tuvo mucho éxito, de hecho apenas 3.000 lo presentaron y, de todas formas, fue olvidado con la Guerra Civil y el franquismo. En este largo periodo existieron varias leyes fiscales pero, en general, los impuestos sobre la renta eran marginales. De hecho, se calcula que en 1957 la presión fiscal era del 9,6% del PIB, nada que ver con el entorno del 40% actual. El impuesto directo más importante era el de los rendimientos del trabajo y, aunque en la reforma de 1964 se desarrolló el impuesto complementario sobre la renta, no aportaba más del 1% de la recaudación total del Estado. Básicamente sólo lo pagaban las gentes del mundo del espectáculo donde las retribuciones eran públicas, puesto que Hacienda no tenía acceso a las informaciones bancarias.

La preocupación por el escaso ingreso tributario en España a finales del franquismo llevó a que el profesor Enrique Fuentes Quintana publicara un libro verde de la fiscalidad (1973) cuyo objetivo era lograr una "mayor justicia distributiva". Básicamente se criticaba que en España había demasiado impuesto indirecto y poco impuesto a las rentas personales y a los beneficios empresariales. Es conocida la anécdota de la visita que Fuentes Quintana hizo junto con el entonces -lo era desde 1969- ministro de Hacienda, Alberto Monreal, a Franco en 1973 en la que le exponen la conveniencia de un impuesto sobre la renta y otro sobre el patrimonio. El jefe del estado les despidió con muy buenas palabras y al día siguiente… cesó a Monreal de su cargo. No obstante, Fuentes Quintana siguió en sus trece y en junio de 1975, con Franco aún vivo, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas se atrevió a criticar la fiscalidad franquista: "La regresividad del sistema tributario español impide que el impuesto desempeñe su función político-social a favor de una distribución justa de la carga fiscal y de una distribución más equitativa de la renta".

En 1977, tras la victoria de la UCD de Adolfo Suárez, Fuentes Quintana es nombrado ministro de economía y vicepresidente segundo. Con la ayuda de Fernández Ordóñez, ministro de Hacienda (también muy crítico con la fiscalidad, ya que decía que el impuesto general sobre las personas físicas que existía entonces no era un impuesto, ni era general, ni era sobre la renta) se ponen a trabajar en lo que al año siguiente fue el IRPF. Gracias a los Pactos de la Moncloa, hubo un amplio consenso político para sacarlo adelante. El primer IRPF de España contaba con 28 tramos y tipos impositivos que llegaban hasta el 65,5 %. Era un impuesto que afectaba a todas las personas con ingresos superiores a las 300.000 pesetas. Aunque el IRPF no dejaba de ser una copia de otros modelos similares típicos en la Europa Occidental desde hacía muchos años, para los españoles era una novedad, e hizo falta mucha pedagogía (y mucha publicidad) para animar a los españoles a presentarlo. Nació el eslogan “Hacienda somos todos”, ampliamente difundido en campañas televisivas protagonizadas por personajes famosos. como Bárbara Rey. En los primeros años se publicaban listas con los datos de todas las declaraciones que cualquiera podía consultar. El secuestro de un empresario, que aparecía como el contribuyente con más ingresos de España en esas listas, detuvo esta práctica.

En estas más de cuatro décadas ha habido muchos cambios en el IRPF, especialmente llamativos fueron los cambios prácticos que introdujo la presidencia de J.M. Aznar, a la postre funcionario de Hacienda e inspector de finanzas del estado, que simplificó y modernizó la cumplimentación y presentación anual, que antes de él se rellenaba en páginas con calcos. Ha habido en estas décadas subidas y bajadas de impuestos pero la tónica general siempre ha sido la misma: el IRPF es un impuesto progresivo. No sólo paga más en cantidad quien más gana, también paga más en porcentaje. A esto se suma que existe un impuesto al patrimonio que sólo pagan quienes poseen más. Por tanto, el impuesto “a los ricos” ya existe: tanto si es por acumulación como por ganancias. Según cifras de 2021, un 0,06% de los contribuyentes (aquellos que ganaron más de 600.000 euros) son responsables del 6,74% de los ingresos. Si los unimos a los que ganan más de 150 mil euros, apenas 125.000 personas (de 22 millones de contribuyentes) aportaron el 17,15% del total recaudado. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con el actual IRPF pero nadie puede poner en duda que perjudica a los que más ganan. A eso hay que sumar el de patrimonio y, en general, los impuestos “al lujo”. Por ejemplo, un 1,51% de coches matriculados -los de más de 60.000 euros- generaron un 13,08% de todo lo ingresado por impuestos de matriculaciones.

Por supuesto pagar más impuestos no le da a nadie más derechos, algo que quizás deberían tener en cuenta aquellos que creen que por ser sus comunidades autónomas más ricas, y por tanto aportar más al estado, deben tener competencias -e incluso privilegios- que otras no tienen.

Cómo compras Letras del Tesoro desde casa

Es difícil de entender, incluso para mí que he trabajado en la tesorería de un par de bancos, por qué éstos no mejoran la rentabilidad de sus depósitos a plazo fijo. Es ciertamente sencillo, y muy rentable, asegurar un 2% anual, por ejemplo, a los clientes y destinar ese dinero a la compra de letras o bonos con la misma duración, que estos días están ofreciendo bastante más por culpa de la guerra de Irán (los que siguen el Euribor fueorn los primeros en darse cuenta). Se me antojan dos motivos: uno es que prefieren colocar otros productos que les ofrezcan más beneficio y otro es que quizás tienen ya demasiada deuda pública española en sus carteras de inversión y prefieren no acumular más riesgo con un mismo emisor. Ninguno me convence, pero en cualquier caso los clientes tienen la ventaja de saltarse al intermediario y comprar directamente al Tesoro ese papel emitido con la garantía del Reino de España, y así conseguir un plus a sus ahorros prácticamente sin riesgo, y a mejores tipos de los que ofrece la banca.

 

Por supuesto se puede hacer también en la entidad financiera de cada uno, pero es más barato del modo en el que yo mismo he hecho, y paso a explicar aquí para quien esté interesado y no quiere ir físicamente a una sucursal de Banco de España: lo primero es ir a www.tesoro.es donde vemos una pestaña que dice “Trámites”, pinchamos ahí y vamos donde pone “compra y venta de valores”. Una vez aquí, y por si no soy lo bastante claro en este artículo, se puede ver una “Demostración del Servicio” (incluso hay un video también) o pasar directamente a “Acceso al Servicio de Compra Venta”. Si optas por este último, ya estás preparado para identificarte, del mismo modo que lo harías en la web de Hacienda: DNI electrónico o certificado electrónico o clave permanente. Esto es lo primero que tienes que hacer, y aconsejo que se haga antes de la decisión de invertir o no puesto que es imprescindible abrir una cuenta en Banco de España. Una vez se ha accedido, el sistema pregunta si eres o no titular de una cuenta en Banco de España; dando por hecho que no, vamos a crearla: te pide que comuniques si la cuenta es individual o conjunta (si eliges esta segunda lo que compres será a nombre, a partes iguales, de los titulares de esa cuenta) y tus datos personales (a la hora de proporcionar un mail, tener claro que es donde llegarán las comunicaciones) incluyendo los datos de la cuenta bancaria (20 caracteres) donde deseas que te ingresen el dinero una vez haya vencido la operación. Una vez creada, te manda el documento con un código de verificación informando que has sido registrado en el Servicio de Compra y Venta de Valores del Tesoro, y que puedes descargar en PDF. 

 

Ahora ya podemos acudir a las subastas de deuda que se anuncian en la web del Tesoro porque cuando entramos ya nos dice que somos titulares de una cuenta. El sistema es sencillo: en el menú de la derecha hay varias opciones y si elegimos comprar, entonces aparecen las próximas subastas, con dos-tres semanas de anticipación. Podemos elegir entre letras no competitivas o competitivas. La diferencia es que en el primer caso asumes que inviertes al tipo que salga en la subasta (es lo que yo aconsejo), en el segundo tú puedes marcar la rentabilidad que quieres y si no se llega a ella, no se hace la operación. Es decir, si pedimos un 3% y sale un 2,99%, nos quedamos fuera. 

 

Una vez validemos los datos, ya nos informa del activo que hemos elegido (en este ejemplo hablamos de letras pero podría ser un bono a diez años) y el resto de detalles. Y si estás de acuerdo con todo, entonces hay que firmar con Autofirma, que es un programa que, si no se tiene, hay que instalarlo en el ordenador (lo mejor es desde la página oficial https://firmaelectronica.gob.es/ ) pero no es engorroso hacerlo. Eso sí, recomiendo instalarlo ANTES de hacer todo esto por si solicita un reinicio del ordenador para que funcione. Una vez firmado, nos informa de todo lo realizado hasta ese momento y lo podemos descargar en PDF. Ahí nos va a proporcionar un dato clave: la cuenta a la que tenemos que enviar el dinero por trasferencia desde nuestro banco, y nos recuerda lo que debemos poner en el “Concepto de la Transferencia” y advierten que eso es importante. Basta con hacer un depósito en esa cuenta que has creado, con dos días de antelación, para poder acudir a la subasta, aunque yo recomiendo no apurar las fechas. Para comprobar que ya está en nuestra cuenta de Banco de España, entramos en la web del Tesoro y vamos a “Posición Integral”, “acceder a nuestra cuenta” y ver si está pendiente o ya está el dinero. De todos modos, mandan un mail cuando llega. 

 

Yo he elegido letras porque comprar a más largo plazo no me interesa, además yo lo planteo como una alternativa a los depósitos bancarios pero una vez la cuenta está abierta, por supuesto podéis comprar todo lo que el Tesoro público emita, eso es decisión de cada uno. Todo esto lo he hecho varias veces, así que puedo hablar con conocimiento.  Un apunte más: el propio Banco de España a pesar de su carácter público -mi banco privado no me cobra las trasferencias- mete una comisión de 0,15% cuando nos devuelve el dinero al vencer el plazo… salvo que no lo saques y renueves cuando venza comprando otro activo emitido por el estado (quizás lo hacen precisamente para incentivarnos a que hagamos eso).

Un estado del bienestar prestado

Hay quien cree que quien critica el desequilibrio financiero de las cuentas públicas españolas lo que está haciendo es criticar el estado del bienestar del que disfrutamos, y ese desde luego no es mi caso, ni creo que sea el de la mayoría. Existen tres posturas a propósito del estado del bienestar tal y como lo entendemos en Europa occidental: los que no lo quieren mantener porque es muy caro y les parece más justo un modelo más similar al estadounidense donde el estado sólo cumpliría con unos servicios mínimos (posición respetable pero claramente minoritaria), los que creen que está bien como está, y que incluso aún debería ser mejor aunque eso implique endeudar más al estado y/o subir más los impuestos, y los que pensamos que tiene mucho valor tenerlo y que precisamente por eso, hay que hacerlo financieramente sostenible, aunque eso suponga recortar algunos de sus excesos.

Si el sistema democrático tiene un problema es que los votantes se ven seducidos no por la realidad sino por los deseos, de este modo es muy complicado que alguien que en campaña use las matemáticas más elementales gane las elecciones, mientras que quien promete más gasto, aunque no diga cómo conseguirá los ingresos para justificarlos, suele obtener más apoyos. Esto también se debe a un sistema educativo defectuoso que hace que la población, en su inmensa mayoría, no sepa ni siquiera algo tan básico como que los gobiernos no tienen nada, tan sólo gestionan a quién quitar y a quien dar, pero los dineros no son suyos sino de la población, tanto de la actual como de la futura (ya que sistemáticamente se endeudan, que no es más que traer dinero del futuro al presente abusando de la credibilidad del país). Esto, que es muy básico pero que por desgracia hay que repetirlo constantemente, lleva a que una y otra vez nuestros políticos, sean del partido que sean, nos mientan en campaña, en mayor o menor medida. Decir la verdad en una sociedad como la española, y en general en todas las naciones, es un suicidio político.

Y la verdad es que un sistema económico mundial basado en gastar más de lo que se ingresa tirando de más y más deuda es matemáticamente insostenible, por eso está teniendo consecuencias indeseadas, incluso cuando no se ha llegado al peor escenario que sería el impago y la pérdida de confianza en el dinero emitido por los bancos centrales, sucesos que sí han sucedido puntualmente en algunos países concretos. BCE ha actuado irresponsablemente durante años y la UE también al ayudar, uno a que los gobiernos pudieran endeudarse barato y en enormes cantidades y segundo, saltándose los límites que se establecieron para que el Euro fuera creíble y no ocurrieran las devaluaciones del pasado que vivieron monedas como la peseta o la lira. Gracias a que España está en el Euro y gracias al BCE, podemos tener el descuadre de cuentas (nosotros y otros países) que tenemos, con una divisa estable y con la prima de riesgo muy contenida. Pero esta bonanza artificial peligra porque se vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de cumplir las normas a todos los miembros de la Eurozona.

Como suele ocurrir, si una mayoría de países tiene problemas económicos (en la UE la situación es de estanflación: bajo crecimiento y alta inflación) y una mayoría de gobiernos necesita mantener su política de desfases presupuestarios para poder ganar elecciones, la manga ancha continuará… siempre y cuando Alemania esté entre ellos. Parece que es el caso, y por eso aparentemente nadie se está tomando en serio aún la necesidad de reducir el déficit presupuestario (que deje de gastarse mucho más de lo que se ingresa, lo que se traduciría en menos deuda que además debe colocarse a tipos mucho más altos que en la última década) pero eso en cualquier momento cambiará y son los mercados financieros, como ya pasó en la crisis de deuda de la Eurozona iniciada en 2010, los que discriminarán entre emisores más y menos fiables. Y ahí nuestro país tendría un grave problema porque nuestro estado del bienestar no se puede financiar sin aumentar la deuda ya que la Seguridad Social está, y estará, en déficit.

El enorme gasto creciente en pensiones es quizás el desbarajuste más obvio ya que es el mayor desembolso de los PGE y es evidente su descuadre debido a que cada vez hay más pensionistas y cada vez ganan más en relación a lo que cobran aquellos que con sus cotizaciones deben financiarlo: los trabajadores. La situación es tan grave que en 10 provincias el gasto en pensiones es el doble que las cotizaciones. No es el único factor que hace que las cuentas estén desequilibradas pero es el más importante. Hay mentirosos profesionales afirmando que esto es sostenible cuando no lo es. Y para serlo habrá que recortar gastos porque no hay de dónde obtener más ingresos, porque ni con la recaudación en máximos como está, consigue el gobierno ajustar las cifras. Un político no puede hablar de recortes aunque está claro que cuanto más tarden más graves serán. Lo más curioso es que a la vez que nos venden una versión ultra optimista, nos dicen que el cambio del clima va a empeorarlo todo, que ni el avión podremos coger, ¿cómo entonces va a crecer la economía, vamos a encontrar empleo para nuestros millones de parados y recursos para nuestro estado del bienestar si el planeta se va, según el actual discurso del miedo, literalmente al carajo?

Crash bursátiles y preocupación política

Esta década se cumplirá el centenario del famoso crash bursátil de 1929 que se considera empezó la mayor depresión económica de la era moderna y el mayor ciclo bajista de Wall Street tras muchos años de euforia. Para que nos hagamos una idea de esto último, en 1929 hubo 45 cierres en máximos históricos (parecen muchos pero el récord ocurrió en 1995 con 77, y en los últimos años en 2017 hubo 62 y en 2021, 70) y no volvió a haber un nuevo máximo de Wall Street… hasta 1954. ¿Se imaginan que hasta 2051 no volvamos a ver los máximos de Wall Street de este año? Es decir, que aunque sigue habiendo mucha gente empeñada en que a largo la bolsa siempre sube, lo cierto es que el que compró en los altos de 1929 tardó 25 años en recuperar su inversión… si invirtió en el índice, porque es muy posible que lo hiciera en alguna de las muchas compañías que quebraron en aquel ciclo, y por tanto perdiera todo su dinero.

Por suerte para los norteamericanos, solo había 1.5 millones de personas invertidas en acciones en 1929 o un poco más del 1% de la población del país. De hecho, lo de que la gente se tiraba por las ventanas porque se desplomaba el Dow Jones es una falsedad, un bulo. Por lo visto todo empezó porque ante la visión de un corro de gente en Wall Street, que no estaba para nada mirando un cadáver, el humorista Will Rogers bromeó diciendo que «había que hacer cola para conseguir una ventana por la que tirarse». El chiste lo continuó Eddie Cantor, otro comediante, afirmando que los recepcionistas de hotel preguntaban a los clientes si querían la habitación «para dormir o para tirarse». Vamos, que el tema de las fake news no es nuevo, aunque es de suponer que ninguno de los dos tenía la mala intención de crear un falso mito que se sigue repitiendo décadas después, y que de hecho se sigue leyendo como si fuera cierto en artículos periodísticos actuales. Y esto pasa incluso cuando se sabe, por cifras oficiales del jefe de los médicos forenses de Nueva York, que hubo menos suicidios en la ciudad el mes después del crash bursátil que los que había habido el año anterior en el mismo periodo.

En realidad, cuando la gente empezó a pasarlo realmente mal no fue por la bolsa, la tragedia no comenzó hasta que no quebraron bancos. Por eso la caída de Lehman Brothers en 2008 sirvió para recordárselo a los que lo desconocían o habían olvidado ese hecho, y alertó a gobiernos y autoridades financieras que se conjuraron en que no volviera a pasar algo así. Pero eso no pasó entonces, lo que agravó mucho la depresión de 1929, al igual que la falta de colchones de seguridad y políticas sociales que pudieran mitigar la crisis. Por otra parte, para el gran público no es lo mismo un banco de inversión, por muy grande que fuera, que las cinco mil entidades financieras que cerraron sus puertas aquellos años.

Más allá de la Historia por todos conocida, a mí me llama la atención que, al contrario de lo que ocurre hoy donde todo el mundo habla de burbuja, en octubre de 1929 pocos tenían miedo a un estallido, ni siquiera a un parón económico, mucho menos a una recesión tan grave. Hizo falta un crash bursátil para que la gente comprendiera la ficción en la que habían vivido la mayor parte de los “felices 20”. Si algo que apenas era importante para el 1% de los estadounidenses provocó lo que provocó, ahora que el porcentaje de adultos invertido supera el 50%, es fácil imaginar lo vital que puede ser para las autoridades políticas y económicas estadounidenses la estabilidad bursátil. Por eso mi creencia en que los bancos centrales, y en concreto la Fed, por mucho que tengan que luchar contra la inflación, siempre estarán dispuestos a ayudar a los mercados de valores. Y con eso cuentan los grandes inversores.

En España no hay datos fiables de cuántos españoles invierten en bolsa, sea directamente o a través de fondos, pero hay encuestas que pueden darnos pistas e indican que de los casi 20 millones de hogares que hay en España, al menos en un tercio hay accionistas. La diferencia entre España y los Estados Unidos es tan grande, aparte de por tradición inversora, por los seguros privados, mucho más habituales allí y, sobre todo, por los planes de pensiones. Mientras en España tenemos una pensión pública principal, allí –como ocurre en muchos países- las pensiones tienen esquemas de participación privada y empresarial (a favor de los empleados) que, para vencer a la inflación, suelen invertir en bolsa durante la vida laboral del que luego será pensionista. Esto hace que no sólo haya muchos más estadounidenses accionistas, también que el interés porque la bolsa suba sea mucho más importante que aquí, donde muchos invierten, pero no se juegan el cobro de la pensión.

En resumen, que, aunque en España menos, hay un interés político y económico muy claro en conseguir que la bolsa suba y no creo sea casualidad que el país más envejecido del planeta –Japón- sea el que más ha presionado a su banco central para comprar acciones y así mejorar la rentabilidad de los japoneses en un mundo de intereses tan bajos en la renta fija. También es un tema del que se habló en Europa: si ya se ha cruzado la línea de comprar deuda pública y deuda privada, ¿por qué no en renta variable? El SNB (banco central suizo), otro de los que durante años mantuvo los tipos negativos, también tiene en cartera una gran cantidad de acciones, la mayoría de Wall Street.

Para mí las cotizaciones actuales no reflejan la realidad económica sino el exceso de liquidez y un optimismo casi infantil. El dolor para los inversores si viene un crash bursátil será enorme tras tanto optimismo pre-guerra en Irán. Y sí, seguro que las autoridades financieras y políticas intentarán mitigarlo pero... confiar ciegamente en ello puede ser un error. Aunque escasos, ha habido años muy negativos en la bolsa. No olvidemos que la máxima siempre debe ser preservar el capital.

La polémica del reparto de los beneficios empresariales

Tengo un amigo que hace unos años usó la indemnización por despido para montar una empresa y lo perdió todo. Tiempo después despidieron a su esposa y montaron otra con el finiquito y volvieron a fracasar, y encima acumularon deudas. Yo mismo he intentado tener negocios un par de veces y tampoco resultó, y suerte que perdí muy poco. Son historias bastante comunes, en España dicen las estadísticas que el 50% de todas las empresas no llegan al octavo año de vida y tan sólo 2 de cada tres llegan al quinto. Pocos son conscientes que eso quiere decir que si 3 personas montan una empresa hoy, uno la cerrará antes de 2030. Y lo peor es que es muy probable que en ese intento haya acumulado deudas. Por otra parte, hay muchas empresas sin actividad (en España se calcula que un millón y medio) por lo que la estadística aún sería peor en cuanto a resultados monetarios.

Y es que crear una empresa, más allá de la idoneidad de la idea o del talento del emprendedor, es complicado: trámites burocráticos, necesidad de financiación, imprevisibilidad del consumidor del que nunca se sabe si responderá o no al producto o a los servicios que ofrece el nuevo negocio… Pero supongamos que tenemos éxito y estamos en ese 50% que tras ocho años lo tiene y obtiene buenos resultados. Lo normal es que los primeros beneficios se dediquen bien a reinvertirlos en infraestructuras de la propia empresa, bien a devolver la liquidez que recibió al empezar (sea de créditos bancarios o prestado por familiares y/o socios) con lo que aparte de asignarse un buen sueldo, el emprendedor que triunfa no suele “forrarse” y además sufrirá rechazo social. Y esto es muy injusto porque alguien que consigue vencer contra unas posibilidades en contra tan altas, y con un triunfo que repercute en más gente (sus empleados y sus inversores), tiene derecho a ganar por ello. Y la sociedad debería valorar la figura del empresario porque él es el creador de empleo por antonomasia.

Supongamos que ese emprendedor que ha conseguido sobrevivir tras los primeros años quiere crecer y para ello no le basta con reinvertir beneficios, entonces se plantea buscar socios capitalistas que aporten capital con el que financiar su expansión y, de paso, crear más empleos y pagar más impuestos, generando un efecto positivo para toda la sociedad, más allá del producto que venda. Su empresa cada vez es menos suya si incluye más socios, tiene que dividir los beneficios con ellos y, si consigue salir a bolsa, podría ser que ese reparto incluya a miles de personas. Los casos de grandes empresas con el fundador como gran accionista de referencia no son demasiados (tenemos por ejemplo el caso de J. Roig y Mercadona) y aún más escasos tras una salida a bolsa (Inditex y A. Ortega son la excepción en un Ibex en el que las grandes compañías suelen tener a bancos y fondos de inversión como principales dueños y el resto de propietarios muy repartidos) por lo que el caso más habitual es el de un consejo de administración, elegido por los accionistas (en la práctica sólo por los más grandes) con unos ejecutivos que dirigen la compañía para dar el mayor beneficio posible a los dueños, a los que han puesto dinero. Últimamente las críticas vienen porque se cree que los trabajadores deberían verse más beneficiados que los inversores en los años buenos.

En un mundo ideal lo mejor sería que si una gran empresa tiene altos beneficios, al igual que hace con los accionistas, reparta algo entre los trabajadores. No digo subir salarios porque puede que al siguiente año las cosas no vayan bien y bajarlos es más complicado pero ¿por qué no un bonus? Personalmente creo que está bien que en un año de grandes beneficios también se reparta algo entre los trabajadores ya que el empleado -en general- ha influido más en el resultado operativo que el inversor (Mercadona lo hace cada año) pero no es tan fácil. Lo primero es que tendrían que estar de acuerdo los dueños en ganar menos, y eso puede ser sencillo cuando el dueño es uno o unos pocos pero no cuando son cientos de miles como suele pasar en las cotizadas, ¿O es que los millones de españoles accionistas de BBVA, Caixabank, Santander etc. estarían de acuerdo en reducir su dividendo para destinar parte de su beneficio –obtenido tras asumir el riesgo de invertir en dichas compañías- en aumentar las retribuciones de los trabajadores de esos bancos? Tampoco olvidemos que, salvo excepciones como una gran herencia, el dinero de los accionistas también procede originariamente de un trabajo que generó esos ahorros.

Por último, el del trabajador y el del inversor son riesgos distintos. De hecho, los ejercicios que hay pérdidas los dividendos se volatilizan y el precio de la acción suele caer, y eso muy raramente implica que se bajen sueldos. No parece sencillo convencer a, por ejemplo, un accionista que invirtió en Telefónica hace 25 años y cuya acción acumula una caída importante desde entonces (pero que consigue medio solventar las pérdidas gracias al cobro de dividendos –de los que parte se lleva Hacienda, por supuesto-), que debe recortarlo tras unos buenos resultados para compartirlo con alguien que, sin arriesgar capital, ya lleva esos mismos 25 años cobrando un salario cada mes. El populismo lo aguanta todo pero nada es tan simple como parece.

No politicemos la evolución del Ibex

  A veces las emociones nos llevan a expresiones que no hemos meditado lo suficiente, y estos días en los que el ambiente político está tan tenso, son muy proclives a que esto pase, especialmente en redes sociales. Esto lleva a que entre los detractores de Sánchez se hable con extremo pesimismo de la economía española, incluso como con deseo de que vaya mal para que los que aún le apoyan abran al fin los ojos; y del otro lado, los hay que incluso establecen una relación entre el buen comportamiento del Ibex los últimos años y el que repitamos presidente una vez más. Pero mientras que lo primero, aunque no lo comparto, tenga una base cierta (el PSOE sólo ha perdido el poder tras una muy mala situación económica, si exceptuamos 2004 en el que intervino el 11-M), lo segundo no tiene sentido ya que es absurdo politizar la evolución de nuestro índice bursátil.

A mí me gustaría que Sánchez y el PSOE dejaran de gobernar porque la inmensa mayoría del pueblo español dé la espalda a alguien sin palabra y a un partido con una ética tan deteriorada que le parece bien comprar los votos de alguien arreglando sus problemas con la ley para así retener el poder, así como aumentando la desigualdad territorial, pero no deseo una crisis económica para nuestro país, que bastante mal lo está pasando con la continuada pérdida de poder adquisitivo y las hipotecas que estamos asumiendo por culpa del aumento del volumen de la deuda pública. En cuanto a los que vinculan a la bolsa con el color ideológico del gobierno de turno, me parece que no conocen la historia ni cómo funcionan los índices bursátiles. Trump presumía que con él subía mucho Wall Street, llegó la pandemia y cayó a plomo, luego recuperó… y siguió subiendo con Biden, y ahora sube con Trump II, y casi todo se debe a unos pocos valores, casi todos tecnológicos, que ganan su dinero en todo el mundo y, mientras no varíe lo sustancial del sistema estadounidense, subirán y bajarán en bolsa gobiernen demócratas o republicanos. Y en cuanto a la bolsa española, la situación es muy similar. Ni siquiera los escándalos de corrupción política nacional lo han afectado.

Nuestro índice subió muchísimo a finales del siglo pasado: empezó cotizando el 14 de enero de 1992 con un valor inicial de 2.693,17 puntos y en marzo del 2000 casi toca los 13.000 puntos. Además pagando buenos dividendos que se descuentan del precio (con lo que en realidad su rentabilidad es mayor). Eso sí, ese Ibex se parece muy poco al actual, de hecho en febrero del 2000 la desaparecida Terra había llegado a superar en capitalización bursátil a Repsol, BBVA y Santander; por eso, aunque se llame igual, es poco exacto comparar nuestro índice según pasan los años y cambian sus miembros. En cualquier caso, tras el pinchazo de la burbuja “.com” siguió bajando hasta cotizar por debajo de los 6.000 puntos en el verano de 2002 y ahí cambió de tendencia y llegó hasta los 16.000 de finales de 2007. Otra nueva crisis lo llevó a por debajo de 7.000 puntos en 2009, nivel que perdió de nuevo con los problemas de la deuda soberana en 2012 y en 2020 con la pandemia. En 2023 recuperó los niveles nominales prepandemia (máximos históricos reales si tenemos en cuenta dividendos) y la tendencia alcista es muy clara desde otoño de 2022, siendo espectacular (casi un 50% de subida) su comportamiento en 2025 y marcando nuevos máximos en 2026 por encima de los 18.500 puntos. 

¿Tiene algo que ver la política con que estos años el Ibex suba? Evidentemente no, la bolsa española llevaba muchos años comportándose mucho peor que la mayoría de índices bursátiles de las economías desarrolladas debido a su composición: ausencia de tecnológicas, que son las que más habían subido desde hace más de una década y demasiado peso del sector bancario, que, hasta el cambio de política de tipos de interés del BCE, irritaban a sus accionistas por su mal comportamiento. Es precisamente esto último lo que ha llevado a que la bolsa española esté destacando pero aun así, incluso teniendo en cuenta dividendos cobrados, el Ibex se comporta peor que los demás grandes índices, europeos y estadounidenses en lo que llevamos de siglo. No descarto que la política económica de nuestros gobernantes (de uno y otro signo) pueda haber influido en esto pero si miramos los valores con mayor peso en el Ibex podemos ver que en el corto plazo es absurdo pensarlo.

Inditex, Santander e Iberdrola con los principales miembros de nuestro índice, con BBVA haciendo de cuarto en discordia. Si nos fijamos, en la mayoría los beneficios tienen muy poco que ver con quién gobierne en España. No es la economía española, son  multinacionales, y dos de ellas, sin hacer nada especial, han mejorado enormemente (como todos los bancos) su rentabilidad bursátil gracias al BCE. Y si tenemos en cuenta que ha sido Sánchez el que ha restado ingresos a Iberdrola, Santander, BBVA, CaixaBank, Repsol etc. con impuestos extraordinarios, si queremos hacer una lectura política, tendría hasta más sentido pensar que con Feijoo el Ibex cotizaría más alto aún. Aunque creo que es un ejercicio fútil e innecesario ya que está más que demostrado que los resultados electorales no cambian tendencias, sólo influyen en el muy corto plazo, y sólo cuando suponen una sorpresa. De hecho, estos días estamos viendo cómo nuestro índice se mueve... a golpe de bombas en Irán, nada que ver con las urnas en España.

Tanta tecnología y tan poca comunicación

 Aunque entiendo que hay quien piense que soy un “friki” por ello, mi admiración por los avances científicos y mi secreta esperanza de que haya alguien ahí fuera que nos ayude a progresar mejor, me lleva a seguir con mucho interés cualquier noticia relacionada con la investigación espacial. Y como tal, desde niño sigo todo lo que se publica sobre las Voyager. Para quien no lo sepa las Voyager son dos sondas que se lanzaron al espacio, hace años traspasaron el borde de nuestro sistema solar adentrándose en el espacio interestelar -únicos artefactos humanos que sepamos que han llegado ahí- y… siguen trasmitiendo. Por si eso no fuera algo lo bastante interesante, hay que resaltar que se lanzaron en verano de… ¡1977! Algo con una tecnología de hace más de 45 años sigue mandando información desde veinte mil millones de kilómetros de nuestro planeta. Para que nos hagamos una idea de su primitivismo, estas sondas tienen una memoria de 69 KB y almacenamiento en cinta. Los Spectrum que llegaron a España en 1985, el primer contacto con un ordenador personal para la mayoría entonces, podían funcionar en modo 48 KB o 128 KB, y si alguno los ha usado recordará cómo se colgaban continuamente.

En 1965 un estudiante del Instituto de Tecnología de California llamado Gary Flandro trazó las trayectorias de las órbitas de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno y encontró que a fines de la década de 1970 y principios de la de 1980 estos planetas gigantes estarían casi alineados, un fenómeno tan raro que ocurre solo una vez cada 176 años y que permitiría que una sola nave pudiera visitarlos mediante el uso de asistencias por gravedad, de ahí vino el impulso para que la NASA creara estas dos sondas gemelas, luego vino la idea de poner mensajes dentro por si lo encontraba alguna inteligencia extraterrestre y más detalles que no caben aquí. Cuando las cámaras de las sondas aún funcionaban mandaron unas imágenes de algunos planetas de nuestro sistema solar únicas, quizás esa ausencia visual las últimas décadas haya tenido que ver con la pérdida de interés del público en general pero a los “frikis” nos sigue sorprendiendo cada nueva de ellas. Por ejemplo, en 2017, tras 37 años sin cambiar su dirección, desde la Tierra se consiguió que la Voyager 1 encendiera sus impulsores y corrigiera mínimamente el rumbo. Pequeñas novedades se van conociendo de estos artefactos que se alejan a una velocidad de unos 17 kilómetros por segundo. La más reciente que recuerde fue en 2023, cuando se perdieron las comunicaciones con la Voyager 2 pero se consiguieron recuperar.

Es tan sorprendente que algo con una tecnología tan arcaica siga trasmitiendo como que ahora usemos una tan espectacularmente superior y universalizada. Y es inevitable hacer comparaciones sobre lo poco que somos capaces de hacer hoy con tanto más. Un Smartphone tiene 240 mil veces más memoria y nuestro ordenador de sobremesa es 10 mil veces más rápido que la computadora de las Voyager y ¿para qué usamos tanta memoria y velocidad en la actualidad? Pues la inmensa mayoría en comunicarnos y entretenernos. No me meto a valorar si esto es bueno o malo pero desde luego choca que hayamos avanzado tanto tecnológicamente, que hayamos dado el decisivo paso de popularizar todos esos avances pero que el uso que le demos a todo ello no sea nuevo. Hemos sustituido el periódico, el teléfono fijo, la enciclopedia… todo es más rápido y más accesible, tanto personas como información… Pero no hay nada nuevo, no realizamos actividades diferentes a las que haría alguien de hace un siglo que charlara en un bar con conocidos que le proporcionaran información de terceros, leyera la gaceta, escuchara la radio, se riera del último chiste de moda en el barrio y hasta tuviera una cita a ciegas con la vecina de uno que apenas conoce. Sí, ahora todo eso se ha expandido y facilitado, y es posible hacerlo desde casa o desde el móvil en un autobús pero en esencia es lo mismo.

La gran pregunta es: ¿supone un avance que estemos tan bien comunicados? Es difícil saberlo, por ejemplo las ventajas de la informática en la educación son enormes, ojalá yo hubiera tenido tantos datos de forma tan veloz en mis tiempos. Y en cuanto al ocio, es evidente que las posibilidades se han multiplicado. Pero en el día a día tanta información no sirve para mucho si no sabemos discriminarla o si no nos la discriminan bien los medios (el que pasen desapercibidas las noticias de las Voyager pero tantos sepan algo de un presunto asesino que es nieto de un famosete, es un buen ejemplo de que algo falla) y sí, nos podemos comunicar y conocemos lo que pasa es cualquier parte casi instantáneamente pero no creo que eso nos haya hecho más empáticos. De hecho, la intransigencia religiosa ha sufrido un repunte los últimos decenios (el régimen talibán es el mejor ejemplo), las guerras fronterizas han vuelto a Europa (Ucrania) y movimientos populares como el Brexit o el secesionismo catalán, demuestran que hay quien prefiere fijarse más en las diferencias que en las semejanzas e incluso crear nuevas fronteras.

Desde mi punto de vista, la tecnología es fabulosa y su popularización un gran avance social. Y digo social porque a día de hoy mil millones de personas tienen en su móvil más acceso a información y ocio del que tenía hace 50 años el mayor multimillonario del mundo con todos sus recursos. Pero si me imagino a una civilización extraterrestre encontrando las Voyager y descubriendo los años que lleva viajando, pienso que se harán una idea equivocada sobre lo que hemos evolucionado desde que lo construimos; no por la tecnología, sino porque no supongo que crean que en este rincón perdido de la galaxia no hay aún un nacionalismo humano, un orgullo de raza planetario sino que la mayoría cree ser mejor que los demás bien por sus creencias, bien por su físico, bien por su lugar de nacimiento, bien por su estatus social etc. Puede que el tema de hoy tenga poco que ver con la economía, que suele ser mi tema, pero la reflexión se puede llevar a ese terreno ya que cada vez hay más tentaciones proteccionistas y más ganas de echar las culpas a otros países de la falta de competitividad del propio. Si no aprovechamos la tecnología –y su popularización- para unirnos más, ¿de qué sirve estar tan bien comunicados?

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