Los ricos ya pagan más impuestos hace décadas
Si hay una obsesión presente en todo discurso populista, es la de insistir en que los ricos paguen más impuestos. Lo cierto es que ya lo hacen, y no sólo porque sus ganancias sean mayores (es decir, en volumen), también en porcentaje. Nuestro sistema fiscal tiene figuras impositivas como el IVA o las tasas que no son progresivas pero el IRPF lo es desde siempre.
Aunque hay intentos ya en el siglo XIX, se puede decir que el primer impuesto sobre la renta en España lo sacó adelante en la II República el ministro de Hacienda Jaume Carner. La Ley Carner, conocida como “contribución general de la renta”, entró en vigor a primeros de 1933. Lo cierto es que era un impuesto claramente destinado a los ricos pues existía un mínimo exento anual de 100.000 pesetas, cantidad tan abultada que, en la práctica, sólo 5.000 personas tenían que pagarlo. No tuvo mucho éxito, de hecho apenas 3.000 lo presentaron y, de todas formas, fue olvidado con la Guerra Civil y el franquismo. En este largo periodo existieron varias leyes fiscales pero, en general, los impuestos sobre la renta eran marginales. De hecho, se calcula que en 1957 la presión fiscal era del 9,6% del PIB, nada que ver con el entorno del 40% actual. El impuesto directo más importante era el de los rendimientos del trabajo y, aunque en la reforma de 1964 se desarrolló el impuesto complementario sobre la renta, no aportaba más del 1% de la recaudación total del Estado. Básicamente sólo lo pagaban las gentes del mundo del espectáculo donde las retribuciones eran públicas, puesto que Hacienda no tenía acceso a las informaciones bancarias.
La preocupación por el escaso ingreso tributario en
España a finales del franquismo llevó a que el profesor Enrique Fuentes
Quintana publicara un libro verde de la fiscalidad (1973) cuyo objetivo era
lograr una "mayor justicia distributiva". Básicamente se criticaba
que en España había demasiado impuesto indirecto y poco impuesto a las rentas
personales y a los beneficios empresariales. Es conocida la anécdota de la
visita que Fuentes Quintana hizo junto con el entonces -lo era desde 1969-
ministro de Hacienda, Alberto Monreal, a Franco en 1973 en la que le exponen la
conveniencia de un impuesto sobre la renta y otro sobre el patrimonio. El jefe
del estado les despidió con muy buenas palabras y al día siguiente… cesó a
Monreal de su cargo. No obstante, Fuentes Quintana siguió en sus trece y en
junio de 1975, con Franco aún vivo, en su discurso de ingreso en la Real
Academia de Ciencias Morales y Políticas se atrevió a criticar la fiscalidad
franquista: "La regresividad del sistema tributario español impide que el
impuesto desempeñe su función político-social a favor de una distribución justa
de la carga fiscal y de una distribución más equitativa de la renta".
En 1977, tras la victoria de la UCD de Adolfo Suárez,
Fuentes Quintana es nombrado ministro de economía y vicepresidente segundo. Con
la ayuda de Fernández Ordóñez, ministro de Hacienda (también muy crítico con la fiscalidad, ya
que decía que el impuesto general sobre las personas físicas que existía
entonces no era un impuesto, ni era general, ni era sobre la renta) se ponen a
trabajar en lo que al año siguiente fue el IRPF. Gracias a los Pactos de
la Moncloa,
hubo un amplio consenso político para sacarlo adelante. El primer IRPF de
España contaba con 28 tramos y tipos impositivos que llegaban hasta el 65,5 %.
Era un impuesto que afectaba a todas las personas con ingresos superiores a las
300.000 pesetas. Aunque el IRPF no dejaba de ser una copia de otros modelos
similares típicos en la Europa Occidental desde hacía muchos años, para los
españoles era una novedad, e hizo falta mucha pedagogía (y mucha publicidad)
para animar a los españoles a presentarlo. Nació el eslogan “Hacienda somos
todos”, ampliamente difundido en campañas televisivas protagonizadas por
personajes famosos. como Bárbara Rey. En los primeros años se publicaban
listas con los datos de todas las declaraciones que cualquiera podía
consultar. El secuestro de un empresario, que aparecía como el contribuyente
con más ingresos de España en esas listas, detuvo esta práctica.
En estas más de cuatro décadas ha habido muchos
cambios en el IRPF, especialmente llamativos fueron los cambios prácticos que
introdujo la presidencia de J.M. Aznar, a la postre funcionario de Hacienda e
inspector de finanzas del estado, que simplificó y modernizó la cumplimentación
y presentación anual, que antes de él se rellenaba en páginas con calcos. Ha
habido en estas décadas subidas y bajadas de impuestos pero la tónica general
siempre ha sido la misma: el IRPF es un impuesto progresivo. No sólo paga más
en cantidad quien más gana, también paga más en porcentaje. A esto se suma que
existe un impuesto al patrimonio que sólo pagan quienes poseen más. Por tanto,
el impuesto “a los ricos” ya existe: tanto si es por acumulación como por
ganancias. Según cifras de 2021, un 0,06% de los contribuyentes (aquellos que
ganaron más de 600.000 euros) son responsables del 6,74% de los ingresos. Si
los unimos a los que ganan más de 150 mil euros, apenas 125.000 personas (de 22
millones de contribuyentes) aportaron el 17,15% del total recaudado. Podemos
estar de acuerdo o en desacuerdo con el actual IRPF pero nadie puede poner en
duda que perjudica a los que más ganan. A eso hay que sumar el de patrimonio y,
en general, los impuestos “al lujo”. Por ejemplo, un 1,51% de coches
matriculados -los de más de 60.000 euros- generaron un 13,08% de todo lo
ingresado por impuestos de matriculaciones.
Por supuesto pagar más impuestos no le da a nadie más
derechos, algo que quizás deberían tener en cuenta aquellos que creen que por
ser sus comunidades autónomas más ricas, y por tanto aportar más al estado,
deben tener competencias -e incluso privilegios- que otras no tienen.
Cómo compras Letras del Tesoro desde casa
Es difícil de entender, incluso para mí que he trabajado en la tesorería de un par de bancos, por qué éstos no mejoran la rentabilidad de sus depósitos a plazo fijo. Es ciertamente sencillo, y muy rentable, asegurar un 2% anual, por ejemplo, a los clientes y destinar ese dinero a la compra de letras o bonos con la misma duración, que estos días están ofreciendo bastante más por culpa de la guerra de Irán (los que siguen el Euribor fueorn los primeros en darse cuenta). Se me antojan dos motivos: uno es que prefieren colocar otros productos que les ofrezcan más beneficio y otro es que quizás tienen ya demasiada deuda pública española en sus carteras de inversión y prefieren no acumular más riesgo con un mismo emisor. Ninguno me convence, pero en cualquier caso los clientes tienen la ventaja de saltarse al intermediario y comprar directamente al Tesoro ese papel emitido con la garantía del Reino de España, y así conseguir un plus a sus ahorros prácticamente sin riesgo, y a mejores tipos de los que ofrece la banca.
Por supuesto se puede hacer
también en la entidad financiera de cada uno, pero es más barato del modo en el que yo mismo he hecho, y
paso a explicar aquí para quien esté interesado y no quiere ir físicamente a
una sucursal de Banco de España: lo primero es ir a www.tesoro.es donde vemos una
pestaña que dice “Trámites”, pinchamos ahí y vamos donde pone “compra y venta
de valores”. Una vez aquí, y por si no soy lo bastante claro en este artículo,
se puede ver una “Demostración del Servicio” (incluso hay un video también) o
pasar directamente a “Acceso al Servicio de Compra Venta”. Si optas por este
último, ya estás preparado para identificarte, del mismo modo que lo harías en
la web de Hacienda: DNI electrónico o certificado electrónico o clave
permanente. Esto
es lo primero que tienes que hacer, y aconsejo que se haga antes de la decisión
de invertir o no puesto que es imprescindible abrir una cuenta en Banco de
España. Una
vez se ha accedido, el sistema pregunta si eres o no titular de una cuenta en
Banco de España; dando por hecho que no, vamos a crearla: te pide que
comuniques si la cuenta es individual o conjunta (si eliges esta segunda lo que
compres será a nombre, a partes iguales, de los titulares de esa cuenta) y tus
datos personales (a la hora de proporcionar un mail, tener claro que es donde
llegarán las comunicaciones) incluyendo los datos de la cuenta bancaria (20
caracteres) donde deseas que te ingresen el dinero una vez haya vencido la
operación. Una vez creada, te manda el documento con un código de verificación
informando que has sido registrado en el Servicio de Compra y Venta de Valores
del Tesoro, y que puedes descargar en PDF.
Ahora ya podemos acudir a
las subastas de deuda que se anuncian en la web del Tesoro porque cuando
entramos ya nos dice que somos titulares de una cuenta. El sistema es sencillo:
en el menú de la derecha hay varias opciones y si elegimos comprar, entonces
aparecen las próximas subastas, con dos-tres semanas de anticipación. Podemos elegir entre
letras no competitivas o competitivas. La diferencia es que en el primer caso
asumes que inviertes al tipo que salga en la subasta (es lo que yo aconsejo),
en el segundo tú puedes marcar la rentabilidad que quieres y si no se llega a
ella, no se hace la operación. Es decir, si pedimos un 3% y sale un 2,99%, nos
quedamos fuera.
Una vez validemos los datos,
ya nos informa del activo que hemos elegido (en este ejemplo hablamos de letras
pero podría ser un bono a diez años) y el resto de detalles. Y si estás de
acuerdo con todo, entonces hay que firmar con Autofirma, que es un programa que,
si no se tiene, hay que instalarlo en el ordenador (lo mejor es desde la página
oficial https://firmaelectronica.gob.es/ ) pero no es engorroso
hacerlo. Eso sí, recomiendo instalarlo ANTES de hacer todo esto por si solicita
un reinicio del ordenador para que funcione. Una vez firmado, nos informa de
todo lo realizado hasta ese momento y lo podemos descargar en PDF. Ahí nos va a
proporcionar un dato clave: la cuenta a la que tenemos que enviar el dinero por
trasferencia desde nuestro banco, y nos recuerda lo que debemos poner en el
“Concepto de la Transferencia” y advierten que eso es importante. Basta con hacer un depósito en
esa cuenta que has creado, con dos días de antelación, para poder acudir a la subasta,
aunque yo recomiendo no apurar las fechas. Para comprobar que ya está en
nuestra cuenta de Banco de España, entramos en la web del Tesoro y vamos a
“Posición Integral”, “acceder a nuestra cuenta” y ver si está pendiente o ya
está el dinero. De todos modos, mandan un mail cuando llega.
Yo he elegido letras porque
comprar a más largo plazo no me interesa, además yo lo planteo como una
alternativa a los depósitos bancarios pero una vez la cuenta está abierta, por
supuesto podéis comprar todo lo que el Tesoro público emita, eso es decisión de
cada uno. Todo
esto lo he hecho varias veces, así que puedo hablar con conocimiento. Un apunte más: el
propio Banco de España a pesar de su carácter público -mi banco privado no me
cobra las trasferencias- mete una comisión de 0,15% cuando nos devuelve el
dinero al vencer el plazo… salvo que no lo saques y renueves cuando venza
comprando otro activo emitido por el estado (quizás lo hacen precisamente para
incentivarnos a que hagamos eso).
Un estado del bienestar prestado
Hay quien cree que quien critica el desequilibrio financiero de las cuentas públicas españolas lo que está haciendo es criticar el estado del bienestar del que disfrutamos, y ese desde luego no es mi caso, ni creo que sea el de la mayoría. Existen tres posturas a propósito del estado del bienestar tal y como lo entendemos en Europa occidental: los que no lo quieren mantener porque es muy caro y les parece más justo un modelo más similar al estadounidense donde el estado sólo cumpliría con unos servicios mínimos (posición respetable pero claramente minoritaria), los que creen que está bien como está, y que incluso aún debería ser mejor aunque eso implique endeudar más al estado y/o subir más los impuestos, y los que pensamos que tiene mucho valor tenerlo y que precisamente por eso, hay que hacerlo financieramente sostenible, aunque eso suponga recortar algunos de sus excesos.
Si el sistema democrático tiene un problema es que los
votantes se ven seducidos no por la realidad sino por los deseos, de este modo
es muy complicado que alguien que en campaña use las matemáticas más
elementales gane las elecciones, mientras que quien promete más gasto, aunque
no diga cómo conseguirá los ingresos para justificarlos, suele obtener más
apoyos. Esto también se debe a un sistema educativo defectuoso que hace que la
población, en su inmensa mayoría, no sepa ni siquiera algo tan básico como que
los gobiernos no tienen nada, tan sólo gestionan a quién quitar y a quien dar,
pero los dineros no son suyos sino de la población, tanto de la actual como de
la futura (ya que sistemáticamente se endeudan, que no es más que traer dinero
del futuro al presente abusando de la credibilidad del país). Esto, que es muy
básico pero que por desgracia hay que repetirlo constantemente, lleva a que una
y otra vez nuestros políticos, sean del partido que sean, nos mientan en
campaña, en mayor o menor medida. Decir la verdad en una sociedad como la
española, y en general en todas las naciones, es un suicidio político.
Y la verdad es que un sistema económico mundial basado
en gastar más de lo que se ingresa tirando de más y más deuda es
matemáticamente insostenible, por eso está teniendo consecuencias indeseadas,
incluso cuando no se ha llegado al peor escenario que sería el impago y la
pérdida de confianza en el dinero emitido por los bancos centrales, sucesos que
sí han sucedido puntualmente en algunos países concretos. BCE ha actuado
irresponsablemente durante años y la UE también al ayudar, uno a que los
gobiernos pudieran endeudarse barato y en enormes cantidades y segundo, saltándose los límites que se establecieron para que el Euro fuera creíble y no
ocurrieran las devaluaciones del pasado que vivieron monedas como la peseta o
la lira. Gracias a que España está en el Euro y gracias al BCE, podemos tener
el descuadre de cuentas (nosotros y otros países) que tenemos, con una divisa
estable y con la prima de riesgo muy contenida. Pero esta bonanza artificial
peligra porque se vuelve a poner sobre la
mesa la necesidad de cumplir las normas a todos los miembros de la Eurozona.
Como suele ocurrir, si una mayoría de países tiene
problemas económicos (en la UE la situación es de estanflación: bajo
crecimiento y alta inflación) y una mayoría de gobiernos necesita mantener su
política de desfases presupuestarios para poder ganar elecciones, la manga
ancha continuará… siempre y cuando Alemania esté entre ellos. Parece que es el
caso, y por eso aparentemente nadie se está tomando en serio aún la necesidad
de reducir el déficit presupuestario (que deje de gastarse mucho más de lo que
se ingresa, lo que se traduciría en menos deuda que además debe colocarse a
tipos mucho más altos que en la última década) pero eso en cualquier momento
cambiará y son los mercados financieros, como ya pasó en la crisis de deuda de
la Eurozona iniciada en 2010, los que discriminarán entre emisores más y menos
fiables. Y ahí nuestro país tendría un grave problema porque nuestro estado del
bienestar no se puede financiar sin aumentar la deuda ya que la Seguridad
Social está, y estará, en déficit.
El enorme gasto creciente en pensiones es
quizás el desbarajuste más obvio ya que es el mayor desembolso de los PGE y es
evidente su descuadre debido a que cada vez hay más pensionistas y cada vez
ganan más en relación a lo que cobran aquellos que con sus cotizaciones deben
financiarlo: los trabajadores. La situación es tan grave que en 10 provincias el
gasto en pensiones es el doble que las cotizaciones. No es el único factor que
hace que las cuentas estén desequilibradas pero es el más importante. Hay
mentirosos profesionales afirmando que esto es sostenible cuando no lo es. Y
para serlo habrá que recortar gastos porque no hay de dónde obtener más
ingresos, porque ni con la recaudación en máximos como está, consigue el
gobierno ajustar las cifras. Un político no puede hablar de recortes aunque
está claro que cuanto más tarden más graves serán. Lo más curioso es que a la
vez que nos venden una versión ultra optimista, nos dicen que el cambio del clima va a
empeorarlo todo, que ni el avión podremos coger, ¿cómo entonces va a crecer la
economía, vamos a encontrar empleo para nuestros millones de parados y recursos
para nuestro estado del bienestar si el planeta se va, según el actual discurso
del miedo, literalmente al carajo?
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