Hay quien cree que quien critica el desequilibrio financiero de las cuentas públicas españolas lo que está haciendo es criticar el estado del bienestar del que disfrutamos, y ese desde luego no es mi caso, ni creo que sea el de la mayoría. Existen tres posturas a propósito del estado del bienestar tal y como lo entendemos en Europa occidental: los que no lo quieren mantener porque es muy caro y les parece más justo un modelo más similar al estadounidense donde el estado sólo cumpliría con unos servicios mínimos (posición respetable pero claramente minoritaria), los que creen que está bien como está, y que incluso aún debería ser mejor aunque eso implique endeudar más al estado y/o subir más los impuestos, y los que pensamos que tiene mucho valor tenerlo y que precisamente por eso, hay que hacerlo financieramente sostenible, aunque eso suponga recortar algunos de sus excesos.
Si el sistema democrático tiene un problema es que los
votantes se ven seducidos no por la realidad sino por los deseos, de este modo
es muy complicado que alguien que en campaña use las matemáticas más
elementales gane las elecciones, mientras que quien promete más gasto, aunque
no diga cómo conseguirá los ingresos para justificarlos, suele obtener más
apoyos. Esto también se debe a un sistema educativo defectuoso que hace que la
población, en su inmensa mayoría, no sepa ni siquiera algo tan básico como que
los gobiernos no tienen nada, tan sólo gestionan a quién quitar y a quien dar,
pero los dineros no son suyos sino de la población, tanto de la actual como de
la futura (ya que sistemáticamente se endeudan, que no es más que traer dinero
del futuro al presente abusando de la credibilidad del país). Esto, que es muy
básico pero que por desgracia hay que repetirlo constantemente, lleva a que una
y otra vez nuestros políticos, sean del partido que sean, nos mientan en
campaña, en mayor o menor medida. Decir la verdad en una sociedad como la
española, y en general en todas las naciones, es un suicidio político.
Y la verdad es que un sistema económico mundial basado
en gastar más de lo que se ingresa tirando de más y más deuda es
matemáticamente insostenible, por eso está teniendo consecuencias indeseadas,
incluso cuando no se ha llegado al peor escenario que sería el impago y la
pérdida de confianza en el dinero emitido por los bancos centrales, sucesos que
sí han sucedido puntualmente en algunos países concretos. BCE ha actuado
irresponsablemente durante años y la UE también al ayudar, uno a que los
gobiernos pudieran endeudarse barato y en enormes cantidades y segundo, saltándose los límites que se establecieron para que el Euro fuera creíble y no
ocurrieran las devaluaciones del pasado que vivieron monedas como la peseta o
la lira. Gracias a que España está en el Euro y gracias al BCE, podemos tener
el descuadre de cuentas (nosotros y otros países) que tenemos, con una divisa
estable y con la prima de riesgo muy contenida. Pero esta bonanza artificial
peligra porque se vuelve a poner sobre la
mesa la necesidad de cumplir las normas a todos los miembros de la Eurozona.
Como suele ocurrir, si una mayoría de países tiene
problemas económicos (en la UE la situación es de estanflación: bajo
crecimiento y alta inflación) y una mayoría de gobiernos necesita mantener su
política de desfases presupuestarios para poder ganar elecciones, la manga
ancha continuará… siempre y cuando Alemania esté entre ellos. Parece que es el
caso, y por eso aparentemente nadie se está tomando en serio aún la necesidad
de reducir el déficit presupuestario (que deje de gastarse mucho más de lo que
se ingresa, lo que se traduciría en menos deuda que además debe colocarse a
tipos mucho más altos que en la última década) pero eso en cualquier momento
cambiará y son los mercados financieros, como ya pasó en la crisis de deuda de
la Eurozona iniciada en 2010, los que discriminarán entre emisores más y menos
fiables. Y ahí nuestro país tendría un grave problema porque nuestro estado del
bienestar no se puede financiar sin aumentar la deuda ya que la Seguridad
Social está, y estará, en déficit.
El enorme gasto creciente en pensiones es
quizás el desbarajuste más obvio ya que es el mayor desembolso de los PGE y es
evidente su descuadre debido a que cada vez hay más pensionistas y cada vez
ganan más en relación a lo que cobran aquellos que con sus cotizaciones deben
financiarlo: los trabajadores. La situación es tan grave que en 10 provincias el
gasto en pensiones es el doble que las cotizaciones. No es el único factor que
hace que las cuentas estén desequilibradas pero es el más importante. Hay
mentirosos profesionales afirmando que esto es sostenible cuando no lo es. Y
para serlo habrá que recortar gastos porque no hay de dónde obtener más
ingresos, porque ni con la recaudación en máximos como está, consigue el
gobierno ajustar las cifras. Un político no puede hablar de recortes aunque
está claro que cuanto más tarden más graves serán. Lo más curioso es que a la
vez que nos venden una versión ultra optimista, nos dicen que el cambio del clima va a
empeorarlo todo, que ni el avión podremos coger, ¿cómo entonces va a crecer la
economía, vamos a encontrar empleo para nuestros millones de parados y recursos
para nuestro estado del bienestar si el planeta se va, según el actual discurso
del miedo, literalmente al carajo?
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