La rentabilidad por dividendo NO existe

Soy consciente que incluso en webs financieras prestigiosas se habla de ese término mítico “rentabilidad por dividendo”. Esto demuestra, una vez más, lo desconfiado que debe ser el inversor con medios y supuestos expertos sobre bolsa y la necesidad de formarse para poder tener un criterio propio que le sirva a conseguir una mayor rentabilidad para sus ahorros, en lugar de convertirse en un “paga comisiones” sin asesoramiento objetivo. Si compra usted una acción a 10 euros que reparte un dividendo de 1 euro le mentirán y le dirán que ese valor debe ser comprado porque ofrece una rentabilidad por dividendo del 10%. Pero lo que ocurre es que juegan con la percepción errónea del “dinero en mano” ya que sí, nos pagan ese euro, pero automáticamente el precio de la acción baja en la misma proporción. ¿Cómo puede venderse como rentabilidad añadida algo que es tan sólo un juego de suma cero?

Multimillonarios que nunca venden y fondos de pensiones que necesitan liquidez periódicamente, suelen sentirse atraídos por compañías de alto dividendo, pero para el inversor minoritario, el que busca un plus para sus ahorros y, a ser posible, batir cada año la subida del coste de la vida, el comprar una acción que dé un dividendo grande, pequeño o ninguno, no es un factor que aumente la rentabilidad de su inversión. Los dividendos son una inyección de liquidez, no un beneficio extra. Como ejemplo cualquiera que haya comprado Santander o Telefónica confiando en ello, ha podido comprobarlo. El dividendo que se cobra, restada la quinta parte que se queda Hacienda, se descuenta del precio de la acción automáticamente por lo que no hay ninguna rentabilidad salvo la impresión de que la hay por recibir un dinero en efectivo de vez en cuando.

Es cierto que una empresa que reparte dividendos es una empresa con beneficios, y eso es un buen argumento para un inversor, si bien hay quien puede discutirlo tras la buena racha del Nasdaq de los últimos años, índice en el que la mayoría de sus cotizadas no pagan dividendos. Pero una cosa es decidirse por invertir en un valor por sus resultados financieros y otra muy distinta engañarse creyendo que por cobrar dividendos periódicamente van a recibir algún tipo de rentabilidad extra. No es cierto: toda acción que abona un dividendo, resta en la misma proporción el precio al que cotiza. De hecho, el propio Ibex descuenta los dividendos, y es por eso que existe el índice que todos conocemos, y hay otro que se denomina Total Return que, debido a todos los dividendos abonados durante todos estos años, es el que ofrece el dato real de retorno de la inversión.

Tampoco es que tenga mucho sentido que, con la actual volatilidad y con un IPC tan alto que nos come el poder adquisitivo en una proporción tan grande, se quiera convencer a un posible inversor a que compre unas acciones que en unas horas pueden subir o bajar un 5%, por un dividendo que puede proporcionar eso mismo -generalmente menos- anualmente. Pero es que encima es mentira. Lo preocupante de todo esto no es que haya tanta gente engañada por la falsedad de la “rentabilidad por dividendo”, es que todo aquel que conoce mínimamente la bolsa sabe que esto es así, y sin embargo medios y supuestos expertos siguen con la misma cantinela. Incluso se comercializan fondos que presumen de ella, ¿Cuántas portadas en prensa salmón española no habré visto anunciando a bombo y platillo la “lluvia de dividendos” como argumento para comprar tal o cual acción? Y ¿Cuántos llevan años pillados por haber utilizado ese falso argumento en sus compras? Incluso hay quien invirtió dando por hecho un dividendo que luego se suspendió, porque tampoco es algo seguro al 100%. Y por supuesto hay acciones que han sido muy rentables este siglo como Iberdrola o Inditex, que además han pagado muy buenos dividendos, pero lo han sido por la fuerte subida de su cotización, no por los dividendos, que según se abonaban, eran restados del precio.

En foros especializados de internet se puede comprobar cómo hay muchísimos accionistas que se consuelan de unas notables pérdidas a revaluación (comparando el precio de compra con el precio que cotiza hoy) con el “caramelito” de los dividendos. Lo mismo estoy siendo cruel recordando a los que tienen acciones desde hace años de Telefónica que, aunque saben que están perdiendo dinero, se animan con los dividendos, pero yo los animo a que no se dejen engañar y sumen todo lo que han cobrado, más lo que conseguirían si vendieran sus acciones hoy y lo comparen con lo que pagaron en su momento. Incluso ignorando -aunque deberíamos tenerlo en cuenta- comisiones y costes de mantenimiento (que siguen cobrando la mayoría de bancos y agencias de valores), podrán comprobar que jamás han obtenido una rentabilidad por el dividendo, sólo han recibido pagos que, automáticamente, han minusvalorado el precio del activo que poseen, en la misma proporción.

Un apunte sobre Groenlandia

 

Todo apunta a que si Trump se empeña, antes o después se quedará Groenlandia. Sus excusas son flojas porque no se ve por ninguna parte la amenaza rusa ni china como para que haga falta que Estados Unidos la ocupe para que no lo hagan otros, pero es evidente que nadie puede frenar el afán intervencionista del presidente estadounidense. Dado que la Europa “otanizada” necesita el escudo protector del país norteamericano, es evidente que Dinamarca -y la UE entera- acabará cediendo y abrirá negociaciones. Yo espero que no acaben con el fin de la soberanía sobre aquel territorio pero desde luego la conclusión tras ellas será que Groenlandia se convertirá en un vasallo de su vecino todopoderoso. Si es con permisos para aumentar presencia militar, extracciones minerales o temas similares (ante la amenaza de ocupación total) pues una vez más Dinamarca -y la UE- se rendirán ante el chantaje de la fuerza. Sin embargo, hay otra posible opción: la compra directa y que Groenlandia pase a ser de los Estados Unidos a cambio de una compensación monetaria.

Y este caso, que es perfectamente factible (en su día Alaska fue adquirida con dinero a Rusia) abre un interrogante: ¿quién sería el receptor del pago? Groenlandia es un territorio que pertenece a Dinamarca pero su alto grado de autonomía le permitiría ser considerado “poco dependiente” de su metrópolis. El enorme tamaño de la isla y su importancia geoestratégica es ambicionado por los Estados Unidos que quieren incorporarla a su país, a lo que por supuesto Dinamarca se opone pero, ¿y si Groenlandia fuera de los que están censados allí, qué pensarían ellos? Según encuestas los groenlandeses no quieren ser estadounidenses pero caso de que hubiera un referéndum, ¿el resultado sería vinculante? La pregunta es muy oportuna porque apenas son 60 mil habitantes y si la soberanía de Groenlandia depende de ellos, Trump lo tiene tan fácil como prometer un millón de dólares a cada uno si el resultado mayoritario de la votación es favorable para los intereses de los Estados Unidos. 60 mil millones de dólares son una minucia para lo que supondría la anexión de un territorio de un tamaño que supera en cuatro veces el de España. De hecho, hay fuentes que hablan de estar dispuesto a pagar hasta 700 mil millones, lo que supondría más de 10 veces la cantidad del millón. Adquirir territorios con escasa población pero gran valor en recursos (sean naturales, geopolíticos o ambos) puede ser perfectamente un objetivo para los Estados Unidos. Podría no ser una fórmula que se detuviera en Groenlandia.

Esto recuerda a las polémicas de hace 15 años, en plena crisis del euro, cuando se hablaba de que Grecia vendiera alguna de sus islas para pagar su deuda pública. Pero en este caso estamos hablando de la posibilidad de una decisión soberana, ¿preferirían los groenlandeses ser estadounidenses y tener millones de dólares en su cuenta corriente o seguir siendo daneses? Según la Constitución española, la soberanía reside en el pueblo, de ahí podemos inferir que España es de los españoles. Entonces, si una mayoría de españoles -por una motivación económica adecuada- decidiera que España fuera, por ejemplo, suiza, ¿deberíamos aceptar el resultado de esa votación? Parece descabellado pero al fin y al cabo, Trump ha inaugurado una nueva forma de relaciones exteriores que perfectamente puede incluir esa posibilidad. En España hemos vivido movimientos secesionistas pero han sido buscando independencia, nunca se nos ha planteado que, por ejemplo, la isla de Mallorca prefiriera ser de Alemania que de España.

Como pasa con Cataluña, la independencia de un territorio que forma parte de España creo que deben decidirla todos los españoles, por lo que no procedería una votación así pero países ricos como Noruega podrían hacer una oferta para adquirir Malta, por ejemplo, y tener un territorio en el Mediterráneo. Pero ya puestos en imaginar posibles distopías, la pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿aceptarías que tu territorio, incluso tu país, perdiera totalmente su soberanía a cambio de millones de euros en tu cuenta corriente?

La mentira del “capitalismo despiadado” de los “súper”

En 1959 se celebra la Asamblea constituyente de Agropecuaria de Guissona, en principio una cooperativa avícola. Su crecimiento fue lento pero sostenido, aumentando actividades: cerdo, piensos, productos cárnicos… incluso en 1990 carburantes. Era una empresa de, y para, los payeses de la zona pero en 1994 deciden abrir tiendas propias en Guissona y Reus vendiendo directamente al consumidor sin intermediarios. En los siguientes años se expanden con franquicias, abren su primer restaurante buffet y su primera estación de servicio. En 1999 se funda Corporación Alimentaria Guissona S.A., entidad que agrupa toda la actividad industrial y comercial del Grupo. Las 74.992 acciones de la Corporación se distribuyeron entre más de 4.500 accionistas. La Cooperativa realiza las actividades de cría y engorde de ganado mediante sus socios. En 2002 las tiendas “Área de Guissona” pasan a llamarse “bonÁrea” y en 2004 lanzan sus primeros supermercados. La expansión de éstos es tan grande que desde 2018 abren fuera de Cataluña, llegando incluso a Madrid. Ya en 2019 superan las 500 tiendas. El grupo BonÀrea Agrupa, está actualmente formado por la Cooperativa de Guissona, la Caja Rural de Guissona, la Corporación Alimentaria Guissona, las Fundaciones Agropecuaria y "bonÀrea", Servicios Agropecuaria de Seguros y Serveis Médics Guissona.

Como se pude apreciar en este rápido recorrido histórico, esta empresa, aunque poco conocida fuera de Cataluña, es bastante diferente al modelo de negocio del resto de supermercados de este país. Sin embargo, a pesar de que no parece entrar en lo que la gente de Unidas Podemos llama “saqueadores” y “especuladores” y “capitalistas salvajes y despiadados”, lo cierto es que la última vez que estuve en una de sus numerosas tiendas de Barcelona, comprobé que sus precios estaban al mismo nivel que en Eroski, Carrefour, Día... incluso me sorprendió que la leche de su marca blanca, que durante años había sido la más barata, ahora estaba más cara que la del Mercadona, la empresa (quizás por su popularidad, quizás por la personalidad de Juan Roig) más atacada por el citado grupo político. Y lo cierto es que no es nada extraño que una cooperativa de ganaderos y agricultores tengan precios más caros que Mercadona, pero no porque sean más despiadados ni más capitalistas, es simplemente una cuestión de volumen de negocio: es más difícil competir con costes al alza si eres más pequeño.

No debería ser necesario explicar estas cosas, pero visto que todavía hay gente que cree las mentiras de algunos políticos, parece que conviene aclarar ciertos conceptos: el beneficio de una empresa puede venir de que sus márgenes sean muy grandes, por supuesto, pero para nada es el caso de las grandes empresas de distribución alimentaria en España. Lo cierto es que, tanto en 2021 como en 2022, los años más cercanos en los que hubo más subidas de precios de venta al público, el margen de beneficio de Mercadona se redujo. Y otras empresas del sector con precios similares, como Día, tuvieron pérdidas. ¿Entonces cómo es que Mercadona gana dinero? Por el volumen que mueve, porque tiene muchos puntos de venta que tienen éxito gracias a la democracia del consumidor, que elige comprar en ellos. Pero no porque se haya aprovechado de la subida generalizada. Tampoco lo ha hecho la cooperativa bonÁrea, nada sospechosa de capitalismo salvaje, simplemente ambas suben los precios porque los productos son más caros en origen, y su transporte, el salario de sus empleados, la factura de la luz de los almacenes y las tiendas etc. etc. han elevado sus costes. Hasta el ministro Planas tuvo que reconocerlo y declaró en su día: “Los supermercados no se están forrando”, dejando como mentirosa a la vicepresidenta Díaz.

Si algo bueno tiene la economía de mercado es la libre competencia. En España tenemos muchos puntos de venta de muchas cadenas, tanto nacionales como extranjeras, donde podemos comprar. Si alguna pusiera unos precios desorbitados sin aumentar la calidad, simplemente dejaríamos de comprar en ella. Es de cajón. La mayoría tenemos cerca Carrefour, Mercadona, Día, Lidl, quizás un Aldi... y algún supermercado más local. A ninguno se le ocurre, por la cuenta que le trae, poner unos precios muy alejados de la media en productos de consumo habitual porque si lo hicieran, los consumidores elegiríamos otra tienda. En cualquier caso, si esa teoría del “forre” fuera cierta, al presentar las cuentas de 2022, año de mayor inflación de esta década, habríamos detectado un aumento de sus márgenes de beneficio que no se dieron. Por lo tanto, siguen compitiendo, como en los años en los que la inflación era mínima, en igualdad de condiciones, intentando convencer a los clientes por sus precios y su calidad, buscando, por supuesto, su propio beneficio (como haríamos cualquiera que montáramos un negocio) y beneficiándose los más grandes, como Mercadona, de su mayor volumen de transacciones para obtener unos ingresos mayores que los de otras empresas de menor tamaño.

Lo que demuestran las cifras es que no se han aprovechado de la inflación general para aumentar sus márgenes, ni las que sus dueños son payeses ni las que cotizan en bolsa ni las que tienen como propietarios a los miembros de una familia. Más bien al contrario, para poder seguir compitiendo con la competencia, han procurado ajustarlos. Y hay datos que lo corroboran, incluso en el extranjero, ya que hasta a Wall Mart, la cadena minorista estadounidense, le pasó lo mismo en 2022. Y es evidente que, como consumidor que soy, si me irrita el elevado precio de una docena de huevos, mi primer impulso es echar la culpa al punto de venta donde los compro, pero lo cierto es que el coste en origen, y lo que cuesta poner ese producto en la estantería (incluyendo por supuesto los salarios de los empleados), explica mucho más la cantidad que nos vemos obligados a pagar, que el “capitalismo salvaje” de los dueños (sean quienes sean) del establecimiento donde los compramos.

El camino a los Pactos de la Moncloa de 1977

Si bien ideológicamente la dictadura franquista es considerada de derechas por sus valores conservadores, su política económica se acerca más a la izquierda, de hecho fueron muy similares las medidas tomadas por el franquismo más duro en España y el castrismo en Cuba. Lo que ocurre es que en 40 años hubo muchos vaivenes y en la década de 1960 se aprecia una ligera liberalización pero, con todo y con eso, muchos de los puntos del programa económico de Unidas Podemos (sí, UP y no Vox) ya existieron en aquella época: grandes empresas públicas (muchas en situación de monopolio), bancos públicos (y con los privados muy intervenidos, de hecho durante la mayor parte del franquismo estuvieron prohibidos los bancos extranjeros), control de precios (eso que ahora se quiere volver a imponer), mucha vivienda de protección oficial, alquileres subvencionados (la famosa Renta Antigua que tantos años perduró), gran protección al trabajador contra su despido etc. etc.

Tras el Plan de Estabilización de 1959 en el que la economía autárquica franquista da un giro radical, y en el ambiente de la Guerra Fría –consigue el apoyo decidido de los Estados Unidos a cambio, entre otras cosas, de las bases militares-, España crece de 1960 a 1973 más que ningún otro país de Europa (lo que nos seguía situando en la cola –en 1973 nuestro PIB per cápita era el 64% del europeo- ya que partíamos desde muy atrás), nos abrimos al turismo y se dispararon las contrataciones en el sector servicios y la construcción. También es cierto que se cometieron muchos errores ya que -igual que pasó años después con las cajas de ahorros-, con la concesión de vías privilegiadas de crédito y de otras ventajas a determinados sectores y empresas públicas y privadas, los gobiernos de Franco provocaron que la inversión industrial se distribuyera en función de los intereses políticos o particulares de los dirigentes de turno, y no conforme a la rentabilidad o a las expectativas de futuro de cada sector.

Tanto crecimiento económico repentino provocó un alza de precios importante, siendo habitual un IPC por encima del 8% en el comienzo de la década de 1970. Cuando llega la crisis mundial de 1973 por la subida del precio del crudo (que se cuadruplicó de octubre de 1973 a enero de 1974), la reacción del débil gobierno español, atenazado entre la decrepitud del jefe de estado y la muerte del presidente Carrero Blanco ese diciembre, fue intentar calmar los ánimos y tomar medidas sociales que supusieron pan para aquel hoy y problemas para el mañana. De hecho, repercutieron sólo parcialmente al consumidor la subida del crudo (era aún más importante que ahora puesto que las centrales térmicas que sostenían la mayor parte de la electricidad del país usaban fuel) y no aplicaron ninguna medida de ajuste ni de control de la inflación, subiendo los salarios incluso por encima del IPC.

Cuando en el verano de 1976 llega Adolfo Suárez al poder el empeoramiento de las cuentas públicas es muy evidente: la inflación supera el 20% y el desempleo -que apenas superaba las 100 mil personas 3 años antes- llegaba al medio millón. El terrorismo, las huelgas y toda clase de problemas derivados de los cambios políticos no ayudaban a una economía que iba sin rumbo. Como hicieron los últimos gobiernos franquistas, intentó aplacar las consecuencias de la crisis con concesiones a los que más protestaban; el mejor ejemplo en formato legal es la Ley de Relaciones Laborales de 1976 que, según recogen medios sindicalistas de izquierdas “es sin duda la cota más alta de derechos laborales individuales que jamás hemos alcanzado: readmisión en sus propios términos ante el despido improcedente; presunción directa de la contratación indefinida; disminución de la jornada laboral de 48 a 44 horas semanales y descanso de 12 horas entre jornada y jornada; descanso de 15 minutos en la jornada continua de 6 horas; autorización administrativa para la modificación del horario; ampliación de la maternidad posparto a 8 semanas y de la excedencia por maternidad hasta 3 años; constitución del FOGASA; previsión de la revisión semestral del SMI si el índice general del coste de la vida aumentaba un 5%, etc.”

Pero tras las elecciones de 1977 Suárez comprende que la economía se está yendo a pique y es entonces cuando encarga al profesor Enrique Fuentes Quintana (al que le concede una vicepresidencia económica) que saque al país del atolladero. Con minoría parlamentaria y la necesidad de ajustes, el panorama se tornaba sombrío pero la oposición -e incluso los sindicatos- estuvieron a la altura y en octubre de 1977 se firman los Pactos de la Moncloa que derivaron –muy resumidamente- en dos medidas económicas: Un ajuste económico a corto plazo basado en la contención salarial, una política monetaria restrictiva, la reducción del déficit público y la adopción de un sistema de cambios flotantes para la peseta, con la consiguiente devaluación. Y la introducción de algunas reformas: modernización del sistema fiscal, aprobación de un nuevo marco legal para las relaciones laborales y liberalización del sistema financiero. 

Como vemos, todos cedieron y todos esos “ajustes” tuvieron cierto éxito en la reducción de la inflación, si bien redujeron el crecimiento. Y la única similitud de la situación actual con los Pactos de la Moncloa originales (la política monetaria más restrictiva) viene impuesta por BCE, nada tiene que ver con el gobierno.

Por cierto, para acabar de contar la historia: llegó la caída del Sah de Irán y la llegada de Jomeini y de nuevo el precio del crudo se disparó (se triplicó de enero de 1979 a diciembre de 1980) y con el déficit público tan alto, esta vez sí que las subidas de precios se trasladaron al consumidor. Este empeoramiento económico -que también disparó el paro por encima de los 2 millones- tuvo una gran responsabilidad tanto en la dimisión de Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981 como en el intento de golpe de estado del 23 de febrero del mismo año como en la mayoría absoluta (y desplome de UCD) del PSOE en octubre de 1982 con un Felipe González que prometió crear 800 mil puestos de trabajo pero disparó la tasa de paro EPA, del 16,61% cuando llegó al poder, al 21,48% 3 años después, llegándose por vez primera a los 3 millones de parados. 

Con la entrada en la UE en 1985 ya empezó otro ciclo

Entrevista medio fake a Warren Buffett

 Qué mejor detalle navideño que traer una entrevista con el Genio de Omaha, pero como no ha sido posible, nos tendremos que conformar con sus respuestas (100% suyas) aunque él no sepa que está contestando con ellas a mis preguntas.


2025 ha resultado un año bastante positivo para la bolsa, ¿le preocupa que 2026 sea peor?

“El miedo es la enfermedad más contagiosa que puedas imaginar. Hace que el virus parezca un pelagatos”

“En realidad, la incertidumbre es aliada de quien compra acciones a largo plazo”

¿Por qué se le considera un inversor de largo plazo?

“Somos lo opuesto a quienes se apresuran a vender y registrar ganancias cuando las empresas funcionan bien, pero se aferran tenazmente a negocios decepcionantes. Nuestro periodo favorito es para siempre.”

¿Pero no le preocupa que la tendencia alcista acabe?

“Cuanto más estúpido sea el comportamiento del mercado, más oportunidades hay para el inversor profesional”

“Una regla sencilla dicta mis decisiones de compra: ten miedo cuando los demás sean codiciosos y sé codicioso cuando los demás tengan miedo”.

¿Entonces aprovechará las posibles futuras bajadas?

“Ya se trate de calcetines o acciones, me gusta comprar mercancía de calidad cuando está rebajada”

“Aproximadamente cada década, los cielos económicos se llenan de nubes oscuras y llueve oro brevemente”

¿Algún consejo sobre dónde deberíamos invertir?

“La magia estadounidense siempre ha prevalecido, y volverá a hacerlo”

“No dejes pasar una oportunidad interesante hoy porque crees que encontrarás algo mejor mañana”

“En mi opinión, para la mayoría de las personas es mejor invertir en el índice S&P 500. La gente paga ingentes cantidades de dinero por un consejo que realmente no necesita”

Pero si quiero invertir en acciones, ¿cómo puedo saber en qué valores debo invertir?

 “Simplemente compra algo por menos de lo que vale”

“Lo importante es saber lo que sabes y saber lo que no sabes”

¿Y cómo saber cuál es el valor justo de una acción?

“El precio es lo que pagas. El valor es lo que recibes”

“Es mucho mejor comprar una compañía maravillosa a un precio justo que una compañía justa a un precio maravilloso”

Pero, con todo mi respeto, a veces se ha equivocado en algunas inversiones, ¿eso no le hace perder la confianza? Porque a todos nos pasa eso.

“No mirar atrás. Sólo se puede vivir hacia adelante. Queda tanto por delante que no tiene sentido pensar en lo que podríamos haber hecho”

“Al igual que el matrimonio, las adquisiciones financieras suelen sorprender después del ‘sí, quiero’”

¿Y qué piensa de las criptomonedas?

“La inversión debe tener una base racional. Si un negocio no se entiende, mejor evitarlo.”

“La historia nos enseña que no aprendemos de la historia.”

Pero hay inversores que han obtenido grandes beneficios en ese mercado…

“No se puede comprar lo que es popular y estar en lo correcto”

“Solo podrás saber quién estaba nadando desnudo cuando baje la marea”

¿Y cómo aprendo a invertir mejor?

“Lo que hacemos no es nada sobrenatural. Siento lo mismo sobre la gestión que sobre la inversión: simplemente no es necesario hacer cosas extraordinarias para obtener resultados extraordinarios”

“El mercado ayuda a los que saben lo que hacen, pero no perdona a los que no lo saben”

¿A quién debo hacer caso para mejorar mis inversiones?

“Nunca preguntarle a un peluquero si necesitamos un corte de pelo”

“Con un millón de dólares y los suficientes «soplos» se puede ir a la ruina en un año”

¿Me está sugiriendo que no haga caso a la industria financiera, me aísle y haga pocas operaciones?

“Wall Street obtiene sus beneficios de la actividad, pero el inversor los obtiene de la inactividad”

“La mejor manera de pensar en inversiones es sentarse en una habitación sin nadie más y simplemente pensar. Si eso no funciona, nada más funcionará”

Entiendo. Ya que estamos acabando, una pregunta personal: usted es multimillonario, ¿disfruta mucho de la riqueza?

“Tengo todas las cosas que quiero. Tengo muchos amigos que tienen muchas más cosas. Pero en algunos casos, siento que sus posesiones los poseen, y no al revés”

“Eres tu mejor inversión. No hay nada comparable”

Para finalizar, de todos los consejos que ha dado en su vida, ¿Cuál considera que es el más importante a tener en cuenta?

“La regla No. 1 es no perder nunca dinero. La regla No. 2 es no olvidar nunca la regla No. 1”

ALSA, de Luarca a conquistar las carreteras españolas

    (esta historia no está incluida en mi último libro La prehistoria, y algo de la historia, de 66 empresas: Nacionales y extranjeras, todas famosas, que te animo a adquirir)

En 1923 se constituye la sociedad Automóviles Luarca, S.A. (A.L.S.A.), así comienza la historia de esta multinacional asturiana, si bien su inmediato antecesor es una empresa de diligencias, nacida en Luarca en el año 1889, conocida como Ferrocarrilana. Unía la villa asturiana con la ciudad de Oviedo en quince horas de viaje. Una década después, la empresa se hizo con algunos vehículos de vapor y cambió su nombre por El Luarca, automóviles de viajeros. Mejoró su ruta a la capital del Principado reduciendo el trayecto ocho horas. "Automóviles El Luarca" realiza su primer viaje con un coche de motor de gasolina en junio de 1916. A partir de ese momento ALSA va creciendo y expandiéndose, superando la prueba de fuego de la guerra civil y la dura postguerra.

Sin embargo, la historia de esta empresa hay que buscarla al menos un par de siglos antes ya que los antepasados de la familia Cosmen se dedicaban, al menos desde 1728, al transporte de mercancías y pasajeros a Castilla a través del puerto de Leitariegos, en la montaña asturiana. ¿Y quiénes son los Cosmen? La familia ya aparece en documentos del siglo XII como asentada en Leitariegos y siglos después aparece involucrada en el transporte entre Asturias y León. Y ahora es cuando toca hablar de José Cosmen, nacido en Cangas del Narcea en 1928. En 1918 su padre Secundino funda en Cangas del Narcea “La Popular SA” que luego pasaría a ser la empresa “Cosmen”, dedicada al transporte de mercancías y pasajeros en Asturias. José estudia como perito industrial en Gijón y continúa el negocio familiar hasta que en 1960 ALSA compra la empresa y José Cosmen pasa a ser accionista.

Hasta ese momento ALSA apenas se había dedicado los duros años de postguerra a recuperar su flota. Sin embargo, ante la llegada de Cosmen la empresa empieza a expandirse dando el salto, primero, al mercado nacional y, posteriormente, a mercados internacionales, como Marruecos o China. La década de los sesenta y la entrada de José Cosmen en puestos ejecutivos cambia la historia, y bajo su dirección y liderazgo se inicia el constante crecimiento de la empresa, hasta convertirla en el mayor grupo español de transporte de viajeros por carretera y único presente en varios continentes. La ALSA de Cosmen en 1964 pone en marcha la primera línea internacional Oviedo-París-Bruselas (muy necesaria dada la alta emigración española hacia Europa) y el servicio regular Asturias-Madrid. Se produjo una modernización de la flota, con la incorporación de autobuses más modernos y confortables. 

Hay que tener en cuenta que para las nuevas generaciones, que han vivido el auge de la alta velocidad ferroviaria y el espectacular abaratamiento de los billetes de avión gracias a la liberalización, el autobús es como el pariente pobre de los medios de transporte de viajeros ya que es más lento y no necesariamente más económico. La internacionalización era la mejor opción para crecer. Por ejemplo, hace 60 años era impensable, como es hoy, que resulte más barato ir de Sevilla a Alemania en avión que en autobús. Mucho menos que un trayecto en Iryo u Ouigo sea más económico -y en menos la mitad de tiempo- para ir de Barcelona a Madrid, que en bus. Cuando ALSA empezó a expandirse en nuestro país apenas había alternativas de transporte que no fueran prohibitivas de precio, ni siquiera el tren, con una estructura ferroviaria escasa en cuanto no se iba de o hacia Madrid. Viajar en bus en un país grande con malas carreteras no era agradable pero las opciones eran escasas. En los últimos años el bus ha ganado glamour, no sólo por los nuevos modelos (que en muchos casos hasta incluyen wifi) de transporte, sobre todo desde que la entrada en la UE propició que llegaran fondos para mejorar las carreteras españolas.

El proceso de internacionalización de ALSA fuera del ámbito europeo se inicia en 1984 con la implantación en la República Popular China. El siguiente paso es la entrada en Marruecos mediante la adjudicación de la gestión del transporte urbano (algo novedoso para la compañía) de Marrakech, obtenida en 1999, al que siguió el de Agadir y más recientemente, el de las ciudades de Tánger y Khouribga. Empresas punteras en sus respectivas regiones (Galicia, Cantabria y Castilla y León) pasan a formar parte de ALSA en los años 90 lo que la convierte en líder en el transporte de viajeros por carretera en España. Aún lo sería más cuando en 1999, ALSA adquiere la empresa pública Grupo Enatcar. “Pepe” Cosmen en el 2000 fue “premiado” por el ayuntamiento de Oviedo al darle su nombre a la estación de autobuses de la ciudad

En 2005 ALSA es vendida a National Express y Cosmen (que no fallece hasta 2013) y sus hijos pasan a ser accionistas de esta multinacional británica. En 2007 también absorben el Grupo Continental Auto, segundo operador nacional de transporte de viajeros por carretera. Actualmente, ALSA tiene un producto intermodal con Iberia llamado 'Bus&Fly’, con un servicio (de momento en 25 ciudades) que permite combinar en un solo billete el viaje en autobús y avión. Y es que entre medios de transporte también funciona lo de “si no puedes luchar contra la competencia, únete a ella”.  Justo estos días se ha anunciado que ALSA absorbe a la británica National Express para crear una "potencia paneuropea del transporte" y por tanto la compañía asturiana asumirá desde 2026 la gestión de los negocios en Reino Unido.


El fracaso del colectivismo: los 'otros' alemanes

 Por desgracia, no conocemos a una cultura superior ajena que nos enseñe a hacer mejor las cosas y lo único que nos queda es aprender de nuestra propia experiencia, tanto de nuestra Historia como de las realidades de nuestro presente. Ambas nos dicen que las mejores sociedades del mundo respetan las creencias de cada cual manteniendo la religión separada del Estado, y allí donde eso no pasa la gente vive peor. También nos dicen que el sistema político menos malo es la democracia, una democracia con diferentes poderes que se contrapesen para evitar que nadie tome demasiado poder en su persona. Y también nos enseña que el mejor sistema económico es… el capitalismo. No hay duda respecto a ello, sea con mayor o menor intervención estatal, y se mida por los parámetros que se mida, los mejores países son sociedades capitalistas. Esto nos lo enseña el presente y nos lo enseña la Historia, pero cada equis años sale alguien que es capaz de convencer a un buen número de personas de que existe un sistema mejor aunque nadie tenga evidencia de él.

Mi opinión es que, como pasa con tantos términos, hay un gran desconocimiento de lo que es el capitalismo. Cada año la ONU elabora un ranking de los países más “felices” del mundo y utiliza en su cálculo el PIB per cápita, el “apoyo social”, la esperanza de vida, la libertad para tomar decisiones, la generosidad y la percepción de la corrupción. Los primeros puestos casi cada año son Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza, Holanda, Canadá, Nueva Zelanda… Todos capitalistas. Y justo uno de los menos capitalistas, Venezuela, es del que más huye su población en el mundo… y desde luego no se plantean irse ni a Cuba ni a Corea del Norte.Ni siquiera hace falta saber Historia pero ésta también nos confirma que los países cuya calidad de vida más ha mejorado las últimas décadas son los que se han pasado al capitalismo como China

Mucho se ha escrito sobre la Caída del Muro en 1989, aunque de aquel hecho histórico que algunos tuvimos la suerte de vivir en directo, lo que más me llama la atención a día de hoy fueron los resultados de las primeras elecciones generales en Alemania del Este tras décadas de comunismo y de monopolio político ejercido por el Partido Socialista Unificado de Alemania celebradas el 18 de marzo de 1990, apenas cuatro meses después. Durante décadas la República Democrática de Alemania había ejemplificado lo mejor del bloque soviético, alcanzando un nivel económico superior al de muchos países occidentales. Diez años antes de su disolución llegó a ser la décima potencia industrial del globo. Su sistema comunista de planificación estatal no era del todo rígido y permitía la existencia de pequeñas empresas privadas aunque básicamente todo era del Estado. Los sueldos (que no eran igualitarios ni mucho menos) y la mayoría de los precios estaban dictaminados por el Gobierno y, debido a las subvenciones, y salvo que fueran productos de importación, la cesta de la compra era bastante asequible. El mayor problema era la escasez que acababa siendo paliada por el mercado negro. Si alguien quería un coche, se apuntaba a una lista y unos años después, lo conseguía. Quien quisiera saltarse la lista, debía pagar a alguien y lo obtenía (por aproximadamente el triple de coste) por lo que la igualdad no era perfecta ni mucho menos, a lo que sumar los privilegios de los cargos del partido, claro. La vivienda se alquilaba al Estado y tampoco eran iguales para todos.

Y cuando, tras décadas de adoctrinamiento comunista, a los alemanes del este les tocó votar –repito, apenas cuatro meses después de caído el muro-, resulta que el antiguo partido comunista, ahora refundado como Partido del Socialismo Democrático, apenas obtuvo un 16,4% de los votos. Tenían vivienda a costes asequibles, educación, sanidad, escasez de lujos pero un nivel de vida superior a la media mundial, pleno empleo… y, sin embargo, a la primera oportunidad que tuvieron, dieron la espalda al partido que había sido el artífice de ese sistema. Sin entrar en la falta de libertades, en general se puede decir que la RDA disfrutaba de muchas de las reivindicaciones económicas que muchos personajes de la izquierda actual ahora demandan. Pero en ella también ocurría algo: casi todos los habitantes de la Alemania del Este, a pesar de todos los impedimentos técnicos que intentó el gobierno, podían seguir, en un idioma que entendían perfectamente, las retrasmisiones de los canales de TV y radio de la República Federal Alemana por lo que conocían de primera mano cómo era la vida de los “otros alemanes”.

Aquellas elecciones fueron como un plebiscito acerca del sistema económico y político votado por personas que conocían muy bien cómo se vivía en el bloque soviético, y que además eran conscientes de que, dentro de él, eran unos privilegiados. Y es un poco penoso que, décadas después, personas que no conocieron aquello, que en muchos casos ni siquiera eran adultos entonces, lo recuerden con nostalgia. Los sistemas colectivistas no funcionan, la gente que de verdad cambia el mundo no quiere que un burócrata le deje sin opciones de mejora, quiere un salario mejor que el de los demás si es más productivo que los otros, y prefiere montar un negocio en libre competencia y que los consumidores sean los que decidan su éxito o su fracaso.

En Alemania del Este la reunificación no fue fácil, costó mucho el cambio y la aparición del desempleo fue un shock económico para una sociedad que daba por hecho que el Estado aseguraba el trabajo, aunque la calidad de vida que hoy disfruta la mayoría de la población hubiera sido impensable antes del Muro. Aún queda una minoría de nostálgicos que idealizan aquella época pero quien la vivió en primera persona… la rechazó abrumadoramente apenas cuatro meses después de caído el Muro. Y lo mismo pasó en toda Europa del Este, incluida Rusia. Los partidos comunistas, en cuanto llegó la democracia y la gente pudo elegir, tuvieron todos resultados marginales. Por algo será.

Dejemos de jugar a futurólogos y centrémonos en lo prioritario

 Creo ser de los pocos que se ha leído la segunda y tercera parte de 2001: Una odisea del espacio. Su autor, Arthur C. Clarke, me encanta porque mezcla en casi todas sus obras ciencia real (él era un científico) y ciencia ficción, combinación que me seduce. Sin embargo, estas dos novelas no eran muy buenas, y si las cito es porque en la tercera, ambientada en 2061 y escrita en 1987, imaginaba una humanidad que había avanzado mucho (de hecho, se ha colonizado parte del Sistema Solar y una nave aterriza en el Cometa Halley) tecnológicamente hablando, pero consideraba que el acceso a grandes bases de datos iba a ser algo tan exclusivo que sólo algunos privilegiados tendrían acceso a ellas. Es decir, en 1987 a un escritor imaginativo, que de hecho predijo en sus novelas algunos avances que luego sucedieron como los satélites artificiales o incluso internet, no fue capaz de imaginarse algo tan común hoy como es Google. Es un ejemplo claro de lo imprevisible que es el futuro, incluso para alguien con grandes conocimientos y una gran imaginación. Tantas y tantas novelas leídas sobre el futuro desde mi juventud y no recuerdo ninguna que fuera capaz de prever la revolución de los móviles, y mucho menos la de las redes sociales, algo común en casi todo el mundo desde hace años. Demasiadas predicciones fallan.

 

Vamos con otro ejemplo: El Día de la Tierra –que se sigue celebrando- empezó el 22 de abril de 1970 como un evento en el que se pretendía advertir sobre el destino de nuestro planeta si no se tomaban las medidas adecuadas. Muchas de las predicciones que entonces se hicieron, la mayoría de científicos, alertaban de un negro fututo, decían que la civilización no duraría más de 30 años, la crisis ambiental impediría que el planeta fuera apropiado para la vida humana, en 15 años empezaría a escasear el alimento, la tasa de mortalidad se dispararía por el aumento del hambre, en 1985 la población urbana debería usar máscaras de gas por la polución, y ésta reducirá a la mitad la visibilidad de la luz solar; para el año 2000 no quedaría crudo, nacería una nueva Edad del Hielo por culpa de las chimeneas industriales y los aviones a reacción que cubrirán la atmósfera con su humo…en resumen, que nos extinguiríamos en poco tiempo. Y, sin embargo, somos más que nunca.

 

Probablemente tanto pesimismo fue contraproducente porque se han exagerado tanto las previsiones catastrofistas que al final mucha gente no las toma en serio. Y, sin embargo, es bueno especular sobre el futuro, por más que nos equivoquemos, hay que tener la vista puesta un poco más allá. Y claramente en 1970 se equivocaron, pero desde entonces la mayor preocupación por la ecología y el miedo al final de los combustibles fósiles han servido de mucho: se cerró el agujero de la capa de ozono que tanto preocupaba hace unas décadas, han aumentado las energías renovables, gran parte del mundo recicla… Y al final el mundo va a mejor, aumenta la población y la esperanza de vida. Soy consciente que igual que ocurre eso, también se puede truncar la racha, y por eso es positivo que alguien se preocupe por ello. Pero el inmenso error de promover una agenda climática en Europa tan contraproducente como para basar el suministro energético en el gas ruso, es imperdonable. En cualquier caso, lo importante no son los reproches sino tener claras las prioridades: ¿alguien se imagina a Zelensky, tras años peleando por la soberanía de su país, preocupado por si el uso de su armamento va a provocar con su emisión de gases un aumento de alguna décima en la temperatura del planeta en un futuro?

 

Y en el resto del mundo, a día de hoy el objetivo número uno tampoco es pensar en la evolución del clima a décadas vista, debe ser mejorar la economía de las personas. El motivo es evidente, es el mayor riesgo para nuestro actual modo de vida en el corto plazo, y podría hacer inútiles los esfuerzos por intentar mejorar el futuro. Sí, no exagero: un mundo con falta de recursos o con recursos inasequibles para un porcentaje importante de la población, provocará crisis sociales que pueden derivar en unas consecuencias muy graves. En España muchos se han creído que el no haber perdido el trabajo ni en la pandemia, les hace invulnerables a las crisis. Pero no es así, y además en un mundo globalizado, incluso si conseguimos lidiar con esta mala situación con ayuda de un estado del bienestar que sobrevive -desde hace demasiado- gracias a emitir más y más deuda, no podemos olvidar lo que puede pasar en el resto del planeta. Desde los problemas que puede haber en el resto de Europa (allí donde se consumen nuestros productos y donde residen muchos de los turistas que vienen a España) ea las hambrunas que pueden producirse en África (que incluso si por egoísmo no nos importaran, deberían hacerlo porque son potenciales olas de emigrantes desesperados). La situación a corto plazo es lo bastante dramática como para intentar minimizar al máximo la actual crisis energética.

 

Y la mejor forma de hacerlo es siendo pragmáticos, como están haciendo en Alemania con el carbón, la leña y las nucleares contra el discurso que llevaban pregonando desde hace años contra los combustibles fósiles. Hay que tener claras las prioridades y hacer lo que sea necesario para pasar el invierno. Yo no sé si el cambio climático –sea culpa del hombre o no- será tan negativo como dicen algunos ni si las actuales predicciones sobre la salud del planeta están equivocadas pero como buen escéptico, igual que pasan cosas buenas que nadie espera, también creo que pueden pasar cosas malas. Y visto el escaso desarrollo –para lo que se imaginaba hace medio siglo, otro fallo de las predicciones- de la carrera espacial, no parece que tangamos alternativa a corto plazo: o cuidamos nuestro planeta o tendremos muchos problemas en el futuro. Pero estamos hablando de España, no somos China o la India, el posible impacto negativo de los españoles es mínimo, dejemos esa preocupación en suspenso en nuestro país, e incluso en nuestro continente, que nosotros solos no vamos a cambiar la salud de un planeta de más de 4.500.000.000 de años.

Recordando 2007 sin una razón especial...

 El 8 de febrero de 2007, el banco HSBC advertía que sus provisiones de deuda incobrable serían un 20% más altas. El motivo aducido fue la crisis del mercado inmobiliario norteamericano (cuyos precios ya habían empezado a bajar en 2006): por primera vez en la prensa generalista se empezaba a hablar de hipotecas subprime y se empezaba a atisbar la crisis económica que se estaba fraguando. Es una efeméride que nos sirve de excusa para hacer un repaso de lo que ocurrió en aquellas fechas. Entonces no se vio como algo grave pero apunto un dato: el precio de la acción del HSBC cotizaba dos años después a un tercio del valor de ese día.

El 2 de abril de 2007 una empresa poco o nada conocida en España –New Century- pero que era el mayor prestamista de alto riesgo de los Estados Unidos, se declaró en bancarrota. Eso debió ser un gran toque de atención porque creyeron que se salvarían poniéndose en venta dada su gran cartera de clientes, pero nadie dentro del sector financiero les hizo oferta alguna; es decir, ya el resto de entidades financieras debían ser muy conscientes del problema. 

El 9 de agosto de 2007 la crisis cruza el charco y el mayor banco francés, BNP Paribas, congela la retirada de tres de sus fondos de inversión echándole la culpa a las hipotecas subprime. Ya es un clamor mundial, estos eran hechos muy claros que demostraban la existencia de problemas. Con todo y con eso, las bolsas siguieron subiendo, como ha pasado los últimos meses aunque la inflación sea alta, por ejemplo.

El 4 de septiembre de 2007 el Libor alcanza el nivel más alto desde diciembre de 1998 por el miedo a prestarse entre los bancos. 24 horas después el “Comptroller of the Currency for the United States Department of the Treasury” John C. Dugan afirmó: "El sistema bancario nacional sigue sano y salvo". Un inciso: a pesar de haber dicho aquella patochada (o quizás tal vez por decirla) no sólo no perdió prestigio este personaje, es que en noviembre de 2018 fue nombrado presidente de Citigroup.

La crisis era tan evidente que la Fed recortó en medio punto (en lugar de en un cuarto como creían los que pensaban en una bajada) el tipo de interés el 19 de septiembre de 2007 hasta el 4.75% rompiendo 13 meses de estabilidad. Esto llevó a que Wall Street marcara nuevos máximos históricos ese octubre (el Ibex lo hizo en noviembre, los famosos 16 mil nunca vueltos a vislumbrar) ignorando en sus cotizaciones todo el torrente de malas noticias que se estaban acumulando y demostrando dos cosas: una, que la fe en que la Fed lo controla todo estaba (y probablemente lo está) equivocada y dos, que la renta variable no es un buen indicador para la economía real (y ahora tampoco lo es) ya que los escenarios que descuenta pueden ser erróneos, tanto cuando se desploma como cuando sube sin parar.

El 24 de octubre de 2007 Merrill Lynch (que en menos de un año se vio obligada a dejarse comprar por el Bank of America para no acabar como Lehman Brothers) anunciaba las mayores pérdidas crediticias de su historia: casi ocho mil millones de dólares. Otro inciso más: Una semana después su director ejecutivo, Stan O´Neal, el segundo mejor pagado del sector, deja su cargo con una indemnización de 161,5 millones de dólares.

En diciembre, la Reserva Federal vuelve a bajar los tipos pero no consigue nada: la economía y los mercados financieros no dejan de empeorar durante 2008. La caída bursátil del sectorial financiero se aceleraba mientras los propios bancos, a pesar de sus servicios de estudios y de su conocimiento interno de los mercados, se mostraban incapaces de frenar su propio deterioro. Otro inciso: esta es la mejor prueba de que ni los bancos ni los analistas (ni nadie) conoce el futuro y por eso es erróneo asignarles sabidurías predictivas.

-16 de marzo de 2008, domingo: JP Morgan Chase compra Bear Stearns por dos dólares por acción. Un año antes, las acciones de Bear Stearns cotizaban en 170. Pero hay otro dato que llama la atención; la adquisición a dos dólares supuso un descuento del 93% de su precio de cierre del viernes anterior demostrando que los inversores no eran, ni un año después de continuas malas noticias, conscientes aún de lo mal que estaban las cosas. Quizás por eso todavía Lehman Brothers cotizaba por aquellas fechas a 40 dólares cuando 6 meses después su valor sería cero.

-7 de septiembre de 2008: nacionalizan a las agencias Fannie Mae y Freddie Mac, garantes de la mitad de las hipotecas de los Estados Unidos. El 14, de nuevo en domingo, Bank of America compra Merrill Lynch como ya dijimos y el lunes 15 bien temprano Lehman Brothers declara la mayor bancarrota de la historia del país. El pánico se extiende por todo el globo, ahora sí que todos se dan por enterados de la gravedad de la crisis. Han necesitado 19 meses desde que una gran entidad financiera empezara a dar avisos. Al día siguiente la Fed rescata a la aseguradora AIG intentando dejar claro que lo de dejar caer a Lehman era una excepción. Otros bancos como Wachovia o Washington Mutual son adquiridos a muy bajo precio por otros más grandes (Wells Fargo y JP Morgan) con apoyo de la Fed.

-3 de octubre de 2008: El Congreso aprueba el TARP, un rescate bancario de 700.000 millones –en realidad se amplió en unas semanas hasta más del triple de esa cantidad- que no convencería a los mercados (que siguieron bajando hasta el 9 de marzo de 2009) pero que, unido a las agresivas políticas de la Fed, supuso el comienzo del fin de la recesión.

-1 de diciembre de 2008. La NBER (la oficina de investigación económica norteamericana) establece (¡a buenas horas!) oficialmente que la economía del país está en recesión tras comprobar que se han sucedido dos trimestres consecutivos de decrecimiento. Último inciso: ¡burócratas!

Me dejo muchas fechas más en el tintero pero creo que ya es suficiente como para sacar muchas conclusiones, algo que dejo a los lectores. Por mi parte voy a apuntar una: a políticos, supervisores, agencias de rating, inversores etc... les fue demasiado sencillo ignorar las señales claras de problemas y actuar tarde. Muchos economistas e inversores son hoy demasiado jóvenes para haber vivido aquel periodo. A ellos les aconsejo que lo estudien con detenimiento porque son muchas las circunstancias se parecen a las de la actualidad.

La rentabilidad por dividendo NO existe

Soy consciente que incluso en webs financieras prestigiosas se habla de ese término mítico “rentabilidad por dividendo”. Esto demuestra, una...