Así es como se denomina a una serie de medidas que el -posteriormente defenestrado- presidente norteamericano tomó hace más de medio siglo, siendo la más importante la del 15 de agosto de 1971, cuando en un discurso televisado anunció que estaba "cerrando la ventana dorada". Eso implicaba finalizar la convertibilidad del dólar en oro (a una tasa fija de 35 dólares la onza), rompiendo el vínculo milenario entre el dinero y los metales preciosos. Para entender la importancia histórica de aquella decisión hay que viajar un poquito más atrás en el tiempo, también en verano, en plena Segunda Guerra Mundial.
Entre el 1 y el 22 de julio de 1944 se logran los
acuerdos de Bretton Woods (un
complejo hotelero en los EUA) que serían la base de la economía que llegó
después (incluida la decisión de fundar el FMI y el Banco Mundial). 44 países los firmaron –un año
antes del nacimiento de la ONU, lo que ejemplifica la importancia que le
dieron- y en ellos se establecía al $ como moneda de referencia de la economía
global. Rusia, que estuvo en la reunión, finalmente no firmó pero eso no lo
evitó: la mayoría del mundo debía dinero en $ a los EUA y eso no cambiaría en
décadas puesto que iba a financiar la reconstrucción de Europa. Se estableció
un cambio fijo de 35$ por cada onza de oro y de las principales divisas
mundiales respecto al $ y de este modo, cualquier banco central del mundo con
35$ podía exigirle a los EUA que les dieran su onza de oro. Lo cierto es que el
mundo entero se vio inundado por $ gracias a inversiones, créditos, guerras
como la de Vietnam que dispararon el gasto… Una situación muy parecida a la
actual en la que la pandemia ha elevado los niveles de deuda y la emisión de
dinero sin respaldo. De hecho, partes del discurso de Nixon suenan muy
actuales:” “Debemos crear más y mejores
empleos (…) debemos detener el aumento del costo de vida; debemos proteger
al dólar de los ataques de los especuladores monetarios internacionales”.
El francés De Gaulle criticó que los EUA tuvieran tanto
privilegio ya que lo cierto es que se calculaba que sólo el 20% de los $ en
circulación estaban respaldados por oro y su política monetaria, manejada sólo
por ellos, afectaba a todo el globo. De esta forma, una pérdida de confianza
súbita podría provocar un pánico bancario global. Pero la crisis no llegó por
eso. En 1971 los EUA tuvieron déficit
comercial por primera vez en el siglo XX por culpa de tener su
moneda tan cara. Los países europeos comenzaron a cambiar los dólares
sobrevalorados por marcos alemanes y por oro. Cuando Francia y Gran Bretaña
demandaron a los EUA la conversión de sus excedentes de dólares en oro, la
respuesta pilló por sorpresa al mundo económico: el presidente Richard Nixon impidió
las conversiones del dólar, devaluándolo en la práctica. Así consiguió que las
exportaciones estadounidenses fuesen más baratas y alivió el desequilibrio
comercial. Desde ese momento, el valor de las monedas pasó de un sistema de
cambios fijos a fluctuar a cada momento tal y como lo conocemos hoy. Es decir,
nació el mercado forex que nos hemos acostumbrado a manejar. Y de nuevo, y
aunque sobrevivió muchos años, un cambio fijo de valor entre dos monedas,
decidido arbitrariamente por políticos, fracasó.
Al ser el dólar aún la principal moneda de reserva del
mundo, los estímulos tanto fiscales como monetarios de su gobierno y su banco
central siguen teniendo una gran importancia y, como hace 5 décadas, saben que
nadie les va a impedir tomar las decisiones que mejor les parezcan a sus intereses,
aunque ese coste salpique al resto del mundo. Nixon pudo hacer lo que hizo
porque a nadie le interesaba cuestionar al dólar, ahora la situación es muy
parecida pero no exactamente igual. Como se pregunta el profesor de Historia de
la Universidad de Princeton Harold James:
“¿Pueden las ventajas únicas de Estados
Unidos perdurar en un momento en que su participación relativa en la economía
mundial se ha reducido, están surgiendo nuevos poderes económicos, el orden
internacional se ha vuelto frágil y la política interna de Estados Unidos
tiende hacia la desconexión global?” y se responde “El dólar originalmente ganó preeminencia en un contexto de fuerte
demanda global de un activo profundo, líquido y seguro, lo que implica que el
surgimiento de activos alternativos seguros podría terminar con la primacía del
dólar.”
El yuan, el euro, las criptomonedas… amenazan el liderazgo del $. Pero en mi opinión su reinado seguirá vigente porque el resto de monedas fiduciarias tienen los mismos defectos y peor implantación mientras que las criptos, en mi opinión, estarán limitadas tanto por las normativas gubernamentales como por la competencia de las divisas digitales impulsadas por los propios bancos centrales. No tengo dudas que la decisión de Nixon fue un robo mayúsculo de los EUA hacia el mundo, ya que redujo el valor de todas las reservas de todos los bancos centrales al devaluar el activo principal que las componía: el dólar. Sin embargo, el uso de la divisa y el prestigio económico de los EUA apenas se vieron afectados y no difiere mucho con lo que los programa de quantitative easing de los últimos años han provocado en las economías más ligadas al $ como la de los exportadores de crudo o China. De hecho, se calcula que 7 de cada 10 dólares está en manos de extranjeros. Nos encontramos con el recurso de la devaluación de la moneda sin perder prestigio ni solvencia, exactamente lo mismo que obtuvo Alemania de la crisis del euro pero también con un ejemplo claro de que se pueden romper las reglas del juego prácticamente de un día para otro y no por ello originarse conflictos bélicos ni enemistades… si el que lo hace es una gran potencia. La enorme influencia que esa decisión de 1971 tuvo en la crisis inflacionista de pocos años después aún hoy es objeto de debate académico y no es mi objetivo entrar en la polémica, sólo resaltar las similitudes con la situación actual de auge de la inflación tras años de política monetaria ultra-expansiva que jamás hubiera podido ocurrir con el patrón oro.
En cualquier caso, en un mundo con más deuda que oro,
volver a ese patrón resulta impensable y, si bien sería deseable una vuelta a
la ortodoxia monetaria, no hay un interés real del mundo económico y político
en ello, más bien lo contrario. Hay quien cree que una mayor inflación podría
cambiar esto pero soy muy escéptico. La economía es confianza, y no percibo a
nadie desconfiando de los activos denominados en $ por más que el balance de la
Fed haya crecido durante años con dinero salido de la nada. El billete verde sigue
reinando, Wall Street y los bonos del Tesoro norteamericano siguen siendo de
los activos más demandados del mundo y el camino iniciado por Nixon parece
tener un solo sentido. Aunque también es cierto que nada dura para siempre…
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