El péndulo

En los últimos ciento y pico años las teorías y la aplicación práctica de la economía se ha movido entre dos extremos a los que el péndulo, dependiendo de las épocas, se ha acercado o se ha alejado: la idea de más o menos estado contra la idea de mayor o menor planificación estatal, de libre mercado o de mercado regulado. Su historia es tan larga que da para varios libros pero para intentar que sea lo más ameno posible, y dado que es muy interesante y está muy relacionado con la actualidad, lo voy a intentar resumir en varios artículos.

Keynes (nacido en 1883) ya era un economista famoso al final de la I Guerra Mundial, por eso fue destinado como asesor del gobierno británico a las conversaciones para el Tratado de Versalles que acabarían, sobre el papel, el conflicto. Él se opuso a las altas compensaciones que se exigieron a Alemania y lo escribió en un libro al que el tiempo le dio la razón pero no le hicieron caso. Como sus teorías económicas, que entonces no eran muy aplicadas en Occidente y que habían sido más que superadas en la reciente URSS. Keynes creía en la intervención del estado en la economía pero no estaba contra el mercado, de hecho hizo una fortuna en la bolsa, la perdió y volvió a recuperarla a lo largo de su vida.
Hayek, más joven, vivió la postguerra de la I Guerra en una Viena agobiada por el hambre y las necesidades, recién caído el Imperio austrohúngaro. Durante la guerra había decidido estudiar economía y se sintió seducido por el socialismo que parecía prometer una sociedad más justa ya que a él también le preocupaban los pobres. Pero conoció a Mises, el economista de la escuela austríaca más prominente y le convenció de que los mercados funcionan y los gobiernos, no. La inflación galopante –que se convirtió en hiperinflación en 1923- le daba la razón: la impresión de dinero por parte del estado sin respaldo lo único que provocaba era más miseria. Hayek, empleado en el Centro de investigación Estadística, tuvo 200 aumentos de sueldo en 8 meses y aún así no consiguió mantener su poder adquisitivo. El dinero en papel era más barato que el papel pintado y un billete de un millón de marcos se usaba como mecha para encender los fuegos debido a su escaso valor. Una jarra de cerveza en un bar podía costar en 1923 mil millones de marcos. No es de extrañar que la lucha contra la inflación se convirtiera en la mayor obsesión de Hayek a lo largo de su vida. La ruina de la clase media por todo esto radicalizó su posición y, a su vez, fue el germen ideal para la llegada al poder de Hitler unos años después.

La caída de la primera gran globalización (basada en el imperialismo colonialista) acabó con la I Guerra Mundial y dio pasó en Rusia a un nuevo estado, la URSS, que propugnaba no sólo que el estado debía intervenir en la economía, es que incluso la propiedad privada, algo básico desde tiempos remotos en nuestra civilización, debía ser perseguida. Contrariamente a lo que defendía Von Mises, el estado controlaba salarios y precios y a los pocos años de implantado el nuevo sistema, el fracaso parecía ser evidente: la situación era mucho peor que antes de la Revolución si bien Lenin lo achacaba a la larga guerra civil que estaba viviendo el país. Lo cierto es que en 1922 cambia el rumbo y vuelve a autorizar que los campesinos comercien y autoriza la creación de pequeñas empresas lo que tuvo un impacto positivo inmediato. Unos meses después, muere y es sustituido por Stalin que no da ningún paso más que reduzca el casi completo control de la economía por el estado. Los resultados de sus planes quinquenales fueron discretos pero cuando llegó la crisis capitalista de 1929, muchos se convencieron que el suyo era el sistema correcto.

Mientras Europa lo pasaba mal en los primeros años 20, en los EUA –convertidos en la primera potencia mundial- se vivía en una situación de euforia y libre mercado que llevó a una burbuja en el mercado de valores que estalló en octubre de 1929. Muy pocos norteamericanos tenían acciones pero las consecuentes quiebras empresariales y la caída de los bancos (se calcula que en pocos años cerró la mitad de todos los existentes), desplomaron la actividad económica. Para colmo, la crisis se extendió por Europa. El aparente fracaso del capitalismo dio alas no sólo a los comunistas, también a los fascistas, ambos empeñados en que la planificación estatal era la solución económica. Contra ese extremo, Keynes intentaba salvar al capitalismo de otra manera, asumiendo un mayor papel del estado pero sin renunciar a la existencia del mercado.

En 1933 llega al poder en los EUA Roosevelt y como reactivo para la economía toma medidas típicamente keynesianas: aumenta la inversión pública por todo el país, construye embalses, carreteras, parques nacionales… y normas y agencias reguladoras estatales para “controlar” el mercado destacando la Comisión interestatal de Comercio. Estaba salvando al capitalismo poniéndole frenos desde el estado, el “new deal” suponía una tercera vía entre la libertad del mercado y la planificación estatal pero en muchos puntos se acercaba mucho a ésta. Por ejemplo, no se fijaban todos los precios pero sí los de algunos sectores, por ejemplo el de los billetes de avión, incluso interviniendo qué rutas debían o no hacer. Aún hoy hay quien defiende que el “new deal” se ha mitificado, que por ejemplo en el vecino Canadá no se aplicó y se recuperó de la crisis en el mismo tiempo y con la misma intensidad… El caso es que en aquella época el péndulo en el mundo estaba del lado del “más estado”.

El próximo miércoles seguimos.

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