Los casi ocho años de presidencia del hoy imputado fueron nefastos si tenemos en cuenta las cifras económicas. Por ejemplo, la EPA cuando él llegó marcaba una tasa de paro del 11,5% y cuando se fue era del 21,52%. Sin embargo, muchos han disculpado este legado tan negativo debido a la crisis global de 2008. Efectivamente, la llamada Gran Recesión fue prácticamente universal y no se le puede achacar a un dirigente de un país concreto, y menos de uno con tan poco peso planetario. Eso no quiere decir que no cometiera gravísimos errores (y me centro sólo en economía) que lo hacen merecedor de una severa crítica, más allá de temas ideológicos o éticos.
Cuando el PSOE ganó las elecciones de 2004,
inesperadamente y gracias a la mala reacción del gobierno en funciones de Aznar
ante los atentados de Atocha, se encontró un país con una tendencia muy
positiva: PIB creciendo a buen ritmo, creación de empleo, muchos síntomas de
convergencia con Europa… Pero claro, el principal motivo de toda esa bonanza
tenía nombre y apellidos: burbuja inmobiliaria. Algo que -obviamente- no podía
seguir siendo el motor económico de España, incluso si no se fuera capaz de ver
los riesgos que se estaban acumulando. Ni el presidente ni su equipo económico
hicieron nada: los precios de las viviendas siguieron escalando, el
endeudamiento de los hogares (que se podía haber frenado por ejemplo limitando
la duración de las hipotecas) adquiriendo bienes sobrevalorados, continuó. Y
nada se hizo para frenar la orgía de crédito en la que entraron las entidades
financieras, especialmente las de responsabilidad pública. Y es que las cajas
de ahorros, con numerosos intereses políticos alentados por la Administración,
eran capaces de prestar dinero a promotores, inmobiliarias y compradores…
cuando todos respondían por un mismo activo que, además, tenía un precio
irracional si se comparaba con la media salarial española.
Todo eso fue responsabilidad de J.L.R. Zapatero, como
lo fue negar la evidente crisis que llegaba para así salir reelegido en 2008.
Ahí, para el que no lo supiera, quedó evidente la ignorancia del electorado
sobre la economía, ya que muchos se creyeron las mentiras que se dijeron en la
campaña electoral de marzo de aquel año, cuando la gravedad de la situación era
evidente a escala global. El día que murió Pedro Solbes en 2023 se publicaron
muchos artículos (yo también escribí uno
) que, como suele pasar cuando alguien fallece, destacaban sus logros. Los tuvo
pero eso no puede hacernos olvidar que fue vicepresidente y ministro de
economía y hacienda desde 2004 y no sólo no hizo nada para evitar lo que acabó
ocurriendo, además en esa campaña electoral defendió la gran mentira de que no
estábamos en crisis. Nos mintió a todos para que su jefe saliera reelegido. Y
por desgracia lo fue, y si en su primera legislatura Zapatero no hizo nada para
evitar el desastre, en la segunda lo aceleró.
Según empeoraba la situación, Zapatero, en lugar de
recortar para reducir el enorme déficit presupuestario, subió los impuestos e impulsó
más medidas de gasto público (¡quién no recuerda el Plan E! en el que
municipios que se quedaban sin ingresos al caer la actividad económica se
gastaban fondos estatales en reformar fuentes, por ejemplo) hasta el punto que se
volvió contra el ministro Solbes que tan leal le había sido; lo destituyó en
abril de 2009 porque éste defendía una política fiscal restrictiva. La patada
para adelante del presidente apenas duró trece meses: en mayo de 2010, agobiado
por Bruselas (que temía tener que rescatar a España como hizo con Grecia ese
mes por vez primera), anunció las medidas más duras adoptadas por un Gobierno
español desde la transición, que incluían rebajas salariales para funcionarios
y congelación de la paga a los pensionistas, además de fuertes recortes de
gasto.
¿Y qué decir de su reacción ante la crisis financiera
nacional, que negó una y otra vez (“estamos en la champions league”
decía)? No se le ocurrió otra cosa que crear el FROB, que básicamente se dedicó
a darle dinero a las cajas de ahorros sin ningún tipo de condicionante. Ya
sabemos cómo acabó aquello: como las cajas no pudieron devolverlo, probaron
fusionándolas (como si sumar entidades quebradas mejorara algo) y al final el
estado las tuvo que nacionalizar y al hacerlo, se vieron comprometidos miles de
millones de dinero público que tuvieron que gastarse en que no quebraran. Para
colmo, cuando empeoró la crisis griega y con ella la de la Eurozona entera, el
ejecutivo de Rajoy se vio obligado a malvender las cajas (con la prima de
riesgo disparada), y el dinero se perdió para siempre… Y encima hay quien lleva
años echando la culpa al gallego (que yo también creo que lo pudo hacer mejor
pero que realmente tenía pocas opciones) del monstruo que dejó el
vallisoletano.
Resumiendo (porque esto daría para una tesis), y siendo
claros: Zapatero dejó España hecha unos zorros. Primero viviendo de las rentas
que le dejó Aznar sin cambiar lo malo que éste dejó y minusvalorando los
riesgos que venían; y después reaccionando equivocadamente a la crisis en
prácticamente todos los frentes. Se fue de la Moncloa dejando 5 millones de
parados, un déficit presupuestario de casi el 10% del PIB y una deuda pública
que casi doblaba la que se encontró cuando empezó a gobernar. Si encima del
pufo que dejó en el erario por sus malas decisiones, se ha dedicado -si se
confirma, que yo defiendo siempre la presunción de inocencia- a cobrar
comisiones por influir en el destino de fondos públicos, su comportamiento está
en línea con el mal desempeño que tuvo como presidente hacia la economía de los
españoles.
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