Para mi es una desgracia pensar tanto, plantearme soluciones, analizar actitudes y por supuesto pretender cambiarlas. Siempre he envidiado a los que son felices simplemente aceptando el mundo tal cual es y con preocupaciones cotidianas como un resultado de fútbol, la vida de unas personas que tienen tan poco que hacer en la vida que se pueden encerrar semanas en una casa sin libros o el saber de la “famosa” de turno. Me parece que tienen una inteligencia muy superior a la mía porque si la inteligencia estriba en ser feliz con lo que uno posee ellos lo tienen mucho más fácil que yo. Ojalá yo fuera conformista pero cada uno es como es y tampoco es plan de no aceptarse uno mismo.
Cuando yo era más joven mi principal preocupación en la vida era el sexo con mujeres y por ese objetivo era capaz de casi cualquier cosa, un buen (o mal) día decidí que era más importante para mi estar contento conmigo mismo y que debía luchar, por encima de cualquier otra cosa, por eso. Empecé pues a valorar aspectos como la coherencia o la sinceridad y también a empezar a buscar esos valores en otras personas; fue un proceso y aprendí mucho, por ejemplo a saber que la bondad de alguien es una virtud mucho más importante que otras características mucho más aceptadas socialmente como el atractivo, la cultura o incluso la simpatía. Por supuesto, se resintió mi vida sexual pero creo me mereció la pena el cambio.
Aprendí también que el mundo no tiene solución o más exactamente que si la tiene no está en mi mano, pero que podría ser posible crear un micromundo con mis personas más allegadas en el que los valores que primaran fueran distintos a los de la sociedad actual. Aprendí que podría ser posible, pero me temo que aún no lo conseguí… es muy difícil y poco probable.
En esta sociedad ser sincero es un defecto, tanto en el trabajo como en las relaciones personales, la bondad de las personas es tomada como imbecilidad en la mayoría de los casos, las apariencias suelen ser suficiente motivo de juicio para juzgar a otros sin entrar en los contenidos internos de las personalidades, estamos tan mediatizados que la mayoría desconfía de todo el que no se ajuste a las normas establecidas, los que nos gobiernan –a todos los niveles- suelen ser todos incoherentes y además es indiscutible pues existe memoria de sus actitudes y discursos…y sin embargo tienen un apoyo mayoritario.
¿Sólo queda conformarse?
Somos lo que somos, tú, yo, los demás; y pienso que es mejor aceptarlo, que conformarse, es un matiz pequeño, pero al no acarrear ese sutil lastre de resignación resulta más grato y útil. Un abrazo
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