El tamaño del Sistema Solar

El fantasma de la crisis inevitable

En esta imagen se puede apreciar cuánto se ha contraído el crecimiento del PIB en los EUA en las recesiones del último siglo
Y podemos sacar varias conclusiones: una muy evidente es que la gravedad de las crisis se ha suavizado mucho desde la II Guerra Mundial, otra es que se ve muy claro que la última fue especialmente dura en comparación a las anteriores pero históricamente está lejos de las peores… pero lo que a mí más me ha llamado la atención es la que se refiere al tiempo entre recesiones: lo normal es que haya al menos dos contracciones del PIB en cada década por lo que nos acercamos al mayor periodo de expansión económica en los EUA. Si la economía norteamericana sigue creciendo en 2020 batirá el récord. Además, lleva 8 trimestres consecutivos creciendo más del 2%, algo que no pasaba desde 2005, en plena burbuja inmobiliaria.
La pregunta es si tanto retraso en que aparezca una nueva crisis, que por desgracia todos vemos como inevitable, hará que ésta –cuando llegue- sea especialmente grave. Afortunadamente nada hay en la estadística que nos indique eso. Lo que sí hay es una razonable preocupación acerca de cómo combatir una recesión cuando a pesar del largo periodo de expansión, se siguen aplicando medidas típicas de seguir en crisis como los tipos de interés muy bajos, la inyección de liquidez de los bancos centrales o unos niveles de deuda muy altos y crecientes a pesar de la mayor actividad económica que, teóricamente, debería provocar un menor gasto en necesidades sociales y un incremento de las recaudaciones fiscales.
Si eso lo trasladamos a la Eurozona donde las medidas anti-crisis están mucho más vigentes (tipos en negativo, compras de deuda de BCE, inyecciones de liquidez crecientes a la banca etc.) a pesar de que la mayoría de países llevan creciendo desde 2013 e incluso algunos desde años antes, la inquietud es mucho mayor. Si lo hacemos a España donde llevamos casi 6 años creciendo pero seguimos lejos de una tasa de paro de un solo dígito y con la Seguridad Social en quiebra técnica, entonces llega la preocupación. En nuestro país desde 1995 hemos asistido a seis ciclos económicos con sus aceleraciones y desaceleraciones. De ellos, sólo dos acabaron en recesión como se puede ver aquí:
Pero esquivar la recesión no significa que la desaceleración no sea mala. Y si encima nos pilla con máximos de deuda pública y una expectativa razonable de que estamos en el mínimo del tipo de interés, que ya hemos visto el mínimo del precio del petróleo y que hemos visto el máximo en el número de turistas extranjeros… y encima con el español medio, pillado en su nivel mínimo histórico de ahorro
resulta que lo mismo estamos demasiados preocupados por la crisis venidera cuando deberíamos centrarnos (y en el plural incluyo sobre todo al gobierno) en cómo sobrevivir a la presente desaceleración. No hace falta que el PIB sea negativo para que tengamos problemas.

Una breve explicación de cómo se realiza la EPA

La EPA se elabora a partir de 65 mil entrevistas durante 3 meses que escudriñan las vidas laborales de unas 160 mil personas. Es el mayor sondeo de todos los que se realizan en España pero no deja de ser una encuesta (de hecho, está en su nombre: Encuesta de Población Activa). Se seleccionan hogares representativos y se les manda una carta (la participación es obligatoria), seguidamente se realiza una entrevista presencial (a ello se dedican 140 empleados del INE) y el resto suelen ser telefónicas (a ello se dedican otras 100 personas). Ese domicilio elegido es entrevistado durante año y medio por el INE. Por supuesto, no se puede saber si el entrevistado es sincero, si miente o dice la verdad cuando por ejemplo afirma si su puesto de trabajo es indefinido o temporal puesto que no se corrobora. Además, algunas de las preguntas son muy subjetivas, por ejemplo yo conozco alguno que cuando le preguntan si ha intentado encontrar algún empleo dice que sí cuando no se ha movido para nada y quizás otro que se está preparando unas oposiciones contesta que no cuando de hecho, sí está intentando tener uno. El caso es que todos los datos son analizados por los técnicos del INE y lleva pasando así desde 1964 si bien ha habido muchos cambios metodológicos por lo que es complicado elaborar una serie tan larga. En cuanto a por qué son diferentes a los datos del Servicio Público de Empleo (en el último dato por ejemplo hay una divergencia de 100 mil parados), tiene una fácil explicación porque hay parados que no se apuntan al antiguo INEM… pero la tendencia de ambos es la misma.

La política y las matemáticas

El mayor problema del nuevo gobierno será económico: por un lado hay un proceso de desaceleración que, si bien en España es bastante menos intenso que en nuestros vecinos, no es una buena noticia, y por otro hay un problema en las cuentas públicas realmente notable. El déficit se va a disparar hasta el punto de que si queremos cumplir con Europa el gobierno tendrá que tomar medidas de ajuste duro los próximos meses mientras sigue coleando el quizás mayor obstáculo para cuadrar las cuentas: la quiebra técnica de la Seguridad Social básicamente por el gasto en pensiones.

Se ajuste por el lado del gasto o por el lado de los ingresos (o por ambos que sería lo más lógico), algo se tendrá que hacer. Si el gasto en pensiones públicas del año 2002 fue de 64.958 millones de €, el año pasado fue de 144.834. Este es un tema que debería ser de consenso y el primer Pacto de Toledo fue un buen paso en este sentido pero en la actualidad es un arma arrojadiza entre diferentes partidos que, de forma irresponsable, prefieren criticar a los demás que ponerse de acuerdo entre ellos en algo que nos afecta a todos. 

Y un apunte: Suiza y Suecia han adoptado el freno de endeudamiento y en tiempos de crecimiento no pueden incurrir en déficit estructural. No lo han hecho para agradar a la Zona Euro en la que no están, sino porque es bueno para la soberanía y la libertad de su país. Es evidente que muchos miembros de la Eurozona no harían lo mismo sin la presión de la Comisión Europea y es triste pero… bienvenida sea esa presión porque vivir de las deudas es, claramente, esclavizarse a los vaivenes de los mercados.

El gran déficit de las pensiones todos sabemos de qué viene: cada vez vivimos más tiempo y el número de jubilados lleva desde que empezó la crisis creciendo más de lo que lo hace el número de empleados. Como de nada sirve lo que uno haya cotizado sino que cobra de los trabajadores que haya en activo, es muy importante que de éstos haya muchos. Sin embargo, incluso con más de 19 millones de afiliados como hay actualmente, las cuentas no salen porque cada año el gasto en pensiones crece en más de 7 mil millones. Además, si bien es cierto que la economía española sigue creando empleo, el ritmo es cada vez menor. Si en el primer trimestre de 2017 los afiliados crecieron en 60.900 y en 2018 en 41.800, este año han sido “sólo” 19.411. Sea por culpa del brusco aumento del SMI o del contagio internacional, los ingresos generados por los nuevos trabajadores este año, aunque ayuden, no van a servir para cubrir los gatos de los pensionistas. Y todos lo sabemos pero nadie hace nada. Sólo este año el déficit por este motivo se espera que sea de 20 mil millones y ya no queda “hucha”.


El año pasado supusieron el 44,16% de todo el gasto público y el aumento del número más las medidas de los dos últimos años tanto de Sánchez como de Rajoy de volver a vincular las pensiones al IPC, van a aumentar aún más ese porcentaje. Al final, como pasa siempre, lo que se destine a unos se quitará a otros, sea en forma de menor gasto en otros colectivos o de mayor presión fiscal sobre casi todos. Es un tema que sólo puede empeorar, en el que habrá cada vez más padres e hijos pensionistas coincidentes durante años (algo impensable hace muy poco tiempo) quizás sin descendientes que coticen y las previsiones dicen que para la segunda mitad de siglo cada trabajador deberá pagarle el sueldo a un pensionista. Para colmo más del 15% de esos trabajadores estarán a sueldo del estado (la EPA de esta semana dice que ya hay 3.213.600 empleados públicos) también. Esto es absolutamente demencial y claramente insostenible, sobre todo porque de aquí hasta entonces tendremos al menos una crisis (por estadística seguramente alguna más) en la que bajará el número de trabajadores y se reducirán los ingresos del estado por una menor actividad económica pero en la que los españoles seguiremos jubilándonos y reclamando nuestra pensión pública.

España tiene muchos problemas, muchos de ellos no necesariamente económicos pero el de las pensiones públicas, como el del déficit y la deuda, es un asunto apolítico porque trata de matemáticas. Es tan fácil como que los gastos y los ingresos deben cuadrar. Gobierne quien gobierne, no tomar medidas para que eso pase es suicida, quizás no para las expectativas de voto de los partidos pero sí para el bolsillo de los españoles.

Montoro fue protagonista en las elecciones locales

Cristóbal Montoro (cuyos presupuestos aún siguen vigentes, con mínimos retoques, en nuestro país) ha sido una figura muy polémica al que han criticado mucho no sólo oponentes políticos, también miembros de su propio partido. Además, como en las primarias que eligieron a Casado, él apoyó a la derrotada Soraya, poco futuro le queda en el “nuevo” PP. Sin embargo, lo cierto es que asumió la cartera de Hacienda en dos momentos claves muy graves de nuestra historia reciente (cuando parecía que no podríamos entrar en el € y cuando parecía que nos iban a intervenir como a Grecia) y consiguió cambiar la tendencia negativa y transformarla en positiva, consiguiendo reducir el déficit público con un pragmatismo tal que entre sus medidas ha habido tanto subidas como bajadas de impuestos y una amnistía fiscal que, más allá del tema ético y económico, acabó promoviendo muchos pleitos judiciales por corrupción.


El caso es que, como digo, casi nadie habla bien de Montoro, ni los “suyos” pero su “Ley de Estabilidad” y su “Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local” (conocida popularmente como “Ley Montoro”) de 2013 han sido claves en el saneamiento de muchos municipios y muchos alcaldes –de todos los partidos- que, optando a la re-elección, han presumido de haber reducido deuda gracias a su gestión, le deben a él gran parte de ese mérito. Empecemos por la segunda no analizando toda la ley sino sólo los artículos que reducen el gasto municipal:



Literalmente “las Entidades Locales sólo podrán ejercer competencias distintas de las propias y de las atribuidas por delegación cuando no se ponga en riesgo la sostenibilidad financiera del conjunto de la Hacienda municipal, de acuerdo con los requerimientos de la legislación de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera y no se incurra en un supuesto de ejecución simultánea del mismo servicio público con otra Administración Pública”


Esto significa que la decisión del ente local no es ni suficiente ni habilitante, sino que está condicionada a la existencia de control previo por parte de otros niveles de Gobierno. Así, para aumentar el gasto se requieren dos informes de conformidad (necesarios, previos y vinculantes): tanto el de la Administración competente por razón de materia, en el que se señale la inexistencia de duplicidades como el de la Administración que tenga atribuida la tutela financiera sobre la sostenibilidad financiera de las nuevas competencias. En resumen, que se hace muy difícil gastar y que si se quiere hacerlo, debe haber informes favorables de otras administraciones. Esta complicación legal redujo en gran medida el gasto innecesario.


También se eliminaron las competencias en materia de salud y la defensa de usuarios y consumidores que pasan a ser en exclusiva de las comunidades autónomas reduciendo con ello otro gasto más. Y sobre todo se defiende la autonomía financiera municipal, incluso en detrimento de la autonómica si las Comunidades Autónomas delegan competencias o suscriben convenios de colaboración con las Entidades Locales que impliquen obligaciones financieras o compromisos de pago a cargo de las Comunidades Autónomas, será necesario que éstas incluyan una cláusula de garantía del cumplimiento de estos compromisos”.


Por otra parte, limita el gasto en empleados: la prestación de servicios en los Ayuntamientos en régimen de dedicación exclusiva por parte de sus miembros de corporación, tanto en el caso de Ayuntamientos, como Diputaciones, Cabildos y Confesos Insulares deberá ajustarse obligatoriamente a unos máximos en función de la población del municipio, isla o municipio con más población de la provincia.” Y lo mismo hace con los eventuales. Además, se refuerza la transparencia al obligar a “publicar semestralmente en su sede electrónica y en el Boletín Oficial de la Provincia, el número de los puestos de trabajo reservados a personal eventual, y a informar al Pleno con carácter trimestral.” Señala asimismo una serie exhaustiva de criterios que han de tenerse en cuenta para calcular el período medio de pago a proveedores (de hecho desde entonces el plazo de pagos no ha dejado de reducirse).



Pero sin duda, lo que más ha ayudado a la reducción de deuda municipal (que ha sido unánime los últimos años en todos los municipios, sea cual sea la ideología de su equipo de gobierno), es la Ley de Estabilidad aprobada en 2012. Quizás el mejor ejemplo es el de la ciudad más endeudada del país, Madrid, que ha rebajado deuda en un porcentaje similar con un gobierno del PP y otro afín a Podemos:




La clave es que los municipios se tienen que ajustar a la Regla de Gasto que impone el Ministerio de Hacienda, un sistema que impide que el gasto público aumente por encima del crecimiento del PIB a medio plazo y por tanto todo lo que lo supere debe destinarse a reducir deuda. De esta forma, muchos candidatos que prometían aumentar el gasto hace 4 años (incluso del propio PP) ahora están presumiendo de haber reducido deuda pero la realidad es que no tenían más remedio. Casi toda la reactivación económica y la subida de ingresos de los últimos años en los ayuntamientos ha acabado liquidando deudas y ya hay algunos municipios que, esta vez sí, podrán los próximos 4 años gastar con mucha más alegría gracias a que sus deudas se han liquidado o al menos se han reducido al mínimo… en gran parte gracias al “odiado” Montoro.


Y yo me pregunto, si esto ha funcionado tan bien con los municipios, ¿por qué no se ha aplicado, aplica o aplicará en un futuro cercano una regla similar a todas las administraciones públicas, incluidas empresas tipo Renfe o RTVE? Y es que una vez más la figura de Montoro vuelve a ser polémica porque bajo su mandato con Rajoy (de comienzos de 2012 hasta mediados de 2018) consiguió reducir la deuda municipal y reducir el déficit presupuestario de todas las administraciones pero con él la deuda pública se disparó y todo lo que consiguió fue que dejara de crecer –respecto al PIB- en sus últimos años después de haberla llevado a máximos.





El poder de la estadística

Este año, y aunque finalmente acabó plano el día post-electoral, lo cierto es que vendiendo al cierre del viernes anterior y recomprando durante la sesión del lunes, algo de dinero se hubiera obtenido. Y es que la pauta es muy clara:



Y es que aunque muchos duden de la eficacia de la estadística como instrumento para decidir inversiones lo cierto es que es muy útil y en muchas ocasiones resulta más adecuada que el análisis fundamental. Todos, yo el primero, tenemos la tentación de intentar racionalizar los movimientos de los mercados y encontrarles una lógica pero si leemos lo que la mayoría de analistas decían hace 5 meses sobre cómo la bolsa y el crudo iban a seguir bajando de precio debido a la desaceleración económica, la guerra comercial de Trump y el lío del Bréxit… y hoy vemos que todos esos problemas siguen ahí y sin embargo los mercados han tenido uno de los mejores primeros tercios del año de los últimos tiempos, ¿De qué sirve entonces encontrar motivos si incluso cuando esos motivos son reales el precio de los activos reacciona de forma diferente a lo que muchos consideran que sería lo lógico?

La estadística nos ayuda a aumentar las posibilidades cuando elegimos un activo en el que depositar nuestros ahorros y si a nuestro nivel nos podemos fijar en pautas sencillas como que el primer tercio del año suele ser el mejor (incluye los dos mejores meses: enero y abril, parece ser que por la entrada de flujos, uno por el comienzo del año, otro por ser la época de las devoluciones fiscales en los EUA) o que el primer día de mes suele ser alcista, los algoritmos con los que trabajan los programas de alta frecuencia -cada vez más numerosos- son aún más ambiciosos calculando en décimas de segundo muchas más variables estadísticas. Por ejemplo, un programa de alta frecuencia tiene en cuenta que cuando una compañía de capitalización X sube durante un tiempo determinado por encima de la media de cotización de otro plazo concreto, suele tener una desviación hacia un lado o hacia otro de su precio lo bastante llamativa como para apostar a ello… y aunque esto suene a muy enrevesado, resulta que funciona y no es más que un cálculo que suma muchas variables –incluso de análisis técnico- pero que al fin y al cabo están basadas en estadísticas.

Que algo suceda durante un largo periodo de tiempo 7 u 8 veces de cada 10 permite que las probabilidades de acertar (que siempre son algo menos del 50% porque hay que sumar las comisiones) aumenten a la hora de invertir, y creo que puede ser algo más fiable que leer lo que publican los analistas en la prensa salmón aunque tampoco son excluyentes sino que se pueden sumar en la opinión del inversor para tomar una decisión. Lo que nunca se debe hacer es despreciar la estadística por parecer sencilla ya que sería como minusvalorar los sondeos electorales (que sin ser perfectos, nos suelen aproximar bastante bien al resultado final) que hacen algo tan aparentemente acientífico como extrapolar un resultado de casi 37 millones de votantes con apenas 2 mil entrevistas. Pero es que además la estadística usada para elaborar probabilidades es la base de uno de los pilares del sistema financiero internacional: las compañías de seguros. Efectivamente, un seguro de enterramiento sólo puede ser rentable si funcionan sus previsiones de muertes basadas en estadísticas gracias a la cual saben que habrá más clientes que vivan más tiempo (y por tanto aporten más dinero) que los que mueran antes de pagar los gastos de su deceso. Lo mismo ocurre con los seguros de hogar, vida etc. y es algo vital para la supervivencia de las grandes aseguradoras que ven peligrar su solvencia cuando hay un número tan inusualmente alto de tragedias… que desafíe las estadísticas.

Precisamente la estadística me lleva a recomendar casi siempre vender a finales de mayo (cuando el año está resultando ser bastante positivo), no sólo por rentabilidad, también por tranquilidad ya que los veranos suelen ser más volátiles, y aprovechar para recomprar a finales de septiembre (que es el peor mes de media) y aunque el último año esto último no resultó porque fue un último trimestre inusualmente bajista, lo cierto es que es muy raro que esa anomalía se repita dos años seguidos. De momento todo se está desarrollando en 2019 conforme a la media estadística y las fuertes subidas de estos primeros meses auguran que llegará un recorte antes de seguir subiendo por lo que tiene sentido reducir posiciones antes del verano y retomarlas al comienzo del otoño, y a eso hay que sumar que lo que más ha aportado fuerza alcista este año han sido las decisiones de la FED y de BCE (de no subir tipos y seguir aportando liquidez) y no hay nada más en el horizonte que parezca positivo (la desaceleración se ha confirmado, hay crisis en varios países emergentes, la subida del crudo lastrará el crecimiento, las guerras comerciales continúan, el Bréxit sigue siendo un lío etc.). 


En cualquier caso, una cosa es utilizar herramientas para intentar ganar dinero en los mercados y otra no tener la humildad de reconocer que nadie conoce el futuro.

La popularidad de los bancos centrales

Pocas voces quedan que no reconozcan el decisivo papel que han jugado los bancos centrales en la salida de la última crisis. Los efectos de sus políticas heterodoxas están por ver ya que al convertir en habituales medidas excepcionales han creado un precedente único que nadie sabe en qué derivará pero de momento el balance se ve tan positivo que por ejemplo la figura de Draghi, un banquero al fin y al cabo, es más popular que la de muchos políticos electos. Tiene cierto sentido que sea un personaje popular si como parece las medidas de BCE han evitado mayores recortes y han salvado a determinados países –como España e Italia- de la suspensión de pagos con medidas que nadie aparenta notar, al menos en el corto plazo, que afecten a su bolsillo.

Aunque BCE sea el banco de todos los europeos sus movimientos de balance, como los del BOJ o la FED, son aparentemente inocuos pata el gran público. Nada que ver con, por ejemplo, el saneamiento de las cajas de ahorro que nos han hurtado a los contribuyentes unos 40 mil millones de €. Lo de los bancos centrales nos parece ajeno. Si además abarata las enormes deudas de nuestras administraciones reduciendo el pago de intereses, si además inyecta liquidez al sector financiero para que nos pueda caer algún crédito, si además mantiene bajo el Euribor en un país con mayoría de hipotecados a tipo variable… difícil no ver al BCE como un héroe y sentir cierta inquietud por la marcha de Draghi este otoño.


Por un lado hay que resaltar que si bien los tipos bajos ayudan a los que tienen deudas a pagarlas, también fastidian, y mucho, a los que tienen ahorros que no son pocos. Hay unos 800 mil millones de € en depósitos y cuentas a la vista en España a lo que sumar los que tienen productos asociados a la renta fija. Prácticamente todos están perdiendo poder adquisitivo porque reciben menos intereses por su dinero que lo que sube el IPC. A eso hay que sumar que esta política de tipos reales negativos ha empujado a muchos a inversiones más arriesgadas (abaratamiento de los considerados bonos basura, posible burbuja en algunos mercados de valores…) y está ayudando a encarecer el precio de la vivienda en España con el coste social que eso supone. A nivel estados, si bien es un lujo para ellos el pagar tan pocos intereses (y hasta cobrar por emitir deuda), el que BCE no haya conseguido aumentar la inflación a pesar de tanta medida extrema, está haciendo muy difícil la tarea de reducir la deuda aunque siendo el bajo IPC una constante en todos los países desarrollados, ¡bastante que los bancos centrales hayan conseguido evitar la deflación, alentada por el abaratamiento del precio de muchas materias primas!.

Otro efecto de la política ultraexpansiva de los bancos centrales se ha visto en la banca. Recurro a un artículo que ya publiqué para recordarlo:

¿Cómo es posible que un negocio tan controlado y mimado por nuestras autoridades pueda generar tantas dudas, cómo es posible que un negocio aparentemente tan lucrativo  como tomar dinero barato y prestarlo caro no sea suficiente para asegurar la viabilidad de la banca?
Bueno, antes de nada hay que hacer un simple cálculo teórico que creo ayudará a entender algunas cosas. Si yo presto 100 mil € a 10 personas y uno de ellos no me devuelve el dinero, ¿a qué tipo de interés debo prestar los otros 900 mil para no perder dinero? Pues si quiero obtener un mínimo de 100 mil € en intereses que es lo que he perdido, deberé prestar al 11.11%. Por supuesto esto es un ejemplo simplista para ver que no es tan fácil ganar dinero prestándolo pero no es del todo así, aunque un crédito entre en mora y haya que provisionarlo por el 100%, se suele recuperar una gran parte, especialmente si hay avales o avalistas, además he hecho el cálculo para un año pero el tiempo que los tomadores pagan intereses suele ser mucho más largo. No obstante, demuestra una gran verdad: a más alta morosidad, menos baratos serán los tipos de los préstamos y si además la expectativa es que esa morosidad aumente o se mantenga (por eso las expectativas son tan importantes), peor aún por mucho que los tipos oficiales estén bajos. Y esto vale para bancos privados y para bancos públicos, ambos deben vigilar a quién prestan: unos porque responden ante sus accionistas y otros porque responden ante todos los ciudadanos que costearán las pérdidas si suceden.
Es por eso que en un mundo sin apenas crecimiento los bancos no saben qué hacer con la liquidez: por un lado invertir es arriesgado y prestar para que otros inviertan, también. No hablamos sólo de créditos a personas, sobre todo de créditos a empresas. Unas quitas como las que han tenido que asumir varias entidades financieras en Pescanova o en Abengoa, por poner dos ejemplos famosos entre las muchas empresas que han tenido problemas los últimos años, obligan a encarecer los préstamos a otros acreedores. 

Y es que cuando un banco tiene problemas de liquidez, BCE, el Tesoro (como hizo el español desde finales de2008  con las cajas de ahorros o el norteamericano comprando acciones de Citibank) o incluso un estado (como pasó con el FROB en España o en Holanda con ING en lo peor de la crisis) puede ayudar, pero cuando tiene problemas de solvencia (como le pasó al Popular que tenía una morosidad del 20% a pesar de la recuperación económica) poco se puede hacer. Primero porque la liquidez se da a cambio de activos y si la mora es excesiva no hay activos suficientes para conseguir provisionar los créditos impagados y segundo porque, me vuelvo a autocitar, “si yo tengo una tienda que no vende, por más dinero que me presten al 0% con la garantía de mi stock, seguiré sin obtener beneficios”.


El riesgo de las políticas de los bancos centrales, además de reducir la rentabilidad de los ahorros, convertir a los bancos en dependientes de una financiación que se creó para ser puntual y a muchos estados en irresponsables porque aprovechan los bajos intereses para no reducir deuda… es que no parece que haya forma de terminar con ella. El BOJ lo compra todo en Japón (hasta acciones) y ni se molesta en marcar una fecha de finalización de su programa, la FED que parecía iba a subir más los tipos y reducir balance, en cuanto vio que la bolsa bajaba echó el freno… y BCE va a recibir tantas presiones políticas que dudo no siga manteniendo una política similar el próximo año también. Con ello están convirtiendo medias excepcionales en habituales, amagando con más tipos ultrabajos y más inyecciones de liquidez a la que la economía empieza a flaquear creyendo que así evitarán la recesión. Sin embargo, acabamos de ver cómo Italia ha entrado en ella a pesar de que BCE le compra la deuda y el estado italiano ya ha auxiliado a varios bancos, demostrando que la política monetaría puede ayudar pero no es suficiente. Y si a pesar de ella llega una crisis, ¿cómo la combatiremos? Por eso la popularidad que hoy tienen los bancos centrales puede ser engañosa el día que, estando como estamos acostumbrados a que nos salven, no puedan hacerlo. Y perder la confianza en ellos sí que puede derivar en una crisis sistémica.

Un 155 inoportuno

De las pocas cosas que no se han comentado demasiado sobre las próximas elecciones generales está el tema del Senado. Si el PP va a ser acusado de incoherente porque en 2016 reclamó el apoyo del PSOE para investir a Rajoy con el argumento de que eran los más votados pero no parecen dispuestos a devolver el favor al PSOE si, como dicen las encuestas, esta vez son ellos los más votados, al PSOE le puede pasar que tras criticar en esta mini-legislatura el poder de bloqueo (o más bien de retrasar las iniciativas) del Senado, ahora puede que, siempre en el supuesto de que sean los más votados, sean ellos los que dominen en el Senado (solos o con apoyo de otros aliados) e intenten bloquear una posible mayoría en el Congreso de PP+Cs y Vox. Pero aparte de esto el Senado tiene una particularidad muy importante: es quien decide si se aplica o no el 155 a Cataluña, algo que prometen aplicar PP, Cs y Vox pero que podrían no poder ejecutar aunque gobiernen si no disponen de mayoría en el Senado.
Salvo unos pocos, creo que la gran mayoría –PSOE incluido- de los españoles estuvo a favor de aplicar el 155 cuando Puigdemont declaró, justo antes de largarse sin dar instrucción ninguna para aplicarla, la independencia- Pero aquel consenso es muy difícil que exista ahora cuando el “desafío independentista”  no supone ninguna ruptura de las reglas de juego constitucionales sino que las fricciones son más simbólicas que prácticas. Además, en lo económico el 155 de finales de 2017 fue muy positivo porque tranquilizó mucho los ánimos tanto del consumidor como del inversor, entre otras cosas porque su aplicación fue pacífica y, contra lo que muchos pensaban, muy colaborativa por parte de los funcionarios de la Generalitat. Al final el deterioro de la situación se revirtió muy rápido y aunque hayan quedado algunas heridas, lo cierto es que 2018 ha sido un muy buen año, en lo económico, para Cataluña. Pero un 155 ahora cuando no hay necesidad de cambiar ninguna tendencia negativa no tendría sentido económico.
Circula este gráfico en el que se ve la inversión extranjera directa en Madrid y Cataluña desde 1995 y se puede ver lo espectacular que resulta el efecto capitalidad ya que Madrid acumula el 60% de toda la inversión en el país la última década y en 2018 el 85% de toda la inversión extranjera en España fue a Madrid
Pero yo haría alguna salvedad y es que la enorme ventaja de 2018 puede deberse a que Madrid, al ser la capital, ha atraído, justo el año pasado, algo de lo captado en España gracias al Bréxit que si bien no es mucho en comparación a lo que se han llevado otros países, sí que distorsiona la cifra habitual. Eso sí, está claro que Cataluña sufre un retroceso de volumen de inversión extranjera directa. Viendo los números se aprecia muy bien:
  • Madrid   1993: 3.099,49M€ 2003: 6.293,79M€ 2013: 8.876,03M€ 2016: 11.587,98M€ 2018: 39.925,36M€
  • Cataluña 1993: 1.395,88M€ 2003: 1.320,94M€ 2013: 3.672,66M€ 2016: 8.273,81M€   2018: 2.985,65M€
Si bien las consecuencias de esto sólo se apreciarán en el medio plazo, es otra prueba más de que económicamente el inicio de un proceso de secesión no es una buena idea, como tampoco lo está siendo la separación del Reino Unido de la UE y eso que romper esa unión – menos estrecha y menos dilatada en el tiempo- es mucho más fácil que tratar de romper España. Lo paradójico es que ni las evidencias, ni los datos ni la constatación de que gran parte del discurso de los políticos independentistas eran falsos (decían que tras el 1-O tendrían apoyo internacional y de la UE por ejemplo) cambia la opinión de los votantes y si lo hace, no sería en gran medida como tampoco está pasando en el Reino Unido (apenas unas décimas según las encuestas y más por una posible mayor participación que por otra cosa) a pesar del caos del Bréxit y de las comprobadas mentiras que dijeron los partidarios del Sí. Pero así es la democracia, si en Cataluña el poder autonómico va a seguir en manos de políticos independentistas porque los votantes quieren, mientras los actos de éstos no sean ilegales, un nuevo 155 no tendría justificación y podría ser contraproducente tanto a nivel político (en la UE habría quien no lo entendería) como a nivel económico.

100 años de Versalles


El pasado 18 de enero se cumplieron 100 años del inicio de las conversaciones de paz posteriores al Armisticio del año anterior que acabaron con la Gran Guerra (y que 20 años después se empezaría a denominar Primera Guerra Mundial, obviamente todos sabemos por qué) y que se desarrollaron en París. El tratado no se firmó hasta el 28 de Junio (en Versalles, de ahí su nombre) y no entró en vigor hasta 1920. En las primeras reuniones de enero de 1919 sólo asistieron los aliados –vencedores-: Reino Unido, Francia, Estados Unidos e Italia aunque este último no tuvo apenas peso en el debate. Se trataba de formar una paz duradera pero, a la vez, castigar a las potencias perdedoras: Alemania, el Imperio otomano, Bulgaria y Austria y Hungría (separados tras la disolución del Imperio Austrohúngaro).

Para mantener la paz se creó la Sociedad de Naciones para, simplificando, impedir mediante conversaciones que hubiera nuevos conflictos bélicos. Su mayor impulsor, el presidente norteamericano Wilson –que, durante su mandato, además de a Europa durante la Primera Guerra Mundial, también había mandado tropas norteamericanas a México, Haití y República Dominicana- recibió el Nóbel de la Paz (lo de Obama vemos que no fue una excepción) en 1919 precisamente por su empeño en formar este organismo precursor de la ONU.
El 2 de octubre de 1919 el presidente Wilson sufrió un accidente cerebrovascular que le incapacitaba para el mando pero como el vicepresidente no quiso asumir el poder, siguió ejerciendo su puesto hasta las elecciones de dos años después.

(Un inciso: Algunos historiadores afirman que la mujer de Wilson fue en realidad la primera presidenta de la historia del país pues tuvo el mando ejecutivo algo más de año y medio.)

Este hecho influyó mucho en el escaso desarrollo que tuvo la Sociedad de Naciones. Como los republicanos, mucho más aislacionistas (hay que recordar que a la opinión pública norteamericana le costó mucho asumir que tantos de sus soldados murieran defendiendo intereses europeos) ganaron en las elecciones de medio mandato el control del Senado, y teniendo de rival a un presidente incapacitado, impidieron con relativa facilidad que los Estados Unidos ratificaran el Tratado de Versalles –estaban en contra de la Sociedad de Naciones- y, de hecho, los EUA y Alemania firmaron un tratado bilateral independiente (el Tratado de Berlín de 1921).

En algo tuvieron razón los republicamos y es que del Tratado de Versalles los Estados Unidos, que a partir del fin de la I Guerra Mundial empezaron a destacar como la potencia económica y militar hegemónica del mundo, fueron precisamente los que menos beneficios obtuvieron. Reino Unido consiguió ganar algunas colonias más procedentes de Alemania y liquidar la flota naval germana con lo que eliminaba a un rival, aparte de cobrar indemnizaciones; Francia consiguió nuevos territorios, dinero y, al reducir al mínimo los efectivos del ejército alemán, la convertían en la principal potencia continental; Italia también obtuvo indemnizaciones, territorios que antes eran del imperio austrohúngaro y hasta alguna colonia en África… también obtuvieron beneficios Lituania, Polonia, Bélgica, Dinamarca, Bélgica, Portugal… incluso Australia y Japón acabaron repartiéndose dominios alemanes en Papúa Nueva Guinea y Polinesia.
Mucho se ha escrito sobre el error que supuso ser tan duros con Alemania y nadie duda que lo fue. No obstante, hay que considerar tanto las circunstancias de entonces como que Alemania fue, pocos meses antes, también muy dura cuando resultó vencedora ante la rendición de Rusia como ya comenté el año pasado. El caso es que el Tratado fue un desastre que ayudó a que alemanes indignados votaran al populista de turno que montó el mayor desastre bélico de la historia.

Con todo, como aquí lo que más nos interesa es la economía y en la delegación británica que discutió el Tratado de Versalles estaba el economista más influyente de las últimas décadas, no podemos dejar de citar las opiniones de Keynes al respecto. Como representante del Tesoro, su actitud en París fue muy diplomática pero nada más regresar a Londres, empezaron sus críticas: afirmó que los alemanes nunca podrían pagar las reparaciones de guerra (acertó), llamó Don Quijote a Wilson por su idealismo (el fracaso de sus planteamientos ante la realidad también le dieron la razón), llamó xenófobo al líder francés Clemenceau y al británico Lloyd George “bardo con pies de cabra”. Más allá de estos insultos, en su libro "Las consecuencias económicas de la paz" pronosticó el desastre económico y para la paz que el Tratado propició.

Es exagerado afirmar que el Tratado de Versalles es el origen de la Segunda Guerra Mundial ya que para mí el principal factor, entre los muchos que hubo, fue la Gran Depresión de 1929. Pero el error de exprimir demasiado a los vencidos, de confundir los fallos de los dirigentes políticos con los de todos los habitantes del país y convertirlos en víctimas, de intentar extraer beneficios de las desgracias de otros países… es algo que conviene recordar porque fue lo que propició la llegada de determinados personajes al poder. En 1945 la lección se aprendió y tras la Segunda Guerra Mundial se hizo lo contrario que en 1919 y tanto Alemania como Japón acabaron siendo –y aún lo son- grandes aliados de las potencias occidentales vencedoras, así como Alemania del Este lo fue de la antigua URSS. Pero puede que en muchas otras ocasiones –como en la última crisis de deuda griega o en el bloqueo económico a Cuba, por poner dos ejemplos de daño a la población sin que los responsables se vieran perjudicados- la hayamos desaprendido.

El enfoque trumpiano ante China


Dice el Nóbel de economía Michel Spence “Las empresas privadas chinas que invierten en el exterior deben indicar creíblemente que su interés es exclusivamente comercial y que no pretenden implementar otras agendas, como la seguridad nacional. Un compromiso del estado chino de aislar a las multinacionales privadas del país de esas agendas ya sería un gran avance”. Y es que ahí radica una de las claves del conflicto comercial iniciado por Trump contra China: la geopolítica. La otra es la exigencia china para las empresas extranjeras que se instalan en su país de tener socios domésticos ya que se ha demostrado que éstos roban la tecnología en cuanto tienen acceso a ella. Y por supuesto, una vez robada la tecnología, también buscan eliminar la competencia extranjera y que el consumidor nacional acuda al producto chino (por ejemplo, Xaomí está arrasando en China mientras Apple va a menos). En resumen, el gran problema es que el estado chino está detrás de todas las grandes empresas chinas y por tanto el objetivo de éstas no es únicamente ganar dinero como es el caso de, por no cambiar de ejemplo, Apple: también buscan herramientas para el control político de sectores estratégicos… y los beneficios son un aliciente pero no necesariamente para el corto plazo.

Si China acaba produciendo móviles tan buenos como los occidentales y a mejor precio, es cuestión de tiempo que pase lo mismo con los automóviles, los aviones etc. Años de trabajo y coste en I+D de las compañías punteras occidentales se irán al traste para beneficio económico de unas empresas que, al estar participadas por el propio estado chino, también obtienen réditos geopolíticos, además de otro tipo de sospechas (como que Huawei utiliza su tecnología para dar acceso a datos a la inteligencia de su país). Como si no fuera bastante ya la campaña del gobierno chino para adquirir por todo el mundo nudos de comunicaciones y reservas de materias primas. Mientras aquí no se para de hablar del “frenazo” chino y de los múltiples supuestos problemas que tienen, ellos están consiguiendo sus objetivos con una planificación de medio/largo plazo que otros gobiernos occidentales, quizás por la limitación democrática de sus mandatos, no tienen. Es encomiable que Trump haya querido intentar frenar este proceso pero a mi juicio se ha equivocado con las formas.

Primero no debería haber luchado solo, su ultranacionalismo se le ha vuelto en contra porque todo esto que he contado no es un secreto para nadie y le hubiera sido fácil conseguir aliados en otras áreas económicas en lugar de ponerse a intentar conseguir ventajas de todas abriendo frentes de guerra comercial y arancelaria con todos por separado. Japón y la UE, y hasta es posible que Rusia, podían haberse aliado a los EUA para frenar al que todos sabemos será en pocos años la gran potencia mundial. A todos nos interesa más un equilibrio que una preponderancia y comercialmente es mejor rival los EUA que China por lo que ese cambio no interesa económicamente a casi nadie. Japón ya ha pactado con China bilateralmente, y con toda la UE en su conjunto, que a su vez también ha firmado un tratado comercial con Canadá… sin embargo Trump fue tan en solitario que dejó el Acuerdo Transpacífico cuando precisamente los EUA eran los únicos que podían frenar en esa zona la preponderancia china. El otro gran error de Trump es usar como arma los aranceles. Elevar aranceles es como el fascismo o el comunismo, ya se ha visto tantas veces en la Historia que son un fracaso que es absurdo seguir insistiendo en lo mismo. Encarecer las importaciones es encarecer la cesta de la compra de tus propios ciudadanos y una batalla perdida en un mundo global. Nadie gana en una guerra arancelaria y creo que todos sabemos que Trump lo sabe también y va de farol. Es evidente que iba a llegar a algún acuerdo y que lo iba a vender como una victoria pero mucho me temo que no se frenará el avance chino, que en términos de PIB parece ya claro y bastante cercano:

Pero una cosa es que por población y tamaño el volumen del PIB crezca (seguirá lejos del PIB per cápita de los países más desarrollados), y otra es que la base de ese crecimiento sea robar tecnología a Occidente y recursos al Tercer Mundo desde una dictadura que juega al capitalismo con las cartas marcadas que supone el controlar a todas sus grandes empresas desde dentro. Eso no lo van a cambiar mayores aranceles y Trump debería saberlo. Que el resto de potencias económicas mundiales no estén unidos ante una amenaza tan evidente demuestra el cortoplacismo de nuestros dirigentes que aún no han entendido que el comercio puede ser un arma tan poderosa como los ejércitos. No obstante, no debemos olvidar que vamos hacia un mundo cada vez menos occidental: las previsiones de la ONU dicen que en 2100 apenas el 8% de la población mundial vivirá en occidente.

Realidad a golpe de incendio

  Mientras nuestro gobierno y sus palmeros siguen con la matraca del crecimiento del PIB nominal y la ficción estadística de los datos de de...