¿Y si los tipos bajos han venido para quedarse?

Los tipos negativos ya son una realidad desde hace años pero por primera vez creo que algunos ya no lo ven como algo puntual y anecdótico. Si bien parece que en los EUA los han rechazado y no hay previsiones de que lleguen a la primera economía del globo, en Japón, Suiza y en casi toda la Eurozona sí que se ven como algo habitual. No parece que tenga mucho sentido pagar intereses para quedarse con la deuda de otro aunque en estos tiempos de escasa rentabilidad parece que lo extraño es lo contrario: que alguien ofrezca intereses para quedarse con el dinero de otro. El que la FED aún ofrezca intereses al que tiene $ ha empujado a esta divisa a fortalecerse para desesperación de Trump que cree que una mayor debilidad de su moneda sería mejor para las exportaciones.

En cualquier caso, en la Eurozona, y a pesar del repunte de rentabilidades de la deuda que ya comentamos hace unos días, unos tipos oficiales tan bajos están resultando adictivos, especialmente para los sobreendeudados estados que se aprovechan para colocar su enorme deuda a tipos muy atractivos. El coste en intereses no deja de caer y en algunas emisiones hasta se cobra. Podemos imaginar la presión que unos gobiernos manirrotos, acostumbrados a gastar más de lo que ingresan y unos políticos más preocupados de la re-elección que de la buena gestión, pueden hacer sobre el Banco Central para que esa situación no cambie. A eso podemos sumar las grandes empresas, generalmente muy endeudadas también. Sí, tenemos presionando para lo contrario a los bancos que prefieren tipos de interés más altos y podríamos pensar que al gran capital ya que los interés bajos perjudican más al que más dinero tiene. Pero esto último lo dudo mucho ya que el gran capital no es el de la clase media que tiene unos ahorros en una cuenta corriente o un depósito bancario, éste prefiere la política expansiva de los bancos centrales que hacen subir la bolsa y aumentar el endeudamiento que en parte se traducirá en mayor consumo.

Como dice J.C. Ureta, presidente ejecutivo de Renta4, (resumido por mi): “Si de verdad nos creyésemos que los intereses nominales negativos están aquí para la eternidad o, al menos, para varias décadas, lo coherente sería comprar activos a cualquier precio. Es fácil entender, de forma intuitiva, que si el precio de cualquier activo es el flujo de sus retornos futuros descontado a un determinado tipo de interés, ese precio se eleva al infinito cuando el tipo de descuento es negativo de forma perpetua o cuasi perpetua. Para que eso sea así basta con que los activos, en su conjunto, generen retorno positivo, aunque sea mínimo, algo que van a hacer siempre, en su conjunto, ya que lo contrario significaría que el mundo se habría acabado. Por tanto, lo racional es comprar todos los activos del mundo. Y además hacerlo con deuda si ésta es accesible y barata. Si nos regalan el dinero, tomémoslo e invirtámoslo en activos, que en su conjunto darán algo de retorno, porque los números nos van a salir, por muy pequeño que sea el retorno”.

Él exagera, tiene un punto irónico pero su razonamiento es totalmente lógico. Así que tenemos a los grandes inversores, a los estados y a las grandes empresas encantadas con los bajos tipos de interés y deseando que sean lo más baratos posibles, incluso negativos. Y que la liquidez en el sistema sea enorme. Por el lado contrario tenemos a los bancos que viven del margen al cliente (no son todos, hay muchos que basan el grueso de sus beneficios en sus carteras de renta fija y variable y la intermediación, es decir, puede que sólo sea una cuestión de adaptación) y a la clase media con ahorros en el banco (que tampoco es toda ya que muchos también invierten en fondos de inversión de renta fija y variable y además también los hay –como los hipotecados a tipo variable- que están encantados con la situación actual). Es decir, podemos colegir que hay en el mundo más interés en tipos de interés –válgame la redundancia- muy bajos que en lo contrario.

Por supuesto hay razones económicas para pensar en que se deben subir los tipos empezando por lo absurdo, e irresponsable, que resulta que endeudarse salga gratis, que se invierta mal al adquirirse peores activos para intentar conseguir algo de rentabilidad, o el riesgo de formar burbujas –que acaben estallando- en el precio de algunos activos. Pero sobre todo históricamente el motivo principal para subir los tipos de interés es controlar la inflación, y lo cierto es que en las grandes economías no existe preocupación por esto, más bien todo lo contrario. Y es que la globalización por un lado (que ha reducido el precio de las materias primas) y la tecnología por otro (que también ha abaratado muchos procesos) han llevado a que los IPCs se moderen y las expectativas sobre sus movimientos futuros no sean alcistas. Si a eso sumamos que estamos en un ciclo económico de bajo crecimiento donde un consumo en máximos no presiona los precios, ni siquiera los economistas más ortodoxos tienen demasiados argumentos para recomendar tipos de interés más altos.

A mi no me gustan los tipos negativos, creo que son un disparate y deberían haber sido una excepción puntual que sólo entiendo como cuando se temía el fin del Euro y los inversores vendían sus bonos de deuda en esa divisa y compraban los emitidos por Suiza, es decir, como reacción a un momento de pánico en los mercados financieros y buscando la seguridad de otra moneda. Que empresas y estados cobren dinero por emitir deuda en una situación estable como la actual pienso es un muy mal síntoma. Pero igual que me dan miedo los tipos negativos, tampoco le veo sentido a que un mundo ya acostumbrado a los tipos de interés muy bajos, vaya a volver a la dinámica del pasado cuando todo apunta a que los bajos IPCs han venido para quedarse y los actores económicos más importantes del mundo han podido comprobar que la situación actual les es proclive.

Por eso yo me pregunto, ¿y si esta es la nueva normalidad, y si los tipos de interés, incluso de largo plazo, no vuelven a subir de, por ejemplo, el 2% (y el Euribor del 1%) y todos debemos empezar a asumir que será excepcional que la rentabilidad anual de los activos, incluso los de mayor riesgo, llegue a las dos cifras y que por lo tanto las comisiones que nos cobran los bancos cuando realizamos cualquier inversión deberán abaratarse muchísimo para que nos siga interesando invertir en algo?

Otro año marcado por Trump

Cuando se comparan datos macroeconómicos de diferentes países hay que estandarizar para no mezclar cifras que, llamándose igual, puedan significar cosas distintas. Ya hemos hablado de que no tiene mucho sentido comparar el volumen de deuda pública de un país respecto de otro porque es menos grave que alguien deba un millón de euros si tiene un salario anual de medio millón y propiedades que si debe 100 mil € y gana 20 mil y no posee nada, por eso es más adecuado usar el ratio deuda/PIB. Con la tasa de paro ocurre algo similar, no es lo mismo un empleo en Europa que en los EUA ya que lo que significa no es similar puesto que allí puede que un trabajo ni siquiera implique tener seguro médico. Salvando eso, la tasa de paro tiene un “defecto” y es que sólo contabiliza a las personas que están en búsqueda activa de empleo lo cual está muy bien pero eso implica que en un país donde las mujeres no están en el mercado laboral, por ejemplo, la tasa de paro sea más baja que en otro donde sí. De hecho, uno de los motivos por el que Hitler rebajó la tasa de paro en Alemania fue porque impulsó que las mujeres dejaran de trabajar y se convirtieran en madres y cuidadoras de sus hijos.
Así pues, lo más correcto para comparar el mercado laboral entre dos países sería mirar la tasa de ocupación, o porcentaje de personas -dentro de un mismo rango de edad- trabajando. Visto así, la bajísima tasa de paro de los EUA (3,5%) no parece tan baja ni la de la Eurozona (7,5%) tan alta:
Por supuesto la tasa de paro en los EUA es muy baja, la menor en 50 años, demostrando que es falso que la automatización cree desempleo (sólo reconversión: del sector industrial al de servicios como en su día se pasó de trabajar en el campo a las fábricas) y algo de lo que seguro presumirá el Trump candidato a renovar la presidencia este noviembre, así como de la evolución durante su mandato de Wall Street.

Para mi el mayor problema de aquel país es la desigualdad… de oportunidades. Como he dicho alguna vez el que haya gente muy muy rica y otra que no, no me parece un problema mientras todo sea legal, y además en un país donde la bolsa lleva al alza más de 10 años y los precios de las propiedades no dejan de subir, es lógico que los que disponen de capital mejoren mucho más que los que sólo tienen rentas del trabajo. Para que esto no pasara debería haber algún crash bursátil pero eso no mejoraría (seguramente pasaría lo contrario) la vida de los más pobres aunque redujera la desigualdad. Lo grave es que no dispongan de educación pública gratuita de calidad y asistencia sanitaria universal como en Europa, y además sin tener nuestro “estado del bienestar” su nivel de deuda es enorme.

Nosotros tenemos esa excusa: gastamos más de lo que ingresamos pero ofrecemos muchos más servicios sociales, pensiones públicas, mejor sanidad y educación pública… Un país que ofrece mucho menos de todo eso y que debe tanto dinero no parece bien gestionado aunque claro, el ser la primera economía del mundo y tener la divisa de referencia global le permite endeudarse barato sin riesgo a encontrarse sin compradores. Trump tiene la gran ventaja –en el corto plazo- de que su país tiene capacidad para disparar su déficit y no tener problemas por ello, más allí que la (poca) gente (que vota) suele votar mucho con el bolsillo (y es común que los presidentes renueven un segundo mandato, ya lo hicieron antes Obama, Bush hijo y Clinton), por lo que Trump tiene unas altas expectativas de salir re-elegido, incluso si volviera a perder por voto popular.

Otro tema es si las herramientas que use para asegurarse la re-elección pueden ser dañinas para el resto del mundo porque en 2019 ya hemos visto cómo lo que normalmente es una negociación discreta entre dos países para llegar a un acuerdo comercial, ha pasado a ser un aluvión público de amenazas y desmentidos que, además de disparar la volatilidad en los mercados, ha dado la impresión al votante norteamericano de que China ha cedido más de lo que realmente ha cedido. Como tantos faroles sobre aranceles le han dado tan buen resultado y parece que la siguiente víctima es la UE, esperemos que no perjudique nuestras buenas –y fructíferas para ambos- relaciones económicas para intentar conseguir más votos en noviembre. Y no digamos ya si monta un conflicto bélico con Irán –directamente o a través de Israel- ahora que son autosuficientes en petróleo. Desde luego las elecciones presidenciales norteamericanas serán claves en la evolución económica y bursátil de 2020.

Por último, recordemos que el vencedor de las últimas presidenciales norteamericanas (en las que Hillary consiguió más voto popular pero venció Trump debido a que consiguió el apoyo en estados clave) fue... la apatía
Elecciones presidenciales de 2016: porcentajes de voto (total)
44.0% elegible pero no votó
28.6% Clinton
27.4% Trump

Unos consejos bursátiles

Cada día estoy más convencido que el inversor minoritario, el que quiere conseguir una rentabilidad para sus ahorros que venza a la inflación (es decir, que incluyendo impuestos y comisiones obtenga un 5% bruto anual), no debería estar invertido tanto tiempo como aconseja la industria financiera ya que se arriesga a, por ganar un 2% neto, a pérdidas a revaluación de, fácil, un 20% ya que cada cierto tiempo hay desplomes bursátiles puntuales, especialmente si se invierte en valores concretos y no en índices. Basta con ver en cualquier ránking de bolsa del pasado año de los componentes del Ibex mismo la enorme diferencia que hay entre el mínimo del año, el valor de hace 12 meses y el actual.

Por eso creo que es mejor esperar los momento de pánico para comprar o, dicho de otros modo, prefiero la inversión activa que la pasiva. También es cierto que para ser un inversor activo hace falta disciplina para cortar las pérdidas y no convertirse en uno pasivo a la fuerza y, aunque se tenga esa fuerza de voluntad, hay quien dice que no tiene tiempo para seguir los mercados y prefiere comprar y olvidarse o incluso ir haciendo aportaciones mes a mes “esté como esté”. Es una opción comprensible pero no deja de sorprenderme que tantas personas ocupen más tiempo en gastar que en ahorrar cuando ambas actividades son gracias a un dinero que, en general, sale de un duro trabajo que implica muchos madrugones. La diferencia entre un televisor y otro o entre un automóvil y otro debe ser estudiada antes de hacer una elección, estoy de acuerdo, pero ¿por qué no hacer lo mismo a la hora de decidir qué hacer con el dinero que tanto ha costado ganar cuando no se gasta y que nos puede ayudar a conseguir ese televisor o incluso ese automóvil que más nos gusta?

Formarse para invertir es fácil y la gama de productos es enorme. Además, existe la ventaja de poder comprar fondos e irlos rotando dentro de una misma entidad para ni siquiera tener que seguir valores concretos. Incluso al que cree que la mejor opción es comprar y esperar sin moverse, la posibilidad de adquirir un fondo referenciado a un índice elimina ese riesgo que hemos visto antes de no elegir bien las acciones de la cartera porque diversificar es lo ideal pero muchos no tienen el suficiente dinero como para seguir 10 o 15 inversiones diferentes. Y volveríamos al problema del tiempo. Es por eso que nadie debería seguir con la cantinela de “este es un valor seguro” porque una acción que cae en unos meses lo que cayó por ejemplo en 2019 Telefónica, puede ser de una gran empresa y sin embargo provocarnos un agujero económico. No confundamos solidez empresarial con atractivo bursátil.

En cualquier caso, quiero recomendar cuatro reglas básicas (gracias a David García por recordarlas) que hizo el español José de la Vega, judío cordobés que en Amsterdam escribió lo que es considerado el primer libro de la Historia -en 1688- sobre el mercado de valores “Confusión de Confusiones”:

Regla nº1: Nunca asesores a nadie sobre la compra o venta de acciones. Donde adivinar correctamente es una forma de brujería, los consejos no se pueden dar a la ligera.

Regla nº2: Acepta tanto los beneficios como las pérdidas. Lo mejor es tomar lo que llega y no esperan que la suerte y las circunstancias favorables perduren.

Regla nº3: Los beneficios en el mercado de valores son como el tesoro de un duende: en un primer momento es un engendro, después carbón, luego diamantes y finalmente guijarros.

Regla nº4: El que quiera llegar a ser rico con este juego tiene que tener dinero y paciencia.

¿A que suena actual?

¿Demasiada indignación?


Las opiniones pueden cambiar muy rápido en poco tiempo como acabamos de ver en Chile. Un país estable que hace dos años eligió democráticamente como presidente a un conservador que ya lo había sido anteriormente -es decir, apoyaron el continuismo- y de repente, sin que haya nada que indique que los chilenos viven hoy peor que cuando fueron las últimas elecciones, parecen abrazar opciones rupturistas que implican apoyo a la violencia. Hace menos de diez años el apoyo a la independencia de Cataluña era la mitad que el actual (de hecho hasta 2012 que Rajoy le negó el cupo vasco, ni Mas ni su partido eran independentistas), hace 6 ni siquiera existía Podemos, Vox (que se fundó antes que Podemos) hasta finales de 2017 no empezó a tener alguna relevancia y no fue hasta las andaluzas de hace un año que no ganaron peso nacional y aun así, pocos hubieran sospechado que conseguirían ser la tercera fuerza del país a finales de 2019 (como pocos podían suponer que en menos de 6 meses Ciudadanos se hundiría tanto). Y ahora se vive en España (Cataluña incluida) mejor que en 2012, 2013, 2014… Hoy no tenemos mayores problemas que antes y sin embargo unos políticos que venden que sí los tenemos, logran convencer cada vez a más gente.

Tengo ganas de relativizar un poco tanto afán mediático por las malas noticias y tanto indignado por "postureo". No sólo 2019 ha sido un buen año –con sus excepciones, nunca llueve a gusto de todos- en los mercados y en la economía donde hemos visto máximos históricos mundiales de PIB y de población con mínimos históricos de tasa de paro, es que no hay nada que indique que en el actual no vaya a continuar el crecimiento y la creación de empleo, aunque sea a un ritmo inferior. Por supuesto, mucha gente puede leer esto y seguir convencida de que el cambio climático arrasará el planeta en 2020 pero el pesimismo distorsiona nuestra visión presente del mundo y puede llevar a tomar malas decisiones o incluso a no tomarlas buenas.

Yo siempre me he considerado un ecologista entendiendo por ello alguien al que le preocupa el medio ambiente, y siempre he pensado que una sociedad tan consumista como la nuestra puede ser un peligro para unos recursos que sabemos son limitados. Sin embargo, los avances tecnológicos se han desarrollado a la suficiente velocidad como para, unidos a una mayor conciencia global en medidas como por ejemplo el reciclaje, frenar el deterioro en muchos lugares de Occidente. No es suficiente, el desarrollo económico brutal de muchos países -que tan buenos resultados ha dado en reducción del hambre y la pobreza global- ha disparado la contaminación y la diana se ha colocado en los combustibles fósiles: reducir su uso a toda costa es el último mantra porque creen que es el mayor responsable del cambio climático. Aunque luego están los hipócritas que ahora dicen eso pero para captar votos defienden que no se cierren las minas de carbón (el combustible fósil que más CO2 emite) españolas por muy deficitarias económicamente que sean.

Y es que ir contra lo que hoy más contamina tiene un coste social importante en el corto plazo. Como bien recuerda el ecologista danés Bjørn Lomborg la gente rica y bien educada de las economías avanzadas a menudo pasa por alto el coste de esto. Desde la comodidad de la reunión anual de 2017 del Foro Económico Mundial en Davos, el ex Vicepresidente estadounidense Al Gore ridiculizó los planes de construir plantas alimentadas por carbón en Bangladesh. Pero Sheikh Hasina, Primer Ministro de ese país, le replicó: “Si no puedes desarrollar las condiciones económicas de tu pueblo, entonces ¿cómo lo salvarás? Tenemos que garantizar la seguridad alimentaria y dar oportunidades laborales a la gente.” Es decir, el mundo rico pretende que el pobre deje de contaminar mientras el mundo pobre tiene como prioridad dejar de serlo antes de pensar en otros temas.

Debemos intentar solucionar el cambio climático, pero sin que la cura sea más dolorosa que la enfermedad. Una respuesta adecuada sería invertir mucho más en investigación y desarrollo de fuentes de energía sin uso de carbono, más baratas y que puedan ir reemplazando a los combustibles fósiles. Con ello se asegurará una transición paulatina que no ralentice las economías ni afecte negativamente a los más desposeídos del mundo. Hasta ahora la Humanidad ha vivido mejor gracias al crecimiento y la tecnología, incluso siendo como somos más numerosos que nunca. Confiemos en la ciencia y en una mayor conciencia ecológica pero entendamos que nuestras prioridades no tienen por qué ser ni las de la mayoría del mundo ni las correctas ya que siempre está la posibilidad de que el cambio climático no sea tan grave o que suceda hagamos los sacrificios que hagamos... sobre todo si los que los hacemos somos los 47 millones de españoles y no los 2,600 millones de chinos e indios.

Los felices años 20

Estos días estoy viendo análisis sobre la década que parten de la misma premisa errónea que ya vimos cuando empezó el actual milenio: al no existir el año 0 de nuestra era, el siglo XXI empezó no el 1 de enero del 2000 sino del 2001 por lo que la segunda década de este siglo no se acaba hasta el 31 de diciembre de 2020. Pero como visualmente en pocos días ya iremos por los 202X se hablará de la década de los 20, la misma que en el siglo XX se dice que fue feliz… algo que tampoco es cierto pero que demuestra la enorme influencia “cultural” de los Estados Unidos ya que de allí viene algo que apenas tuvo reflejo en el resto del mundo, especialmente en la Europa devastada tras la I Guerra Mundial.

La Primera Guerra Mundial puede explicar que en 1917 Lenin diera un golpe de estado que acabó con el intento de democratizar Rusia pacíficamente y condujo a una dictadura de más de 7 décadas y que en 1922 Mussolini acabara con la democracia italiana por más de 20 años, y pocos dudan que la Gran Depresión de 1929 es la que estuvo detrás del ascenso de Hitler al poder. Aquellos fueron hechos traumáticos reales que condujeron a que el mundo se llenara de líderes radicales dictatoriales que llevaron a la mayor confrontación bélica de la Historia de la Humanidad. Ahora, sin ningún motivo ni por asomo tan grave, el riesgo de involución democrática se está materializando poco a poco. ¿Qué pasará si viene una crisis económica? No es descabellado pensar que ello conducirá a cambios políticos importantes que cuestionen el actual mayor periodo de paz y prosperidad de Occidente en toda su Historia puesto que sin recesión alguna ya están empezando a ocurrir.

No hay demasiadas semejanzas entre finales de 1919 y finales de 2019: el mundo hoy es muy diferente y claramente mucho mejor y sin embargo, tras una guerra horrible el optimismo era mucho mayor entonces que ahora, al menos en muchos sitios del planeta donde el desánimo es tan grande que están ganando votos fuerzas –y personajes- radicales desde hace ya años e incluso crece el apoyo a la violencia en diversos puntos del globo, incluso donde objetivamente se vive bastante mejor que en áreas vecinas como en Francia o en Chile. La situación en Francia apenas ha tenido incidencia económica pero en Chile han hundido la bolsa, el valor de la moneda y la actividad; es decir, son las protestas las que están empeorando la vida de los chilenos. La indignación como motor para querer cambiar las cosas tiene todo el sentido pero en países democráticos el camino no es destruir la estabilidad institucional y económica sino votar y dejar que la mayoría elija los cambios (o no) que deseen. Si no respetamos eso, dejaremos que el poder lo tomen los que ganen la calle, exactamente como hizo Mussolini en 1922. Deberíamos aprender de la Historia para no caer en los mismos errores.

La economía global no deja de mejorar pero el pesimismo hace estragos, hasta en China porque crecen cada vez menos pero también parece una queja excesiva puesto que el país sigue en marcha para tomar el liderato global durante este siglo. No obstante, no hay que subestimar el poder de la todavía principal potencial mundial: Los Estados Unidos. Ellos están en un momento dulce a pesar del amargo problema de desigualdad que padece. Si la I Guerra Mundial significó el comienzo del fin del Imperio Británico y el ascenso norteamericano, un siglo después aún no hay una señal clara de que éstos pierdan el liderato. Un ejemplo lo tenemos en la importancia de Wall Street que, lejos de perder peso como parecía en los primeros años del siglo XXI, lleva más de una década comportándose bastante mejor que el resto de mercados financieros, algo que se ha acentuado este año
Además, los ´10 de este siglo son los primeros de la historia moderna del país que transcurren sin una sola recesión en los EUA
Y eso supone que si ya es raro que no haya una crisis en una década, más excepcional sería que no ocurriera en dos consecutivas. El error es pensar que porque la próxima haya tardado tanto en llegar, por eso va a ser más grave y duradera que la media ya que nada hay que nos lleve a creer eso. En cuanto a España es evidente que el periodo 2008-2013 fue tan malo que nos marcará durante mucho tiempo pero estadísticamente fue un suceso excepcional por su intensidad y porque se fusionaron una burbuja inmobiliaria nacional e internacional, una crisis financiera global e interna, una Eurozona nada preparada, un mercado laboral español que ni en épocas de expansión es capaz de no doblar la tasa de paro europea… No parece muy probable que tantos elementos negativos se repitan de nuevo pocos años después.

En resumen, creo que debemos aspirar a tener unos felices años 20 pero nosotros podemos ser nuestro mayor enemigo si no valoramos –y defendemos- lo que tenemos y nos empeñamos en repetir errores del pasado.

El coste de lo público (y 3)

Artículos anteriores:
https://droblopuntocom.blogspot.com/2020/01/el-coste-de-lo-publico-y-1.html 
https://droblopuntocom.blogspot.com/2020/01/el-coste-de-lo-publico-y-2.html

En números redondos en España vivimos 47 millones de personas y trabajamos 20 como se pude ver aquí (aunque en el gráfico se distingue entre empleados públicos y no, yo sí los incluyo porque su trabajo también es productivo):
Podemos recortar en políticos, televisiones públicas, subvenciones… o podemos ingresar más por una mayor actividad económica o una mejor recaudación fiscal pero hay algo que no cambia: el dinero que el estado (sea el central, el autonómico o el local) se gasta sale de lo que ingresan de esos 20 millones…y del futuro vía deuda. Alguien dirá que no, que los impuestos a las empresas –los de mayor volumen- son de las empresas pero como éstos proceden de sus beneficios y los beneficios proceden de sus ventas, al final el dinero sale de esos mismos 20 millones. Por eso es tan bueno exportar y por eso el turismo es tan positivo para la economía española, porque amplía en determinadas actividades los ingresos más allá de esos 20 millones. Por desgracia importamos más de lo que exportamos (sobre todo por el crudo) así que parte de los ingresos de los españoles se va a otros países… aunque por suerte lo que gastan los turistas internacionales aquí, desde hace unos años, compensa esto. Lo mismo pasa con lo que reciben vía dividendo los españoles accionistas de empresas que ganan dinero fuera del país pero dado que también hay muchos extranjeros invertidos en empresas españolas y cobrando intereses por deuda que les colocamos, también se compensa.

En cualquier caso, aparte del sector exterior, el problema sigue siendo el mismo: 20 millones mantienen a ellos mismos y a 27 millones más. De ellos sale todo lo que damos por hecho cada día: que nos recogerán la basura, que un policía nos ayudará si nos roban, que despejarán la carretera si ha habido un accidente… y a todo eso hay que sumar lo que se denomina estado del bienestar: educación infantil gratuita y muy subvencionada después, asistencia sanitaria para todos, pensiones públicas etc. Por supuesto además de lo que ingresan esos 20 millones cada año hay un valor patrimonial importante en España, tanto público como privado, y en muchas ocasiones excepcionales (privatizaciones, expropiaciones) se ha recurrido a él y a veces de forma habitual (impuesto al patrimonio, sucesiones etc.) pero también es cierto que debemos más de 1,2 billones de euros, así que mejor que nos ciñamos a los ingresos y gastos actuales.

Ya hemos hablado otras veces de los diferentes impuestos y de la dificultad de elevarlos más. Primero porque pagamos de lo que nos quitan de la nómina, del IVA cuando consumimos, del IRPF si ahorramos en lugar de gastar, del IRPF si invertimos y ganamos dinero, del patrimonio si acumulamos mucho ahorro… y a eso hay que añadir impuestos locales y numerosas tasas (por conducir, por viajar en avión, por recogida de la basura etc.)… es decir, una y otra vez pagamos por los mismos ingresos. Segundo, por el negativo impacto en la economía que al final hace que la recaudación no suba (incluso a veces ocurre lo contrario, con menores impuestos se recauda más) pero podemos resumir que pocos creen que el IRPF (el impuesto más progresivo ya que quien gana más no sólo paga más en volumen, también en porcentaje) se deba elevar más, el IVA quizás podría subirse algo pero ni es progresivo ni tampoco aumentaría mucho la recaudación y en cuanto a las tasas, quizás el impuesto más justo porque lo paga quien usa un servicio determinado, no han dejado de subir (y multiplicarse), como los anteriores, durante los últimos años y no ha servido para reducir la necesidad que tenemos de seguir emitiendo deuda. Es decir, los gestores políticos no gastan menos cuando tienen menos ingresos pero sí gastan más cuando los ingresos son mayores, así de malos son. Tan sólo la dura ley de Montoro que obligaba a los municipios a destinar sus superávits a reducir deuda en lugar de aumentar el gasto consiguió ese “milagro” que sigo sin entender por qué no se aplica a todas las administraciones.

Luego está el tema de los impuestos a las empresas que, repito, en realidad es un impuesto a los que compramos sus productos. Creo que es un tema del que ya hemos hablado muchas veces: el impuesto de sociedades es similar al de otros países (si se recauda menos aquí es porque tenemos demasiadas pymes), es falso que nuestras multinacionales pagan menos (quien afirma eso compara sus beneficios mundiales con lo que abonan en España sin tener en cuenta que también pagan impuestos allí donde tienen actividad económica), es cierto que existen demasiadas deducciones (que son legales luego son culpa de nuestros legisladores políticos) y que multinacionales extranjeras no pagan lo que deben por lo que generan aquí… como también es una verdad sin paliativos que ni el país más poderoso de la Tierra –los Estados Unidos- consigue que sus mayores compañías paguen lo que su ministro de Hacienda querría (algo que también se aplica a la lucha contra el fraude, todos los gobiernos de todas las ideologías en todos los países quieren recaudar más y se supone todos intentan acabar con la evasión fiscal, incluso con métodos tan polémicos como las amnistías que hacen florecer dineros ocultos, pero no debe ser tan fácil como lo pintan los políticos en campaña electoral). Por eso creo que debería haber una política fiscal global y dejar de hacernos la competencia unos territorios a otros para acabar perjudicando a la caja común… pero este es otro tema que alargaría mucho este artículo. Quedémonos con la idea principal: 20 millones deben ser lo bastante productivos como para generar impuestos que mantengan el gasto del estado sin intentar recurrir a la deuda.

Pikkety venderá muchos libros afirmando que a cada joven hay que darle 120 mil € expropiándoselo antes a los ricos (aunque no dice qué pasará después) y habrá políticos que puedan conseguir muchos votos prometiendo más pagas a cambio de nada pero las matemáticas más básicas y el sentido común nos indican que si la Seguridad Social está quebrada a pesar de tener en su poder los ingresos de 20 millones de trabajadores, difícilmente podemos prometer aumentar aún más el gasto. Lo que hay que hacer es dejar de tener más del doble de paro que la media europea, menos economía sumergida, más empresas (especialmente exportadoras) y más grandes, mejores gestores políticos… y también reducir algunos gastos, nos guste o no. Nada de esto es fácil pero cada día es más necesario.

La contaminación de la flota marítima europea: la gran olvidada

Si las flotas navieras de la UE fueran un país, serían el octavo emisor más grande de la UE, justo después de los Países Bajos. Mientras tanto, el sector marítimo está exento de pagar impuestos sobre su combustible según la legislación de la UE, que efectivamente actúa como un subsidio por valor de € 24 mil millones anuales. Una forma de medir cuán contaminantes son los barcos de Europa ea compararlo con lo que contaminan los coches en diferentes países:
Infographic: How Maritime Emissions Compare To Cars In Europe  | Statista

El coste de lo público (y 2)

Artículo anterior:
https://droblopuntocom.blogspot.com/2020/01/el-coste-de-lo-publico-y-1.html 

La Seguridad Social está en quiebra técnica (el valor de sus activos -lo que tiene- es inferior al valor de sus pasivos -lo que debe)y su déficit fue equivalente al 1,52% del PIB en 2018. El principal motivo son las pensiones pero yendo un poco más allá, la razón es el envejecimiento poblacional (las personas de 65 y más años representan hoy el 19,4% de la población total de España, en 1979 eran el 10,9%) ya que no sólo se dispara la factura de las pensiones, también el mayor gasto sanitario que hacemos según nos hacemos mayores. En 1919 sólo el 34% de la población alcanzaba los 65 años, ahora es el 90%. Y no es algo que vaya a cambiar en décadas ya que sólo 15 provincias tienen, en la actualidad, más niños que ancianos.

Las cifras son indiscutibles: un sistema basado en compensar el gasto en jubilados con el ingreso de las nóminas de los trabajadores está desequilibrado por lo que debe ser reformado. En 1980 había 1,9 jubilados por cada 10 personas en edad de trabajar, mientras que ahora de cada 10 personas que tienen empleo hay 5,96 pensionistas, es decir, que la obtención del dinero con el que mantener el gasto sanitario y las nóminas de nuestros mayores dependerá de menos de dos trabajadores. Eso sin tener en cuenta todo el resto de españoles que no están en edad laboral (menores de edad) no pueden trabajar o están en el paro, que también dependen de esos mismos sueldos.

A esto se suma que los políticos, ante el enorme número –creciente- de votantes que supone este segmento de población, no parecen dispuestos a reducir los gastos. Da igual que los números demuestren que los jubilados reciben con su pensión un 28% más de lo aportado. En 2009 había 262.000 pensiones superiores a los 2.000 euros, mientras que en 2019 hay 920.000 pensiones superiores a esta cuantía. En total tenemos 2,8 Millones de pensionistas que ganan más de 1.200€/mes cuando muchas personas que sí están en el mercado laboral ganan menos que eso y a veces durante menos años que cobrando pensión ya que las mujeres que cumplieron 65 años en 2018 vivirán, de media, 23,1 años más, y los hombres, 19,2 años más. Y sin embargo, se siguen tomando medidas por edad y no por renta como el abono de transporte "gratuito" o subvencionado para mayores de 65 y no para personas con menos nómina que trabajen. La nómina mensual de pensiones –contributivas- de la Seguridad Social supera los 9.600 millones de euros…y subiendo. Es el mayor gasto social del estado español
Como calcula el joven economista Ángel Martínez Jorge –al que se debe el anterior gráfico- con el coste de subir un 2% las pensiones se podría mejorar un 6% la renta de todos los hogares españoles en riesgo de pobreza reduciendo con ello la desigualdad que tanto preocupa a algunos.
El envejecimiento poblacional no es un problema exclusivamente español ya que por primera vez en la historia en todo el mundo hay más personas mayores de 65 años que menores de 5 años y la cosa va a más
pero debido a nuestra alta esperanza de vida, estamos en el podio mundial en las previsiones para 2050:
Y hay que tener en cuenta que –como vimos en la primera imagen- no sólo cobran pensiones públicas los mayores de 65. De los 9.707.946 pensiones contributivas: 370.964 las perciben menores de 44 años. 1.623.002 entre 45 y 64 años. 1.725.434 entre 65 y 69. 1.719.330 entre 70 y 74. 1.409.398 entre 75 y 79. 2.859.715 de más de 80 años. Y aquí no estamos incluyendo las no contributivas. Hasta ahora los gobiernos sólo han reaccionado como con todo, aumentando la deuda:

El Banco de España propone ir transformando el ahorro actual que se destina principalmente a invertir en viviendas en otro que se destine a fondos financieros para la vejez pero con los actuales tipos negativos, cualquier plan de pensiones debe invertir, para poder vencer a la inflación, en renta variable lo que supone un gran riesgo. A mi no me parece mal que las pensiones sigan dependiendo del dinero ingresado por los trabajadores (y sus empleadores) en activo pero es evidente que entonces para cuadrar costes con ingresos deben relacionarse ambas variables (número de trabajadores en activo con número de pensionistas) y no seguir con la ficción de que para el pago de las pensiones (tanto para su cuantía como para su aumento anual asegurado) dé igual que haya 16 o 24 millones de trabajadores en España… o que su sueldo medio sea de mil o de dos mil euros. La próxima semana más.

El coste de lo público (y 1)

En 1978, con 37 millones de habitantes, el Gobierno de España se manejaba con 3,5 billones de pesetas. Aquel presupuesto de 1978 -teniendo en cuenta el IPC y el aumento de habitantes de diez millones- equivaldría a unos 180.000 millones de euros de los de ahora. Sin embargo, la realidad es que el PGE en vigor ronda los 450.000 millones de euros. Si sumamos las comunidades autónomas –que entonces no existían- estamos hablando de unos 600.000 millones de euros al año de gasto público. Por supuesto habrá quien piense que dada la evidente mejora en servicios públicos (sanidad, educación, carreteras, red ferroviaria etc.), esto no es un problema. Y estaría –quizás- de acuerdo si hubiéramos aumentado los ingresos en la misma proporción pero dado que debemos más de 1 billón 200 mil € debido al desfase continuo entre lo gastado y lo ingresado la mayor parte de años en las últimas cuatro décadas, es evidente que sí que es un problema.

Aumentar ingresos tiene un gran componente coyuntural: si la economía crece aumentan y si no, decrecen como vimos durante la última crisis. Se puede mejorar la efectividad fiscal, especialmente con políticas globales al respecto pero como llegue una crisis, inevitablemente la recaudación se hundirá. No obstante, en el lado de los gastos ocurre al contrario: su principal componente es fijo: salarios, pensiones, sanidad, educación… no dependen de la actividad económica cíclica y, es más, los gastos sociales suelen dispararse si llega la recesión por lo que lo único que tiene sentido es reducir deuda en épocas de expansión con superávits presupuestarios (gastar menos de lo que se ingresa) y asumir déficits presupuestarios (gastar más sabiendo que vamos a recaudar menos) emitiendo deuda en las de recesión. Un mal gobierno no es el que hace lo segundo sino el que no hace lo primero.

También se podrían recortar gastos fijos, aquellos que no dependen de los ciclos económicos. Ahí entramos en un avispero de intereses. Podemos por ejemplo citar el coste del personal. Hace cuarenta años el sector público estatal dedicaba 5.476 millones de pesetas de las de entonces para pagar a sus empleados públicos. A precios actualizados, esa cantidad equivaldría a unos 37.000 millones de euros de los de ahora. Pero la realidad es que lo que ahora –y eso que las gráficas no están demasiado actualizadas- lo que se gastan en sueldos entre el Estado y las autonomías es bastante mas





Son gastos fijos porque la Administración no suele recortar ni empleos ni sueldos –y si lo hace de forma puntual con alguna paga, intenta recuperarla después- en plena crisis como si hemos visto hacer en el ámbito privado. No obstante, y salvando algunos casos de corrupción y otros de muy mala gestión (fue famoso el caso de Andalucía Emprende, una agencia de “empleo” que creó la anterior administración andaluza que gastaba 8 de cada 10 € de su presupuesto en nóminas y menos de uno a fomentar el empleo) es una comparación muy complicada a 40 años vista ya que es normal que haya más empleados y mejor pagados si los servicios públicos son mejores. Sí que hay algunas cifras que desentonan mucho: por ejemplo los funcionarios están 16 días más de baja que el resto de asalariados, según el último informe sobre el absentismo elaborado por la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo. Más control, menos puestos “para toda la vida” y retribuciones variables podrían reducir el coste fijo y ajustarlo al ciclo. Lo que no parece tener mucho sentido es que el empleo público, según la última EPA, ya esté por encima de 2008 mientras el empleo privado sigue lejos de sus máximos



La próxima semana seguimos con otro de los gastos fijos más importantes: la Seguridad Social.

Año nuevo, investidura a la vista

Conozco un caso de primera mano y supongo que no es demasiado raro: un hombre con tres mujeres y varios niños en una urbanización no pagan por la hipoteca al banco que no les puede echar por los niños y tampoco paga la comunidad. Ésta le ha denunciado y el juez por supuesto le ha dado la razón pero como no tienen ningún bien a su nombre (salvo el piso que es inembargable) ahí siguen… Encima los niños tienen gratis la comida del comedor escolar. La vecina de esta “familia” que toda la vida ha votado al PSOE, ahora vota a Vox. Como supondréis el hombre con tres mujeres es musulmán pero ella no es ni una fascista ni una racista, simplemente está harta de que los caraduras tengan más derechos y menos obligaciones que ella. Yo no creo que votar a Vox sea la solución pero es un ejemplo de un par de cosas: primero, que PPPSOE nos han llevado a situaciones injustas que duran ya décadas y que lógicamente cansan a mucha gente que optan por otros partidos y que ante el hundimiento de Cs se van a los extremos: Vox (y a UP que recogió ya hace tiempo a los desencantados sobre todo del PSOE), y segundo, que llamar fascista a sus votantes es tan injusto como llamar perroflautas a todos los que eligen UP.

Personalmente no le veo sentido a que ahora haya en España más indignación que en 2012 cuando estuvimos al borde de la suspensión de pagos y la tasa de paro era 10 puntos más alta, y aunque yo cambiaría muchas cosas, no comparto las soluciones ni de extrema derecha ni de extrema izquierda ni mucho menos las rupturistas pero la realidad es la que es: Casi 7 millones de españoles han optado por estas dos opciones nacionales a las que yo sumaría el Podemos sin Pablo que fundó Errejón y por supuesto Bildu, la CUP y ERC lo que coloca el voto radical (entendido como el más alejado del imaginario centro político) en unos 9 millones de votos en España o dicho de otro modo: la tercera parte de los que votaron en las últimas generales se colocaron en los extremos. Esas son muchas personas y descalificarlas como hacen algunos no es el camino. PP y PSOE deben mejorar por sí mismos para no dejar tantos espacios a la crítica que conducen al éxito de otros partidos, y ambos deben dejar de ser cortoplacistas y entenderse entre sí –en política exterior, ley de educación, estructura del estado, sostenibilidad de las pensiones etc. etc.- en lugar de dar alas a los rivales de sus rivales ya que sus políticas de pactos se les han vuelto en contra: Vox ganó notoriedad por el pacto andaluz, así como Podemos tomó relevancia nacional al darles el PSOE las alcaldías de Madrid y Barcelona hace 4 años.

El bipartidismo está contento porque uno gobierna y el otro está de rebote pero los extremos han crecido como no había pasado desde los años 30 del siglo pasado, y además se alimentan entre sí: da la impresión que cuanto más poder coja UP y más concesiones se hagan al independentismo, más votos ganará Vox. Y estoy seguro que si el PP pudiera formar gobierno con Vox, lo haría para alcanzar el poder al estilo de lo hecho por Sánchez y eso propiciaría, seguramente, más apoyos a UP y rupturistas. Meter a extremistas en el gobierno es un error, quizás Sánchez crea que le dará réditos electorales por el caso portugués pero ni el contexto económico es el mismo, ni tiene en cuenta que allí no hay independentistas que le harán tener que ceder durante toda la legislatura y, quizás lo más importante, no es consciente que Iglesias es más listo que él (y por eso ha conseguido sus objetivos a pesar de llevar varias elecciones perdiendo apoyos). Una vez más, PPPSOE por su incapacidad de resolver sus disputas partidistas buscando puntos de apoyo van a radicalizar más al electorado y a mantener a la economía española por debajo de su potencial porque la inestabilidad política acabará pasándonos factura… si no lo está haciendo ya.

Esta tabla muestra que, según los últimos datos del INE, la mitad de las empresas creadas desaparecen a los 4 años y en torno al 25% ni siquiera dura 12 meses:
Es decir, que si no tienes éxito porque no lo tienes, si lo tienes, padeces un gran rechazo social de una parte de la población y si además de éxito en tu empresa te haces rico, encima aún más gente cree que debes pagar impuestos nivel confiscatorio. No se valora lo suficiente lo difícil que es montar una empresa y que no se vaya todo al traste, lo farragoso y caro que resulta empezar… y mantenerse… y lo importante que es esta labor para la creación de empleo, que -no se nos olvide- es el mayor problema de este país.

El miedo que existe entre una gran parte de la población y la mayoría del mundo económico ante el nuevo gobierno no es tanto (que también) por el convencimiento de que nuestras cuentas públicas empeorarán (de hecho ya lo están haciendo –Sánchez no ha necesitado coaligarse con nadie para ello- y el déficit de 2019 seguro incumplirá las previsiones) ni por la inestabilidad (que también) que se supone en un gobierno de coalición -el primero en esta democracia- con grandes diferencias sobre muchos aspectos y escasa estabilidad parlamentaria que ni siquiera garantiza sacar adelante unos nuevos PGE, ni por el coste –económico y quizás político- de lo que cederán a los diferentes grupos por conseguir apoyos, es sobre todo por el daño que puede haber en la creación de empresas y en la inversión en ellas.

Toda la economía se basa en la confianza y no hay mayor salto de fe en este país que emprender o destinar los ahorros de uno al emprendimiento, propio o de otro, y hay una lógica preocupación sobre este tema. No entro en si tienen o no razón en desconfiar del posible nuevo gobierno, nadie conoce el futuro si bien tranquiliza muy poco que el propio Sánchez dijera no hace demasiado que no podría dormir tranquilo con Iglesias en el gobierno. Sólo constato que uno de los mayores riesgos económicos para España en 2020 es que el nuevo gobierno no inspire confianza. Sin ella no habrá inversión y se reducirá el consumo y el círculo vicioso se completará porque con menor consumo se reducirán los beneficios empresariales y bancarios lo que se traducirá en menos contrataciones y menos créditos lo que llevará a menos empresas y más paro. Y encima el contexto internacional no está ayudando tampoco.

Los políticos deben ser responsables en sus declaraciones, todos aunque especialmente los que se supone formarán parte del nuevo gobierno. Por mi parte les daré un tiempo de cortesía (menos que otras veces porque considero que Sánchez ya lleva el suficiente tiempo en lo más alto, no está a prueba, y la mala gestión de las cuentas públicas que está haciendo ya es un gran punto en su contra) y evaluaré más lo que hagan que lo que digan pero las expectativas son fundamentales. Lo acabamos de comprobar con las elecciones británicas donde arrasó un candidato pro-Bréxit pero el mercado reaccionó positivamente cuando hace 3 veranos la victoria del Sí al Bréxit provocó la mayor caída del Ibex en un solo día de su historia, ¿Cómo se explica eso? Simplemente porque lo cerca que hemos estado de un Bréxit sin acuerdo ha asustado tanto que ahora un Bréxit con un mal acuerdo dirigido además por un mentiroso como Boris Johnson ya no da miedo. Esto, a otra escala, podría pasar con la situación política nacional también.

6 gráficos 6

Aquí vemos cómo de las 4 grandes economías de la Eurozona sólo una ha utilizado los últimos años de crecimiento económico para reducir su ratio deuda/PIB, ¿qué les pasará a España, Francia e Italia cuando crezcan menos? Más cuando aquí piensan esto: La deuda pública española subirá al 125% del PIB por el envejecimiento en las próximas décadas, según Moody’s
Por vez primera la rentabilidad de la deuda portuguesa ha bajado tanto y su prima respecto a otros países ha mejorado tanto ¡que está por debajo de la española!
Mientras, en España un dato curioso que sólo puede ser explicado o bien porque de repente muchas han perdido su trabajo (algo improbable) o que se han pasado a trabajar en negro… posiblemente como consecuencia de la subida del Salario Mínimo
Esta es todavía más polémica porque, depende de cómo se mida la desigualdad, una demuestra que la desigualdad global no ha dejado de caer desde 1952, y desde 1990 cae en picado pero si se mide por el tanto por ciento de riqueza del país que posee el 10% más rico el resultado es otro:
Y ya que siempre me gusta tocar algo de mercados, aquí la evolución del indicador de las mejores empresas europeas y el del sectorial bancario desde que la liquidez del BCE provocó tipos negativos en el EONIA primero y el Euribor después

El péndulo: el siglo XXI

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Es un mito decir que el neoliberalismo triunfó y que es el culpable de la Gran recesión de 2008. Es cierto que dejó su influencia años después de la caída de Reagan y Thatcher y que en el mundo financiero norteamericano las desregulaciones de Clinton no fueron positivas pero lo cierto es que el detonante de haber hinchado las sucesivas burbujas que estallaron a partir de 2008 no fue sólo el mercado sino decisiones de políticos y bancos centrales. Nadie hizo caso a Keynes cuando abogó por ser austeros en época de bonanza y nadie hizo caso a Hayek cuando abogaba por menos estado. Las guerras del Golfo dispararon el déficit público norteamericano, las políticas populistas de Bush hijo animando a las agencias semigubernamentales Fannie Mae y Freddie Mac a conceder créditos hipotecarios incluso sin entrada… no se parecen a nada que defendieran ambos economistas. Como mucho se le puede achacar al espíritu keynesiano la bajada de tipos global y las inyecciones de liquidez que trataron de combatir el impacto económico global tras los sucesos del 11S. Pero fue culpa de los gestores políticos y financieros no haber controlado en los sucesivos años todos esos flujos.


Las medidas tomadas a finales de 2008 (el “Plan Paulson”, todavía con Bush de presidente) fueron keynesianas y funcionaron allí pero no tanto en otros países. Y es que se ha demostrado una vez más que todo es relativo. El poder del dólar hace que los EUA puedan tener mucho déficit presupuestario, mucho déficit comercial, mucha deuda… y seguir sin problemas. Grecia no, ni muchos otros países que no pudieron afrontar pagos. También aprendimos que el gran poder de los grandes bancos se ha quedado obsoleto, ahora sobreviven gracias al gobernador central de turno y a los políticos que, temerosos del efecto contagio de alguna quiebra, les favorecen.

El caso es que en la actualidad el debate Keynes/Hayek parece haber quedado obsoleto. Influencia de las ideas del segundo han quedado –más en algunos países como los EUA- que en otros –la Europa del bienestar- pero en general se limitan a una cierta liberalización de algunos sectores y privatización de otros pero más porque se ha demostrado que es más práctico y barato (hasta ayuntamientos de izquierdas prefieren subcontratar servicios municipales que aumentar plantilla pública) que por razones ideológicas. Pero como vimos con la crisis asiática de 1997 la globalización ha dejado herida de muerte la idea de que el mercado puede auto-regularse ya que un solo país que se salte las “normas” puede provocar una recesión global.

Keynes sí ha triunfado como principal ideólogo de todas las políticas económicas que se están aplicando en la actualidad… pero sus teorías se usan de forma bastante distorsionada. Además, el poder de los gobiernos se está relativizando por dos factores propios de este siglo: uno son las grandes multinacionales, mayores que muchos países y que han existido siempre pero que por la globalización y los avances tecnológicos pueden presionar con cambios de sede y pueden crear subcontratas por donde sea que puedan pagar menos impuestos (AQUÍ lo explican muy bien) mientras que la presión fiscal general no deja de subir. Otro es el inmenso poder de los bancos centrales. Cierto que en China, Japón, Rusia etc. no son independientes pero en los EUA –y a pesar de las presiones- no son una rama del gobierno y en la Eurozona, Draghi demostró ser más presidente de Europa que cualquier político votado. Keynes estaba a favor de usar la política monetaria pero dudo mucho que hubiera podido imaginar –apenas nadie lo podía pensar hace 11 años- y aprobar lo que está pasando hoy en día para poder frenar la deflación y que el coste de la enorme deuda pública esté contenido.

Lo que sí está claro es que sea por el estado, por los bancos centrales o por las grandes compañías, el poder del libre mercado es cada vez menor aunque muchos políticos sigan llamando liberalismo al “capitalismo de amiguetes”, la extrema manipulación monetaria y el peligrosísimo poder de unas pocas compañías que se ha impuesto. Siendo evidente el gran poder de los estados en la economía (liderados por los bancos centrales) y el rol de China (una de las economías más intervenidas del mundo) como próxima primera potencia mundial, también lo es el de las grandes multinacionales. Más bien parece que el péndulo ha perdido el eje…

Si tanto nos quejamos ¿por qué los votamos?

Un mes después de las últimas elecciones, es normal que a la gente le preocupe que el resultado haya provocado una situación de ingobernabilidad peor que la creada tras el resultado anterior aunque creo conviene resaltar que el responsable de esto no es el fin del bipartidismo sino precisamente lo contrario. Y es que PP y PSOE llevan gobernando décadas y sumando entre ellos la suficiente mayoría como para cambiar muchas de las cosas de las que los españoles nos quejamos en las redes sociales y en los bares con los amigos. Si no lo han hecho y aún así, la suma de ambos fue mayor que la de hace unos meses, significa que los españoles no estaremos tan descontentos como decimos ya que las soluciones a algunos de los temas que más nos preocupan no dependen de la ideología de cada uno de estos partidos sino a su falta de voluntad premiada con nuestros votos.

Por ejemplo, un tema no ideológico que no han querido solucionar y que no aparece en sus programas electorales es el de los okupas: gente que se mete en casas y que no puedes sacar en mínimo un mes (y eso porque la ley de 2018 mejoró algo las cosas) que al final siempre es más tiempo porque los okupas aportan documentación falsificada para alargar los plazos. Si alguien te coge el coche o el móvil, le denuncias por ladrón y si le pillan le encausan y te devuelven lo robado pero si se mete en tu vivienda, tu propiedad, todo son problemas y encima no les supone un riesgo legal (¿conocéis algún okupa en la cárcel por serlo?). Es más, en muchos caos la justicia se pone del lado del infractor. La semana antes del 10-N detuvieron a los que intentaban sacar a unos okupas de un chalet y en Santurce la policía se puso de su lado contra los vecinos Se da incluso la incoherencia de que es más fácil echar de tu casa a un alquilado que deja de pagar que a alguien que se cuela sin pagar nada en cuanto el alquilado deja la propiedad. ¿De qué sirve entonces esforzarse por comprar una propiedad si el estado no te garantiza su uso, cómo aumentará el número de viviendas en alquiler ante esta indefensión? La única explicación de que PPPSOE hayan hecho tan poco para variar esta clara anormalidad del estado de derecho es su cobardía: mientras el problema sea de una familia no lo es del estado. Es inconcebible. Por no hacerse cargo del coste social o de imagen por aquellos mínimos casos en los que entre los okupas haya niños, se lavan las manos.

¿Y qué decir de la emigración ilegal? Ahí reconozco que hay que tomar una decisión que quizás sea diferente para cada uno pero lo cierto es que ninguno toma medida alguna y lo deja correr, lo cual les convierte en gobernantes inútiles en este tema. Está claro que si tenemos fronteras es para usarlas y que deberían entrar emigrantes legales y refugiados pero nunca ilegales y en eso están de acuerdo los dos grandes partidos aunque en el pasado hicieran la vista gorda. Pero dejando a un lado lo pretérito, lo cierto es que a día de hoy en muchas ciudades españolas hay seres humanos que no tienen capacidad legal de trabajar por lo que lo único que pueden hacer para sobrevivir es dedicarse a actividades alegales, como por ejemplo los manteros, o ilegales y convertirse en delincuentes. En muchos municipios les dejan hacer una injusta competencia a los comercios tradicionales que sí pagan impuestos para evitar que su única alternativa sea el robo. Es evidente que sólo hay dos opciones posibles: o se les expulsa o se les legaliza, lo que no se puede hacer es no resolver el problema, dejar que pase el tiempo. ¿Para qué elegimos un gobierno y un Parlamento si no toman decisiones porque las consideran difíciles?

Por no extenderme demasiado podemos citar también lo del Senado: o que le den contenido o lo cierren en lugar de mantenerlo para dar trabajo a los suyos y ¿qué decir de su negativa a crear una nueva ley electoral más justa con una circunscripción única y un alto porcentaje mínimo de votos para poder entrar en el Parlamento? No es ni de derechas ni de izquierdas, es algo lógico, que garantizaría que la voluntad popular de los españoles estuviera mejor representada, mejoraría la gobernabilidad, reduciría el poder de aquellas formaciones que no tienen como prioridad el beneficio común porque sólo defienden lo de su región y promocionaría los pactos antes de las elecciones porque quien no llegue al umbral mínimo buscará alianzas… de ese modo sería la gente la que pudiera votar a sabiendas sobre con quién pactará su partido después. Y si entramos en economía lo que más llama la atención es el lenguaje vacío: todo fueron promesas vagas (como la de garantizar las pensiones o crear empleo) sin explicar cómo lo harán… pero vamos, que asumiré el resultado de las urnas porque con todos los defectos que tiene la democracia, es mejor este sistema que el que defienden algunos últimamente en varios puntos del planeta: que se haga lo que quieran aquellos que se manifiestan más.

El péndulo: los peligros de la globalización

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En América Latina también triunfó el estatismo, tanto en la Argentina de Perón como en la mayoría de países pero tras la caída de Allende en Chile, Pinochet –un lego en economía- iba a intentar otro camino de la mano de ideólogos de la Escuela de Chicago. Y es que un año después de llegar al poder la inflación crecía el 20% ¡mensual! por lo que se dejó aconsejar para tomar el rumbo de los Chicago Boys (chilenos de la universidad pontificia de Santiago que habían estado en Chicago aprendiendo de las teorías económicas de Hayek y Friedman). Más mercantilismo y menos estado derivaron en la privatización de más de 500 empresas estatales, la abolición de los aranceles y los límites de precios, la reducción del gasto público, liberalización de los mercados… 

Friedman recibió el Nóbel en 1976 y fue muy criticado porque le acusaban de complicidad con los crímenes de Pinochet. Aunque siempre se habla de Tatcher y Reagan, lo cierto es que Chile fue el país pionero en tomar todas estas medidas unos años antes que ellos. Y como les pasó a Reino Unido y a los EUA, la reacción de corto plazo fue muy negativa en costes sociales llegando, por ejemplo, el desempleo al 30%. Pero al final mantuvieron durante años el mayor crecimiento económico de América Latina. Resulta paradójico que unos militares que habían tomado al asalto el poder político, aceptaran una menor injerencia del estado en la economía, algo que continuó después con la vuelta de la democracia.


En 1992 los EUA estaban en recesión y eligen a Clinton como presidente, toda una incógnita económica ya que parecía preocupado por la enorme deuda del país y parecía proclive al comercio, algo que no era habitual en las filas demócratas. Por aquella época se criticaba mucho la competencia industrial de Japón que estaba perjudicando al obrero norteamericano (¿suena de algo?) y también se criticaba el Acuerdo de libre Comercio con México y Canadá (NAFTA) ideado por Bush padre. Clinton seguramente ganó porque el independiente Ross Perot obtuvo los votos de los republicanos que estaban contra este acuerdo. Clinton resultó ser un presidente muy pro-mercado, reduciendo el déficit (incluso consiguió superávit presupuestario algún año) y apoyando el comercio y el NAFTA que en campaña decía que reformaría (y que consiguió aprobar finalmente con más votos republicanos que de su propio partido). 

El NAFTA entra en vigor el 1 de enero de 1994 y en diciembre México sufre una crisis que devalúa el valor del peso y amenaza la estabilidad económica del país por lo que la Administración Clinton acuerda conceder un crédito multimillonario al país vecino que consigue salvar la situación en poco tiempo. Esta reacción, que puede parecer muy normal en la actualidad y en la que los EUA probablemente actuó más por su propia estabilidad (y por la de los bancos y financieros norteamericanos que poseían deuda mejicana) que por la del país vecino, supuso un ejemplo de los límites del libre mercado. Lo “lógico” hubiera sido, siguiendo las teorías de Hayek, que los hechos se sucedieran sin un rescate de dinero público pero se consideró –como en la actualidad- que merecía más la pena intervenir que dejar que el mercado se auto-regulara. Además sentó un mal precedente: “arriesga que ya vendrá el dinero público a salvarte si te equivocas”.

Los 90 fue la década de la globalización, un mercado planetario que trajo, en general, más beneficios que inconvenientes: un mundo de flujos de dinero, de turistas, de innovaciones tecnológicas… y que sobrevivió a los atentados de las Torres Gemelas, a las dos guerras del golfo y a la Gran Recesión de 2008 aunque por culpa de ella está cada vez más en entredicho. Nos encontramos con otra paradoja: actualmente un presidente conservador como Trump está a favor de los aranceles que es algo sobre lo que históricamente han luchado los economistas partidarios del libre mercado y que han apoyado los de izquierdas. Lo cierto es que mezclar política y economía no es muy exacto y aunque los laboristas ingleses en la campaña de 1946 se apropiaron a Keynes como suyo contra un Churchill pro-Hayek, a día de hoy uno de los países con políticas más keynesianas es el Japón del conservador Abe.

En 1982, tras años de crédito barato hacia Latinoamérica, México no puede pagar sus deudas y eso provoca una crisis fuerte en la región que afecta sobre todo a la banca norteamericana. No es muy diferente a la burbuja de crédito que ocurrió en el sur de Europa tras el ingreso en el Euro. Lo que rápido viene, si no se sabe gestionar, puede provocar muchos problemas. He citado el ejemplo mejicano porque no se aprendió de él y en 1997 Thailandia –un país con una evidente debilidad institucional, con mecanismos de seguridad nacionales imperfectos y una banca muy débil- permitió a sus empresas tomar créditos de bancos extranjeros. Con una moneda artificialmente alta (1 baht=1 dólar) la crisis no se hizo esperar ya que pronto se agotaron los $ para cubrir las ventas de bahts. Nadie actuó, era una pequeña economía, fuera del área de influencia de las grandes potencias financieras, “el mercado se auto-regulará”… pero el contagio se extendió a Malasia, Indonesia… países más grandes y más poblados. Y a finales de 1997 había legado a la floreciente Corea del Sur, undécima economía mundial. Bancos japoneses, europeos y norteamericanos empezaron a tener muchos problemas.

El contagio sale de Asia, provoca el impago de la deuda externa de Rusia y acaba afectando a todas las economías en vías de desarrollo y por lo tanto también a las desarrolladas. Es el momento en el que el Long Term Capital (del que ya hemos hablado en otras ocasiones), dirigido por dos premios Nóbel que habían calculado probabilísticamente todas sus inversiones para no perder, estaba al borde de la quiebra. Si nadie movió fondos para salvar a Thailandia porque era pequeña y estaba lejos cuando hubiera sido bastante barato haber frenado el contagio posterior, cuando llegó a este fondo, consiguió poner de acuerdo a los banqueros de los EUA que, bajo el auspicio de la FED de Greenspan, inyectaron miles de millones de capital privado para evitar su caída. Entonces se presumió mucho de esta solución que no costó nada a los contribuyentes


El caso es que esta crisis abrió los ojos a muchos que vieron que hacían falta crear reglas para el libre mercado porque su poder era tan grande e imprevisible y tan peligroso debido a la globalización, que se necesitan amortiguadores contra los riesgos. Al final el FMI –imponiendo medidas contra corrupción, recorte del gasto público y mayores tipos de interés a cambio de créditos- pudo salvar a Brasil, entonces la octava economía del mundo, a finales de 1998 y a partir de ese momento el contagio se calmó pero fue una gran advertencia. 

A finales de 1999 en la reunión internacional de la Organización Mundial de Comercio (entonces con 135 países) en Seattle, las multitudinarias protestas en las calles sorprenden a los organizadores. En su mayoría son trabajadores norteamericanos contrarios a la deslocalización de las empresas que se van a otros países con menores costes salariales y sin regulaciones medioambientales. Dentro de la reunión, los países más pobres exigían lo contrario: más comercio y más mercado libre. Por ejemplo, que no sea el gobierno norteamericano el que fije unas cuotas de importación textil por países porque eso no es libre mercado. Tanzania, por ejemplo, afirmó que no necesitaría ayuda extranjera si pudiera vender libremente a Occidente todo lo que quiera. Los más pobres dentro de los países más ricos se oponen a la globalización mientras los más pobres de la Tierra quieren que la globalización vaya a más. Cada uno defiende sus intereses y aunque en el segundo bando hay muchísima más gente, éstos no votan en los países más ricos del globo.

El próximo miércoles acabaremos con este repaso al movimiento del péndulo “más o menos estado” hablando del siglo XXI

Nueve anécdotas

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